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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los Desaparecidos: la Muerte Argentina

La muerte es la muerte. Es lo real, lo irreductible. Pero la muerte encarnada en un cuerpo es la certeza de un duelo que comienza. Pero el desaparecido es la certeza de la incertidumbre eterna, que es peor que la muerte. ¿Alguien puede entender que un cuerpo roto pueda significar algo parecido a un alivio? ¿En qué mundo de inmundicia vivimos en el que preferimos un huesito, una cadena de adn, un pedacito de pelo, a la incertidumbre? Y siempre el agua, siempre los ríos, siempre los peces acunando a nuestros seres queridos, siempre el agua helada protegiéndolos, como Walt Disney. No hace mucho, en un dictadura cruel, secuestraron en las narices de todos a treinta mil personas, las torturaron las asesinaron y ocultaron sus cuerpos –porque eso es lo que el eufemismo "desaparecido" quiere decir- pero no fue suficiente, porque ahora el monstruo reaparece de múltiples formas y avalado por una mayoría, avalando esa categoría loca que hemos inventado los argentinos. Como si un desaparecido no significara también un asesinado. Nada, ninguna cosa que podamos hacer, nos devolverá la vida de Santiago (que ya dejó de ser un desaparecido), ni la de Julio, ni la de Miguel, ni la de Silvia, asesinados por testimoniar en un juicio por delitos de lesa humanidad. Tampoco a las miles de personas que destrozó la dictadura. Ni los años que millones vivieron en el exilio o en el horror de las cárceles argentinas. Tampoco nada nos devoverá los futuros desaparecidos que traerá la política amarilla en manos de los CEOs de nación, preparados para el saqueo que hará desaparecer a grandes masas de la población.


Hace varios días que se conoce la muerte de Santiago Maldonado, que sacó a la luz el peligro que presenta una democracia que tolera los peores crímenes: un delito de lesa humanidad: desaparición forzada seguida de muerte. El aparato represivo estatal no dejó de reprimir tras la dictadura cívico-militar, simplemente, se reconfiguró. Su tradición represiva se fue adaptando en los distintos pasajes de la democracia a la dictadura y de la dictadura a los gobiernos constitucionales. Su accionar se configura de acuerdo a las necesidades que el gobierno de turno o el poder necesite. Este dato no puede dejarse de lado cuando se piensa en el caso de Santiago Maldonado, o en tantos otros sucedidos en democracia, porque la tradición de las fuerzas estatales es necesariamente represiva y su accionar está dirigido principalmente a los sectores más vulnerables de la sociedad.

El Felino Macri afirmó, con tranquilidad y distancia, que no sabía si en realidad son 9 mil o 30 mil los desaparecidos que produjo la última dictadura cívico – militar en la Argentina. Uno de los caballitos de batalla por parte de la derecha amarilla es su insistencia en tener la libertad para elegir. Comparto íntegramente la idea, el concepto, la relevancia que tiene que podamos ser libres para elegir en base a nuestra voluntad. Desafortunadamente, en la vida real, esta libertad se ve restringida a su mínima expresión, los abusos proveen de más libertad a unos en desmedro de quienes son afectados, y quienes son afectados resultan, en esta versión argentina de la muerte, que no pueden ni tener sus propios restos para que los velen, así como tambièn son desaparecidos los millones de silenciados en la economía popular... también son desaparecidos los presos políticos y los torturados de hoy, porque a la mayoría parece no importarles, porque muchos se tapan los oídos.

Ganaron los asesinos de Santiago Maldonado. Ganó Patricia Bullrich. Ganó Pablo Noceti y Barberis también. Ganó Domingo Cavallo. Paul Singer también ganó. Viene ganando hace rato. Ganaron los Leuco con Susana Giménez y Baby Echecopar. Ganó Cecilia Pando y el psiquiatra de la loca Carrió. ¡Ganó Carrió y cómo! Ganaron Benetton y Lewis en el Lago bien Escondido. Ganó Shell y la concha de la madre de Aranguren. Ganó la Gendarmería y sus muchachos. Ganó el oro en Londres y las Malvinas pueden esperar. Como dijimos antes, ganó el experimento del marketing y perdió la vida.
Pero sabrán disculpar los compañeros dolidos mi extraño optimismo: continuar adelante, incluso contra toda esperanza, es una victoria en sí. eso lo aprendí desde chico, en las última páginas de "El Eternauta". Sabrán disculpar los avestruces del blog que no me rinda: uno aprende a mantener la voluntad más allá de los resultados. Sabrán disculpar los tibios que hable yo de enemigos de la plena democracia. No son MIS enemigos, lo son del pueblo. Lo son de todos, lo asuman o no. Y sabrán disculpar que los llame tibios, porque también son cómplices si avala a sus enemigos. Pero también sabrán perdonar por negarme al resentimiento contra la mayoría de los votantes de esta sociedad, necesitamos diferenciar entre ellos a los confundidos de los fachos de corazón (aunque eso no los exime de ser cómplices). Créanme, es más la malintencionada confusión generada como un gas mediático entre la población, que el número de fascistas por convicción, aunque también los hay y muchos. Y el blog cabezón sabe de ellos.
En estos tiempos violentos de torturas, presos políticos, desapariciones y encarcelamientos sin juicio previo, en esta democracia de baja intensidad, en este laboratorio del marketing criminal, parece interesante traer a colación este texto, trayendo de nuevo

No resulta ocioso -a veces- mirarse con los ojos de los otros. Siempre ellos ven de nosotros algo que nos está vedado; vedado por la simple razón de la opacidad de lo cercano. Así, ¿que se conoce de la Argentina en los países que no son la Argentina, es decir, en el resto de este vasto planeta?

Para la mirada externa los desaparecidos forman parte de nuestra identidad nacional. O, al menos, de nuestra identificación nacional. Argentina y desaparecidos forman una figura indisoluble. Incluso la palabra desaparecido se dice así en muchos países. Es decir, en español. Mas exactamente: en argentino. Este país, trágicamente, se ha adueñado de esa palabra. Tanto ha impuesto en la realidad de la figura del desaparecido que la palabra que lo nombra se dice en argentino.

De aquí este inicial interés por proponer vernos desde la mirada de los otros. Para los otros, los desaparecidos de personas es lo que también suele llamarse la muerte argentina. Tantos seres humanos han desaparecido en este país que la muerte ha concluido por ser vinculada con la ausencia del cuerpo.

Deberíamos llevar a un plano de privilegio la siguiente cuestión: ¿es posible continuar sin hacernos cargo de una realidad que nos identifica frente a los restantes países del mundo? Y más aún: si de ese modo se nos identifica, ¿no seremos así? Y si somos así, ¿podemos eludir una temática que nos constituye sin transformarnos (todavía mas, crecientemente) en un país neurótico, en un país que teme explicitar los horrores que ha engendrado?

Todos sabíamos que se tiraban cadáveres al mar. Lo sabíamos porque el mar (con una extraña sabiduría) los devolvía como si los entregara para que nos hiciéramos cargo de ellos. No era el mar el que mataba, eran los asesinos que se habían adueñado del aparato del estado para implementar un plan increíblemente macabro que negaba la sustantividad de la vida. No hubo excesos. Se trato de otra cosa: de la fría y cuasi científica planificación del exceso.

Es importante que alguien haya hablado desde la orilla de los asesinos. Sera deseable que hablaran muchos. Sería deseable que hablaran todos. Sería deseable una profunda confesión. Son indispensables las listas de quienes fueron sometidos a la muerte argentina.

Si la confesión de quienes mataron merecerá, no el olvido, pero si el perdón de los familiares y amigos de quienes fueron muertos (y de la sociedad en general) es el tema más arduo y complejo que se agita mas allá de las palabras del capitán Scilingo. Sin embargo, no podrá haber perdón en tanto no haya justicia. De aquí que los organismos de derechos humanos, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo pidan justicia, no cesen jamás de pedir justicia. piden justicia y no venganza. Piden justicia y no sangre. Piden justicia y no violencia. Este es su ejemplo Admirable.
José Pablo Feinmann - La sangre derramada. Ensayo sobre la violencia política (1998)

Gracias a Verónica por este texto, que había leído y olvidado, y hoy resurge con más fuerza que nunca. Hoy, donde solo faltan algunos pequeños ajustes para que el motor dictatorial funcione a pleno, con una reducida camarilla mafiosa que dispone de la suma del poder público a lo que se agregan los poderes mediático y económico. El éxito amarillo se apoya en la degradación integral de la sociedad argentina, en su fragmentación económica extrema asociada a la extinción de identidades populares solidarias, al predominio de la estupidez mediática, proceso de embrutecimiento que bloquearía toda posibilidad de insubordinación masiva. Tal vez eso no sea más que una utopía fascista, el abuelo del Felino: Giorgio Macri, fue un notorio mafioso calabrés beneficiario y colaborador del régimen de Benito Mussolini, su carrera italiana concluyó mal y terminada la Segunda Guerra Mundial tuvo que emigrar, desgraciadamente hacia la Argentina, ese país con una amplia historia de desaparecidos. Su nieto ahora embarcado en una aventura tanática puede llegar a tener (si el pueblo argentino lo decide) un destino parecido... o algo peor, incluso peor que la muerte: la desaparación de una sociedad.

Son las instituciones del Estado las que tienen la obligación y responsabilidad de dar explicaciones sobre lo sucedido en los casos de desaparición forzada, o en los que se sospecha de desaparición forzada, y de sancionar penalmente a todos los responsables. Ahora, con la confirmación de la muerte de Santiago Maldonado, el delito se trata de una desaparición forzada seguida de muerte, y las obligaciones y responsabilidades siguen dependiendo del Estado y el Gobierno nacional.

A tres meses de la desaparición de Santiago Maldonado se realizará una movilización a Plaza de Mayo, en un pedido de justicia que se realizará en todo el país. La foto de Santiago Maldonado volverá a multiplicarse en las calles y plazas de todo el país hoy a la tarde, para que nunca más, al menos él, vuelva a ser un desaparecido...

2 comentarios:

  1. Muy buen artículo. Pregunto: hay un error o ya les censuraron la imagen de la gente cayendo de los aviones. Gracias.

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    1. Gracias Jan! Y no es ningún error, ya la censuraron!!!!! Dios, esto es un cuasi estado de sitio Grrr

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