Hace varias décadas que, por mi trabajo, observo la realidad como un mosaico, o como un rompecabezas, aunque ahora es la realidad la que rompe cabezas, cuerpos y sensibilidades. La realidad que Perón decía que era la única verdad, lo sigue siendo, por más fakes, dobles varas, o gente que la niegue. Hay un instante en el que, por más deforme que sea la época, la realidad se cuela por el estómago y llega al intestino como un vacío indigerible; y los estúpidos, y los que ya rumiaban, sienten al mismo tiempo que ya no pueden más. Hay un instante en el que el artificio no puede negar la verdad. Ya se escucha el estruendo que provoca la fascinación imbécil chocando contra ella. Por Sandra Russo A lo largo de cincuenta años de barrer la realidad buscando conexiones o consecuencias, nunca hasta ahora el lenguaje me resultó insuficiente para expresar el desconche que expresa hoy esta banda bizarra de chantas y viciosos elevados a tope. Así son las distopías: siempre hay uno que ...