Conocimos a esta banda israelí cuando nos la presentó Rockarte en una de sus animaciones. Este, su segundo disco, es un tributo monumental a la época dorada de Camel, Pink Floyd y el space rock más melódico. Tras el impacto de su aclamado debut de 2019 ("Mir"), el colectivo israelí regresó en este 2026 con su segundo trabajo de estudio. Y hay que decirlo sin vueltas: es una caricia sonora para cualquier oído hambriento de pasajes épicos, líricos, melódicos y desprovistos de pirotecnia innecesaria. Hablamos de un disco compuesto por cuatro extensas suites que rondan los diez u once minutos cada una y que conforman un viaje que funciona como un bálsamo en medio del caos moderno, dibujando verdaderos mapas geográficos sobre la mente del oyente a fuerza de melodías ensoñadoras, desde una elegancia canterburiana, guitarras latentes, contemplación bucólica, paz flotante y viaje interior. Lo dicho, cuando a los israelíes les das instrumentos musicales en vez de armas, dejan de and...