La hipocresía del medio tiempo en el Mundial de EEUU: El escenario brilla con la luz de mil reflectores. Sobre el césped, por primera vez, el espectáculo de medio tiempo no es solo ritmo, es un despliegue cuasimesiánico de multiculturalidad: artistas de alto estándar, danzas ancestrales, vestuarios que evocan todos los continentes y, como colofón, un coro de niños de distintas razas entonando un mensaje universal de paz. La cámara hace un travelling aéreo mientras el público llora de emoción. Es el mejor comercial de la humanidad. Pero la humanidad real no está en ese estadio de Estados Unidos. La humanidad real está en las fronteras que este país re-dibuja con pólvora, en los países que este gobierno bombardea con "democracia" y en los conflictos que este sistema alimenta para mantener su industria militar. La final del Mundial se juega en el césped, pero el partido de verdad—el que no muestran las pantallas gigantes—se juega en los despachos del Pentágono, en los contratos ...