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Yes - Aurora (2026)

¿Cómo una banda de más de 50 años logra sonar actual sin perder su esencia? Para comenzar la semana LightbulbSun nos presenta el flamante álbum de Yes editado a mediados de mayo de 2026, donde, entre otras cosas, debuta en la bata Jay Schellen, que reemplazó al tristemente fallecido Alan White. El álbum se aleja de la complejidad desenfrenada para abrazar paisajes sonoros más amplios con los teclados y el eterno buen gusto de Geoff Downes son el eje central, pero con una textura mucho más cálida y orgánica, evitando los excesos de sintetizadores que a veces dominaron sus trabajos anteriores. Por otro lado, el cantante Jon Davison ha encontrado su identidad definitiva y ya no suena como un heredero o un reemplazo de Jon Anderson, sino que ha desarrollado una tesitura propia que encaja perfectamente con esta propuesta más introspectiva. La temática del álbum parece girar en torno a la luz, el amanecer y los ciclos, lo que le da una unidad temática que queda muy bien en un disco de Yes. No será el Yes clásico, no será el mejor Yes, pero en todo caso es un buen disco de esta nueva versión de estos dinosaurios que parecen haber encontrado su sonido para esta nueva etapa...

Artista: Yes
Álbum: Aurora 
Año: 2026
Género: Progresivo sinfónico
Duración: 59:47
Referencia: Progarchives
Nacionalidad: Inglaterra


Luego de ver todas las fotos de la banda me pregunto si Howe estará vivo o está momificado?. Aún no encontré la respuesta a eso, pero sí puedo decir que después de años de transiciones y ajustes en su formación, "Aurora" se siente como el disco en el que Yes finalmente ha logrado amalgamar su legado histórico con una sonoridad decididamente contemporánea. No intenta replicar la furia técnica de los 70, sino que se inclina hacia algo más etéreo, casi cinematográfico. Y empezamos el posteo con dos comentarios que resumen todo lo que contiene y representa este disco...

Escuchar un nuevo álbum de Yes siempre es un acontecimiento para cualquier amante del rock progresivo. Sin embargo, Aurora me dejó una sensación difícil de ignorar: la de una banda que conserva intacto su profesionalismo, pero que cada vez encuentra más dificultades para emocionar.
A estas alturas, del Yes clásico parece quedar principalmente el nombre, las inconfundibles portadas y un Steve Howe que, pese al paso de los años, continúa siendo el principal atractivo musical del grupo. Su guitarra ya no posee el vértigo de otras épocas, pero sigue aportando elegancia, personalidad y algunos de los mejores momentos del disco.
Entre los aspectos más logrados aparecen las secciones orquestales de "Aurora" y "Ariadne", dos composiciones donde la banda consigue generar climas atractivos y mostrar destellos de inspiración. También es valorable la inclusión de "Countermovement", una suite de 13:44 que recupera el formato largo tan ligado a la historia del género. Sin embargo, más allá de algunos pasajes interesantes y otros literalmente copiados de su pasado, transmite la sensación de haber sido concebida como un gesto hacia el progresivo más que como una auténtica necesidad artística.
Y ese es, quizás, el problema central de Aurora: todo está bien ejecutado, bien grabado y correctamente ensamblado, pero pocas veces logra conmover. El disco se escucha con agrado, aunque deja escasos momentos realmente memorables.
La comparación con el álbum que Jon Anderson grabó junto a The Band Geeks en 2024 resulta inevitable. Paradójicamente, aquel trabajo sonaba mucho más cercano al espíritu aventurero, melódico y emocionante que convirtió a Yes en una de las bandas fundamentales de la historia del rock progresivo.
Aurora no es un mal disco. Simplemente es un álbum que confirma que la excelencia técnica no siempre alcanza cuando la emoción ya no ocupa el centro de la escena.

Basoprog



La pieza central es "Solaris Suite", y si buscás un momento de virtuosismo, esta es la suite que define el disco. Con sus tres movimientos, muestra a un Steve Howe más contenido pero más preciso que nunca. No hay necesidad de demostrar velocidad; hay una sabiduría en su forma de frasear la guitarra que recuerda a sus mejores momentos en "Close to the Edge", pero con una madurez que solo llega con los años.

Es un disco que ha sido recibido con mucha gratitud por el público seguidor de la banda; se siente como un abrazo después de tanto tiempo. Claro, no es de mi gusto, pero eso a quién le importa?

Antes de entrar en materia, creo que esta reseña necesita abordar el elefante en la habitación. ¿Es esto realmente Yes? La pregunta lleva años dividiendo a los aficionados, y “Aurora” no ha hecho sino reavivar el debate. Para unos, un grupo sin Jon Anderson, Chris Squire, Alan White o Rick Wakeman jamás podrá ser considerado el auténtico Yes. A lo sumo, una prolongación legal del nombre, una reconstrucción parcial sostenida por Steve Howe y algunos veteranos de paso.
Para otros, la historia de Yes siempre ha estado marcada por el cambio permanente: ninguna formación clásica duró demasiado, los relevos han sido constantes desde finales de los sesenta y la propia identidad del grupo ha sobrevivido a innumerables mutaciones. Además, esta alineación —Steve Howe, Geoff Downes, Jon Davison, Billy Sherwood y Jay Schellen— es, paradójicamente, una de las más estables de toda su trayectoria. Quizá la respuesta se encuentre en un punto intermedio. Tal vez este no sea el Yes de “Close to the Edge” ni el de “90125”. Tal vez sea una resurrección a medias. Pero, después de escuchar “Aurora”, resulta difícil escapar a una conclusión: sea lo que sea, es Yes.
Tras “The Quest” (2021) y “Mirror to the Sky” (2023), el grupo afronta su tercer trabajo de estudio consecutivo con esta formación ya consolidada. Y eso se nota. Si los dos discos anteriores parecían tantear el terreno entre la reverencia al pasado y la búsqueda de una nueva identidad, aquí da la impresión de que por fin han dejado de preguntarse a qué deberían sonar para, simplemente, sonar a sí mismos. Con Steve Howe nuevamente ejerciendo de productor y Roger Dean encargándose del apartado visual, “Aurora” apuesta por un progresivo elegante, cálido y menos preocupado por recrear glorias pretéritas que por expandir una personalidad propia.
Eso no significa que el pasado no esté presente. Las referencias abundan: ecos de “Tales from Topographic Oceans”, guiños a “Drama”, alusiones a “Don't Kill the Whale” o estructuras que remiten al Yes más aventurero. Sin embargo, funcionan más como raíces que como una imposición. El gran tema del disco parece ser precisamente la reivindicación de la humanidad frente a la despersonalización contemporánea, una idea que atraviesa varias letras y alcanza su máxima
expresión en la monumental “Countermovement”, donde incluso aparece una reflexión explícita sobre la inteligencia artificial.
La homónima “Aurora” supone una magnífica declaración de intenciones. Una introducción atmosférica conduce hacia una composición repleta de cambios rítmicos, arreglos de cuerda y una sorprendente sensibilidad cinematográfica.
El incombustible Howe despliega varias de sus facetas guitarrísticas mientras Geoff Downes recupera protagonismo con unos teclados mucho más presentes que en entregas anteriores. En lo lírico, el grupo vuelve a explorar terrenos místicos inspirándose, en esta ocasión, en el libro “Autobiografía de un yogui”. Un gran arranque, aunque reconozco que necesité un par de escuchas para terminar de apreciarlo plenamente.
La sofisticación progresiva hace acto de presencia en “Turnaround Situation”, un corte que, gracias a sus melodías vocales, transmite una inmediatez y una accesibilidad tan sorprendentes como disfrutables. Y es que eso no implica renunciar a la riqueza estructural que caracteriza a la banda. Una vez más, Howe brilla alternando guitarras acústicas y eléctricas, mientras la sección rítmica formada por Sherwood y Schellen aporta un dinamismo digno de mención.
Ha sido escuchar “Love Lies Dreaming” y pensar inmediatamente en los Yes de los años noventa. Sobre un enorme trabajo de guitarras —¡cómo se luce Howe con la acústica!— y un buen puñado de arreglos, el quinteto va tejiendo una composición melancólica y contemplativa que engancha desde el primer momento. Y eso que no es una canción precisamente inmediata. A diferencia de varios temas de sus últimas obras, aquí percibo, al menos por ahora, una mayor cohesión en cada una de las composiciones.
Toca ponerse serios. Con más de trece minutos de duración, “Countermovement” representa la culminación creativa de esta nueva encarnación del grupo y el auténtico corazón de “Aurora”. Con un inicio bucólico y contenido, Yes nos invita a dejarnos llevar por una suite repleta de giros inesperados que, para nuestra fortuna, incluye un gran número de desarrollos instrumentales
fascinantes. Steve Howe, no contento con volarnos la cabeza con líneas de guitarra imposibles, también aporta algunas partes vocales más que cumplidoras, perfectamente integradas con el dramatismo de Jon Davison. Mención especial merece la letra, una crítica a la deshumanización tecnológica que despotrica sin piedad contra la inteligencia artificial. Ambiciosa sin caer en el exceso, con momentos que evocan “I’ve Seen All Good People”, pero dotada de personalidad propia. Una nueva demostración de que Yes, con unos u otros miembros, sigue siendo capaz de construir epopeyas progresivas plenamente disfrutables.
La presencia de una orquesta amplía la paleta sonora del álbum en la rica “Ariadne”, una composición en la que se respira una creatividad exquisita por parte de unos Yes que, ahora sí, parecen haber encontrado aquello que realmente quieren ser. Jon Davison vuelve a destacar con esos agudos tan característicos como exigentes.
El grupo se toma un respiro tras tanta sofisticación para entregarnos un tema más cañero y juguetón titulado “All Hands on Deck”. Apenas tres minutos dura este entretenido corte que remite a los momentos más excéntricos de “Tormato”. Resulta curioso escuchar a Davison moviéndose en registros tan graves. Disfruto mucho de la variedad de guitarras desplegada por Howe, pero creo que aquí quienes terminan llevándose el gato al agua son Geoff Downes y Billy Sherwood con sus respectivos instrumentos.
El álbum experimenta un bajón de calidad considerable con “Outside the Box”, una pieza construida sobre vocalizaciones que, aunque nadie puede negar su originalidad, resulta demasiado desconcertante y dificulta seriamente la conexión con la propuesta. Salvaría, eso sí, los teclados de Downes, que vuelven a disfrutar de una notable cuota de protagonismo.
La edición estándar se cierra con la balada “Emotional Intelligence”, una composición que tampoco ha terminado de decirme demasiado. Sin grandes exhibiciones técnicas, el grupo apuesta por una sensibilidad algo más pomposa de lo que me gustaría. Me quedo, eso sí, con la letra, donde se retoma la idea de la deshumanización para reivindicar el amor y el afecto frente a la frialdad tecnológica.
Entrando ya en los bonus tracks del LP, nos encontramos primero con la curiosa “Jambustin'”, una mezcla de folk, prog y unos toques festivos poco habituales en la trayectoria de Yes. No es un tema que me maraville, pero al menos transmite cierto buen rollo y contiene un par de giros rítmicos bastante resultones. Una rareza que, con las escuchas, termina creciendo un poco.
Finalizamos nuestra travesía con “Watching the River Roll”, una pieza en la que la banda apuesta por la sensibilidad melódica a través de arreglos modernos y envolventes. Una despedida serena que, sin ser la Octava Maravilla del Mundo, deja un buen sabor de boca.
“Aurora” probablemente no pondrá fin a la eterna discusión sobre la legitimidad de esta formación. Quienes echen de menos la espiritualidad irrepetible de Jon Anderson o el bajo monumental de Chris Squire seguirán encontrando argumentos para la nostalgia. Y es cierto que no todo aquí alcanza la inspiración de los mejores Yes: la recta final del disco se siente algo fría y la chispa no siempre prende con la intensidad deseada.
Pero también sería injusto reducirlo a un simple «es que no son Yes». Lo que encontramos en “Aurora” es una banda veterana que ha dejado de perseguir fantasmas para construir algo propio. Hay riesgo, hay oficio, hay melodías memorables y, sobre todo, una sorprendente voluntad de seguir explorando.
Puede que este no sea el Yes que cambió la historia del rock progresivo en los años setenta. Puede que tampoco sea el Yes de los himnos ochenteros. Pero sí es un grupo de músicos extraordinarios que aún tiene cosas que decir. Y eso, en tiempos de nostalgia vacía, ya es mucho.
Porque al final, después de tantos cambios, tantas guerras internas y tantas encarnaciones distintas, la paradoja sigue intacta: Yes no son los mismos. Nunca lo fueron. Y precisamente por eso, siguen siendo Yes.

Anfetamina y rock


La cosa es que te puede gustar o no, como a mí, pero ello no quita que sea lo nuevo de Yes, y para que lo empieces a escuchar te dejo varios videos...



"Aurora" es un disco de sillón y auriculares, es música que se despliega lentamente. Y "Aurora" es el mejor ejemplo de que la respuesta no es intentar ser joven, sino ser honesto con la edad que tienen y la música que quieren hacer hoy.

Yes no se ancla en el pasado, y demuestra que está en continua evolución, buscando valientemente unos nuevos horizontes que les hagan brillar tanto como el título y la portada de este nuevo álbum. Que lo consigan o no dependerá de la manera en la que se les juzgue.
Yes sigue evolucionando, y en esta oportunidad lo hace con el álbum número veinticuatro de su larga y exitosa trayectoria, demostrando en él que, a pesar del tiempo, las modas y las críticas, sigue siendo una de las bandas más destacadas del panorama del rock progresivo actual.
Aunque, la verdad, definir ‘Aurora’ como un álbum de rock progresivo es quedarse muy corto, ya que en su amplio contenido podemos encontrarnos con ámbitos que nos van a trasladar desde lo experimental de los trabajos que en los setenta hicieron vibrar a las masas con joyas como ‘The Yes Album’ (1971) o ‘Fragile’ (1971), lo sinfónico de ‘Close to the Edge’ (1972) o del ambicioso doble álbum ‘Tales from Topographic Ocean’ (1973), lo vanguardista de los ochenta de discos como ‘Drama’ (1980), ‘90125’ (1983) o ‘Big Generator’ (1987), e incluso los rasgos orquestales, de lo que dejaron imborrable impronta en aquél ‘Magnification’ (2001). Un coctel que los actuales Yes han sabido contextualizar en un álbum en el que la fórmula de unión es la que les ha llevado a componer una obra que no cae ni en lo que hoy sería lo ilógicamente experimental ni en lo absurdamente actualizado.
Sé que para muchos fieles seguidores que aman y añoran esas partes en las que Yes infligían técnica y textura a cada una de las magnificencias que de sus grandes cerebros surgían (y hablo de la formación considerada más clásica: Jon Anderson, Chris Squire, Steve Howe, Rick Wakeman y Bill Bruford) es un sacrilegio compararlos con lo actual, y que de ese espíritu solo queda un nombre que sigue dando beneficios a sus componentes, pero: ¿por qué más allá de rechinar dientes en pro de la añoranza, no quedarnos con la parte lógica de evolución y las cualidades que grandes músicos saben concebir y concretar sea cual sea el nombre que utilicen para llegar al público?
Con esta perspectiva es con la que he escuchado un álbum que consolida lo que la banda ya había propuesto en ‘The Quest’ (2021) y ‘Mirror to the Sky’ (2023), trabajos en los que la combinación de lo clásico con la actualización se acomoda sin chocar de frente. Así es ‘Aurora’, un álbum que vuelve a impresionar por el trabajo de su impactante cubierta, creada, cómo no, por el genial Roger Dean, a quien en la entrevista que pude realizar a Geoff Downes, el propio teclista define como: “Maestro de maestros”. Y el contenido sabe subyugar tanto como lo hace su portada, destacando en él, a mi entender, el notorio papel que Geoff adquiere tras unos teclados que dan amplitud a temas que sin ellos podrían caer en cierta redundancia, caso de “Love Lies Dreaming” o “Ariadne”. Igualmente, eleva los ya de por si magnánimos ritmos que “All Hands on Deck” o “Emotional Intelligence” disponen.
Por otra parte, en ‘Aurora’ la banda destaca en las vertientes en las que las guitarras de Steve Howe dominan sin deteriorar el buen ejercicio que el bajo de Billy Sherwood y la batería de Jay Schellen insertan en cada uno de los ocho cortes de los que el álbum dispone. Sobresalen estos aspectos tanto en los adelantos que en su día pudimos disfrutar, “Aurora” y “Turnaround Situation” (por cierto, grandes videos animados los creados por quien también ha trabajado con Iron Maiden, Matt Hutchings), o en “Ousidet he Box”.
Mención muy especial merece esa gran y magnificente estructura del tema más ambicioso del álbum: “Countermovement”, una pieza de casi catorce minutos, desarrollada a base de una formación tan compacta como pendular, que sabe recrearse en oscilaciones tan absorbentes como lo puede ser la visualización de las luces del norte en una fría noche de invierno. Gran parte de esas sensaciones se deben a la buena disposición y uso que la banda hace del trabajo instrumental exprimido de la orquesta sinfónica nacional checa y de su capacidad para incorporarse a ella de una manera tan sugestiva como relatadora.
Pero no, no me olvido del trabajo y efecto que Jon Davison ejerce en las voces y ocasionales acompañamientos de guitarra. Un ámbito vocal que cada vez cuadra más con lo que instrumentalmente la banda expresa en la actualidad, despuntando sobre todo en los pasajes más melódicos, en los que insertan unos argumentos sentimentales dignos de destacar.
En ‘Aurora’, Yes no se ancla en el pasado, y demuestra que está en continua evolución, buscando valientemente unos nuevos horizontes que les hagan brillar tanto como el título y la portada de este nuevo álbum. Que lo consigan o no, como siempre, dependerá de la manera en la que se les juzgue. En mi opinión, el dictamen es claro y conciso: ¡Adelante maestros!

Josep Fleitas
 

Lo podés escuchar desde Spotify:
https://open.spotify.com/intl-es/album/5TDltjAh03cwDinX4SXwnR

 

 
Lista de Temas:
1. Aurora (7:27)
2. Turnaround Situation (5:50)
3. Love Lies Dreaming (6:24)
4. Countermovement (13:48)
5. Ariadne (6:18)
6. All Hands on Deck (3:04)
7. Outside the Box (4:20)
8. Emotional Intelligence (3:30)
9. Jambustin' (bonus track) (4:24)
10. Watching the River Roll (bonus track) (4:42)

Alineación:
- Steve Howe / guitar, vocals 
- Geoff Downes / keyboards, vocals 
- Billy Sherwood / bass, vocals 
- Jon Davison / vocals, guitar, keyboards, percussion 
- Jay Schellen / drums 
With:
Czech National Symphony Orchestra, conducted by Vladimir Martinka



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