La promesa de libertad económica convive con una paradoja: mientras se reivindica la autonomía individual, millones de personas quedan condicionadas por sus obligaciones financieras. La libertad del acreedor para cobrar tiene como contracara la pérdida de margen de decisión del deudor. No hay salida técnica ni financiera, los deudores vitalicios son el resultado de la planificación central de capitalismo como gobierno integral de recursos y voluntades. ¿Plata o vida? Tranqui, las dos. La conclusión política: no alcanza con enseñar a administrar mejor las deudas, también hay que discutir por qué los ingresos del trabajo resultan insuficientes, cómo se distribuye el excedente y qué poder adquieren los acreedores sobre la vida social. La educación financiera popular puede ser una herramienta de defensa; sin embargo la transformación de las condiciones que producen el endeudamiento exige organización y disputa política que de no ocurrir, estás frito angelito. Traemos ahora un artículo que ...