Artista: The Reticent
Álbum: Please
Año: 2025
Género: Metal progresivo / Post metal
Duración: 49:45
Referencia: Progarchives
Nacionalidad: EEUU
Mejor los dejo, de una, con un buen comentario, que hay bastantes sobre este disco...
Similar a la producción más reciente de The Reticent , el estilo predominante de please es metal progresivo moderno pulido y suave con tintes ocasionales de death y black metal. La voz de Hathcock es tan nítida y clara como siempre, y acentúa el impacto emocional con gruñidos y gritos bien ubicados. La fusión sin esfuerzo de ligero y pesado con frecuencia me recuerda a The Last Will and Testament de Opeth del año pasado. La diferencia clave, sin embargo, es que The Reticent no rehúye de exhibir sus demonios internos. Esto se ejemplifica mejor con la incursión inesperada en el territorio del death metal disonante en "The Bed of Wasps (Those Consumed with Panic)", que es sin lugar a dudas el material más pesado que The Reticent ha escrito hasta la fecha (incluso más que "Stage 5: The Nightmare" de The Oubliette ).
The Reticent emplea con maestría diversos métodos musicales a lo largo de la obra para reflejar las innumerables formas de enfermedad mental. Las líneas de guitarra y bajo en cascada de James Nelson y Paul McBride en “The Night River (Those Who Can't Rest)”, junto con los fluidos redobles de tom de Hathcock, son como la intrincada red de pensamientos que la mente de un insomne podría tejer. La mencionada ráfaga disonante de “The Bed of Wasps (Those Consumed with Panic)” es el equivalente sonoro de un ataque de ansiedad, con constantes cambios de compás y voces atormentadas. “The Riptide (Those Without Hope)” fluye a un ritmo desalentador y lánguido, con el canto empapado de una aceptación depresiva. 1 Es irónico y desgarrador que “The Chance (Those Who Let Go)” sea la más esperanzadora y alentadora en tono, dado que trata sobre una persona resuelta al suicidio. El tamborileo previamente tranquilo se vuelve desesperado y frenético hacia el final, antes de cortarse abruptamente como si se hubiera apretado un gatillo.
Aunque please es musicalmente tan bueno o mejor que los estándares habituales de The Reticent , se ve afectado por una mayor dependencia de la narración. "Diagnosis 1" y "Diagnosis 2" son interrupciones molestas que toman cinco minutos en total, describiendo los síntomas de ansiedad y trastorno depresivo mayor. Puedo ver la justificación de "Intake", que presenta brevemente algunas estadísticas de suicidio y conduce a la primera canción propiamente dicha, y "Discharge", que reflexiona sobre las secuelas del suicidio a través de una grabación de una mujer cuyo esposo se quitó la vida, pero ambas pistas deberían haberse acortado. Para empeorar las cosas, algunas de las canciones propias también contienen sus propios segmentos narrativos. please es más poderoso cuando se permite que las letras simples pero penetrantes 2 hablen por sí mismas 3 en lugar de forzar detalles clínicos informativos.
Please no es precisamente una experiencia divertida, pero su mensaje es importante. Es una declaración inequívoca de que las enfermedades mentales son muy reales, millones de personas viven con ellas y muchas, al final, toman la terrible decisión de no hacerlo. The Reticent hace un excelente trabajo al dar vida a este tema con una música cuidadosamente elaborada. Si se hubieran reducido los elementos narrativos contundentes a cambio de una canción más de calidad, la puntuación a continuación fácilmente habría sido medio punto más alta o incluso más. No obstante, Please es un recordatorio crucial de que desconocemos las dificultades invisibles que otros podrían experimentar. Sé siempre amable; puede marcar la diferencia.
Y acá un video que te ilustra mejor que nada este disco que comentamos...
Vamos con otro comentario y no le demos más vueltas...
Todos estaremos de acuerdo en que la música es increíble. Es capaz de llevarnos a lugares a los que no llegaríamos de otro modo, a recorrer valles de sentimientos y también a afrontar el dolor. Algunas bandas lo hacen a través de metáforas, mientras otras lo diluyen todo en virtuosismo. The Reticent, en cambio, ha elegido mirarlo de frente, con la que posiblemente sea su obra más incómoda, honesta y devastadora. Un disco que no se limita a narrar el sufrimiento mental, sino a mostrarlo desde dentro, fruto de una etapa en la que Chris Hathcock —líder absoluto del proyecto— luchaba contra la depresión, la ansiedad y los pensamientos suicidas.
Publicado el 13 de noviembre de 2025 a través de Generation Prog Records, se gestó en apenas seis meses como un intento de traducir a música el día a día de una mente que no encuentra descanso. Hathcock lo compuso prácticamente en solitario y grabó casi todo él mismo: guitarras, bajo, teclados, baterías y voces. Las baterías se completaron en un solo día, el resto de instrumentos en dos… pero las voces, cargadas de tensión emocional, le provocaron una lesión laríngea que lo dejó semanas sin poder hablar.
El disco está construido como un informe clínico narrado desde dentro, mezclando canciones con interludios conceptuales y extractos de testimonios reales. Abre con “Intake”, una introducción breve que funciona como toma de contacto, con datos, síntomas, un tono casi médico. Es el aviso de que lo que viene es un descenso a la oscuridad plasmado con crudeza.
La primera gran sacudida llega con “The Concealment (Those Who Don’t Want to Wake)”, un despliegue de prog metal que encaja perfectamente con ese imaginario de influencias de Haken o Dream Theater: riffs técnicos, cambios de dinámica y una sensación permanente de estar conteniendo una verdad dolorosa detrás de la sonrisa socialmente aceptable. Conceptualmente representa la máscara: ese esfuerzo de parecer “bien” cuando estás en pleno derrumbe interno.
Le sigue “The Night River (Those Who Can’t Rest)”, construida casi entera alrededor de un patrón melódico que va mutando a medida que avanza. Sus atmósferas oníricas, casi febriles, reflejan el insomnio crónico y las alucinaciones que provoca. Hacia el final, un gutural breve rompe la superficie como un grito que llevaba demasiado tiempo retenido.
Todo se intensifica con “The Bed of Wasps (Those Consumed With Panic)”, un tema que por caos, agresividad y enfoque me recuerda inevitablemente a Between the Buried and Me. Hathcock no se corta aquí, y despliega riffs frenéticos, progresiones disonantes, baterías desbocadas y un uso del gutural demoledor. Parte de esa contundencia viene de la colaboración de Brian Kingsland (Nile, Imperishable), cuya voz añade un filo death metal que encaja perfectamente con la sensación de ataque de pánico que la canción quiere representar.
“The Scorn (Those Who Don’t Understand)” es una de las piezas más redondas del disco. La línea de voz de Hathcock recuerda por momentos al de Ross Jennings, algo que se acentúa en las secciones más melódicas. La canción gira en torno al estigma y al desprecio de quienes minimizan la depresión. Incluye, además, un fragmento de debate entre Andrew Tate y Piers Morgan sobre si la depresión existe o no, un recurso que habrá quien lo considere arriesgado, pero que sirve para contextualizar la magnitud de la ignorancia social.
Entre estas piezas irrumpen los interludios “Diagnosis 1” y “Diagnosis 2”. El primero, quizá el momento más inquietante del álbum, arranca con una cajita de música que se va deformando, cruzándose con jadeos, voces paneadas y descripciones clínicas de síntomas. Es la representación del ataque de pánico desde dentro del propio cuerpo: sin lógica y sin escapatoria. El segundo retoma el formato informativo, ampliando el cuadro general de la enfermedad mental antes de sumergirte en nuevos puntos de fractura.
Superado este núcleo central, el disco busca un respiro, aunque no una comodidad real. “The Riptide (Those Without Hope)” funciona como puente acústico, muy contenido, prácticamente sin percusión. Aquí la depresión aparece como corriente subterránea, una atracción silenciosa hacia abajo. Es una de las piezas más vulnerables del álbum.
“The Chance (Those Who Let Go)” entra también con guitarra acústica y desarrolla una arquitectura más pausada, jugando con silencios y espacios.
Hacia el final, un motivo vocal repetido va creciendo en intensidad hasta convertirse en uno de los momentos más memorables del disco. Funciona como un mantra de resignación que sugiere que la caída puede ser tan lenta como inevitable.
El cierre llega con “Discharge”, una outro que combina estadísticas reales de suicidio con el testimonio de una mujer describiendo cómo encontró el cuerpo de su pareja. El resultado es incómodo y directo. Desmonta cualquier romantización del sufrimiento y deja claro que este álbum va más allá de ser un refugio emocional o un ejercicio de belleza en la oscuridad.
Instrumentalmente, el disco mantiene el sello de Hathcock. Precisión, sensibilidad melódica y una capacidad notable para traducir estados mentales en arreglos que viajan de lo sinfónico a lo claustrofóbico.
En estudio lo acompaña James Nelson en guitarras adicionales y acústicas, además de Brian Kingsland como invitado. La mezcla y master corren a cargo de Jamie King, conocido por su trabajo con Between the Buried and Me o The Contortionist.
Please puede entenderse —sin ser una trilogía oficial— como la culminación de un recorrido temático sobre la pérdida: primero la de otra persona (On the Eve of a Goodbye, 2016), luego la de un ser querido que se desvanece (The Oubliette, 2020) y ahora la de uno mismo cuando la mente decide convertirse en enemigo. Es un disco que, más allá de las escuchas que reciba, necesita ser comprendido. Y es, quizá por eso, una de las obras del prog metal reciente que más me ha impactado.
Lo podés escuchar desde Bandacamp:
https://thereticent.bandcamp.com/album/please
Lista de Temas:
1. Intake (1:45)
2. The Concealment (Those Who Don't Want to Wake) (6:06)
3. The Night River (Those Who Can't Rest) (6:55)
4. Diagnosis 1 (2:18)
5. The Bed of Wasps (Those Consumed with Panic) (5:47)
6. The Scorn (Those Who Don't Understand) (8:12)
7. Diagnosis 2 (2:39)
8. The Riptide (Those without Hope) (6:09)
9. The Chance (Those Who Let Go) (6:52)
10. Discharge (2:56)
Alineación:
- Chris Hathcock / All Instruments and Vocals
Except:
James Nelson / lead guitar, acoustic guitar
Brian Kingsland / vocals (5)
Vienna Gloom / narration



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