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Big Big Train - Woodcut (2026)


Empezamos la semana trayendo el último disco de estos ingleses, justamente de este mismo año. Y la banda suena más afianzada que nunca en esta nueva etapa. El título ("Xilografía" en castellano) no es al pedo; el disco trata sobre el arte de crear, sobre las marcas que dejamos y, como siempre, tiene ese toque de nostalgia por la Inglaterra antigua, donde hay momentos épicos que te hacen sentir que estás en medio de una película de héroes victorianos. Es música que suena artesanal, no hay nada procesado acá; se nota el cariño en cada nota, y además es el primer álbum conceptual en toda su carrera. Con una sección de vientos pasmosa, con 16 temas y más de una hora de duración, este será uno de los mejores discos que puedan llegar a salir en este belicoso 2026, un trabajo completamente recomendado, les ruego que le peguen una escuchada y después me cuentan.

Artista: Big Big Train
Álbum: Woodcut 
Año: 2026
Género: Crossover Prog
Duración: 65:45
Referencia: Progarchives
Nacionalidad: Inglaterra


Los Big Big Train no fallan y este "Woodcut" (2026) llegó justo para recordarnos por qué son los reyes del prog pastoral. Si pensabas que después de tanta trayectoria se iban a quedar sin historias que contar, agarrate, porque este disco es como un libro de cuentos ilustrado pero con sintetizadores y una sección de vientos de otro planeta.

Tiene temas de 12 minutos, cambios de tiempo que te hacen recalcular el GPS y capas de teclados que te envuelven. Pero, como dicen en los blogs especializados, es un progresivo amable, de una complejidad elegante. Sería el tipo de música que podés escuchar con tu abuelo o con tu amigo el fan de Dream Theater, y los dos van a estar felices. 

Pero vamos con un comentario como la gente... 

Solo 5 semanas de iniciado el año 2026 a la fecha de escribir estas líneas, y ya tenemos una de esas grandes obras que prometen colarse en nuestros discos destacados de 2026. «Woodcut«, el 16° álbum de estudio de los británicos de Big Big Train, se perfila inmediatamente como un hito especial en la trayectoria de la banda.
A pesar de que la banda ya lleva 17 años desde el reboot que los tiene firmemente asentados en el panorama progresivo a nivel mundial, «Woodcut» es su primer disco conceptual en más de 30 años de carrera. Tras la trágica pérdida de su vocalista David Longdon en 2021, la agrupación británica había logrado un regreso exitoso con «The Likes Of Us» (2024), un trabajo de transición donde debutó el gran cantante italiano Alberto Bravin (ex PFM).
Ahora, apenas dos años después, Big Big Train sube la vara nuevamente con un trabajo ambicioso que encuentra a la banda reinventándose sin perder su esencia. Grabado en buena parte con todos los músicos tocando juntos en el estudio en Sweetwater Studios, EE.UU. en lugar de intercambiar archivos a distancia como se ha vuelto una especie de estándar en la industria; «Woodcut» destila la química y cohesión orgánica de un grupo que ya pasó por su travesía del desierto y deja atrás todo lo malo.
El resultado es un álbum extenso pero ágil, con 16 temas a lo largo de 66 minutos de música que no se hacen pesados ni redundantes gracias a una narrativa musical cuidadísima.
La formación actual de Big Big Train consta de siete talentosos integrantes de perfil internacional, lo que ha convertido a la banda casi en un supergrupo del prog moderno. Al frente está el ya mencionado Alberto Bravin (voz líder, guitarra, teclados), quien asumió la difícil tarea de tomar la posta vocal tras Longdon. En la batería y coros sobresale Nick D’Virgilio (ex-Spock’s Beard), un ya veterano virtuoso que aporta tanto potencia como buen quehacer ritmico del prog mas refinado.
Los teclados ahora están en manos del noruego Oskar Holldorff (Dim Gray), cuyo estilo simplemente brilla a lo largo del disco. El multiinstrumentista Rikard Sjöblom (ex-Beardfish) se encarga principalmente de las guitarras (y también contribuye en teclados y voces), con una técnica mas que pulcra.
La sección de cuerdas y voces femeninas corre a cargo de Clare Lindley (violín, guitarra acústica, voz), cuyo violín aporta calidez pastoral y matices folk muy en la línea clásica de estos grandes trenes. En el bajo permanece el fundador Gregory Spawton, único miembro original, compositor principal y pilar creativo que mantiene al ensamble sobre rieles (ya, dejamos las metáforas de trenes hasta aquí :v).
Finalmente, Paul Mitchell en la trompeta completa el personal, añadiendo colores sinfónicos con sus intervenciones de bronces. Cabe destacar que todos los miembros aportan voces en armonía, e incluso cada uno tiene algún momento de voz líder a lo largo del álbum
El concepto
La inspiración para «Woodcut» surgió de manera curiosa durante una visita matutina de Spawton y Bravin al museo Munch de Oslo, mientras la banda giraba por Noruega. Allí quedaron fascinados con una exhibición de xilografías (grabados en madera) de Edvard Munch.
En la técnica del woodcut el artista talla un diseño negativo en un bloque de madera, es decir, corta y quita las partes que no quiere imprimir, para luego entintar la superficie restante y la prensa contra papel para obtener la imagen positiva. Esta idea de crear arte a partir de “vaciar” material resonó con la banda, viendo un paralelismo entre los negativos y positivos del proceso de grabado y los altibajos del proceso creativo en la música.
Decidieron casi de inmediato que “Woodcut” sería un gran título para un álbum conceptual, aun sin tener música ni historia escrita en ese momento. A partir de esa chispa inicial, Big Big Train elaboró una narrativa original sobre un artista sumido en la creación de un grabado en madera, mientras la historia sigue a este protagonista anónimo que, al obsesionarse con su obra, logra adentrarse físicamente en el mundo que está tallando.
Las letras y la música exploran ese viaje casi onírico y psicodélico del artista a través de un paisaje imaginario, sus dudas, miedos y eventual revelación. A lo largo del álbum se utilizan motivos musicales recurrentes que representan conceptos líricos centrales y unen las piezas como si fueran reflejos negativo/positivo entre sí, de forma muy interesante y bastante bien lograda.
De este modo, «Woodcut» está diseñado para ser escuchado de corrido, como una única gran pieza épica en la que cada pista fluye sin interrupciones hacia la siguiente.
Las canciones
“Inkwell Black” abre el álbum de forma sutil y atmosférica, en un instrumental breve (menos de un minuto) que sumerge al oyente en un ánimo reflexivo y melancólico, con aires de folk oscuro. Este prólogo musical establece el primer motivo temático y se funde sin pausa con la siguiente pista.
En “The Artist”, el single adelanto del disco, Big Big Train despliega todo su arsenal sonoro, destacando el bajo de Spawton, con líneas «gruesas» y melódicas que junto a la batería de D’Virgilio forman una base rítmica notable.
La voz de Bravin, como desde sus dias en la PFM, entra poderosa y segura, arropada por armonías vocales ricas del resto de la banda. Hacia la mitad, tenemos un pasaje instrumental exquisitamente compuesto y ejecutado; y curiosamente, esta pieza que originalmente duraba unos 16-18 minutos con una extensa sección instrumental central surgió de una composición de Rikard Sjöblom; pero fue Bravin, en rol de productor, quien sugirió recortarla a 7 minutos para mantener el equilibrio del álbum.
El resultado es una suerte de mini épica que, aun sin llegar a unas cotas impresionantes, logra ser el centro perfecto para presentar la historia.
Sin solución de continuidad llega “The Lie of the Land”, introducido por un delicado piano. En apenas 3 minutos, esta pieza encapsula todo lo que BBT hace bien, comenzando de forma introspectiva y ganando intensidad, sumando violín y guitarra acústica, voces en diferentes soundscapes, un bajo macizo y finalmente la batería de Nick marcando un patrón implacable.
No tenemos respiro, ya que el disco continúa inmediatamente con la elegante “The Sharpest Blade”, que arranca folky sobre guitarra acústica antes de añadir una suerte de riff de teclado muy resultón. Aquí la violinista Clare Lindley toma el micrófono en estrofas, aportando un matiz vocal sumamente disfrutable que contrasta con la voz de Bravin; y su violín también brilla como elemento melódico esencial, entretejiéndose con la instrumentación.
Sin duda uno de los momentos cumbre del álbum por su carga emotiva. Se siente casi como una declaración metamusical de la banda sobre la gestación paciente de esta obra.
Con “Albion Press” (en referencia a la histórica prensa tipográfica Albion) el tren acelera a toda máquina y nos regala uno de los pasajes más rockeros del disco, donde la guitarra eléctrica y el órgano Hammond se lucen al unísono, respaldados por una base rítmica con mucha dinámica.
Líricamente, esta pieza marca el momento en que el artista está totalmente absorto en la creación de su obra maestra en madera, encerrado en su labor. De hecho, las letras indican que siente que está a punto de traspasar el umbral hacia ese mundo que está esculpiendo (“If I close my eyes and let go, I could step into the scene…”), anticipando lo que viene a continuación.
Siguiendo esa narrativa, “Arcadia” nos muestra al artista dentro de su mundo imaginario. La atmósfera es bucólica, mientras que al final un solo de violín nostálgico de Clare sobre el piano aporta un cierre instrumental conmovedor, como si contempláramos ese paisaje de ensueño en detalle por un instante.
Acto seguido, “Second Press” funciona como un breve interludio de 37 segundos, una pieza puramente instrumental y clásica, casi cinematográfica, que actúa como pegamento conectando escenas.
La calma se triza con un excitante riff de guitarra eléctrica (cortesía de Rikard Sjöblom), que nos arrastra de lleno a “Warp and Weft”, una de las piezas más atrevidas del álbum, con un ambiente que nos recuerda a algunos de los pasajes mas caóticos de King Crimson.
En medio de la pieza, surge un convincente puente polifónico a la Gentle Giant, con juegos de contrapunto vocal entre varios miembros, para desembocar en una sección instrumental instrumental frenética, cerrando con intensidad, desembocando sin pausa en “Chimaera”.
En contraste, «Chimaera» es una suerte de crescendo que inicia con guitarra acústica, mientras se suman más elementos hasta que la banda entera se convierte en una pequeña orquesta sinfónica. Destaca aquí la trompeta de Mitchell, y la interpretación vocal de Bravin alcanza un clímax emocional. Los fans acérrimos captarán la auto referencia de la lírica en el verso de “a flare on the lens”, el cual da título al álbum en vivo que BBT lanzó en 2024.
De inmediato aparece “Dead Point”, iniciando con arpegios de guitarra acústica que pronto acompañan a la voz. Se trata de una pieza oscura y dramática, donde el artista descubre que no está solo en ese mundo que creyó suyo, y justamente, la música refleja esa inquietud con acordes sombríos y tensos.
Tras esa confrontación, “Light Without Heat” ofrece un respiro luminoso, recuperando la vena pastoral clásica de Big Big Train; mientras brilla por derecho propio con un solo de guitarra profundamente emotivo de Sjöblom hacia el final, muy a la David Gilmour.
El siguiente interludio, “Dreams in Black and White”, arranca con la voz de Clare Lindley en unas líneas a capela, en contrapunto a la voz de Nick D’Virgilio en armonía y un sutil tintineo de glockenspiel. La formula del crescendo que tan buenos réditos le da a BBT, sigue siendo explotada con buen gusto.
Esa inquietud da paso a “Cut and Run”, la primera de dos instrumentales consecutivas que representan la huida y lucha del artista por retornar a casa. «Cut and Run» es, sin rodeos, una de los piezas más potentes que Big Big Train haya grabado jamás, en un excitante tour de force de prog musculoso, con excelentes riffeos de guitarra y Hammond que coquetean con el hard rock más clásico.
Sin detenernos en este verdadero tobogán progresivo, enlazamos con “Hawthorn White”, un bello contrapunto de menos de 2 minutos baja completamente las revoluciones y actúa como un descanso después de la tormenta. Asi, la pareja de «Cut and Run» y » Hawthorn White» funciona como yin y yang sonoros (la violencia y la calma), reforzando de nuevo la temática de negativos y positivos del concepto.
Entramos en la recta final con “Counting Stars”, pieza que se nos antoja casi salida de los pasajes mas bucólicos de «Nursery Cryme»; mientras que hacia el final, Rikard entrega uno de los solos de guitarra más hermosos de todo el disco.
Finalmente, «Woodcut» culmina con “Last Stand”, un cierre verdaderamente apoteósico, en el que quizás es el momento más bombástico que Big Big Train haya grabado jamás. La lírica refleja el cierre del circulo, donde el amor y esperanza, vida y muerte y saber dejar ir, son máximas indispensables para vivir, invitando a aprovechar cada día y reinventarse. Un final triunfal para un álbum que ha sido un viaje de principio a fin.
Un discazo
«Woodcut» se erige no solo como una pieza conceptual magníficamente lograda, sino también como uno de los mejores y mas ambiciosos trabajos en la carrera de Big Big Train. La banda ha logrado convertir un período de cambios y duelo en una oportunidad para renacer artísticamente con una obra que suena fresca, unida y llena de inspiración.
A pesar de lo arriesgado que podía ser abordar un trabajo largo y lleno de vericuetos progresivos, el septeto entrega una colección de piezas variada pero cohesionada, con suficientes matices y giros para que los 66 minutos pasen volando; y eso, para un disco largo, es todo un triunfo.
No es exagerado decir que, si este disco marca la pauta para el prog rock en 2026, la vara ha quedado muy alta. 

Progjazz



No creo que este discazo necesite ser presentado en demasía pero vamos con otro comentario y solo les queda disfrutarlo...

Big Big Train es una de esas bandas que, con el paso de los años, lograron construir una identidad tan reconocible como respetada dentro del rock progresivo británico, manteniendo una conexión muy fuerte con cierta tradición pastoral, melódica y emotiva que remite tanto al prog clásico como a una sensibilidad muy propia, casi “de campo inglés”, por decirlo de alguna manera, onda Jethro Tull con su clásico álbum «Songs From the Wood» de 1977. Con “Woodcut”, su nuevo disco de estudio que se edita este 6 de febrero a través de InsideOut Music -sello discográfico especializado en rock/metal progresivo-, el grupo vuelve a ofrecer un trabajo que, sin romper con los lineamientos que han definido su sonido en la última etapa de su carrera, confirma que sigue habiendo inspiración, oficio y una clara intención de contar historias a través de la música. En este sentido, el disco funciona como un álbum conceptual que gira en torno a la idea del proceso creativo, el trabajo artesanal, la imprenta y el paso del tiempo, utilizando imágenes y metáforas ligadas al acto de tallar, imprimir y dar forma a algo que antes no existía, un concepto que se siente más en el clima general del álbum que en una narrativa lineal estricta, pero que aporta coherencia al conjunto.
En el contexto actual de Big Big Train, “Woodcut” también puede interpretarse como un nuevo paso en la consolidación de la banda tras los cambios de lineup que atravesó en los últimos años, manteniendo viva esa búsqueda de canciones que combinan sensibilidad progresiva, estructuras cuidadas y un fuerte componente melódico. Lejos de intentar una reinvención radical, el álbum apuesta por profundizar aquello que el grupo sabe hacer mejor: piezas que alternan pasajes introspectivos con momentos más luminosos, arreglos ricos en matices, presencia de elementos folk y un cuidado notable en la producción, que permite apreciar tanto los detalles instrumentales como el clima general de cada composición. Hay una sensación constante de trabajo artesanal en las canciones, de temas construidos con paciencia, que se toman su tiempo para desarrollar una atmósfera antes que para impactar de forma inmediata.
El costado conceptual del disco se refleja también en la manera en que los temas se encadenan, con algunas ocasionales pequeñas piezas instrumentales que funcionan como interludios y refuerzan la idea de un recorrido, casi como si estuviéramos hojeando un libro o recorriendo las distintas etapas de un proceso creativo. No es un álbum conceptual en el sentido más estricto del término, pero sí hay una intención clara de ofrecer una obra pensada como un todo, donde el oyente pueda sumergirse en un universo sonoro coherente, con una estética muy marcada y un hilo temático que, aun de forma sutil, atraviesa buena parte del material.
En cuanto al recorrido track by track, el álbum inicia con “Inkwell Black”, una breve introducción que establece el clima general del álbum, casi como un preludio que prepara el terreno para lo que vendrá. “The Artist” es uno de los primeros grandes momentos del disco, con una estructura más desarrollada, una clara vocación melódica y ese tono reflexivo que Big Big Train maneja tan bien. “The Lie of the Land” funciona como un interludio que mantiene la continuidad conceptual, mientras que “The Sharpest Blade” aporta un pulso algo más directo, con un desarrollo compacto y efectivo. “Albion Press” retoma el espíritu más narrativo del álbum, con arreglos cuidados y un aire que remite al imaginario británico que la banda suele explorar, y “Arcadia” suma un matiz más luminoso y expansivo dentro del conjunto.
“Second Press” vuelve a cumplir el rol de pieza de transición, breve pero funcional dentro del flujo del disco, dando paso a “Warp and Weft”, que se destaca por su construcción paciente y su delicado equilibrio entre lo progresivo y lo melódico, con unos solos de sintetizador alucinantes que a mí -fanático de los teclados en general- me volaron la cabeza. “Chimaera” introduce un clima algo más enigmático, con giros interesantes en la composición, mientras que “Dead Point” profundiza en un tono más introspectivo, apoyándose en una atmósfera más contenida. “Light without Heat” ofrece un respiro más etéreo, casi contemplativo, seguido por “Dreams in Black and White”, otro pasaje breve que refuerza la sensación de obra conceptual. “Cut and Run” vuelve a acelerar el pulso con una duración mayor y un desarrollo más elaborado, posicionándose como uno de los temas más sólidos del tramo final del álbum. “Hawthorn White” actúa nuevamente como transición, preparando el terreno para “Counting Stars”, una balada de espíritu más emotivo y envolvente, que funciona como uno de los momentos más accesibles del disco, aunque resulte levemente monótona en mi opinión. Finalmente, “Last Stand” cierra el recorrido de forma sobria y coherente, sin grandilocuencia excesiva, pero con una sensación de cierre adecuada para el viaje propuesto.
En líneas generales, “Woodcut” es un disco que sorprende por su consistencia y su solidez, pues se trata de una banda que conoce perfectamente su lenguaje y lo utiliza para construir un álbum cohesivo, elegante y cargado de detalles. Para quienes vienen siguiendo la trayectoria de Big Big Train, este nuevo trabajo se siente como una extensión natural de su universo sonoro, con la virtud de mantener un alto nivel compositivo y una identidad muy marcada. Para oyentes menos familiarizados con el grupo, puede ser una buena puerta de entrada a ese prog británico de espíritu clásico, melódico y emocional, que prioriza la atmósfera y la narrativa por sobre el virtuosismo ostentoso, aun cuando todos sus miembros sean músicos extremadamente virtuosos.

Sergio Esteves 

lo podés escuchar desde su espacio en Bandcamp:
https://bigbigtrain.bandcamp.com/album/woodcut-24-bit-hd-audio

 

 
Lista de Temas:
01. Inkwell Black 0:57
02. The Artist 7:16
03. The Lie Of The Land 2:55
04. The Sharpest Blade 4:16
05. Albion Press 5:47
06. Arcadia 5:46
07. Second Press 0:37
08. Warp And Weft 3:45
09. Chimaera 5:37
10. Dead Point 5:29
11. Light Without Heat 3:22
12. Dreams In Black And White 2:33
13. Cut And Run 6:18
14. Hawthorn White 1:54
15. Counting Stars 5:40
16. Last Stand 3:35 

Alineación:
- Alberto Bravin / lead vocals, acoustic and electric guitars, keyboards, Moog, Mellotron
- Nick D'Virgilio / drums, percussion, keyboards, acoustic and 12-string guitars, vocals
- Oskar Holldorff / grand piano, Wurlitzer and Fender Rhodes electric pianos, Hammond organ, Mellotron, synthesizers, vocals
- Clare Lindley / violin, acoustic guitar, vocals
- Paul Mitchell / trumpet, piccolo trumpet, vocals
- Rikard Sjöblom / 6 and 12-string guitars, Hammond organ, vocals
- Gregory Spawton / bass, bass pedals, 12-string acoustic guitar, Mellotron, vocals



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