Ir al contenido principal

La Mesa Beatle: El bulín de la calle Ayacucho

Buen día desde La tanguera Barra Beatles. Hoy va un relato de neto corte villacrespense. Cuando era chico mi viejo me había enseñado a cantar algunos tangos. El hecho de que yo los cantara muy parecido al disco dio la primera pauta para pensar que la música podía ser un horizonte en mi vida. Mi viejo era muy obsesivo a la hora de corregir porque los tangueros dibujan mucho al cantar, hacen verdaderos milagros con algunas palabras o en las prolongaciones de las vocales. Lo de intentar seguir aquellos malabarismos vocales de Gardel parecía un intento suicida, pero enseña unos cuantos trucos. Aprendí varios y nunca faltaba un vecino que me pidiera que entonara un tanguito a capella.

Por Jorge Garacotche


A la vuelta de mi casa, en la esquina de Aguirre y Darwin, solía pararse a tomar sol un personaje particular, el polaco Simón. No recuerdo bien pero tenía que ver alguien de su familia con mis viejos, creo que compartieron el mismo conventillo o eran vecinos, por esa razón él me tenía más por ser el hijo de Pirucha y el Zurdo que por mi nombre. Simón era un habitual admirador del sol a media máquina de las mañanas villacrespenses. Se sentaba en algún umbral o caminaba desde esa esquina hasta las vías del tren y volvía. Un tipo alto, de fuerte contextura, brazos largos de boxeador, pelo rubio pero en una gama extraña. Se movía toscamente, cansino, aparentaba muchos más años de los que tenía, la piel de la cara se encargaba de dichas confusiones. Su mirada buscaba la sonrisa pero pocas veces la encontraba, más bien le era esquiva. La suya era una mirada melancólica, fantasmal, como si tuviera entre manos una anécdota triste para recordar a cada instante. Los ojos claros siempre parecían humedecidos, sobre todo cuando hacía frío. Tenía fama de ser un gran bebedor de vodka, lo cargaban con eso y entonces ahí sonreía algo, pero no mucho. Hablaba muy poco, creo que la mayoría de los que no lo conocían pensaban que era mudo, pero no, de vez en cuando decía algo que yo no descifraba y se quedaba pensativo.

Siempre tenía a mano en sus viejos pantalones anchos algún caramelo para regalarme, sobre todo esos Sugus de colores. A mí me gustaban los celestes y él era fan de los verdes, los sabía degustar lentamente mientras cerraba sus ojos. Otras veces sacaba del bolsillo algún chupetín y me lo regalaba con gesto tímido. Decían que le gustaba gritar los goles de Atlanta, no sabía mucho de fútbol pero estaba encariñado con el club del barrio, lo sentía propio, y nombraba algún que otro jugador emulando a los relatores deportivos. En el bolsillo de atrás tenía un pañuelo con los colores de Atlanta.
 
Cuando en mi casa sonaba su nombre mis viejos se quedaban callados, no hablaban mucho de él pero lo recordaban con cariño, le tenían cierta pena y se enojaban cuando alguien decía que estaba loco. Mi viejo odiaba a los que le decían que era un loco de la guerra, y más a esos boludos que se reían diciendo que era alguien que padeció la Segunda Guerra Mundial y se trastornó. Nunca faltaba un gil que al pasar le gritara: “Simón, cantate un gol de Atlanta”, y él sonreía pero no lo hacía.

Simón sabía de mi habilidad como cantor de vereda y siempre rogaba con una voz suave: “cantame El bolín de la calle Yacucho…”. Y me reía para adentro sabiendo de qué tango se trataba, conocía muy bien ese tema, “El bulín de la calle Ayacucho”, que tiene una hermosa melodía cantada a una velocidad casi rockera. Años después me di cuenta que es uno de los mejores tangos de la historia. Simón se sentaba, parecía disfrutar como si fuera un tema sublime, balbuceaba esa parte de la letra, era cómico la forma en que pronunciaba la erre, no podía contener la emoción y lloraba, despacito pero lloraba.

Le cantaba con tanto esmero como cariño: “El bulín de la calle Ayacucho, que en mis tiempos de rana alquilaba, el bulín que la barra buscaba, para caer por la noche a timbear…” Verlo llorar golpeaba en el mentón, entonces me detenía, de inmediato me pedía que siga, dejaba de llorar recomponiendo todos los gestos de su rostro, para mi tranquilidad. Una vez paré de cantar y le pregunté por qué se ponía así, confesando que me asustaba verlo de ese modo. En medio de una emoción algo descontrolada dijo: “lloro porque me pone contento escucharte”. Quedé sorprendido, le dije que yo pensaba que solo se lloraba de tristeza, entonces reflexionó bajando la cabeza: “no, uno llora cuando es feliz, cuando está está triste no llora nunca, se asusta, se enoja, no sabés cuántas veces me enojé de tristeza…, sabés que feo que es asustarse, yo esperaba al miedo y todos los días venía, no nos fallaba nunca…”

Tenía uno de los primeros rostros de bondad que vi. Quizás el summun se alcanzaba al oírse “el bulín donde tantos muchachos, en su racha de vida fulera, encontraban marroco y catrera, desolado parece llorar…”, frase que una tarde mi viejo explicó su significado. Se trataba de un antiguo departamento alquilado en donde se daban cita, para ocultarse, algunos chorros prófugos de la justicia, eso es “en su racha de vida fulera”. También mi viejo contaba que le compró en mano al propio Celedonio Flores, autor de la letra, un libro con algunas de sus canciones en el bar San Bernardo, en donde el negro Cele iba a tomarse un café, mientras trataba de vender algún libro. En uno de esos encuentros mi viejo escuchó un comentario de tono clasista en la boca del propio Celedonio acerca de otro párrafo, cuando dice “no faltaba la guitarra, bien encordada y lustrosa, ni el bacán de voz gangosa, con berretín de cantor…”. El poeta le confesó que pensaba que los bacanes no cantan, simplemente tienen el berretín. Nunca van a poder hacer algo que solo está reservado para los pobres, para los atorrantes de barrio, esos cuadros en donde se ve a aquellos que cada dos por tres quedan cara a cara con la tragedia. Cele aseguraba que sin dolor no hay tango. Filosofía de alta escuela, de alguien que se podría haber sentado tranquilamente en La Academia de Platón a hacerse preguntas, lugar que yo le reservo a muchos poetas tangueros.
 
Nunca supe qué pasó con Simón porque a partir de un día que no percibí no lo vi más, no supe si se enfermó, si se mudó o si ya no estaba más en este mundo. Pero llegó un tiempo en que se me dio por empezar a preguntar cosas de él. Por ejemplo, había una frase que se la escuché varias veces, yo pensaba que la pronunciaba en polaco, pero no, era alemán, incomprensible para mí, esos idiomas me parecen cerrados, inexplicables, da la impresión que los que lo hablan siempre están enojados. Entonces una vecina de la calle Darwin me enseñó, con mucha tristeza, juntando fuerzas para hablar, que esa expresión se traducía como “El trabajo los hará libres”. No entendí el significado, entonces ella, luego de dejar ir un par de lágrimas, dijo que eso estaba escrito en un cartel en el ingreso al Campo de Extermino Auschwitz. Continué investigando y me dijeron que Simón, cuando era un niño, fue llevado a ese lugar en donde murieron sus padres y tres hermanos. Al tiempo, con la llegada de los rusos, pudo salir en libertad y fue traído a Buenos Aires por unos tíos maternos. Incluso comentaban que tenía una marca en uno de sus brazos pero que jamás la mostraba, siempre trataba de que esté cubierta y si le preguntaban por ella no contestaba, movía la cabeza nerviosamente diciendo un no furioso, extraño en él que nunca parecía enojarse porque no era algo programado para él.

Nadie de los que lo conocían bien le preguntaba algo de todo eso, no se contaba ninguna historia y no había explicaciones al respecto. Una vez le conté que había visto en el Cine Villa Crespo una película de guerra y casi me mata. Se paró algo enojado, nunca lo había visto así, agarró mi mano y dijo casi llorando: “no mirés más esas cosas, Jorgito, ¿cómo me hacés una cosa así?… mejor que nunca sepas qué es, ¿para qué querés saber, qué vas a aprender?, hay gente capaz de hacer cosas muy fuleras, Jorgito, si los ves nunca más vas a querer hablar con nadie…”
 
Yo cursaba la escuela primaria en el Herrera, de Camargo y Acevedo. Allí todos los años la cooperadora formada por los padres realizaba un acto de homenaje, en el cine Villa Crespo, al Levantamiento del Ghetto de Varsovia. Hay que aclarar que por esos años, en Villa Crespo, ir a una escuela del Estado significaba tener por compañeros a un montón de pibes de familias judías, nietos e hijos de los que escaparon de la guerra. En uno de esos actos recuerdo que pasaron un par de documentales, esas filmaciones que realizaban los nazis como si creyeran que nadie alguna vez les fuera a exigir explicaciones. Los hijos de puta siempre se guardan un espacio para la impunidad y encima hay que verlos fanfarronear. Allí se veían imágenes, situaciones, que bordean la locura, los costados más tristes de la humanidad, la vergüenza total de la crueldad humana. Recuerdo una escena en donde un grupo de médicos realiza un estudio sobre unos chicos de más o menos la edad que yo tenía por entonces. Hacían adelantar a tres pibes por vez, un soldado se colocaba detrás de ellos y, al recibir la orden de los médicos, con su fusil le daba un tremendo culatazo en la nuca a alguno. El pibe caía de inmediato, se desplomaba, y yo me asusté. Entonces los médicos saltaban apurados con sus estetoscopios a comprobar si ya estaba muerto, al tiempo que en su reloj controlaban los segundos transcurridos entre el golpe y el deceso.

En un momento le pregunté a mi viejo, en voz baja, si esos chicos eran actores, no entendía muy bien la diferencia entre una película y un documental, después de todo yo siempre fui al cine a ver películas, el mío era un razonamiento lógico. Mi viejo en pocas palabras explicó que no era una película, que no se trataba de actores sino que esos pibes eran de verdad. Aquella imagen fue para mí un salvaje cachetazo, jamás había visto semejante atrocidad, esos eran pibes como yo, como mis amigos de la escuela que estaban allí sentados, ¿cómo es que sucedía algo semejante y nadie hacía nada? ¿cómo no interrumpieron la película?¿quiénes eran todos esos hijos de puta que parecían preocuparse por varias cosas menos por las vidas de esos pibes?. Se escuchaban algunos gritos llenos de insultos, llantos que nadie intentaba consolar, ni siquiera los rozaba la calma. Respiraciones potentemente frías, recorrían las filas, se oían por lo bajo comentarios donde el terror era el lenguaje, la congoja una contraseña. De a ratos estallaba un silencio que endurecía al barrio, parecía que todo se quedaba congelado.

Cuando salimos del cine, mi viejo nos contó que nosotros veníamos de familias de vascos que vivían en Francia, que mis abuelos eran de allá y que habían sido asesinados muchos de nuestra familia. Con bronca aseguró que los nazis odiaban a los vascos, hasta relató que habían bombardeado una ciudad española para probar las bombas que tenían, y que abajo de los aviones habías vascos corriendo desesperados, pero eso les importó un carajo.
 
Esa noche me costó un tocazo dormir. Dicho documental me dio un documento de un planeta en donde yo también vivía. Dicha enfermedad había pasado hacía mucho, es cierto, y yo vivía muy lejos de esos tipos, pero el mundo era el mismo, las cosas pueden volver, sobre todo las trágicas. Sucede que esas aberraciones siempre tienen verdaderos turros que las extrañan, aunque a uno le parezca insólito. Claro que no fue difícil empezar a entender ciertos comportamientos del polaco Simón, pero para eso hubo que crecer. No era mudo, pero después de haber vivido todo eso, de ver semejantes cosas horrendas como películas obligadas, no debe quedar mucho por decir. Luego de convivir con esa mierda y nada menos que en la infancia, un atroz asalto a la inocencia, entonces uno o no para de contar todo aquello hasta el hartazgo o se queda callado para siempre, supongo; es un terreno solo visitado por los protagonistas. O de vez en cuando le pide a alguien que le cante una canción que por un ratito lo haga feliz, para imaginar que todo no es tan fulero, las canciones nunca son feas. Claro que a Simón le hubiera gustado tanto haber tenido una barra que se junte en las noches en “el bolín de la calle Yacucho”, a tocar la guitarra, cantarse unos buenos tangos, tomar mate, a soñar con las minas que nos van a sonreír, a cagarse de risa de la pelotuda policía que no iba a ir a buscar justo ahí a los prófugos, no, esos hijos de puta viven confundidos e ignoran los lugares en donde hay risas y música. Donde los muchachos dejan las horas a espaldas de la gente de mierda, los mismos que siempre tienen planes asquerosos para los pobres, para las minorías que resulta que son tantos que los asustan. Seguramente Simón sabía que había que difundir esa eterna idea de juntarse, de homenajear a los bulines en donde se puede cantar, el hecho del estar por encima del ser, como diría el viejo Kusch.

Al otro día del acto de homenaje al Levantamiento de Varsovia me levanté temprano, estaba fresco, entonces me abrigué bien. Tomé la leche y comí apurado algunas galletitas baratas de la feria. No le dije nada a mi vieja, mi viejo ya estaba en la fábrica, así que salí. Llegué a la esquina de Darwin y Aguirre, no había nadie, solo los espíritus del viejo barrio y yo. Me arrimé al umbral donde se sentaba Simón, imaginé a esa orquesta rocanrrolera de Troilo, que tocaba este tema a 150 por hora haciendo bailar hasta las piedras. Pedí permiso a un enorme cantante como el Tano Fiorentino y me mandé. Levanté la cabeza, como si fuera un cantor experimentado en una noche tanguera del San Bernardo. Recuerdo que canté con toda la polenta. Salvo que esta vez tuve que hacer unos pequeños cambios en la letra para imitar al sabio polaco, entonces arranqué: “El bolín de la calle Yacucho, que en mis tiempos derana alquilaba, el bolín que la bara buscaba, para caer por la noche a timbear….”

Jorge Garacotche - Músico, compositor, integrante del grupo Canturbe y Presidente de AMIBA (Asociación Músicas/os Independientes Buenos Aires).




Comentarios

Lo más visto de la semana pasada

Don Cornelio y la Zona - Don Cornelio y la Zona (1987)

"Hola, les saludo desde Ecuador, he seguido la página desde hace unos años y han sido un gran soporte emocional en mi vida gracias a la música que me han compartido. Quería preguntarles si pueden revivir este álbum que descubrí hace poco". ¿Y cómo negarnos ante ese comentario?. Como homenaje al recientemente desaparecido Palo Pandolfo (uno de los cantautores más destacados de la música argentina en las últimas tres décadas), reflotamos un discos que Artie había publicado hace ya mucho tiempo. Acá está, entonces, el disco homónimo de Don Cornelio, muy pedido por varios, como recuerdo de ese referente del rock argento que fue el poeta del rock "Palo" Pandolfo, con su combinación de lirismo y violencia reconocible en su rock, algunos dicen que fue heredero artístico de Pescado Rabioso , y desde hace 35 años que vino siendo bastante más que el flaquito que vino a poner oscuridad en el pop alfonsinista. Artista: Don Cornelio y la Zona Álbum: Don Cornelio y la Zona ...

Los 100 Mejores Álbumes del Rock Argentino según Rolling Stone

Quizás hay que aclararlo de entrada: la siguiente lista no está armada por nosotros, y la idea de presentarla aquí no es porque se propone como una demostración objetiva de cuales obras tenemos o no que tener en cuenta, ya que en ella faltan (y desde mi perspectiva, también sobran) muchas obras indispensables del rock argento, aunque quizás no tan masificadas. Pero sí tenemos algunos discos indispensables del rock argentino que nadie interesado en la materia debería dejar de tener en cuenta. Y ojo que en el blog cabezón no tratamos de crear un ranking de los "mejores" ni los más "exitosos" ya que nos importa un carajo el éxito y lo "mejor" es solamente subjetivo, pero sobretodo nos espanta el concepto de tratar de imponer una opinión, un solo punto de vista y un sola manera de ver las cosas. Todo comenzó allá por mediados de los años 60, cuando Litto Nebbia y Tanguito escribieron la primera canción, Moris grabó el primer disco, Almendra fue el primer ...

King Crimson Collector's Club (1998 - 2012)

Artista: King Crimson Álbum: King Crimson Collector's Club Año: (1998 - 2012) Género: Progresivo ecléctico Nacionalidad: Inglaterra Lista de Discos: KCCC 01 - [1969] Live at the Marquee (1998) KCCC 02 - [1972] Live at Jacksonville (1998) KCCC 03 - [1972] The Beat Club Bremen (1999) KCCC 04 - [1982] Live at Cap D'Agde (1999) KCCC 05 - [1995] On Broadway - Part 1 (1999) KCCC 06 - [1995] On Broadway - Part 2 (1999) KCCC 07 - [1998] ProjeKct Four - The Roar Of P4 - Live in San Francisco (1999) KCCC 08 - [1994] The VROOOM - Sessions April - May (1999) KCCC 09 - [1972] Live At Summit Studios Denver, March 12 (2000) KCCC 10 - [1974] Live in Central Park NYC (2000) KCCC 11 - [1981] Live at Moles Club Bath (2000) KCCC 12 - [1969] Live in Hyde Park, July 5 (2002 KCCC 13 - [1997] Nashville Rehearsals (2000) KCCC 14 - [1971] Live at Plymouth Guildhall, May 11 (2CD) (2000) KCCC 15 - [1974] Live In Mainz, March 30 (2001) KCCC 16 - [1982] Live in Berkeley (2CD) (200...

Serú Girán - La Grasa de las Capitales (Edición 40 Aniversario) (1979 / 2019)

Esta edición especial tiene su lanzamiento digital hoy, y nosotros no podíamos dejar de mencionarlo. Un disco bien para que aparezca en el blog cabezón un viernes. Porque no es una versión cualquiera, porque salió hoy mismo, porque es una gran sorpresa tenerlo aquí y porque lo trae el Mago Alberto.  A partir de la recuperación del histórico catálogo discográfico de Music Hall, realizada por el Instituto Nacional de la Música (INAMU), y con un minucioso trabajo de producción que incluyó la remasterización del sonido desde cintas, restauración de arte de tapa e inclusión de un insert con fotos originales nunca antes vistas, se lanza a 40 años de su publicación una edición especial de "La Grasa de las Capitales", segundo disco del legendario Serú Girán. Con la idea de escuchar cada vez mejor estas obras que traspasan el tiempo, es que anunciamos estas cosas maravillosas que van saliendo, y es que así se vive la mejor música en el blog cabezón. Artista: Serú Girán Álbum: ...

Soft Machine - Thirteen (2026)

Gracias al Mago Alberto vamos cerrando la semana con el último trabajo, recién salido del horno, de otra banda histórica. Obviamente me refiero a los Soft Machine, que este año se renuevan con nuevo disco, y con él cerramos otra semana a pura música, sorpresa y ganas de romper las pelotas. Y así vemos una nueva reencarnación musical de Theo Travis, John Etheridge, Fred Baker y el debut de Asaf Sirkis a cargo de la batería, y hasta donde hay un hueco para meterlo al finado Daevid Allen (hablando de Gong). "Thirteen" abarca desde improvisaciones atmosféricas y psicodelia libre, hasta jazz rock poderoso, guitarras incendiarias, flautas hipnóticas y exploraciones electrónicas. Por otro lado, el grupo invita a sus seguidores a formar parte del proceso final de lanzamiento, apoyando una producción completamente autogestionada, en el verdadero espíritu independiente que siempre ha caracterizado a la banda. Ideal para finalizar la semana, nosotros nos despedimos hasta el lunes, de ...

Varios Artistas - Una Celebración Del Rock Argentino (2010)

Hace tiempo Oskar nos había presentado estos 9 discos que rescatan la labor compositiva e importancia histórica de algunas figuras clave en el surgimiento y consolidación del rock argentino durante sus primeros años de vida. Hoy me lo vienen pidiendo, y como se viene el fin de semana y además tengo poco tiempo como para ponerme a presentarles algún nuevo disco, lo traemos de nuevo a la palestra para felicidad de algún cabezón rezagado o para los nuevos que se van acercando al fogón... Artista: Varios Artistas Álbum: Una Celebración Del Rock Argentino Año: 2010 Género: Rock Nacionalidad: Argentina Aquí tienen, como para quemarse la cabeza en todo el fin de semana... Este histórico tributo al rock argentino se presenta en un paquete cerrado que incluye los 9 CDs, cada uno con su cajita, y un librito de 110 páginas con la historia de los artistas homenajeados. Por lo tanto la caja pesa 1 kg, ¡es bueno recordar esto al añadirlo al pedido del mes! El precio es especial para ...

Alma y Vida - Alma y Vida (1971)

Otro aporte en las resubidas de Sandy de otro disco muy pedido, aquí tienen en una nueva versión con sonido mejorado y remasterizada por nuestros colaboradores cabezones del primer disco de Alma y Vida, la histórica banda argentina de jazz rock. ¿Y dónde más van a encontrar estas cosas? Artista: Alma y Vida Álbum: Alma y Vida Año: 1971 Género: Jazz rock / Rock Duración: 35:18 Nacionalidad: Argentina Lista de Temas: 01. Mujer gracias por tu llanto 02. Me siento dueño del mundo 03. Imaginate hace tiempo 04. Realidad de sentir 05. La morada 06. Veinte monedas 07. Lágrima de ciudad 08. ¿Y...esto 09. La gran sociedad Alineación: - Bernardo Baraj / Saxo tenor - saxo soprano - saxo barítono - flauta traverza t voz - Carlos Mellino / Primer vocalista y órgano - Juan Barrueco / Guitarra acústica - guitarra eléctrica y voz - Gustavo Moretto / Trompeta - piano - flauta dulce y primera voz en "la morada" - Carlos "Carnaby" Villalba / Contrabajo el...

Varios Artistas - Pidamos Peras a Mandioca (1970)

#Músicaparaelencierro.  Mandioca fue un sello fundacional del Rock Argentino que tuvo la "audacia" de grabar a artistas que hacían su música un poco contra la corriente y contra lo establecido. En "Pidamos peras a mandioca" podemos encontrar las primeras grabaciones de artistas que luego fueron Iconos del Rock Nacional como Manal, Pappo, Billy Bond, Alma y Vida, La Cofradía de la flor Solar, Vox Dei, Tanguito y Moris. Este disco se editó originalmente en 1970 y fue el segundo album recopilatorio del sello, luego de "Mandioca Underground" de 1969.    Artista: Varios Artistas Álbum: Pidamos Peras a Mandioca Año: 1970 Género: Rock / Beat Duración: 49:57 Nacionalidad: Argentina En “Pidamos peras a Mandioca” aparecen solistas y bandas pilares de nuestro rock como Manal , Pappo , Billy Bond , Alma y Vida , La Cofradía de la flor Solar , Vox Dei , Tanguito y Moris . Jorge Álvarez (n. ciudad de Buenos Aires, 1932) es un productor discográfico y empre...

Aquelarre - Brumas (1974)

#Músicaparaelencierro. LightbulbSun nos recuerda a una de las grandes leyendas del rock argentino de todos los tiempos,  humildemente, quizás este sea el mejor disco de Aquelarre, y uno de los mejores que habrán escuchado en su perra vida. "Brumas" es el tercer disco de Aquelarre, publicado en el año 1974, luego de los exitosos dos primeros álbumes: "Aquelarre" (1972) y "Candiles" (1973). Esto es puro rock y del mejor, rebeldía, letras geniales, música del alma, contenidos, militancia, códigos, y encima es  parte de aquel bloque sonoro que eran Pescado Rabioso, Almendra y Color Humano, ladrillos en una pared maciza, grosos como pocos, una las grandes bandas argentinas de los años 70 en el pico de su creatividad. Con ustedes, Aquelarre... disfrute y vuele por favor. Artista: Aquelarre Álbum: Brumas Año: 1974 Género: Rock progresivo Nacionalidad: Argentina Duración: 43:43 Si tuvieras que elegir qué discos llevar a una isla desiert... ¿este...

Ramiro Musotto - Civilización y Barbarie (2007)

Aquí traemos nuevamente a Ramiro Musotto, el genio argentino del berimbau, recordando una entrada que fue muy particular, porque en ese tiempo se puso en contactos con nosotros el ingeniero Roberto Oscar Seibane, oriundo de Bahía Blanca y que conoció a Ramiro desde su niñez, y nos pasó datos y material íntimo y exclusivo, con material archivado que no encontrarán en (literalmente) ningún otro lado salvo que lo contacten al señor Seibane. Aquí, un posteo muy especial tanto para la memoria de Ramiro Musotto, para el recuerdo del ingeniero Seibane y para nosotros porque hay gente que nos elige para difundir estas cosas tan íntimas, personales e importantes... Artista: Ramiro Musotto Álbum: Civilizacao & Barbarye Año: 2007 Género: Percusión afro-brasilera tribal / World Music Nacionalidad: Argentina - Brasil Nuevamante más aportes del lado musical brasilero de la vida, porque a golpes de corcheas nos deslizamos sobre las cuerdas de un berimbau, uno en particular, aqu...

Ideario del arte y política cabezona

Ideario del arte y política cabezona


"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.