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Space Art. Trip in The Center Head. Edición Rockarte

Un infierno de sintetizadores y vocoders, en eso se mete Rockarte para animar un disco menospreciado de un grupo desaprovechado. Fechado en 1977 gracias a dos amigos franceses alucinados por los sonidos electrónicos, que aparecieron en los inicios del rock psicodélico francés, desplegándose desde el under. Hasta principios de los 80, estos tipos, llamados Dominique Perrier y Roger Rizzitelli, lanzaron tres discos y un puñado de singles que ahora son verdaderas rarezas y clásicos del género. Y quizás, este que anima Rockarte ahora, sea el más representativo de ellos. Y hoy nos toca presentarlo en el blog cabeza.


Edición Rockarte


Atmósferas electrónicas surrealistas de ciencia ficción y vibraciones de bandas sonoras de clase B se combinan con excursiones de sintetizadores cómicos al más puro estilo Space Rock.
El proyecto no tuvo mucho futuro pero los dos músicos han llevado a cabo su carrera musical en varias bandas y proyectos.

Si no puedes ver la animación, vení para acá...


Y abajo está el disco completo... Pero acá tenés un comentario como la gente.

Después del inesperado éxito cosechado durante el año 1977 con su primer álbum homónimo, que llegaría a vender alrededor de dos millones de copias en todo el mundo, el dúo Space Art planteó el proceso de creación de su LP de confirmación de un modo similar al debut, es decir rápido y sin demasiados artificios.
En el ínterin, Dominique Perrier y Roger "Bunny" Rizzitelli abrumados por un éxito que no habían buscado, continuaron, juntos o por separado, desarrollando su trabajo en la sombra como músicos de sesión de diversos artistas franceses como Gérard Manset, Patrick Topaloff, Claude François o Saint-Preux.
No obstante, había que rentabilizar los ecos del single "Onyx", que a finales de 1977 todavía resonaba en emisoras de media Europa, con un lanzamiento que continuara los aciertos apuntados en su primer trabajo. La Navidad estaba a la vuelta de la esquina y tal vez la salida al mercado de un LP de música electrónica de corte cósmico/sinfónico en unas fechas tan señaladas para la venta de discos, podía significar un aliciente más para darle un espaldarazo definitivo al grupo y consolidar su posición en el panorama musical.
El álbum, que llevaría el extraño título de Trip In The Center Head, fue grabado y mezclado, al igual que su ópera prima, en el estudio A de los míticos Studios Ferber en noviembre de 1977. El equipo de ingenieros de sonido que tomaron parte en la grabación fue el mismo del primer álbum; Jacques Dutillet, Yves Galli y Joël Atlan, a los que se sumó también Franck Redlich. Por su parte, las mezclas finales las llevó a cabo el propietario del estudio y gran ingeniero René Ameline.
En esta ocasión, no obstante, daba la impresión de que el proyecto musical de Perrier y Rizzitelli estaba más estructurado y tenía un cariz más ambicioso. Los propios músicos ejercerían como directores artísticos junto a René Ameline y Sybil Demarsan, ésta última esposa del compositor de bandas sonoras Éric Demarsan, con el que Perrier ya había trabajado como arreglista y orquestador hacia 1973-74 en varios largometrajes, entre ellos L'Ombre d'une chance (Jean-Pierre Mocky, 1973), o Section spéciale (Sección especial, Costa-Gavras, 1974), entre otros. Ameline y Demarsan desempeñarían además labores de producción, una faceta que venían desarrollando desde su participación en el álbum Le Voyageur Immobile (Les Disques Motors, 1976), del grupo Bahamas, y que más tarde continuarían con los elepés realizados a caballo entre los 70 y los 80 por el director de cine y televisión Bob Decout.
El artista Gilles Lacombe bajo el pseudónimo de Jean-Auguste Ringard volvió a ocuparse de la parte artística, realizando un excelente trabajo con la portada, que recrea en primer plano el motivo del casco del traje ignífugo, propio de las brigadas de bomberos que se enfrentan a temperaturas extremas, y que el grupo ya había adoptado como su atuendo identificativo en sus apariciones televisivas, en esta ocasión con la inquietante imagen de un idílico y verde paisaje reflejado en la visera.
La instrumentación de Trip In The Center Head fue mucho más diversa que en el primer álbum, y Dominique Perrier hizo un mayor uso del equipo instrumental disponible en los Studios Ferber. Así, al Eminent 310, Hammond B3, Mellotron M400 y al sintetizador ARP Odyssey presentes en Space Art, se unieron los Moog Minimoog y Polymoog, un sintetizador Korg -sin especificar modelo-, un piano, un piano eléctrico Fender Rhodes y el Hohner Clavinet D6, este último un instrumento muy utilizado durante los años 70 en la música funk, rock y disco.
Por su parte Roger Rizzitelli no se remitió a su kit de batería y en esta ocasión amplió su abanico percusivo a los timbales, vibráfono, gong y campanillas, así como al uso de una 'Grosse Caisse Symphonique', como reza en la lista de instrumentos del álbum, que es el bombo sinfónico que utilizan habitualmente los percusionistas de las grandes orquestas. Nuevamente volvió a despreciarse el uso de secuenciadores por parte de Perrier, así como cajas de ritmos del lado de Rizzitelli. No obstante, llamó especialmente la atención la utilización de guitarra y violín eléctrico en diversos pasajes del álbum, que fueron interpretados respectivamente por Yves Chouard, uno de los mejores guitarristas franceses de su época, y Thierry Matioszek, compositor y multi-instrumentista con el que el dúo ya había trabajado en sus primeros elepés en solitario, aunque extrañamente ninguno de los dos músicos aparece acreditado en el álbum.
Con todos estos preliminares, Trip In The Center Head se abre con el tema estrella, el single "Speedway", el espectacular inicio de un viaje espacial, con la simple pero al mismo tiempo enormemente pegadiza melodía, a medio camino entre el fervor sinfónico y las resonancias cósmicas, mientras Rizzitelli puntúa la melodía con el bombo y la caja de su batería, que destaca por la espaciosidad que transmite. A diferencia de "Onyx", en esta ocasión no hay lugar para el barroquismo y las melodías decadentes, sino para todo lo contrario, "Speedway" es una pieza que rezuma energía en todas sus notas.
Esa constante se mantiene en el luminoso comienzo de "Odyssey", con unos fantásticos arpegios que parecen de dibujos animados japoneses sobre los que se superpone un solo de teclado. Resulta verdaderamente sorprendente que Dominique Perrier no se ayudara de secuenciadores para crear esta pieza, aunque estos probablemente no le habrían dotado de ese carácter tan vivo y radiante a un tema en el que coexisten de un modo insólito efectos y sonidos propios de la música electrónica con una batería de rock sinfónico y un piano eléctrico que impulsa el tema y construye el andamiaje para la melodía, dando como resultado una pieza muy dinámica y que perfectamente podría haber constituido un lanzamiento independiente. La espectacularidad de "Odyssey", que se encuentra al mismo nivel o incluso es superior a "Speedway" hace que sea difícil entender su elección como cara B de ese single, en vez de optar por alguno de los cortes menos inspirados del LP para ocupar ese lugar y reservar este tema para encabezar el lanzamiento de un hipotético segundo single.
Toda la energía positiva que emana de los dos primeros temas tiene su contraposición en "Eyes Shade". Con un inicio cósmico in crescendo, mientras una voz grabada de radio en segundo plano realiza un anuncio apenas inteligible, todo se detiene de improviso y un sonido anunciatorio nos sumerge en una atmósfera tenebrosa, sobre la que se superpone una línea solista de aire jazzístico que recuerda sobremanera a algún fraseo de Vangelis en su álbum Albedo 0.39 (RCA, 1976), que da paso a un fragmento cósmico, mientras de fondo se escucha de nuevo la voz del locutor leyendo un comunicado radiofónico que anuncia la muerte de Andreas Baader, líder del grupo terrorista Fracción del Ejército Rojo (RAF), el 18 de octubre de 1977 en la prisión de máxima seguridad de Stuttgart-Stammheim. Habida cuenta las implicaciones políticas y mediáticas de todo lo relacionado con la banda Baader-Meinhof, ciertamente la inclusión de esa grabación se trató de un gesto desafiante por parte de Space Art.
A continuación el tema entra en un fragmento muy 'floydiano' en el que la guitarra y el violín eléctrico de Chouard y Matioszek desarrollan una serie de solos anárquicos y desgarradores sobre un ritmo muy marcado por la batería, el bombo sinfónico, los sintetizadores y los coros de Mellotron, que conducen el tema hacia un desenlace de tono trágico.
La cara A del LP original se cerraba con "Watch It", un tema que pretende continuar la senda espectacular de "Odyssey", con sus continuos y rapidísimos arpegios, sin conseguirlo. Aunque la pieza está bien estructurada, la tímbrica poco acertada del sonido de la melodía principal, que se asemeja a una estridente trompeta sintética, echa por tierra el resultado global, que suena fuera de lugar, creando una impresión negativa que se reafirma en repetidas audiciones.
Con "L'Obsession d'Archibald" se abría la cara B del vinilo, en una pieza que da entrada a un ritmo pulsante y una atmósfera cósmica de la que se va alejando paulatinamente para abarcar ambientes más mundanos, que nos retrotraen a los asépticos sonidos de un piano bar de la Costa Azul, un cambio radical de estilo que encaja a la perfección y demuestra el talento de Perrier como arreglista. En la parte final entran en juego el Clavinet y el órgano Hammond combinados con cierto sinfonismo de aire aristocrático, quizá recordando a las melodías decadentes del primer álbum del dúo, pero que no obstante termina constituyendo una de las piezas más sobresalientes y singulares de Trip In The Center Head.
Sin embargo no puede decirse lo mismo de "Hollywood Flanger", un tema presidido por el piano eléctrico y la participación de nuevo de Thierry Matioszek esbozando fugaces miniaturas con el violín eléctrico en otra pieza de carácter cósmico, radiante, en donde destacan por encima de todo las percusiones de Rizzitelli, dado que los motivos melódicos de Perrier son cortos y un tanto intrascendentes. Todo ello configura una pieza que junto con "Watch It" podría haber sido un firme candidato a cara B del single "Speedway".
El punto y final del LP original lo ponía "Psychosomatique", que es además la pieza más extensa del álbum. Se inicia con unos acordes de clavecín hasta que se alcanza un clímax con unos sonidos de tesitura vocal, que desembocan en una sección de ritmo lento de carácter ensoñador, que sirve de transición hacia la parte final constituida por un armazón sonoro de rock sinfónico, acentuado por un trabajo espectacular de Rizzitelli a las baquetas, que adquiere cotas épicas en la onda del Vangelis de "Alpha", aunque desprovisto de ese sentido de himno tan característico de la música del artista griego.
El elepé original apareció publicado, al igual que Space Art, en IF Records, subsello de Carrere en diciembre de 1977. Todavía pasarían veinte años hasta su reedición en disco compacto por parte del sello Spalax en 1997. En esta ocasión, a diferencia de su álbum de debut, la remasterización no se hizo desde vinilo sino a partir de las grabaciones originales.
La versión en CD incluye como temas adicionales, la versión maxi-single de "Nous savons tout", una pieza grabada en junio de 1978 y publicada como single ese mismo verano. Efectivamente, Space Art parecen "saberlo todo" y se encargan de proclamar a los cuatro vientos que son "el primer grupo de vulgarización científica", un mera declaración de intenciones y probablemente un reclamo comercial sin más.
La pieza en sí se encuentra a medio camino entre la electrónica espacial y el sonido disco presidido por la voz vocoderizada de Dominique Perrier modulada a través del entonces flamante Korg VC-10, con el que recita el título del tema y lleva a cabo algunos efectos ininteligibles en segundo plano. Asimismo, resaltan los efectos sobre la batería, que en esta ocasión suena menos viva de lo habitual. Así y todo es una pieza perfectamente reconocible como de Space Art.
Después de los usos que hicieron pioneros como Bruce Haack, Wendy Carlos, Isao Tomita o Kraftwerk, la primera toma de contacto con el vocoder por parte de Space Art se antoja realmente interesante, dentro de estilos musicales más comerciales. Parece como si el dúo francés quisiera aprovechar el tirón de otros artistas que estaban cosechando éxitos mediante el uso de voces vocoderizadas o procesadas de aire robotizado, tal es el caso de From Here To Eternity (Casablanca Records, 1977), de Giorgio Moroder o del álbum Disco Club (RCA, 1978), del proyecto Black Devil del músico Bernard Fevre y decenas más, en una moda que en cierta manera había relanzado el fenómeno cinematográfico de Star Wars (La Guerra de las Galaxias, George Lucas, 1977), casi coincidente con la aparición de los primeros vocoders a precios asequibles para el músico medio.
La cara B del single la constituye la pieza "Mélodie moderne", que tiene un motivo melódico de aire misterioso sobre un acompañamiento que incluye guitarra acústica, dándole cierta apariencia de balada instrumental, que no obstante, por su materialización con los efectos sobre la melodía, no deja de tener un cariz futurista. Así y todo la versión maxi que se incluye en el álbum es un tanto repetitiva.
Por otra parte supone un acierto incluir ambos temas en la reedición de Trip In The Center Head, dado que además de que fueron grabados pocos meses después, se acercan más al estilo y al sonido de éste que al del tercer álbum, Playback (1980), en el que aunque se utiliza el vocoder con profusión, constituye un elepé más alejado del sonido cósmico-sinfónico de los dos primeros y más cercano a postulados del jazz y el pop.
Trip In The Center Head es un álbum que sin duda mereció mejor suerte. Probablemente no alcanzaba las cotas de algunos de sus contemporáneos dentro de la electrónica comercial como el álbum Spiral (RCA, 1977), de Vangelis o Equinoxe (Disques Dreyfus/Polydor, 1978), de Jean Michel Jarre, pero no era en ningún caso inferior a Star Peace (Barclay, 1978), de Droids o al álbum de Bernard Fevre anteriormente mencionado. De hecho Space Art llevaron a cabo un álbum mucho más dirigido comercialmente que su debut, mucho más 'radio friendly', en el que probablemente bajaron el listón de la experimentación y la improvisación en favor de composiciones mejor estructuradas y más pródigas melódicamente, así como mucho más cuidadas a nivel de producción. Salvo "Watch It" y "Hollywood Flanger", que serían las piezas más flojas, estamos hablando de un álbum notable.
Sin embargo, desde un punto de vista meramente comercial, Space Art fue lo que se conoce en el argot de la industria discográfica como un 'one-hit wonder', un grupo que sólo es recordado por un éxito, "Onyx", y que después desapareció a ojos del gran público. En Francia, aunque no existió una lista oficial de ventas hasta 1984, los ránkings parciales realizados por revistas musicales o emisoras de radio demuestran un éxito menor comparado con "Onyx". El dúo Perrier/Rizzitelli tampoco logró sorprender con "Speedway" en los principales 'hit parades' europeos, donde tanto el single como el álbum pasaron totalmente desapercibidos. Peor suerte corrió en el verano de 1978 "Nous Savons Tout", cuyas voces vocoderizadas fueron totalmente ignoradas.
Sin duda Space Art, sin su alergia a la promoción y a las apariciones públicas, y tal vez en otra coyuntura, sin la saturación de singles basados en los sonidos electrónicos que asaltaban las ondas de radio de la época, habría tenido mayores posibilidades de éxito.

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