Corrientes y Callao es la esquina codiciada por el gobierno porteño, sin tener en cuenta que ahí reside desde 1971 uno de los primeros locales que empezó a vender música y libros, y por el cual pasaron, pasan y se reúnen, familias, amigos, artistas, periodistas, actores, en busca de una charla interesante, de un vinilo, un libro o simplemente de ingresar a respirar el espíritu bohemio que albergan esas paredes. Todo eso se quieren llevar puesto con la propuesta de una línea de subte y su alternativa es que sigan en el mismo lugar, pero dos pisos más arriba. Y Zivals se resiste.
“Esto se está tratando desde el 2001, es una cosa de larga data, pero ahora se empezó a activar. Hace algunos meses nos enteramos de que esto podía ser probable y fue avanzando. Por eso ahora salimos con esta campaña, a tratar de frenar toda esta locura. Hay posibilidades, pero las opciones que nos dan de alguna manera es como retroceder. Creo que hay otra alternativa más económica para la ciudad y no muy lejos de acá”, aporta Alfredo Suhring – “Alfred” –, gerente general de esta disquería que lleva 55 años de historia.
“Por sus pasillos circula un público que pocos comercios de Buenos Aires pueden mostrar: una clientela transgeneracional donde conviven abuelos, padres y nietos. Los abuelos vinieron en los 70 a llevarse un long play o un simple. Los hijos volvieron en los 90 por un CD. Y los nietos vuelven hoy a buscar, otra vez, un vinilo. Tres generaciones, tres formatos, una sola esquina: el círculo completo de la historia del disco, contado en la misma vidriera. Esa convivencia es, en sí misma, una rareza: pocas casas en Buenos Aires pueden mostrar la continuidad de un público que, mientras la industria cambiaba todo, siguió viniendo al mismo lugar”, describen en su sitio web.
La función de Zivals es clara. Tiene que ver con sostener la cultura y que se siga expandiendo de generación en generación. En tiempos donde las modas se llevan todo puesto y la IA te forma el gusto y las decisiones, la gente de este lugar, sigue optando por recomendaciones desde el conocimiento acumulado. Sigue creyendo en la edición de discos, en ampliar su catálogo de libros y con la militancia de que la gente no se pierda el acto de escuchar un disco entero. Desde su terraza también insisten con este mensaje y sobre todo con cuidar a los que hicieron mejor la cultura argentina con su obra.En esa esquina, arriba del local, inauguraron un mural de Charly García. Es la famosa foto del músico sentado en una esquina de Manhattan e inspirado en la tapa de Clics Modernos, el disco que cambió la idiosincrasia del rock argentino. De la mano del artista urbano Martín Ron, las calles Walker Street y Cortlandt se mudaron a Corrientes y Callao, en otra muestra del aporte al paisaje porteño que puede obsequiar Zivals con sus ambiciones culturales. “Me canso de ver gente que cuando llega a la esquina, levanta la cabeza y sonríe al ver el mural. Cualquier cosa que afectes ahí va a generar que sea simplemente un edificio con un local de hamburguesas”, agrega Suhring.Suhring antes de estar en Zivals tuvo otro trabajo mejor pago y de menos días, pero lo dejó para entrar a este universo de los discos y los libros. “Estoy trabajando acá porque quise hacerlo así. Estaba en otro lugar antes, ganando más y trabajando un día menos, pero para mí era muy importante trabajar en Zivals, me llena de orgullo todo lo que representa. Es la variedad, la posibilidad de expandir el horizonte de las personas desde sus catálogos”, dice.
Silvio Rodríguez en su Canción de harapos dice que fácil es engañar al que no sabe leer/ cuántos colores, cuántas facetas tiene el pequeño burgués. Quieren sacar de la esquina con vista a la calle, los libros y los discos, desmembrar uno de los últimos bastiones que tracciona por pensamiento crítico desde vender canciones y palabras. “Me parece que si realmente le ponen onda podrían encontrar una alternativa y simplemente la ciudad no se enojaría. Eso también es importante”, concluye Suhring. No bombardeen Zivals.




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