A pura psicodelia pesada y Stoner rock instrumental. Un power trío capaz de secuestrarte la conciencia a base de zapadas hiperventiladas y una furia que rinde culto por igual a Jimi Hendrix, el heavy psych de los setenta y la furia del rock instrumental japonés, unos californianos hacen un disco basándose en una famosa leyenda del folclore nipón (Hyakki Yagyō) sobre espíritus y monstruos desatados en la noche, y traslada esa locura mítica directamente a un despliegue de riffs incandescentes, surfeando el caos sin perder el control de la nave, en una exhibición monumental de guitarra y una base rítmica voraz, heredera de la escuela del hardcore y el jazz-rock, ellos empujan los temas con una energía volcánica, en base a una producción cruda, orgánica y sudorosa, simulando un recital en vivo donde los amplificadores están al borde de la implosión. Una sobredosis de adrenalina pura, sumergiéndote en un trance chamánico e hipnótico donde el tiempo deja de existir, no te pide que pienses demasiado; te arrastra por un remolino de distorsión y psicodelia lisérgica hasta dejarte exhausto pero con una sonrisa de satisfacción absoluta.
Artista: Earthless
Álbum: Night Parade Of One Hundred Demons
Año: 2022
Género: Hard rock psicodélico / Stoner rock
Duración: 61:41
Referencia: Discogs
Nacionalidad: EEUU
Esta nueva producción tiene solo tres canciones “Night Parade of One Hundred Demons” partida en dos canciones, y finalmente “Death to the Red Sun”. y la música sigue ese trayecto explorativo de efectos análogos en la guitarra, bajo que usa efectos más sueves y cuando entra el fuzz de Mike Eginton todo sube a otra escuela más occult rock, y finalmente la idea colinda bastantes dosis blues y extrañas en los riffs de Isaiah Mitchell. Luego la batería de Mario Rubalcaba no se complica y presenta ritmos sencillos, clásicos de muchas bandas de los 70s y 80s, donde la psicodelia de parches más sueltas o con tensado de 60 forman parte de ese ambiente, mientras el delay de la guitarra se queda suelto con bastante misterio entre retumbaste golpes. Luego todo se pone más rock and roll, y hasta pisas muchas notas metaleras de corte Black Sabbath o de bandas Doom Metal de la primera corriente como Saint Vitus o proto doom como Supernaut o cosas de Randy Holden, Bang, Dust, Zior y más.
Al final de todo lo que encuentres con Earthless en este “Night Parade of One Hundred Demons”, tendrás muchas dosis de una época que últimamente está pegando con fuerza en muchos países, y es normal, porque a pesar de tener muchas bandas que explotan este sonido de los 70s y 80s, aún este tren pueda seguir dando buenos resultados como este sexto álbum de Earthless. Recomendable de escuchar para noches de sexo, drogas y rock and roll, porque existe minutos don dele bajo se pone muy hipnotizante y esa sensación de fuzz en el oído es increíble.
Sercifer
Una hora de trance bastante inexplicable, así que mejor escuchalo...
Así que acá empezamos el día con una aplanadora de psych-rock instrumental, un disco que confirma que la química entre tres músicos tocando al límite sigue siendo la mejor receta contra el aburrimiento.
Un nuevo disco de Earthless es siempre todo un atractivo como recibo, no digo yo más si lo hacemos a las puertas de un fin de semana, para descanso de muchos y penetración de otros cuantos a la hora de intensificar sus horas en las escuchas continuas de la nueva propuesta del mítico power trío de San Diego.
Así es, hoy como su día de lanzamiento oficial a través de la todopoderosa Nuclear Blast, nos levantamos y abrimos el telón de “La Habitación 235” por una razón de mucho peso. Responde bajo el título de “Night Parade Of One Hundred Demons”.
Después de la experimentación trasplantada en voces que pudimos disfrutar en “Black Heaven”, los californianos vuelven por sus fueros, al meollo de las jam sessions, dónde se presentan en su hábitat natural más reconocida si echamos la vista atrás a toda su discografía.
En este caso, dos pistas, cuyo primer acto se divide en dos segmentos, rondan la hora de duración para el frenesí creativo interpuesto por una formación como Earthless. Estos músicos son capaces de adoptar un estilismo versátil, apoyado fuertemente por el contorno creativo y los solos vertiginosos de su guitarrista Isaiah Mitchell, y una sección rítmica poderosa compuesta por Mario Rubalcaba y su bajista Mike Eginton. A partir de aquí, la gestación de monstruo de las jam sessions se mantiene en esa interfaz de crecimiento, siguiendo el mismo patrón en esa doble apertura que es la canción principal, rondando los 20 minutos entre ellas.
Earthless pinta ese lienzo en las noches japonesas dónde sus habitantes se esconden en los hogares para no ver a los demonios que habitan en el exterior. En base a estas pautas, se recrea esta nueva banda sonora de los norteamericanos, un desfile de miles de criaturas sobrenaturales conocidas como Oni y Yökai, deambulando por las calles nocturnas de Japón.
En los prolegómenos de los dos primeros actos, se muestra esa actitud creciente, un zumbido intensificado poco a poco, presentando la aclimatación perfecta de su posterior explosión. Todo, como mencione anteriormente, orquestado primeramente por un in crescendo que acaba con el colofón de los riffs más pesados de Mitchell en medio del torbellino que son los Earthless más reconocidos.
La retroalimentación se dispara en su cierre y tercer acto, “Death To The Red Sun”. La pegada de Eginton comanda estos primeros minutos y es que la labor de las 4 cuerdas se muestra más notoria que nunca en Earthless. Se nota muchísimo el trabajo del bajista tanto en su definición en el álbum, como la propia contribución en el artwork exterior. A diferencia de sus dos anteriores, Mitchell no tarda mucho en entrar, es entonces cuando Earthless tira la casa por la ventana para expresar su universo más caótico, una especie de Led Zeppelin a velocidad supersónica, sin olvidar el carisma, la destreza y la firma de el gran icono británico del hard rock setentero. También es verdad que Earthless es auténtica naturaleza del rock retro, la “Experience” de Hendrix en pleno siglo XXI, como muchas veces un servidor la ha calificado. Esa inducción de wah wah, nos mete de lleno en el meteoro fuzz y los constantes de pedaleos de un Mitchell cuya capacidad transformadora se van interponiendo con diferentes solos arremolinados inexorablemente uno tras otro.
“Night Parade Of One Hundred Demons” es una vuelta a los orígenes de Earthless, a una obra cumbre como fue “From The Ages” (reseña aquí), así como sus primeras firmas en “Sonic Prayer” y “Rhythms From A Cosmic Sky”, pero también sigue teniendo esa definición en la producción de “Black Heaven”, lo cuál te hace entender que su nueva entrega recorre ampliamente toda su discografía, en un disco que se mantiene fiel e incuestionable a sus principios instrumentales y la explosión de las jam sessions.
Habrá que ver como va ganando autoridad que la entrega tan madrugadora de un disco como Earthless gane puntos con todo un año por delante para que reine al final del mismo. El regreso ha valido la pena.
Ideal para cuando las ganas de escaparte de tu vida de mierda pidan volumen al mango, guitarras incendiarias y un viaje psicodélico sin escalas al fondo de la noche.
El sexto álbum del trío californiano, lo componen dos aterradoras jams de cuarenta y veinte minutos, divididas en tres episodios, que nos devuelven a los orígenes de la banda. A lo largo de los años, EARTHLLES ha conseguido reunir a un ejército de seguidores que enloquecen con el sonido psicotrópico por excelencia. Como abanderados de esta escena heavy-psych, el trio se muestra más contundente y sólido que nunca haciendo lo que mejor saben hacer, dejarse llevar por sus instintos. Ritmos endiablados, solo interminables y un bajo hipnótico y denso, componen el arsenal con el que cuentan para sumir a sus fans en un agujero negro del que es difícil salir indemne. EARTHLESS son la locura, y en este, su nuevo álbum, corroboran que sus endemoniados desarrollos instrumentales, son capaces de hacernos huir del mundo racional para vivir una experiencia catártica en su particular dimensión sensorial. Un mundo retroalimentado por setas mágicas, que nublan la consciencia para proporcionarnos un placentero viaje sensorial. Un transito en el que la paranoia sónica nos aturde con sus impactantes sonidos llenos de LSD en tenebrosos bosques, que, en esta ocasión, se muestran más oscuros, inquietantes, e incluso pesados que nunca. Atrás quedaron las canciones de su último álbum en el que las voces sumaban calidad a sus composiciones; aquí, desnudos, se muestran al natural, en su estado más primitivo. Todo un descenso a los infiernos en el que la paranoia aparece de una forma inquietante. Curiosamente, el álbum cuenta con el primer riff que escribió la banda hace 20 años, y que ahora, por fin ve la luz en una grabación. El álbum y su título se inspiraron en una antigua leyenda japonesa en la que una horda de demonios, fantasmas y otros engendros terroríficos descienden sobre los pueblos mientras la gente duerme, una vez al año. Esto es conocido como Hyakki Yagyō, o el “Desfile Nocturno de los Cien Demonios”, y una versión del cuento afirma que cualquiera que sea testigo de esta procesión de otro mundo morirá instantáneamente, o será llevado por las criaturas de la noche. Como resultado, los aldeanos se esconden en sus casas, no sea que se conviertan en víctimas de estos invasores sobrenaturales. ‘NIGHT PARADE OF ONE HUNDRED es un álbum que necesita más de una escucha para poder apreciar todo su potencial, y en el que , a través de una hora mágica y misteriosa, podemos degustar la autenticidad de estos tres titanes de los sonidos heavy-psych, en esta ocasión, en su álbum más sombrío e inquietante.
Un lento y magnético génesis nos va introduciendo en la primera parte de ‘Night Parade Of One Hundred Demons’. Una jam de cuarenta minutos divididas en dos partes. Con toda la calma, los efluvios psicodélicos parecen susurrarnos en un espacio onírico lleno de belleza. Sus suaves acordes tocados con delicadeza tardan en explotar alrededor de 6 minutos, antes de mostrarnos a los Earthless más ortodoxos. Aún así se vislumbra en la vocación del tema un espíritu nostálgico. Bebiendo del legado de los 70’s el tema evoluciona en su intensidad sin prisa alguna. Distintos giros armónicos, pero sobre la destreza de ISAIAH nos proporciona gratificantes momentos de bella psicodelia. Si ritmo inquebrantable contrasta con las veleidades de una guitarra se va moldeando por momentos a semejanza de Santana, pero también de Hendrix, en un derroche de virtuosismo con un resultado fascinante. Manteniendo el tono suave, sin excesivas estridencias, encontramos a los Earthless más ensoñadores en la primera mitad, para toparnos de bruces con su locura habitual en una segunda parte más oscura e histriónica. Aquí los pedales y los efectos nos envuelven en un manto lisérgico.
La segunda parte de la jam, con sus 22 minutos, índice en el desarrollo de un sonido más oscuro e inquietante. Los tambores de Mario y un bajo hechizante van construyendo lentamente un entorno algo mas aturdidor. Allí la guitarra se muestra más tímida de lo que nos tiene acostumbrados. El resultado es un corte lúgubre y misterioso que se retroalimenta de la fuerza de sus tambores hasta su deflagración en su parte central. Es posible que, aunque el sonido de Earthless sea nítidamente reconocible, lo cierto es que nunca han desarrollado su música en un entorno tan sombrío e inquietante. Atrás quedaron las canciones de su último álbum en el que las voces sumaban calidad a sus composiciones. Aquí, desnudos, se muestran al natural, en su estado más primitivo.
Tonos épicos y oscuros van construyendo un viaje inmersivo a un espeso bosque en el que las emanaciones de dietilamida nos impregnan de la esencia del trio californiano. ‘Death To The Red Sun’ se impregna de solos ácidos se contonean entre los poderosos tambores de Mario para crean un entorno hipnótico y completamente psicotrópico. Haciendo su sonido más pesado y denso, la jam toma algunos elementos de los 70’s para expandirse por un insondable espacio en el que la psicodelia pesada adquiere cotas elevadas. Un ritmo inquebrantable nos conduce con la mirada al frente a un magnético escenario en el que la banda dota de pesadez a su sonido, mientras. La guitarra de Isaiah se retuerce en sus habituales solos infinitos. Un aturdidor escenario en el que los californianos vuelan la cabeza del oyente en esta vuelta a los orígenes. Trepidante y lisérgico, el corte no baja su intensidad en ningún momento, con lo que consiguen el objetivo de sumir al oyente en una espiral heavy-psych de la que parece difícil poder escapar.
Lo podés escuchar desde acá:
https://earthless.bandcamp.com/album/night-parade-of-one-hundred-demons
Lista de Temas:
1. Night Parade of One Hundred Demons (Part 1) (19:04)
2. Night Parade of One Hundred Demons (Part 2) (22:08)
3. Death to the Red Sun (20:27)
Alineación:
- Mike Eginton / bass
- Mario Rubalcaba / drums & percussion, gong
- Isaiah Mitchell / guitar, effects




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