Ir al contenido principal

Viaje Musical por un Año: Ubi caritas et amor - M.Duruflé


11 de Enero
Ubi caritas et amor Cuatro motetes gregorianos 
Maurice Duruflé (1902-1986)




Duruflé, que nació este día, es un misterio. Su vida transcurrió en el siglo XX: llegó a la mayoría de edad en un París cuyo paisaje artístico y musical estaba cambiando radicalmente. Presenció en primera fila la aparición del cubismo y demás vanguardismos, el dodecafonismo y el jazz. Y, sin embargo, no sintió el menor interés por los nuevos rumbos de la modernidad ni por ningún cambio. 

Al parecer, no le gustaba provocar ni escandalizar al público, a diferencia de muchos contemporáneos suyos (véase, por ejemplo, el 29 de mayo); la verdad es que cuando quería inspirarse, miraba al pasado.

Duruflé escribió una música muy particular y característica. Su obra posee una claridad cristalina, sin duda porque compuso muy poca, ya que tardaba años en tallar y pulir cada pieza. De pequeño estuvo en una coral infantil y parece que le gustaba cantar la música de Bach, Haydn, Mozart y su compatriota Gabriel Fauré, pero lo que lo fascinaba en concreto era la pureza y la gracia del canto llano o gregoriano, ese canto sin acompañamiento musical que surgió en la Europa católica en el siglo IX. 

Con el tiempo incorporó a su repertorio detalles propios de este género, sobre todo en el magnífico y conmovedor Réquiem que compuso a raíz de la muerte de su padre. Sus melodías, confesó, estaban «basadas exclusivamente en temas de la misa de difuntos gregoriana. A veces transcribía la música con exactitud, dejando a la orquesta un papel de apoyo o comentario, aunque en otros pasajes era simplemente un estímulo».

El canto llano o gregoriano está en la base del luminoso escenario del motete latino «Ubi caritas»:

Ubi caritas et amor, Deus ibi est. Donde están la caridad y el amor, allí está Dios.

Clemency Burton-Hill







Comentarios

Ideario del arte y política cabezona

Ideario del arte y política cabezona


"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.