La cosa no es nueva, viene de lejos, desde los inicios mismos de nuestra historia política: estaba en el Triunvirato mandándolo a Belgrano a esconder la bandera, y el Directorio orquestando misiones diplomáticas en Europa para conseguir un príncipe al que coronar en estas tierras. También en el mismo momento de la declaración de la independencia, cuando hubo que agregar al acta que nos declarábamos libres de la corona española "y de toda otra dominación extranjera", para despejar suspicacias. Se vio en los tiempos de Rosas, cuando mientras los criollos defendían con su sangre en Obligado la independencia conquistada con esa misma sangre en los campos de batalla de América del Sur y San Martín legaba su sable al Restaurador, otros se subían a los barcos extranjeros para invadir la patria, o conspiraban con el extranjero para derrocar al gobierno que defendía la soberanía, en nombre -como ahora- de las ideas de la libertad. Atraviesa toda nuestra historia la contradicción que se expresó en el hijo de Roca (vicepresidente de Justo) celebrando la firma de pacto que lleva su nombre junto al del ministro inglés Runciman, celebrando que la Argentina fuera la joya más preciada de la corona de su majestad: el glorioso destino de ser colonia, a cambio de ser tratado peor incluso que éstas.
Contradicción que explotó en las calles en las jornadas del 45' al grito de Patria sí, colonia no, o con mayor poder de síntesis preciso en el momento adecuado, Braden o Perón. Tan constante que pasó por las relaciones carnales del menemato, y llegó hasta el "querido rey" de Macri, nada menos que en los festejos del bicentenario de la independencia, frente a la casa histórica de Tucumán.
Siempre existió una parte (la mayoría quizás) de nuestras élites dominantes que no concibieron otro destino para el país que la subordinación al extranjero, como condición de posibilidad excluyente de su progreso, entendido como ellos lo entienden: la prosperidad de su clase, y la tutela de sus intereses, aun a costa (o precisamente como consecuencia de ello) del saqueo de la riqueza nacional, y el empobrecimiento de sus habitantes.
En eso este gobierno -que se vende o nos quieren vender como novedoso- lo único que tiene de tal son los niveles de impudicia: el presidente yendo a la embajada para festejar el 4 de Julio, cuando no fue a Tucumán a a festejar nuestra propia independencia. O envolviéndose en la bandera de Israel.
La entrega es feroz, descarada, a cielo abierto, consagrada por leyes votadas por una parte importante del sistema político (como en la Década Infame) pensadas para hacerla perpetua e inmodificable, en un nuevo Estatuto Legal del Coloniaje. Y sin que nada importante escape a ella, desde los glaciares, los minerales críticos, la política exterior, el mar continental, el petróleo y el gas, la energía nuclear o el desarrollo científico y tecnológico
Con la gendarmería creada para vigilar las fronteras ("centinela de la patria") convertida en patovicas del poder para reprimir jubilados, o custodiar a funcionarios del gobierno que no se animaron a dar la cara a los trabajadores despedidos de la CNEA, en el marco de un plan de vaciamiento y entrega a los EEUU de nuestras capacidades de desarrollo nuclear.
![]() |
Las ignominias se suceden, pero la promesa es siempre la misma: al final del saqueo y la entrega nos espera un destino de grandeza que -al parecer- consistiría en ser cada vez más pequeños. Y lo triste es que lo están haciendo con el voto, la anuencia y el consenso (incluyendo el pasivo) de buena parte del pueblo argentino; parte del cual cree -porque así se lo han dicho y no lo cuestiona- que es el único modo de construir un país.
En la capacidad del resto de reaccionar frente a éste estado de cosas (ahora, ya, más allá de como se vote dentro de un año) se juega buena parte de nuestro destino como tal, o como algo digno de llevar ese nombre. Aunque no se trate del mundial de fútbol. Pero sí de ponerse en serio la camiseta.
Nota original


Comentarios
Publicar un comentario