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martes, 21 de junio de 2016

Guillermo Briseño - Briseño, Carrasco y Flores (1978)


Briseño, cuando era joven y estaba loco: funk, blues, huapango, son, todo junto! (re-up!)

Artista: Guillermo Briseño
Álbum: Briseño, Carrasco y Flores
Año: 1978
Género: Rock Progresivo / Funk / Fusión folk mexicano
Duración: 41:40
Nacionalidad: México


Lista de Temas:
1. Aquí estoy (Vámonos lejos)
2. La mancha

3. Try
4. Entre la piel y el alma
5. En el lomo del río
6. Mariposa (música de Sarah Jiménez)
7. Pregúntale a tu retrato
8. El árbol de la noche triste
9. Comparaciones (Apariencias)


Alineación:
- Guillermo Briseño / piano, teclados, voz
- Gilberto Flores / batería

- Mario Carrasco / bajo

Músicos invitados:
Lorenzo Fernández / guitarra flamenca (6)
Óscar Sarquiz / guitarra de acompañamiento (3, 5)
Luis González Lobo / guitarra de acompañamiento (5)
David Baksht, Julio Solórzano, Henry West / dedos y palmas (4)

[Re-up de la versión flac de una digitalización cortesía de algún cabezón. Lo acabo de oir y está tan bueno que tienen que oírlo!]

Briseño, Carrasco y Flores es el primer álbum de Guillermo Briseño en el arranque de su carrera como líder, compositor, arreglista y cantante, a su regreso de una larga estancia en el gabacho (así le decimos “de cariño” a los USA en México). Nuevamente hay que agradecerle a Carlos que lo haya enviado a Cabeza de Moog porque es una rareza y una maravilla, aunque se trata de una digitalización deficiente del vinilo, por lo que hacemos esta reseña sin adjuntar los archivos, para subirlo a la lista (y a la espera de que alguien pueda compartir una versión mejor).


El proyecto Briseño, Carrasco y Flores nace hacia 1977, cuando Briseño toca con Gilberto Flores (con quien había compartido las filas del septeto funk Cosa Nostra entre 1969 y 1973) y Mario Carrasco, apuntando a lo que será este primer lanzamiento fechado en 1978.

Eran tiempos interesantes en México, especialmente en la capital, cuando se vivía la resaca del movimiento estudiantil de 1968, arteramente reprimido por el gobierno priista (sí, el mismo que nos gobierna hoy), y que desembocó en una supuesta política de “puertas abiertas” a las ideas progresistas y de izquierda. Supuesta porque al mismo tiempo que se alentaba un pensamiento pseudomarxista en el ámbito de la cultura, se libraba en las sierras, selvas y desiertos una tenebrosa guerra sucia para desarticular al movimiento campesino y sus diversas manifestaciones beligerantes en busca, a veces armada, de una sociedad justa.

Un resultado de esta política para la cultura de las clases medias fue el aliento a las manifestaciones de la cultura popular que dio en el “rescate” de algunas tradiciones folclóricas que no necesitaban ser rescatadas, pero que sí tenían que ser promovidas ante una cultura de masas obtusa alentada por Televisa, recién nacida como monopolio. Otro resultado de esa política fue que México se convirtió en destino de asilo político para intelectuales y artistas de Sudamérica que, exiliados de sus países o huyendo del destino fatal que representaban los infaustos regímenes militares, llegaron al DF a desarrollar sus oficios. Había entre ellos muchos músicos y poco a poco fueron poniendo de moda la música latinoamericana folclórica y de protesta, y junto con ella una ideología que permitía a la clase media participar de la revolución desde la comodidad de las “peñas” que se fueron abriendo por la capital, donde tomando chelitas y comiendo quesadillas, se escuchaban zambas, milongas, cuecas, joropos, huaynos, valses, carnavalitos y chacareras que hablaban del pueblo, de la pobreza, la justicia y el cambio social al son de las novedosas quenas, zampoñas, charangos y bombos metreros (legüeros no eran, se oían bajito).

El rock, mientras tanto, estaba proscrito después de los desmanes que esos sucios jipitecas (hippies mexicanos según los bautizó algún cura) habían protagonizado en el festival de Avándaro en septiembre del 71, donde consumieron toneladas de drogas diabólicas y se emborracharon tanto que una chava hasta se quitó la blusa y dejó que miles le vieran sus santas intimidades. Fueron los años más difíciles para el rock en México: las bandas se vieron obligadas a recluirse en los “hoyos fonqui”, conciertos casi improvisados en lugares abandonados sobre los que la gente se pasaba la voz y asistía furtivamente. La televisión, la radio y la prensa se habían encargado de convertir al rock en un asunto prohibido y en rebeldes peligrosos a quienes gustaban de esa música de locos y degenerados. Y la intelectualidad, embelesada con el discurso folclórico latinoamericano, fue incapaz de ver el capital revolucionario que el rock escondía y siguió con las guitarritas en las peñas, a las que ya a fines de los 70 se sumó un nuevo discurso a través del impacto de la Nueva Trova Cubana que en México se conoció como “canto nuevo” o “nueva canción”.


Entonces, llegó Briseño. Y llegó cargado de funk, de blues y de jazz, y armado con una visión progresiva y vanguardista de la música y la poesía. Briseño Carrasco y Flores es un disco que deja ver esas tensiones de la historia mientras hace sonar sus jams. Abre con “Aquí estoy, vámonos lejos”, un funk con sus infaltables flangers y una rítmica sabrosa y bailarina. Luego “La mancha”, que se extiende desde un aire a balada hasta llegar a los cambios abruptos de armonía y ritmo que indican que estamos ante un compositor progresivo en busca de un lugar más allá de las correspondencias armónicas toleradas por la costumbre. “Try” es un blues en inglés con toques psicodélicos, hecho bajo la influencia de los tiempos que Briseño vivió en el vecino del norte profundizando su aprendizaje de ese género que le es tan característico, y cierra el lado A, con otro aire de balada-blues, “Entre la piel y el alma” que se rompe con cambios de armonía totalmente progresivos, con extensión de compases y otros recursos propios de la búsqueda setentera. Los toques gospel, corales, que tanto le gustan a Briseño (y a nosotros) vuelven a aparecer aquí junto con las improvisaciones vocales en falsete y gruñido que lo han convertido en uno de los grandes cantantes del rock mexicano, un área en la que con frecuencia fallan nuestras bandas: el buen canto líder y las buenas letras. 


El lado B tiene otro color musical: en los temas que lo integran está presente la intención de Briseño de fundir el rock, el blues y el jazz con el folclor mexicano. La gran diferencia con los folcloristas de peña de esa época, es que ellos, de tanto querer ser auténticos sonaban muy plásticos, mientras que acá Briseño deja de lado la pretendida autenticidad y decide de lleno recrear lo folclórico, transformarlo, resignificarlo, y consigue desde el principio construir una nueva forma de hacer música mexicana, a la altura de lo que en Chile ya venían haciendo Los Jaivas y Congreso, y en el Perú El Polen. Muchos músicos seguirían su ejemplo en el futuro, pero hay que reconocer que Briseño es el pionero de la fusión folclórica mexicana con el rock, particularmente en este disco. Hay huapango en “En el lomo del río”, bambuco/bolero a la yucateca en “Mariposa” y son del tipo “abajeño” en “El árbol de la noche triste”, tema dedicado a esa mítica astilla de ahuehuete que aun se puede ver en la Calzada México-Tacuba, señalando el lugar donde el conquistador Cortés lloró su única derrota en la guerra de conquista contra los poderosos aztecas. Es el tema más progresivo del álbum, con base también en compases de 6/8 propios del huapango y el son, totalmente instrumental y con sonoridades que prefiguran la experimentación que desarrollará más tarde Briseño en Ausencias e Irreverencias. El disco cierra con “Comparaciones (Apariencias)”, una bellísima balada-jazz a piano solo, otra vez con las modificaciones armónicas típicas del autor y un fabuloso despliegue vocal.

En suma, Briseño, Carrasco y Flores es una rareza no solo hoy; también lo era en su tiempo, separada de la música de masas que dominaba la radio de esos años, del rock clandestino y minoritario representado principalmente por Three Souls in My Mind y de la fuerte moda de la clase media “consciente” con un gusto especial por la música folclórica de protesta y el llamado “Canto Nuevo”.





[En 1977] formó Briseño, Carrasco y Flores al que posteriormente se suma Hebe Rosell. Con esa formación recorre todo el país tocando para la Secretaría de Educación Pública. Viajan a Cuba en una gira por toda la isla. Es invitado a conducir una nueva serie de televisión llamada De cara al futuro para RTC. 
Wikipedia

Guillermo Briseño es uno de nuestros “rockers” más conspicuos, con una muy larga carrera musical, incursionando en los más diversos géneros: rock, blues, trova, música infantil, y hasta música sinfónica ha compuesto, ha coqueteado con el Jazz y con la música caribeña, es uno de los letristas más dignos de nuestra escena roquera y es además, un artista entendedor de su entorno social y cultural, un sujeto que participa activamente a favor de las causas sociales que considera justas.

Pero antes de ser todo esto, a fines de los años sesenta, cuando era un veinteañero, con estudios formales de piano desde los ocho años e informales desde los tres, formó parte y era el alma de uno de los grupos del rock nacional más importantes e interesantes de cualquier momento histórico y uno de los pocos que adoptaron el “funk” como se ritmo base y el espíritu de su empresa.

Ariel Martínez (blog Los Sueños http://ritornomiracolo.blogspot.com)

Algunas opiniones de Briseño en una entrevista que dio en 2003:
 “Todos esos artistas que salen en Televisa y su competencia son superficiales, que le han vaciado el coco y las venas a la gente, que han provocado que las personas pierdan el respeto a las señales que mandaban de la gran música mexicana de nuestros mayores y contra la cual no tengo que enemistarme con Pedro Infante, Jorge Negrete, Agustín Lara, Los Panchos o Cri Cri; o con los de la otra franja como Hernández Moncada, Manuel María Ponce o Silvestre Revueltas, quienes definieron esos aires que reconocemos como música mexicana, que cuando uno va al Polo Norte y escucha una manera particular de tocar la guitarra o de cantar hay algo que te mueve el nervio; para eso tengo mucho respeto, afecto y mucho gusto; pero que no me pueden quitar el derecho a disfrutar a Bach ni a James Brown o B B King o lo que me dé la gana'”. 
“A lo largo de estos años de andar en el rocanrol me di cuenta de que el blues es el lugar donde me puedo atrincherar, al lugar adonde siempre regreso. En todos mis discos siempre aparece una rola declaradamente blusera, que me muestra que de ahí me agarro; y no de las cumbias, que me parecen cosas más propias del lechero que llegaba a visitar a la muchacha que trabajaba en casa, y que algunas de las hermanas de mis cuates también las pueden disfrutar. No es por tratar de adquirir una óptica acá de jerarquía sobre los demás, no soy tan estúpido, solamente que dentro de lo mexicano también hay cosas que tienen su pedigrí y otras que son bajas... vulgares, que han tentado a los chavos, que han hecho del rocanrol un híbrido que ni siquiera es fusión. No es para hablar mal de los grupos, me parece fantástico que les vaya requetebién, que la raza se prenda muchísimo y que bailen el ska aventándose unos contra otros. Lo que sería requetesuave es que en el panorama del rocanrol hubiera más memoria... más razón... una óptica de mayor aliento. Si van a hacer fusiones que hagan mezclas reales e incorporen todas esas cosas que les gustan, pero cuando uno no sabe tocar bien lo que hace es un híbrido sietemesino que se queda a la mitad del camino. Si quieres meter una rumba hay que chingarse con la rumba, yo puedo componer algo que tenga reminiscencias de rumba pero me pongo a escucharla para agarrar la onda o le pregunto al que sabe porque no son enchiladas”. 

“Hay un problema con la historia del rock en México: se cree que es una moda nada más, una manera de traer los pelos, de ser muy loco, de mascar el chicle, de darse unos toques frente a los adultos para que se espanten... cuando el desafío real es violentar a la sociedad como algunos grupos lo han planteado, como la disposición que algunos mostraron con el alzamiento zapatista, pero la mayor parte de ellos fue de orden marquesinero, en la onda de que estaba de moda y todos querían estar en los festivales, cuando la onda no es solamente estar en la manifestación y en la expresión pública, sino romperse el alma, que su obra lo diga, y en la capacidad de proponer cómo modificar las cosas, cómo alterar desde dentro de cada trabajo fotográfico, pictórico o de la familia, hay que cambiar este mundo”. 
Entrevista por el lanzamiento de su disco de blues Sangre azul (La Jornada, viernes 14 de noviembre de 2003, entrevistado por Jorge Caballero).



3 comentarios:

  1. No hay link. Tenemos una versión gracias a Carlos, pero la digitalización deja mucho qué desear. Ya que, si insisten... por aquí avisen.

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  2. Felicidades!!! Muy buena contexto a la reseña del disco. y pues sí, mochense con el disco!!, sino digan dónde lo consigue uno!!!

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