Lucas Portos, un joven platense de Altos de San Lorenzo que siendo muy pequeño tomó una guitarra eléctrica y creció tocando heavy metal, varios años más tarde terminó recibiendo clases gratuitas de violín del maestrísimo José Bondar. Hoy -al tiempo que trabaja como profesor en la orquesta escuela de Berisso- logró unir sus distintas etapas, gustos e intereses artísticos en un evento tan gratificante como inédito, donde un grupo de cuerdas interpreta temas de Iron Maiden sobre una adaptación del mito de Prometeo. Una gran caricia al alma en tiempos de auto-tune, letras vacías, redes antisociales y menosprecio por el conocimiento.
Por Carlos Gustavo Altavista
En el magnífico documental El viaje de un metalero, un productor le dice al realizador, el antropólogo, músico y director de cine canadiense Sam Dunn, que si Beethoven viviera seguramente tocaría en Deep Purple. Algo absolutamente incomprobable, demás está decirlo. Pero de lo que no hay duda alguna es de que muchísimos grupos o músicos de metal son fanáticos de la música clásica, o incluso se han formado en conservatorios. El virtuosismo musical, cuando de géneros se trata, traza una línea que une fuertemente lo clásico con la vertiente más potente del rock.
No es extraño en ciertos países que músicos formados en la academia interpreten obras de heavy metal, y que metaleros hagan lo propio con piezas de la música clásica. Un ida y vuelta muy enriquecedor que no abunda por estas pampas.
Y no hay que ir a ningún lugar extraño a buscarla. Nació y creció -y sigue creciendo- en La Plata. El “culpable” se llama Lucas Nicolás Portos, quien hace 30 años nació en Altos de San Lorenzo, en la periferia de la región capital; alguien que siendo pequeño dijo que quería aprender a tocar el violín -un instrumento que lo cautivó con una pantalla de TV de por medio- y recibió por toda respuesta: “No, eso es para la gente con plata”.
¿Cómo llegó entonces a graduarse como profesor de música especializado en violín en el conservatorio? ¿Y cómo llegó entonces a ser alumno de José Bondar, uno de los mejores violinistas del país y de América Latina, para tocar ese instrumento en la camerata de la orquesta escuela de Berisso (OEB)? Quizás porque la vida está repleta de prejuicios sociales. Por suerte, la OEB nos sigue “regalando” chicos y chicas que rompen esas barreras en forma permanente. Lucas Portos es uno de ellos.
De la banda de rock al Gilardo Gilardi
“Mi primer contacto con la música fue a través de un amigo, a quien le compraron una guitarra eléctrica”, rememora Lucas, hablando de sí mismo cuando iniciaba su andar por la escuela secundaria. Pero antes de ese encuentro con las seis cuerdas, tuvo un desencuentro con la vida que lo marcó para siempre. “Perdí a mi viejo siendo muy chico. Esa experiencia, mucho más adelante, me llevó a valorar muchísimo las cosas, cada oportunidad, cada logro, y a buscarle siempre un sentido profundo a mi vida, a cada cosa que hacía y que hago”, reflexiona.
“Aquella guitarra era un verdadero tesoro -retoma-. Copiábamos melodías de internet. Canciones de Iron Maiden, Deep Purple, Black Sabbath”, enumera. Como se puede observar, cuando a Lucas le apagaron (sólo temporalmente) la luz del bichito del violín y la música clásica, se le encendió la del heavy metal. No fue casualidad. 
Lucas Portos durante el espectáculo
donde lo clásico y el heavy metal
se dan la mano.
Con su amigo y otros chicos de la escuela armaron la primera banda, y él quedó a cargo de la guitarra. El grupo tuvo poca vida, pero Lucas siguió tocando. Hasta allí, era un autodidacta.
“Iba al Colegio Nuestra Señora de Fátima, en mi barrio. Y de muy pibe ya trabajaba para ayudar a mi mamá. Hacía un poco de todo, desde reparar computadoras hasta pintar casas”, recuerda. Y fue así que logró juntar el dinero para cumplir un sueño: a los 14 años pudo ver a Iron Maiden en Buenos Aires.
“¿Cómo que es gratis?”
Siempre hubo mucha gente -y debe haber todavía- que creyó que para estudiar en el Conservatorio Gilardo Gilardi hay que pagar. Los tristemente célebres prejuicios sociales de los que hablamos más arriba. (El conservatorio fue creado por el compositor Alberto Ginastera en 1949, a instancias del gobernador peronista Domingo Mercante; la intención era, a contramano de los usos y costumbres de los gobiernos elitistas conocidos hasta ese momento, que tuvieran acceso a la enseñanza de la música todos los niños y niñas).
“¿Cómo que es gratis?”, se preguntó Lucas. Y sin pensarlo dos veces, en 2012 y con 16 años ingresó como alumno al conservatorio. La guitarra quedaría casi definitivamente en segundo plano, pues ahora lo esperaba aquel maravilloso sonido del violín que de pequeño lo había fascinado.
“Esta es mi única chance, pensé en aquel momento. Sabía que quería vivir de tocar el violín, de la música. Para ello, tenía que formarme. Dedicarle horas y horas y mucha disciplina. Yo no poseo un talento natural, pero tengo la virtud de no ahorrar esfuerzo y dedicación cuando estoy convencido de algo”, dice Lucas. Aquel golpazo de perder al padre de chico lo había curtido para valorar las oportunidades de su vida. Y sintió que esa era única.
Eloisa Donatone, cellista especializada en violoncello barroco.
Guillermo Gutiérrez nació en Corrientes.
Un tal José Bondar
En el ámbito de la música académica, y particularmente del violín, “se nombraba muchísimo a José Bondar. Tanto que empecé a soñar con aprender con él. Pero eso sí me parecía directamente imposible”, confía.
Otra vez, los prejuicios sociales se cayeron en mil pedacitos. “Me presenté a una audición para ingresar a la Camerata del Teatro Argentino y no quedé. Fue entonces cuando un profesor, Juan Sarries, me dijo: ‘Vos tenés condiciones. ¿Por qué no te presentás para empezar a aprender en la orquesta escuela de Berisso?’ Yo no tenía idea de la orquesta escuela. Pero fui. Quedé en la precamerata, que es donde te preparan para, eventualmente, dar el salto a la camerata. Y a cargo de la camerata estaba José Bondar. Yo no lo podía creer, realmente”, casi exclama Lucas.
Así, con decisión, esfuerzo, disciplina, llegó a ser convocado por Bondar para tocar en el CCK con José Araujo, actualmente solista de la Filarmónica de Buenos Aires.
Estudió en el Gilardo Gilardi.
Hoy es docente y también es guitarrista
de Black Jack Groove.
“Hoy soy lo que soy por la orquesta escuela”, afirma Lucas sin rodeos. “Es un lugar donde la educación de calidad se da la mano con la inclusión. Gracias a José Bondar, quien terminó siendo mi profesor, pude graduarme como profesor de música. Y hasta ahora doy clases a los más chicos en la OEB”.
Ese verano sin estudiar… y la sombra de Iron Maiden
Una vez graduado, hacia 2024, Lucas se halló en una situación totalmente desconocida para él. “Para mí, no había veranos sin estudio. Siempre los aprovechaba para preparar los exámenes que tenía que rendir. Pero, tras recibirme, me encontré sin esa obligación y me invadieron un montón de pensamientos. Y uno fue: yo entré al conservatorio por el heavy metal, y hace doce años que no toco lo que yo quiero; doy clases, estoy en la camerata, soy feliz haciendo lo que me gusta… Pero me faltaba algo”. Fue el punto de partida de un proyecto integral y maravilloso llamado Ostinato Destiny.
Lo cuenta así: “Ostinato Destiny es una propuesta única en Argentina, un ensamble híbrido entre lo clásico y el heavy metal, un cuarteto de cuerdas (violín, viola, cello) que incorpora además guitarra eléctrica y percusión sinfónica. Con arreglos propios sobre la música de Iron Maiden, cuenta el mito de Prometeo con una propuesta multimedial, música en vivo, imágenes, escenografía, videos, locución y la intervención de la actriz Claudia Rigiti”.
Carlos Gustavo Altavista


Comentarios
Publicar un comentario