Vestidos con la celeste y blanca, trabajadores y trabajadoras de la ciencia se movilizaron al centro porteño para visibilizar la crisis que atraviesa el sistema científico-tecnológico argentino. La acción se replicó en todo el país. El desafío de crear conocimiento en tiempos de Milei.
El
miércoles, a casi un mes de finalizado el mundial, banderas y camisetas
argentinas volvieron a hacerse presentes en el Obelisco de Buenos Aires.
Esta vez no se trató de un festejo por una victoria de la Selección,
sino de algo mucho menos alegre: bajo la consigna “me pongo la camiseta
para defender la ciencia argentina”, científicos, docentes e
investigadores de distintos organismos volvieron a manifestarse contra
el ajuste del Gobierno nacional en el sector y exigieron la prórroga de
las becas posdoctorales que concluyeron a principios de este mes y dejaron a casi 400 profesionales del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) sin ingresos.
La convocatoria fue impulsada por la
Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (RAICyT),
trabajadores y trabajadoras de la Administración Nacional de
Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS) “Dr. Carlos Malbrán”, ARSAT,
la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Comisión Nacional de
Actividades Espaciales (CONAE), CONICET, el Instituto Nacional de
Semillas (INASE), el Instituto Nacional del Agua (INA), el Instituto
Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), el Instituto
Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de
Tecnología Industrial (INTI), Parques Nacionales, el Servicio Geológico
Minero Argentino (SEGEMAR), el Servicio Metereológico Nacional (SMN) y
universidades nacionales. Además, acompañaron los jubilados que todos
los miércoles protestan frente al Congreso por los magros haberes que
reciben y los recortes en el acceso a medicamentos.
Las movilizaciones se replicaron en
distintas provincias del país, con el objetivo de amplificar el grito de
denuncia contra el desguace de la ciencia, que se traduce en el
desfinanciamiento del sistema científico nacional en su totalidad,
despidos y precarización de sus trabajadores. “Desde su asunción, en
diciembre de 2023, el gobierno de Milei ha implementado una política de
desmantelamiento y destrucción de las capacidades científicas y
tecnológicas de la Argentina”, subraya el documento que se leyó durante
el acto realizado en la plaza junto al monumento. “Los números lo dicen
todo: en solo tres años de gobierno, la inversión nacional en la función
Ciencia y Tecnología se redujo incumpliendo la ley en más del 50%,
pasando del 0.3% del PBI a 0.14%”. El presupuesto es aún más bajo que el
de la crisis de 2001.
El ajuste presupuestario viene acompañado de una caída significativa en los salarios y también la reducción de personal en todos los organismos. Según informes realizados por el Grupo EPC del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI), desde diciembre de 2023 se han destruido 6400 empleos en todo el sistema científico nacional. En promedio, siete científicos por día se quedaron sin trabajo. El organismo más afectado fue el CONICET, que para junio de este año había perdido 2051 trabajadores. Le siguen el INTA con 884 y el INTI con 861.
Los manifestantes se pusieron la
camiseta por la ciencia, pero también por la educación. Muchas de las
investigaciones científicas se desarrollan dentro de las universidades
nacionales, por lo que docentes y estudiantes se hicieron presentes en
el Obelisco. “Como estudiantes de ciencia, atravesamos este momento con
muchísima incertidumbre, sobre todo porque el daño que se está haciendo
hoy es tan grande que va a llevar muchísimo tiempo reconstruir el
sistema como lo conocíamos”, expresó Sofía, estudiante de Ciencias
Biológicas en la UBA. “Nosotros estamos dispuestos a sostener esta
lucha, a acompañar a nuestros profesores, a los investigadores y a
quedarnos en nuestro país porque queremos estar acá cuando llegue el
momento de reconstruir, pero sabemos que va a ser difícil” agregó. La
jornada se dio en el marco de un nuevo paro docente y no docente para
demandar que el gobierno nacional cumpla con la Ley de Financiamiento
Universitario, detenida hace casi diez meses.
Uno de los ejes de la marcha fue el
reciente despido de 379 becarios y becarias posdoctorales del CONICET,
profesionales que se presentaron a concurso para la Carrera de
Investigador y solicitaron la extensión de sus becas hasta la
publicación de los resultados, que se espera para el año próximo. Sin
embargo, no recibieron respuesta de las autoridades de la institución ni
del Jefe de Gabinete Diego Santilli, a quien también hicieron llegar el
reclamo. “No hicieron un llamado a concurso que debían haberlo hecho y
por eso se atrasaron los tiempos. Nosotros nos quedamos un año en el
limbo, en la calle a la espera de saber si podemos entrar o no, seguir o
no en el CONICET”, explicó Debora Decima, una de las becarias afectadas
de la provincia de Tucumán.
Durante la audiencia pública que se llevó adelante el lunes en el Congreso, Federico Lindenboim, otro becario que vio interrumpida su actividad, destacó que la finalización de las becas implica la detención de cientas de líneas de investigación y proyectos de por sí obstaculizados por la situación presupuestaria. “Cuando una línea se destruye hay equipos que se disuelven, conocimientos que se pierden, trayectorias que se destruyen y científicos que se van del país. Reconstruir todo esto llevará mucho más tiempo y dinero que sostenerlo ahora” aseguró.
Otro de los puntos que generan
preocupación en la comunidad científica es la pérdida de poder
adquisitivo de los salarios. Según el documento leído y firmado por
todos los organismos convocantes, esta se estima entre el 30% y el 50%.
En el caso del CONICET, la caída ronda el 40%. Sus trabajadores
enfrentan, además, recortes en la cobertura médica. “Nos fuimos dando
cuenta que nos estábamos quedando sin obra social porque nos acercábamos
a los centros de atención y nos decían, ‘No, no recibimos Unión
Personal, no podemos atenderte’. No hubo ninguna comunicación oficial
por parte del CONICET» detalló la exbecaria Decima.
“Terroristas” con tizas y pipetas
La importancia de la ciencia para el desarrollo de la Argentina es otro de los puntos que se hizo oír durante la marcha. En carteles y banderas se leía “ciencia es justicia social” y “la ciencia es soberanía”. En ese sentido, la becaria postdoctoral del CONICET Aitana Castro Colabianchi destacó su interés personal y el de sus colegas en sostener los lazos entre investigadores y sociedad, en ayudar de forma concreta al general de la población, vocación hoy en riesgo por los recortes presupuestarios. “El impacto más fuerte lo vemos todos los días en lo que cuestan las cosas. Primero cortan nuestras líneas de investigación, pero sobre todo se están profundizando cuestiones como el impacto en la salud de las personas, la cantidad de personas que mueren por frío en la calle y todas las cosas con las que queremos comprometernos están siendo afectadas de una manera casi irreversible. Los lazos que nosotros tratamos de tener con la sociedad están viéndose cercenados por esta incapacidad de sostener proyectos que tratan de hacer esta continuidad universidad-ciencia-sociedad”, expresó a ANCCOM.
El compromiso de Castro Colabianchi es
común a la mayoría de los investigadores. “Para el desarrollo
científico hace falta cabeza y estamos en una situación donde hay que
pegar todo con alambre y lo sostenemos a pura voluntad porque hay un
convencimiento entre los que nos quedamos de que es importante lo que
hacemos y no solo para nosotros, sino para el país”, afirmó Giselle
Santana, investigadora del INTI. Sin embargo, la situación precaria al
interior de los organismos lleva a muchos científicos a abandonar el
sistema público y trabajar en el privado o en el exterior, lo que
resulta en la llamada “fuga de cerebros”.
Mientras los trabajadores y
trabajadoras de la ciencia luchan por el futuro de la Argentina, el
pasado 2 de agosto, en una conversación con Luis Majul, el presidente
Milei volvió a apuntar contra el sector educativo, cultural y mediático y
aseguró que “hay terroristas disfrazados de estudiantes, profesores,
periodistas e investigadores”. Rápidamente recibió el repudio de las
comunidades científica y académica y también tuvo su eco en la
convocatoria del miércoles. “Acá estamos reunidos todos y todas, los
supuestos terroristas que usamos pipetas, libros y tizas como armas, y
la palabra y la expresión en la calle como único escudo y protección”,
leyó la representante de RAICyT Valeria Levi. Luego, finalizó la lectura
del documento: “No van a poder con nosotros. Aquí estaremos defendiendo
la actividad científica, el presupuesto necesario para sostenerla,
nuestros salarios y a nuestros compañeros y compañeras que la hacen
posible. Aquí estaremos, defendiendo la patria siempre”. Para dar fin a
la movilización, los investigadores, docentes, estudiantes, jubilados y
todos los presentes cantaron el himno nacional y gritaron a viva voz:
“Ciencia sí, colonia no”.
Florencia Dorado
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