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miércoles, 29 de noviembre de 2017

Pobres de Derecha: Amar la Esclavitud

"Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza"... esta frase de Mario Benedetti es ideal para representar la actualidad, este supuesto mundo de felicidades en el que aparentemente estaríamos viviendo, producto de habernos liberado de la "opresión populista", no para de sorprendernos con "ajustes" destinados a lograr que quienes antes ganaban mucho, ahora ganen más todavía, y los subsidiados de antes pasen a ser ahora los "subsidiadores" de los poderosos.
Más que nunca la dictadura mediática, en manos de corporaciones, busca las formas novedosas de implantar hegemónicamente imaginarios colectivos, narrativas, discursos, verdades e imágenes únicas. Si hace cinco décadas la lucha política, la batalla por la imposición de imaginarios se dilucidaba en la calle, en las fábricas, en los partidos políticos y movimientos, en los parlamentos (o en la guerrilla), hoy las grandes corporaciones atacan desde la televisión, radios, internet, celulares, incluso alejándose de la realidad y disociándose de ella, pudiendo fustigar a la oposición, reprimir, fusilar, desaparecer, tener presos políticos y una política de ajuste por un lado, y por otro vivir en la nube de pedos de la alegre realidad virtual, este nuevo "Soma" (la droga de la felicidad de "Un Mundo Felíz" de Huxley) al que la sociedad ya es adicta, mientras los jubilados terminan aceptando que les quiten beneficios, los trabajadores que les coarten derechos, los pequeños empresarios que les reduzcan el mercado interno y todos que les aumenten la edad jubilatoria.
Ya hace muchos años, Aldous Huxley nos advirtió: "Amaremos la esclavitud". Hoy parece confirmarse este hecho... Pero... ¿por cuanto tiempo?



En "Un Mundo Feliz" de Huxley, la gente no se resiste a la tecnología con la que el opresor aniquila su capacidad de pensar. Lo terrible reside en que no lo odia, se entrega a él voluntaria y alegremente. Huxley expresa que llegaremos a contar con tanta información que quedaremos reducidos a la pasividad, que no será necesario prohibir los libros porque nadie le interesará leerlos, ni ocultar la verdad porque pasará inadvertida en el océano de la irrelevancia. Versión esta última, de enorme vigencia y que refiere a uno de los síntomas de los efectos de la "sobre abundancia" informativa en las sociedades actuales y que se conoce como bulimia informativa.
Una comparsa de atontados los aplauden, creyéndose invitados a una fiesta de pocos y para pocos, a la que nunca accederán, salvo para servir las copas del engaño y la deshonra. Otra parte de la sociedad mira sin ver, esperando milagros que nunca llegarán. El resto no ve salidas posibles y terminan acurrucándose en los rincones de la desesperanza y el vacío existencial. Ante este espectáculo dramático, quienes ejercen el Poder aprietan el acelerador de sus maquinaciones destructivas, al ver allanado el camino para barrer con aquellas ilusiones de bienestar que ayudaron a destronar de las conciencias de las mayorías. Peor que nunca se advierte la degradación humana en la que nos sumergen, apoyados por la represión adiestradora de voluntades.

Algunos jueces federales se comportan como un bufete de abogados de la Casa Rosada. No había ningún motivo para que montaran el circo para detenerlos para que hablemos de eso y no de las cosas importantes que suceden en el país.
Oscar Parrilli, ex titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI)

La triple reforma laboral, impositiva y previsional que lanzó el gobierno de Corpración Cambiemos S.A. implica un virtual reseteo de la economía con cuantiosas transferencias de ingresos entre sectores productivos y sociales. La laboral apunta a bajar sensiblemente el costo salarial para las empresas y facilitar lo que el secretario de Empleo, Miguel Ponte, propuso en enero pasado como objetivo oficial: que contratar y despedir personal "sea algo natural, como comer y descomer". Pero la clave del paquete es sin embargo la previsional.

Alegres filas de felices pagadores se reunen frente a las ventanillas de pago para recibir las buenas nuevas de los aumentos de tarifas. Y pagarlas con el placer de ser parte de una época feliz. Un tiempo donde todo transcurre con la seguridad en que siempre se puede un poco más... Pagar un poco más, claro.
Es que la población ha comprendido la verdadera razón de su existencia: asegurarles a los dueños de las grandes empresas de servicios, permanentes aumentos en sus beneficios, aun resignando los propios, los cuales, "solidariamente", se transfieren a las cuentas offshore de estos magnánimos propietarios que, casualmente, ocupan ahora puestos claves en la estructura gubernamental. Esto, claro, para mejorar la calidad institucional.
Parece que al ocupar ambos lados del mostrador, la corrupción desaparece, ya que no necesitan pagar a funcionarios venales para obtener beneficios mayores y ganar licitaciones, porque en ellos mismos se subsumen los corruptos y los corruptores. Esto ahorra tiempo y esfuerzos, y la justicia ya no se recarga con inútiles esfuerzos persecutorios a coimeros, pudiendo dedicarse a encarcelar a perseguidos sin condenas o renovarles acusaciones sobre hechos que nunca sucedieron, pero que sirven para disciplinar voluntades molestas para sus fines.
Gas, electricidad y agua son como el tridente de un nuevo diablo. Con sus aumentos continuos se nos persigue cada día en una carrera enloquecida hacia la felicidad absoluta, la cual se completa con la disminución de los salarios y las jubilaciones reales, recibidas con beneplácito por los afectados, que entienden que postergar sus comidas les traerán futuros promisorios. Si es que sobreviven, por supuesto.
La tristeza del "virus de la felicidad sin sentido" será descubierta, tarde o temprano, por los infelices que no saben (todavía) que lo son. Ahí es cuando los fabricantes de tantas penas disfrazadas de alegrías habrán de descubrir que, tal como lo dijo alguna vez Miguel de Cervantes, “las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias”.
Roberto Marra

En la Primera Guerra Mundial, los corresponsales usaban palomas, telégrafos o mensajeros para difundir sus historias. Hoy, en esta guerra, se utilizan comunicaciones satelitales, inteligencia artificial y teléfonos inteligentes. Pero, mientras la tecnología ha dado saltos cuánticos, la verdad sigue siendo demasiado a menudo blanco (y rehén) de los poderes fácticos, y una víctima.
Muchas veces la "verdad" que se vislumbra a través de la televisión, los medios cibernéticos y los gráficos, no necesariamente corresponde a la realidad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante: en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menor aun.


Sin lugar a dudas, hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, el uso del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos. De eso se trata lo que algunso dieron en llamar la "Guerra de Cuarta Generación".





Desde 1991, al menos, se vienen construyendo de estas realidades-virtuales para el consumo de miles de millones de personas. Pero en 2016 se produjo un nuevo punto de quiebre en la historia de las noticias falsas. Tanto, que el Diccionario Oxford declaró la posverdad como palabra del año. Las fake news dejaron de ser un artilugio de los medios para conseguir más tráfico. Ese año, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos comprobó que las mentiras pueden llegar a ocupar el lugar del poder real. La ficción y la realidad virtual llegó a la Casa Blanca. Hoy, la posverdad es el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y los líderes políticos.
La transformación de los medios de comunicación en factores de poder es acompañada con la aparición de una metodología para construir una realidad ficcional, como herramienta de manipulación y construcción de un discurso hegemónico cuyo objetivo es el control social. La comunicación de la verdad pierde su sentido ético y se transforma en mercadería, donde la espectacularización del mensaje ocupa el lugar del valor del contenido.

Los medios son utilizados hoy como un arma de combate en la nueva guerra ideológica. La información, por su explosión, por su multiplicación, por su sobreabundancia, se encuentra hoy literalmente contaminada, envenenada por toda clase de mentiras, rumores, distorsiones y manipulaciones. Cada vez es más difícil parta los ciudadanos encontrar un referente que les asegure que la información que van a consumir es una información válida, seria, segura, verídica, verdadera. Las noticias falsas no son algo nuevo. Preceden a Facebook, a Twitter y a los miles de sitios que cada día intentan captar la atención en un mundo de concentración informativa y crisis del periodismo. El ciudadano Kane de Orson Welles ya había mostrado en 1941 a un magnate de medios frío, en el trono de su imperio informativo, como el espejo del poder de la prensa para dirigir la opinión de un país. La historia tuvo muchos ejemplos, siempre con buenas relaciones con la política y sobre todo el poder, para confundir la realidad en favor del más poderoso.

Es la "dictadura sin lágrimas" mencionada por Huxley...

Es el asesinato de la verdad a manos de esa falsedad llamada "pos-verdad", o su sustitución por una realidad-virtual, difícil de comprobar, que sirve para adocenarnos, doblegarnos. ¿Cómo combatir en esta guerra de ideas, en esta batalla cultural, donde las viejas armas, las viejas herramientas ya no son útiles, dónde las viejas consignas de reparto equitativo de las frecuencias de radio y televisión -diciendo que eso significa democratizar la comunicación- parecen no tener sentido, cuando lo que es el tema central son los contenidos.
El mundo cambia sí, pero el tema de la comunicación, de los medios de comunicación social, sigue siendo, como en 1980 cuando apareció el "Informe McBride", fundamental para el futuro de nuestras democracias. El problema de hoy es la concentración oligopólica: 1.500 periódicos, 1.100 revistas, 9.000 estaciones de radio, 1.500 televisoras, 2.400 editoriales están controlados por sólo seis trasnacionales. Pero ese no es el único problema. Una sociedad conectada es una sociedad espiada, y una espiada es una sociedad controlada, las redes sociales, la publicidad personalizada de acuerdo al perfil que cada uno va autodiseñándose en su navegación y datos ingresados en su buscador favorito.

Amaremos la esclavitud

Aldous Huxley dijo una vez que “en la próxima generación habrá un método farmacológico para hacer a las personas adorar su esclavitud y producir la ‘dictadura sin lágrimas’, por así decirlo. Aldous Huxley y George Orwell fueron dos de los grandes pensadores que temían la tiranía de un futuro distópico. Aldous Huxley nos advirtió: “Amaremos la esclavitud”.
En la novela distópica Un mundo feliz de Huxley, los ciudadanos son controlados mediante el condicionamiento psicológico como parte de un sistema inmutable de castas. Un mundo sin rejas donde el esclavo prefiere vivir en su cómoda “celda”.

¿Lavado de cerebro a través de fármacos?

Adolf Huxley dijo una vez que “en la próxima generación habrá un método farmacológico para hacer a las personas adorar su esclavitud y producir la ‘dictadura sin lágrimas’, por así decirlo. Producir una clase de campo de concentración sin dolor para sociedades enteras. Las personas no tendrán libertad, pero disfrutarán bastante porque estarán distraídas de cualquier deseo de rebelarse por la propaganda, o el lavado de cerebro, o el lavado de cerebro reforzado por métodos farmacológicos. Y esto parece ser la revolución final”.
Podría parecer sensata la idea de la manipulación a través de la propaganda, pero demasiado exagerado lo de control a través de “métodos farmacológicos“. Sin embargo, os dejamos un dato curioso para invitaros a la reflexión: en países como España, el consumo de somníferos y ansiolíticos ha aumentado un 57% en 12 años. El consumo de benzodiazepinas, familia de medicamentos de los somníferos y los ansiolíticos, es de los más elevados de Europa.
Y puede parecer que el hecho de que un ciudadano, de forma particular, opte por tomarlos no nos afecta como sociedad. Sin embargo, están asociados a una peligrosa adicción con efectos adversos, que se multiplican si además se mezclan con alcohol, como el deterioro cognitivo y los comportamientos desinhibidos o impulsivos. Estos, sí que podrían afectarnos como sociedad, ¿no crees?

¿Esclavos del consumo desinformado?

Amaremos la esclavitud
Huxley se mueve en la misma línea ideológica que Noam Chomsky en relación al poder “educador” que ejerce la publicidad en nuestra forma de tomar decisiones. El objetivo es crear consumidores desinformados que se acostumbren a tomar decisiones irracionales y, según ellos, por ello la publicidad no se basa en datos, sino en frases emocionales pero poco objetivas o racionales. Después, consiguen que el ciudadano, a través del sistema de representación democrático, lleve a cabo sus elecciones de voto de la misma manera. El objetivo, en este caso, es crear un electorado desinformado y acostumbrado a la “desinformación” que ve normal tomar decisiones irracionales aunque, a menudo, estas vayan contra de sus propios intereses.
Amaremos la esclavitud
María Hidalgo








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