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Andrés Ruiz - Ruiseñor (2010)


Artista: Andrés Ruiz
Álbum: Ruiseñor
Año: 2010
Género: Progresivo melódico
Duración: 33:45
Nacionalidad: Argentina

Lista de Temas:
1. Mis hermanos
2. Los atletas
3. Cuando al rebaño quiero matar
4. Mi niño
5. Cielo de marfil
6. La casa del mar
7. El bosque de los años
8. Floresta
9. 29 inviernos
10. los lobos
11. Dame el pan
12. La vida acuática

Alineación:
- Nicolas Burotto / electric guitar
- Andres Ruiz / acustic guitar, electric piano, vocals
- Alejandro Moffardin / bass
- Lionel Fortunato / Drums
Invitados:
- Litto Nebbia / vocal 7
- Tito Losavio / electric guitar 3
- Marcelo De Souza / trumpet 10



Disco mucho más sencillo que "Los Deudos" (para mí el mejor álbum de este muchacho) pero igualmente de calidad teniendo en cuenta que aquí hace otro tipo de música, una especie de pop melódico suave pero bien arreglado, aunque sin muchas audacias musicales. Es que la carrera solista de Andrés Ruiz transitó el camino inverso al de muchos cantautores. Sus tres primeros discos tenían un sonido progresivo y casi experimental ("Amuleto", "Amor Ventrílocuo" y "Los Deudos"), seguramente producto de su experiencia como baterista de diferentes grupos de rock y jazz fusión. Luego, en su álbum "Ruiseñor", el músico nos entregó a su costado más cancionero.
A diferencia de los discos anteriores, fue grabado junto a su grupo estable e incluye las participaciones del legendario Litto Nebbia, quien canta a dúo con Ruiz en la balada "El bosque de los años", y del ex-Man Ray Tito Losavio, que aportó su guitarra para el tema "Cuando al rebaño quiero matar".
Quizás, lo que mejor describe este disco es el comentario del señor Bolasini:


Luego del experimental “Amuleto” (2005), el complejo y melancólico “Amor Ventrílocuo” (2007), y el progresivo “Los Deudos” (2008), llegó el turno de este nuevo trabajo llamado como un pájaro cantor, “Ruiseñor”, y sin dudas de eso se trata; un disco de sencillas y bellas canciones.
Andrés Ruiz, ya un nombre propio en el firmamento de los grandes cantautores argentinos actuales, se decidió por hacer un disco de canciones, algunas mas cercanas a sus trabajos anteriores como “Cuando al Rebaño Quiero Matar” de bellas líneas melódicas, la melancólica “ La Casa del Mar”, la climática “29 Inviernos” o la fantástica “El Bosque de los Años” junto al genial Litto Nebbia como invitado de lujo; en otras se acerca al pop como “Mis Hermanos”, “ La Vida Acuática ” o “Los Atletas”.
Como sea todo está teñido por la lírica y la belleza que Andrés le pone a su música, cualquiera sea el grado de complejidad que esta tenga, en un marco lleno de climas variados, bellas melodías y elaborada poesía.
Acompañan a Andrés Ruiz quien se encarga de la voz líder, la guitarra acústica y el piano eléctrico; Nicolás Burotto en guitarra eléctrica, Leandro Moffardín en bajo y Lionel Fortunato en batería; además de los invitados, el ya citado Nebbia, junto a Tito Losavio en guitarra y Marcelo De Souza en trompeta.
Completa la edición bonitos dibujos de Erica Villar en estilo naive y librillo con letras e información.
Un disco corto (casi un vinilo) simple y de delicada belleza.
Gustavo Bolasini

Como dijimos antes, sorpresas nos da la vida... y también Bandcamp.

El Rufián melancólico

Con Litto Nebbia como invitado, Andrés Ruiz se reiventa a través de Ruiseñor, su nuevo y maravilloso disco

Canciones urgentes
Es miércoles y hace frío. Sin embargo una minoría significativa hace guardia en la puerta del bar Guebara, en San Telmo. Lo que se espera es la presentación del nuevo disco de Andrés Ruiz. Una presentación mentirosa porque no hay disco en el sentido físico del término. Todavía faltan unos retoques para que pueda salir a la calle. Aún así, con una urgencia que no lo caracteriza ni en la forma de hablar ni en la forma de actuar en el escenario, Andrés sale a tocar estas canciones. Quizás esta urgencia se deba a que la propuesta es la que más se desprende de sus discos anteriores, la que lo muestra más directo, más simple. Y la quiere salir a mostrar ya, sin vueltas.
Canciones redondas, directas y miles de adjetivos más que ayuden a describir un camino hacia la simpleza. Para quien no lo conoce, Andrés Ruiz grabó tres discos antes de Ruiseñor: Amuleto (2005), Amor ventrílocuo (2007) y Los deudos (2008). Discos en los que experimentó su veta más progresiva, de corte experimental. Obras a veces inclasificables o directamente puestas en la fácil batea “Spinetteannos”, lugar a dónde van todos los discos de rock que les suenan raros a los periodistas.
Pero hoy el recorrido que inicia con Ruiseñor es el de desandar esos intrincados recovecos que él mismo se había trazado para deshilvanar el hilo enredado de una canción en su forma mínima. “Buscar la simpleza sin perder la sofisticación”, me aclara. Declaración que se confirmará en los cuarenta minutos que siguen de charla mientras escuchamos el disco.
“Si bien yo siempre escuché rock progresivo, más experimental o jazz, toda la vida escuché canciones, toda la vida escuché grupos de canciones. Pero por ahí a la hora de componer no me salía, me sentía como muy tímido tal vez, siempre tirando para el lado de la melancolía, para la cosa rara. Tal vez tuve que esperar tres discos para poder hacer esto, que si bien no es la felicidad, mantiene una línea mía, pero es más directo.”
Ruiseñor es el disco en el que Andrés Ruiz busca otra voz para cantarnos, una voz que parece siempre estuvo ahí pero que no sabía como salir a la luz.

El increíble Señor Ruiz
El señor Ruiz, el ruiseñor del disco, es un hombre alto, desgarbado y de cabello cano. Se encorva para hablarle al mundo al que generalmente mira desde las alturas. Se encorva por cortesía y para no chocar con los techos.
En el escenario de Guebara, pequeño y elevado sobre la audiencia, parece aún más grande. Desde abajo es como un Gulliver en plena odisea lilliputiense. Supongo que a él le gustaría esa comparación: “Este es un disco influenciado por los cuentos infantiles de los hermanos Grimm y los de Poe” me dice acerca de qué cosas lo inspiraron a la hora de componer.
Una atmósfera de cuento fantástico o de terror, atraviesan las 11 canciones que componen el CD. “Yo tengo una idea visual de este disco, la de un niño caminando por un bosque tranquilo, pero con un trasfondo oscuro. Como si algo estuviera por ocurrir.” Es fácil remitirse a Caperucita roja o Hansel y Gretel en la descripción que hace Andrés. De hecho él mismo con su altura y su mechón cano podría ser el personaje de un cuento de este tipo.
La idea pareciera ser construir microtramas, pequeños relatos: “Yo estoy re contento con las letras, si bien son simples te cuentan una historia. Fue muy difícil para mí porque yo venía en otra línea más hermética, más rara. El desafío era mantener un nivel de profundidad en las palabras, pero usando un lenguaje más accesible a todos, más directo.”
El resultado una lírica contagiosa de fuertes imágenes que triunfa en su afán de evitar los lugares comunes. El ejemplo más claro es Mi niño, una preciosa canción en la que escapa elegantemente de los lugares comunes al hablar de la pérdida a través de la historia de un niño se pierde en la playa: En la arena tu castillo derrapó / Los soldaditos se arrojaban hacia el mar/ Toda la gente torpe escalaba por los médanos de sal / El torbellino haría estragos pronto esta ciudad /Pero mi niño se ha perdido / y en las olas no lo puedo hallar/ En las olas no lo puedo hallar.
La literatura argentina ha contribuido mucho en cada disco de Andrés Ruiz. Desde la imaginería desbordada de Oliverio Girando en los primeros discos (Piernastrenes de Amuleto), un autor al que ha leído mucho, según confiesa, hasta esa cita solapada a Roberto Arlt que aparece en el tema Los lobos cuando dice: Seré un rufián melancólico/un parto imperfecto/ Daré a luz a este corazón que abortás / sin darles tu pecho a los lobos vendrás. El rufián melancólico es uno de los célebres personajes de la novela total de Arlt Los siete locos.
Estas las referencias a la literatura no son solo caprichos o gestos vacíos. Andrés tiene una vena literaria que ha explotado en Los cinco minutos del Té, un libro de poemas e ilustraciones, en el que se libera de la música para escribir una serie de textos absurdos, humorísticos y extraños como este: hay termitas en las termas / que evaporan jubilados / termos pavas / trazando las promesas / traicionan a la muerte. El libro fue editado junto a su novia, la ilustradora Érica Villar, y ya prometen un segundo volumen.

Postales del otro lado de la canción
El disco abre con Mis hermanos y cierra con La vida Acuática. Ambas son, sin dudas, los ejemplos más claros del cambio de rumbo de Andrés. Ambas son las más pop. Ambas son los corchetes que cierran esta obra tan sólida que es Ruiseñor.
Mis hermanos es la declaración de principios de este nuevo Andrés Ruiz: Del principio hasta el final memorizando /Estas prosas tienen las palabras para dar con vos. Las dos primeras líneas nos dan la bienvenida a estas nuevas tierras y luego nos queda claro que no es más un extraño aquí: En el frasco ya germinan tus extrañas plantas / y ahora puedo habitarlo.
La vida acuática, por su parte es una canción escrita a partir del film de Wes Anderson “The Life Aquatic with Steve Sizzou” (2004). Andrés cuenta que una amiga le insistió tanto para que viera aquella película que finalmente la vio y salió una canción que capta perfectamente el humor de Anderson: Los peces comerán de él /Los tiburones acercándose son tan románticos, canta y tiene razón.
Tema tras tema Andrés hará referencias visuales a cada canción. Como si cada una de ellas tuviera una postal adherida y pudiéramos enviarlas por correo a nuestros familiares con una leyenda que dijera Yo estuve aquí.
Canciones para ver, entonces. “Quiero hacer tres videos de este disco, me parece que es fundamental, tenés una llegada diferente con un clip. Hay gente que escucha música en youtube.” Su único clip conocido es el de Carmen (de Amuleto), un interesante trabajo visual de cut and paste en el que Andrés es sometido a un corte de pelo por una peluquera de barrio.
“El primer video probablemente sea el de Los Atletas. Ya tuve reuniones con la persona que lo va a dirigir”. En Los atletas Andrés pone la lupa en la largada de una carrera y observa con atención que sienten aquellos hombres detenidos a punto de despegar: Los atletas miran fijo a su rival / un par de huesos rotos no vendrían mal /Quebrar un par de piernas sentir que no me importa nada en esta tierra.

Mis hermanos
El cambio de rumbo decidido en este disco necesitó de una preparación previa para tocarlo ya que sus músicos “vienen de otro palo”. Andrés Ruiz grabó su disco con la banda que habitualmente lo acompaña en vivo y con la que grabó todos sus discos: Alejandro Moffardín en bajo; Lionel Fortunato en batería y Nicolás Burotto guitarra. Jóvenes a los que tuvo que “quemarles la cabeza” con su nueva propuesta.
En general Andrés tiene las ideas de sus canciones redondeadas y las termina de completar con la banda ya que “si bien es un proyecto solista, me intereso mucho en la opinión de los chicos de la banda. Lo consensuamos todo. Para este disco, por ejemplo, teníamos 20 temas y terminamos eligiendo entre todos 11”. Los lobos fue el único tema que tomó por sorpresa a los miembros de la banda: “Fui al estudio y se los pasé ahí”, me cuenta Andrés.
El arte de tapa es de Érica Villar, la autora de todas las tapas de sus discos. Una marca estética que ya determina una identidad visual. “Me encanta eso” me dice Andrés y agrega “Me encanta en cualquier artista, me gusta que cuiden ese aspecto, me gusta por ejemplo en Iron Maiden”.
El disco cuenta además con la participación de Tito Losavio en Cuando al rebaño quiero matar la triste historia de un perro atrapado en la relación de dominación con su amo. Andrés cuenta que conoció a Losavio mientras grababa el disco en el estudio de Federico Gil Solá y que pensó inmediatamente en el ex Man Ray y Los Twist para este tema ya que sabía que podía sumar mucho a la canción, una balada con aires de los cincuenta.
El otro invitado del disco es un gusto personal que Andrés se dio a lo grande: un grave Litto Nebbia canta en El bosque de los años, una especie de canción de cuna al revés, un hijo cantándole a su madre: Quiero quedarme con vos / quiero decirte quien soy / Pero el tiempo que planta los árboles muertos /me dice que es hondo el corazón. . El bosque de los años es quizás la canción que más engancha con su obra anterior.
La presencia de Nebbia en el disco es el sueño del pibe para Andrés, fan confeso del rosarino y uno de los pocos que debe tener toda la discografía de Nebbia. “Haber contado con él me deja de sorprender todo el tiempo, aunque ya lo escuché 18.000 veces, así pude naturalizarlo un poco.”

A punto de estallar
Andrés Ruiz toca la guitarra como si algo estuviera a punto de estallar. Tiene una timidez en la mano derecha que hace que cada rasguito sea intermitente. Algo parecido sucede con su voz, un susurro que sabemos puede devenir en grito en cualquier momento. El efecto es el de anuncio de una tempestad en el medio de la mar.
Si hay algo que conecta a las 11 canciones es la idea de que todo está suspendido y a punto de estallar. Eso puede ser lo que atrape de estas canciones. Ese quedar suspendido en algo que no tenemos idea de cómo va a resolverse. Esa sensación que se experimenta en sus discos anteriores, pero es mucho más concreta en este disco.
“Me aburrí de los otros discos, me aburrí de hacer cosas tan intricadas. Tengo como mil temas de este estilo ahora”, me dice y no sé si creerle a la luz de lo original de su propuesta toda. Aunque su afán de llegar a una síntesis en su música se confirma con la escucha de Ruiseñor. Habrá que creerle entonces.
Angel del Re

Su canto es, para muchos, el más espléndido de los que puede emitir un pájaro. Tiene una melodía musical, variada y potente, ascendente y descendente; se oye incluso en lo más cerrado de la noche. Más tarde, en mayo, el ruiseñor canta noche y día, con especial brío en los crepúsculos matutino y vespertino. (...) Cuando un ruiseñor dotado de unas cualidades canoras excepcionales deja oír su voz en una zona determinada, automáticamente mejora el nivel de canto de los ruiseñores de aquel ambiente. Al revés, cuando muere el mejor de los cantores, la nueva generación pierde calidad. En el este y en el sur existen ruiseñores muy activos pero de escaso arte canoro; en algunos lugares sólo saben una canción monótona, que interpretan, eso sí, con extraordinaria potencia.
Los Inconseguibles del Rock Argentino

Una voz clara como el agua, como hace tiempo no escuchaba: imagino que a Andrés Ruiz le interesa que se escuche bien lo que dice.
Esto fue lo primero que me sorprendió de Ruiseñor, su cuarto álbum como solista.
Veamos. Andrés me entregó el disco en mano hace un tiempo, en un encuentro casual pero agradable en el cual le conté que hacía un blog y que a él lo conocía de nombre, de vista y como integrante de Compañero Asma, aunque no tenía escuchada su música (pequeñísimo detalle, convengamos). Charlamos un rato y me contó que Ruiseñor es su disco más cancionero, que sus otras producciones destacan por tener obsesiones musicales cercanas a lo progresivo pero a la larga lo que le interesa es, efectivamente, hacer buenas canciones (espero no estar mintiendo en lo que afirmo que me dijo).
Pues bien, de aquel encuentro a hoy ya pasó un tiempo, tiempo suficiente para que Ruiseñor se posicione en mi “discografía 2010” como uno de los títulos destacados. Canciones redondas pero con sus toques -la búsqueda de una vuelta de rosca, más que nada en las armonías- para que sean eso, muy buenas canciones, mas no piezas completamente digeribles a la primera escucha. Lo que es seguro: si no te avisan que el autor de este disco acarició y curtió al rock progresivo con anterioridad, es imposible imaginar que este tipo que hace un disco de doce canciones en 33 minutos era eso. ¿Volverá a serlo?
Sin dudas, Ruiz presenta un disco cerebral e íntimo, ambivalente. De traje alegre y relajado, como sucede en Los atletas, donde la música encubre una letra lúgubre con más de un verso violento -“los atletas miran fijo a su rival, un par de huesos rotos no vendrían mal”-; de desolación en la magnífica 29 inviernos, donde Andrés ruega a una dama que le dé valor; y con la voz de Litto Nebbia en un dúo vocal que da grandes resultados para la melancolía de El bosque de los años, de cabeza al top ten de canciones de 2010. Sorprenden las constantes citas al mar, a los animales y a la niñez a lo largo de las letras del álbum. Se lo consultaré al autor en el futuro.
¿Lúgubres, desoladas, melancólicas? Sí, las canciones de este Andrés Ruiz parecen ser así... sin embargo, la total escucha del disco deja un sabor dulce: el famoso sabor de las buenas canciones -bien hechas y bien ejecutadas-, que es lo que importa.
Santiago Segura

The multi-instrumentalist Andres Ruiz was born in Buenos Aires in 1981. He's a trained musician, specialized in Indian tabla, guitar and piano -- which renders to his musical approach, which is often blending rock, metal, jaz, Indian classical music, as well as contemporary classical music and minimalistic music.
The people following his musical path are Alejandro Moffardín on bass, Lionel Fortunato on drums and Nicolás Burotto on guitar. Ruiz himself is doing vocals, keyboards and guitars. There's also a number of guest musicians on his projects, on flute, violin, etc.
He's music is unique and intimate type of Art Rock - and Ruiz himself and his band are active from early-mid 2000's. His albums are conceptual ones; he also participated on various tributes and a number of alternative music festivals, he toured in Argentina, Chile and Uruguay. He published a book of poetry in 2007.
Moris Mateljan

www.myspace.com/ruizandres







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