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Kate Bush - Aereal (2005)

#Músicaparaelencierro. Raúl F. nos sigue deleitando con la obra de Kate Bush, y esta vez nos dice "Luego de unos 12 años de ausencia, y cuando ya la suponíamos asesinada y enterrado su cadáver en algún baldío, a manos de fanáticos de Shakira; se despacha con este álbum "doble"", y así fuq que luego de una desaparición de doce años, la "dama del prog" regresó con este álbum, donde le canta a Elvis, a Charles Foster Kane, a Juana de Arco y al lavarropas, en un buen disco digno de su discografía, bien climático atmosférico, con bastante electrónica, y como siempre, ella como protagonista. La buena de Kate aterriza con todo en el blog cabezón en el disco de Lázaro. O su resurreción, como quieran...

Artista: Kate Bush
Álbum: Aereal
Año: 2005
Género: Crossover prog
Duración: 37:58 + 41:58
Nacionalidad: Inglaterrra


Para empezar, copio la presentación más importante que es la de Raúl, que nos cuenta lo siguiente sobre este disco:
Luego de unos 12 años de ausencia, y cuando ya la suponíamos asesinada y enterrado su cadáver en algún baldío, a manos de fanáticos de Shakira; se despacha con este álbum "doble". ¿Por qué las comillas? En realidad es como si fueran dos álbumes en una sola entrega. De hecho cada uno lleva un título diferente: el primero es A Sea of Honey y el segundo A Sky of Honey. Aquí se junta instrumentación convencional con electrónica. Todo en un ambiente que tira a lo intimista, con bastante experimentación. Hay ritmos que recuerdan a música latina, otros a folklore escocés, al estilo Jethro Tull en Songs From The Wood, y otras cosas muy vanguardistas. Todo está teñido de cierta oscuridad muy interesante, con melodías agradables, y una producción que destaco, por la naturalidad sonora y la no excesiva compresión ni ridículos recortes de picos de la Lowdnes War (teniendo en cuenta que, para 2005, ya era costumbre en las producciones) Gran trabajo, en mi opinión. Entiendo que tuvo muy buenas críticas.
Raúl F.



Así, continuamos con la trayectoria de la legendaria cantautora del prog. que no debía quedar afuera del blog cabezón.




Más allá de lo que dice Raúl, ahora cito algunos párrafos publicados en Página 12:
Niña prodigio, descubierta en su adolescencia por David “Pink Floyd” Gilmour, triunfadora de entrada con su Wuthering Heights, mezcla de chica pin-up con banshee, artista sin par pero con muchas impares imitadoras, Kate Bush desapareció de las pantallas de los radares hace doce años. Ahora, por fin, vuelve con Aerial, un álbum doble al que no cuesta considerar, ya, el disco del año y donde le canta a Elvis, a Charles Foster Kane, a Juana de Arco y –no podía ser de otro modo tratándose del raro genio de Bush– a la pasión que siente por un lavarropas.
En el 2004, el especialista pop John Mendelssohn publicó una novela de título intrigante y trama ingeniosa. Waiting for Kate Bush cuenta las peripecias y tristezas de Lesley Herskovitz, fan de la cantante reclusa, quien muy cansado por la larga espera de un disco de su ídola y colgado de una cornisa, decide suicidarse dando el gran salto. Han pasado once años desde la edición de The Red Shoes y Herskovitz ya no da más: su hija Babooshka no le dirige la palabra y su vida es una mierda. Y es una lástima que el pobre tipo no haya aguantado un poquito más. Porque ahora, por fin, luego de seis años de elaboración, llega el tan anhelado y tan magnífico Aerial.
UNO. El pasado lunes salí de mi casa en peregrinación hacia mi disquería amiga para comprar Aerial. Con reverencia y felicidad y, sí, temor religioso ante lo que podía encontrarme ahí adentro. Y es que un nuevo disco de Kate Bush es buena nueva y noticia bomba. Bastaba revisar en Internet los periódicos ingleses que días atrás habían dedicado salvas triunfales a la salida del single “King of the Mountain” –directo al quinto puesto de ventas– y que ahora se abalanzaban, ya desde la primera plana, sobre el disco doble como sabuesos amorosos. Y es que a esta altura, el retorno a la escena de Kate Bush a la escena –posiblemente la artista más artista, la más influyente y original de su generación– equivale al súbito alumbramiento de un nuevo libro de J. D. Salinger o el hallazgo de un film perdido de Stanley Kubrick. Desde su último y apenas séptimo álbum había pasado más de una década –marcada por la aparición de impostoras e imitadoras y buenas alumnas como Björk o Tori Amos o Fiona Apple o Gwen Stefanni o PJ Harvey o Sarah McLachlan o KT Tunstall– y los rumores sobre la cantautora eran muchos y perturbadores: Bush había desaparecido porque estaba gorda; o loca (encerrada en una clínica psiquiátrica, asegurando ser la reencarnación de la autora de Cumbres borrascosas, o una nueva versión de la Miss Havisham de Grandes esperanzas); o se había unido a una secta de shamanes celtas; o quería romper el record de Greta Garbo o había perdido el don; o, peor todavía, una psicosis perfeccionista la tenía paralizada y grabando una y otra vez una única nota de piano.
Pero no.
Aerial –pensar en él como en una lograda mezcla de The Dreaming y Hounds of Love– pone en evidencia una explicación mucho menos interesante pero sí más admirable: a sus 47 años y con 30.000.000 de libras esterlinas en su cuenta bancaria, Kate Bush es un virtual Expediente X que se niega a ser investigado. Un truco de Houdini que no tiene truco. Un fenómeno paranormal –hechizada y hechizante, escondida pero en todas partes, piedra libre y roca rodante– flotando por los pasillos de una mansión embrujada por su música y sus canciones sobre Molly Bloom, incesto, Delius, asesinato, Willhelm Reich, Peter Pan, amores gays, Heathcliff y Cathy, holocaustos atómicos y orgasmos nucleares y niños poseídos por espectros de Henry James. Una creadora que se limita a gozar de sus más que merecidos laureles, marcando su propio tiempo (seis años en su muy sofisticado estudio de grabación doméstico con saltitos hacia Abbey Road por los que pasaron para rendir tributo y dar lo mejor de sí gente como Lol Creme de 10cc., Rolf Harris, el difunto Michael Kamen, Peter Erskine y miembros selectos de la London Metropolitan Orchestra) y haciendo, sencillamente, lo que se le canta.
DOS. Aerial –portada en la que se confunden y confunde algo que puede ser tanto un paisaje de rocas milenarias como el sonograma del canto de los mirlos– es un cd doble, casi 90 minutos de música fuera del tiempo y más allá de las modas, porque Kate Bush empieza y termina en sí misma. Y como Hounds of Love, está dividido en dos partes diferentes aunque complementarias: un grupo de canciones sueltas (bajo el título de “A Sea of Honey”) y una suite en varios movimientos (“A Sky of Honey”). Mar y cielo y, en la tierra, Kate Bush y su voz y su piano y esas extrañas texturas sónicas a las que sólo se acerca el también muy lento y hermano de sangre Peter Gabriel.
Las canciones autónomas son todas formidables y se encuentran entre lo mejor de Kate Bush y, claro, son canciones que sólo se le pueden ocurrir a ella. Estribillos hipnóticos, melodías deformes y, sí, temáticas a las que sólo se puede definir como bushianas. Así, ese inmediatamente pegadizo y deforme reggae gótico que es “King of the Mountain” –su nuevo “Running Up That Hill”– invoca los fantasmas de Elvis Presley y de Charles Foster Kane para tratar, apenas subliminalmente, mientras repite una y otra vez que “el viento silba a través de la casa”, el tema de la propia reclusión. “Pi” es una oda a la fascinación de los números con un coro en el que, sensual, recita: “3.1415926535...” y así hasta el infinito. “Bertie” es una balada isabelina dedicada a su hijo de siete años (una de las razones del largo paréntesis) que destila una pasión que, por momentos, incomoda y produce envidia. “Mrs. Bartolozzi” es, seguro, la primera y última canción de amor dedicada... a un lavarropas. “How to Be Invisible” es un manual de instrucción para conseguir exactamente eso. “Joanni” se ocupa de Juana de Arco. Y el primer cd cierra con “A Coral Room”, un emocionante y escalofriante réquiem para su madre.
“A Sky of Honey” –como lo fue “The Ninth Wave” en Hounds of Love– es algo extremo y una de las cimas del Canon Bush: un ciclo de nueve canciones entrelazadas para abarcar y celebrar todo un día –desde el amanecer hasta la caída de la noche, mientras un pintor intenta pintar un cuadro bajo un chaparrón– puntuadas por invocaciones druídicas, ráfagas de flamenco, voces de niños invisibles, canto de pájaros sampleados con su propia voz, solos de guitarra homenajeando a su mentor David Gilmour, pasajes de música disco-freak, recitado de poesía, brotes de jazz-rumba y acid-house y, en un momento inolvidable, Kate Bush riéndose como una loca.
La crítica especializada (portada y entrevista y dieciséis páginas de la última edición de la revista Mojo) y la crítica circunstancial (Kate Bush ha concedido tan solo una entrevista radial a la BBC) se ha mostrado uniformemente extática: “obra maestra”, “Kate Bush es la artista viva más grande de nuestro país”, “puro genio”, “inteligencia sin par”, “bienvenida” y “gracias” son frases recurrentes mientras que otros la comparan con Madonna –con la misma edad de Kate Bush y lanzando también nuevo disco– y dictaminan que “conocemos todo sobre Madonna y nada sobre Kate Bush salvo su música sin límites ni preocupaciones por el mercado y las tendencias; por eso Kate Bush es tanto más importante que Madonna”. Los sites y blogs y fanzines y cultistas –esos muchos que todos los 30 de julio, cumpleaños de Kate Bush coincidente con la fecha de nacimiento de Emily Brontë, festejan algo llamado Katemas– levitan extáticos mientras intercambian anécdotas recientes y leyendas urbanas y campestres como la de Kate Bush, en una reciente recepción en el palacio de Buckingham, pidiéndole un autógrafo a la Reina para su hijo Bertie.
Pero lo que verdaderamente importa es que la que siempre estuvo de vuelta ha vuelto con Aerial. Ahí está ella, en el video de “King of the Mountain”, bailando con un fantasmal y volador y migratorio traje de Elvis mientras arde el trineo del ciudadano Kane. Allí está ella, cantando al final de “A Sky of Honey”, que “siento que quiero subir al tejado... ¿Es posible que estemos aquí, puede ser que estemos en mi sueño?”.
De ser así, por favor, no la despierten nunca.
Rodrigo Fresán



Y seguimos con comentarios de terceros, todos tienen algo que aportar...
Calificación: ¡Me los llevo todos!
Lo primero que tengo para decir después de haber escuchado el disco, es que es sencillamente emocionante. Su voz se desliza sobre loops, instrumentaciones o solo piano, esa típica voz en la que uno se sumerge, se traslada, reposa y encuentra emociones de todo tipo, voz que logra un grado de expresividad único, y que despues de doce años de silencio nos vuelve a sorprender.
Doce años de silencio, sí. Ése es el tiempo que pasó desde Red Shoes (1993); y en el medio, cantidad de historias… y ella simplemente estaba siendo madre y ocupándose de las tareas domésticas.
Este nuevo trabajo, en formato doble, viene a colocarla nuevamente donde se merece: entre las cantantes más importantes de este siglo. Nada es comparable al universo de Kate Bush si adivinamos cuánto ha influido este universo en cantantes como Bjork, Tori Amos sobre todo, o Fiona Apple, cantantes que cada una a su manera supieron sintentizarla de manera distintas, porque es una artista con distintas caras y todas por demás interesantes
A este nuevo disco le dedicó alrededor de seis años para no dejar nada librado al azar, trabajando en los arreglos, en las sonoridades, en los pequeños detalles, grabado entre su estudio casero y el mítico Abbey Road, dando forma a un disco que con el tiempo será recordado como de lo mejor de esta década, escasa por cierto de obras tan trascendentes.
No quiero caer en comparaciones, porque no tiene con quién compararse; pero la contundencia del trabajo la distancia de estos lugares y quizás sea así… quizás ella no pertenezca aquí y cada tanto comparta con nosotros -simples mortales- sus sueños vueltos canción…
El disco, como mencionamos anteriormente, se divide en dos: el primero A Sea Of Honey, un disco de canciones y la segunda parte A Sky Of Honey, una suite de cuarenta minutos.
A Sea Of Honey
King Of the Mountain es el tema que abre el disco y la referencia es para Elvis; su voz se desliza sobre un loop, se apoya en la delicadeza de las cuerdas que constrasta con el ritmo reggae que le impone la guitarra a la canción, y sobre el final las voces que vienen desde otro lugar, no de esta tierra… tremenda canción.
En Pi  la letra es toda una metáfora en sí misma; ritmicamente hipnótica… la delicadeza de su voz y de la guitarra acústica… apretamos el eject y volamos a su lado; y la línea de bajo que entabla conversacion con su voz doblada, para terminar repitiendo todos los números que se desprenden del enigmático 3.14… ¡¡¡nos está cantando números!!! Y es in-creí-ble.
Bertie canción que, dedicada a su hijo, desborda de ternura. La guitarra le imprime luz al tema, las cuerdas aparecen y desaparecen para darle apoyo a la voz en el estribillo, pareciera estar cantándola en una ronda, tomada de la mano de su hijo…
Mrs. Bartolozzi,  piano y voz; una canción de amor, por momentos, tenebrosa. ¡Qué capacidad de enrarecer el clima con tan poco! Se desgarra el sentimiento en su voz; bendito o no, a quien esté dedicada esta canción, presto atención a la letra… está dedicada a su… ¡lavarropas!
Genial.
How To Be Invisible; todo sigue enrarecido. Da la impresión que esto, en algún momento, explota; nos preparamos… pero no… al tema se acopla -hacia la mitad- un sonido escalofriante, que es roto por la guitarra y su clima ska… y todo sigue en la nebulosa… que termine por favor… silbido… y el tema se fue.
Joanni, dedicada a Juana de Arco, batería seca, cuerdas, líneas de bajo sintetizadas y sobre esto cabalga la voz de Kate, que al final de la canción -con la boca cerrada- emite un sonido con cierta violencia que se entremezcla nuevamente con un susurro pequeño y delicado. Equilibrio justo.
A Coral Room, tema dedicado a su madre; nuevamente voz y piano que logran ser, sin dudas, lo más emotivo del disco.
Fin de la primera parte.
A Sky Of Honey
Nueve canciones que pueden terminar resultando una sola; quizás lo mejor que ha hecho en toda su carrera, en esta especie de suiteen donde -cual Joyce- nos retrata el transcurso del día. Encontramos cantos de pájaros que se mixturan con su voz, voces de niños (el suyo por supuesto) todo resulta complejo y accesible en su música: sonidos flamencos, funkys, aires jazzeros… todo puede convivr en su universo y la línea que los separa desaparece; en el tema final, el cual le da nombre al disco Aerial, su voz se fusiona con la guitarra con ecos a la David Guilmour, su descubridor.
Fin de la segunda parte.
Existen autores, intérpretes, bandas, cantantes… y también existen artistas; y Kate Bush es una artista con todas las letras.
Bienvenida nuevamente, la espera fue demasiado larga, pero valió la pena.
Nada más para decir.
Cristian Woinarowski



Los fans de Kate Bush son como los del programa de televisión Lost [Perdidos], analizan todo a detalle, intentando sacar pistas e interpretar todo. Me pregunto qué pensarán de Aerial, su nuevo disco después de 12 años de mantenerse en silencio, para mi que llevo años escuchándola, resulta sumamente satisfactorio, pero sobre todo adictivo.
¿Por qué? -- Kate Bush tiene la virtud de llenar de texturas sus canciones, todas en armonía, cambiantes, profundas, largas; ninguna canción es contraria a la otra pero practicamente se siente el estado de ánimo cambiante de Bush mientras componía y producía cada uno de los temas. El álbum está dividido en dos, para los que compran discos, este viene en un paquete de dos CDs, el primero llamado A Sea of Honey es una colección de 7 canciones individuales que van desde el rock hasta momentos se escucha Bush y su piano, o su voz, una sencilla guitarra junto a un coro muy sutil y suave, casi folk. La segunda parte, Sky of Honey es una seria de 9 canciones conectadas entre ellas de forma muy conceptual y casi progresiva, esta sección fue co-producida con Del Palmer.
Aunque la primera sección es excelente y dos o tres de sus canciones se convertirán en favoritos de todos los tiempos del trabajo de Bush (sobre todo King of the Mountain, Mrs. Bartozzoli y A Coral Room) es la segunda sección del disco la cual resalta. Te lleva de la mano por 24 horas "comprimidas" en 40 minutos de música romántica, atmosférica, a veces con un sentimiento de inocencia/alegria y por momentos un extraño sentido de tristeza y madurez.
Lo mejor de Kate Bush es lo poco que le importa mezclar estilos de música y estados de ánimo, es posible que más que no importarle tiene una gran facilidad de hacerlo. Aerial en general es un gran disco para escucharlo de principio a fin especialmente Sky of Honey, varias veces me he visto a mi mismo en la calle, relacionando la música del disco con lo que mis ojos ven, todo en sincronía.
Eduardo Arcos 












Tras doce años de ausencia, la Señora volvió con todo por sus fueros
Canciones que mezclan a Elvis con Charles Foster Kane, y ranquean directamente en el Top 5 de ventas del Reino Unido. Temas de amor sobre el número pi, y también sobre un lavarropas. Tonadas que hablan sobre cómo volverse invisible, entonadas por una artista que tardó doce años en editar un disco. Baladas sobre su hijo (uno de los motivos de su ausencia), Juana de Arco y su madre. Una suite cuyo hilo conductor es la grabación del canto de un mirlo, y que incluye jazz, guitarras flamencas y fragmentos funkies. Un piano que influyó tanto a Tori Amos como a Björk, pasando por Stina Nordenstam, Fiona Apple y Victoria Williams, entre tantas otras, y a quienes, de alguna manera, les está dedicado este regreso. Melodías modernas y al mismo tiempo atemporales, con instrumentaciones dirigidas por Michael Kamen y la London Metropolitan Orchestra. Un talento sólo comparable con Rickie Lee Jones y Joni Mitchell. Un registro vocal intacto, que le permitió y le permite coquetear tanto con el avant garde como con la canción pop perfecta ("Wuthering Heights", "Babooshka", "Running Up That Hill" y ahora "King of the Mountain"). Todo esto y mucho más se puede encontrar en Aerial, la vuelta de Kate Bush a las grabaciones, en formato doble cd (uno de canciones con el subtítulo A Sea of Honey, y el otro conceptual llamado A Sky of Honey ). Sin pecar de hiperbólico, el regreso del año. ¿O es que a alguien le cabe alguna duda?
Pablo Strozza




Lista de Temas:
Disc 1 - A Sea Of Honey :
1. King Of The Mountain (4:53)
2. Pi (6:09)
3. Bertie (4:18)
4. Mrs. Bartolozzi (5:58)
5. How To Be Invisible (5:32)
6. Joanni (4:56)
7. A Coral Room (6:12)

Disc 2 - A Sky Of Honey :
8. Prelude (1:26)
9. Prologue (5:42)
10. An Architect's Dream (4:50)
11. The Painter's Link (1:35)
12. Sunset (5:58)
13. Aerial Tal (1:01)
14. Somewhere In Between (5:00)
15. Nocturn (8:34)
16. Aerial (7:52)


Alineación:
- Kate Bush / vocals, piano, keyboards, producer
With:
- Dan McIntosh / electric and acoustic guitars
- Eligio Quinteira / Renaissance guitar
- Gary Brooker / Hammond organ, backing vocals
- Chris Hall / accordion
- Rolf Harris / digeridoo, vocals (11)
- Richard Campbell / viol
- Susan Pell / viol
- Bill Dunne / strings arrangements (3)
- London Metropolitan Orchestra
- Michael Kamen / orchestral arrangements & conducting
- Eberhard Weber / bass
- Del Palmer / bass
- John Giblin / bass
- Stuart Elliott / drums
- Peter Erskine / drums
- Steve Sanger / drums
- Bosco D'Oliveira / percussion
- Robin Jeffrey / Renaissance percussion
- Michael Wood / vocals (7)
- Bertie (Kate's son) / vocals (14)
- Lol Creme / backing vocals
- Paddy Bush / backing vocals




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"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.