Ayer hablamos de este tipo, gran músico armenio, y hoy volvemos a la carga con su último disco de este mismo año. Y si pensabas que ya habías escuchado todo lo que el jazz y el folclore armenio podían dar (bueno, con lo poco que escuchaste), sentate y preparate porque este disco es una experiencia religiosa y matemática al mismo tiempo, donde directamente rompe el tablero, se planta y define su propio manifiesto sonoro para compartirlo con vos, combinando jazz, heavy prog y espiritualidad. Es complejo, tarda en ser digerido, pero tiene una belleza tan cruda que te atrapa aunque no entiendas nada de teoría musical. Entre todo lo que se puede comentar de este disco, debo decir que más allá de la perfección en su música, esta la parte de producción, ya que el audio es de una claridad que asusta; y podés escuchar hasta el suspiro de Tigran antes de mandarse uno de esos solos frenéticos que forman parte de su estilo. Si te gusta el jazz que se anima a ensuciarse con el rock y que tiene un...