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Viaje Musical por un Año: Cinema Paradiso- E. Morricone

23 de febrero

Tema de amor de Cinema Paradiso

Ennio Morricone (1928-2020)


Trompetista de formación, el compositor italiano Ennio Morricone ingresó en 1940 en la Academia de Santa Cecilia, el históricamente famoso conservatorio de Roma. Aunque se matriculó en un curso de armonía de cuatro años, lo completó en menos de seis meses. Tenía entonces doce años, dato que puede darnos una idea de la singularidad de su talento musical.

 

Morricone ha compuesto más de cien obras clásicas, pero lo que lo ha convertido en un personaje legendario son las más de quinientas partituras musicales que ha escrito hasta la fecha. Sus partituras construyen en cierto modo las películas que ilustran, como saben perfectamente los directores con los que ha trabajado. Por ejemplo, Sergio Leone (director con cuyos spaghetti westerns está estrechamente vinculado) no empezó a rodar Hasta que llegó su hora (llamada también Érase una vez en el Oeste) hasta que Morricone hubo terminado su magnífica partitura. La música vino primero. Esto es excepcional.

 

Este día de 1990 Cinema Paradiso, el clásico posmoderno de Giuseppe Tornatore, se estrenó en Estados Unidos, donde acabó llevándose el Óscar a la mejor película extranjera. La cinta cuenta la historia de un niño que se hace amigo del proyeccionista del cine de su pueblo y acaba siendo un gran cineasta.

 

La música fue compuesta por Morricone y su hijo Andrea. Conmovedor e incorregiblemente sentimental, el tema refleja a la perfección la premisa principal del film de Tornatore, a saber, que el arte es importante; que la dirección cinematográfica es importante; que el cine, como experiencia colectiva que establece vínculos entre las generaciones, por encima del tiempo y el espacio, es importante. Lo mismo podría decirse de la música.

 

Clemency Burton-Hill








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"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.