Ir al contenido principal

Sociedad de Consumidores y Degradación Social (Los Consumidores Fallidos)

En la edad dorada de la sociedad de productores, la ética del trabajo extendía su influencia más allá de las plantas industriales y los muros de los asilos. Sus preceptos conformaban el ideal de una sociedad justa todavía por alcanzar; mientras tanto, servían como horizonte hacia el cual orientarse y como parámetro para evaluar criticamente el estado de situación en cada momento. La condición a que se aspiraba era el pleno empleo: una sociedad integrada únicamente por gente de trabajo. El "pleno empleo" ocupaba un lugar en cierto modo ambiguo, ya que era al mismo tiempo un derecho y una obligación. Según desde qué lado del "contrato de trabajo" se invocara ese principio, una u otra modalidad saltaba a primer plano; pero, como sucede con todas las normas, ambos aspectos debían estar siempre presentes para garantizar la validez general del principio. El pleno empleo como característica indispensable de una "sociedad normal" implicaba tanto un deber aceptado universal y voluntariamente, como un deseo compartido por toda la comunidad y elevado al rango de derecho universal. Definir una norma es definir, también, cuanto queda fuera de ella. La ética del trabajo encerraba, por ejemplo, el fenómeno del desempleo: no trabajar era "anormal". Y, como podía esperarse, la insistente presencia de los pobres se explicaba, alternativamente, por la falta de trabajo o por la falta de disposición para el trabajo. Algunas ideas como las de Charles Booth o Seebohm Rowntree (la afirmación de que es posible seguir siendo pobre aunque se cumpla jornada completa, y que por lo tanto la pobreza no puede ser explicada por el desconocimiento de la ética del trabajo) conmocionaron la opinión ilustrada británica. La sola noción de "pobres que trabajan" aparecía como una evidente contradicción en sí misma; y no podía ser de otro modo mientras la ética del trabajo mantuviera su lugar en la opinión generalizada, como cura y solución para todos los males sociales.

Por Zygmunt Bauman

"En la sociedad de consumidores, esa incapacidad es causa determinante de degradación social y «exilio interno». Esta falta de idoneidad, esta imposibilidad de cumplir con los deberes del consumidor, se convierten en resentimiento: quien la sufre está excluido del banquete social que comparten los demás."

Zygmunt Bauman

Pero a medida que el trabajo dejaba de ser punto de encuentro entre las motivaciones individuales por un lado y la integración de la sociedad y su reproducción por el otro, la ética del trabajo —como dijimos— perdió su función de primer principio regulador. Por entonces ya se había retirado, o había sido apartada por la fuerza, de numerosos campos de la vida social e individual, que antes regía directa o indirectamente. El sector de la sociedad que no trabajaba era quizá su último refugio o, mejor, su última oportunidad de sobrevivir. Cargar la miseria de los pobres a su falta de disposición para el trabajo y, de ese modo, acusarlos de degradación moral, y presentar la pobreza como un castigo por los pecados cometidos, fueron los últimos servicios que la ética del trabajo prestó a la nueva sociedad de consumidores.

Durante mucho tiempo, la pobreza fue una amenaza para la supervivencia: el riesgo de morirse de hambre, la falta de atención médica o la carencia de techo y abrigo fueron fantasmas muy reales a lo largo de gran parte de la historia. Todavía, en muchas partes del planeta, esos peligros siguen a la orden del día. Y aunque la condición de ser pobre se encuentre por encima del umbral de supervivencia, la pobreza implicará siempre mala nutrición, escasa protección contra los rigores del clima y falta de una vivienda adecuada; todas, características que definen lo que una sociedad entiende como estándares mínimos de vida.

La pobreza no se reduce, sin embargo, a la falta de comodidades y al sufrimiento físico. Es también una condición social y psicológica: puesto que el grado de decoro se mide por los estándares establecidos por la sociedad, la imposibilidad de alcanzarlos es en sí misma causa de zozobra, angustia y mortificación. Ser pobre significa estar excluido de lo que se considera una
"vida normal"; es "no estar a la altura de los demás". Esto genera sentimientos de vergüenza o de culpa, que producen una reducción de la autoestima. La pobreza implica, también, tener cerradas las oportunidades para una "vida feliz"; no poder aceptar los "ofrecimientos de la vida". La consecuencia es resentimiento y malestar, sentimientos que —al desbordarse— se manifiestan en forma de actos agresivos o autodestructivos, o de ambas cosas a la vez.

En una sociedad de consumo, la
"vida normal" es la de los consumidores, siempre preocupados por elegir entre la gran variedad de oportunidades, sensaciones placenteras y ricas experiencias que el mundo les ofrece. Una "vida feliz" es aquella en la que todas las oportunidades se aprovechan, dejando pasar muy pocas o ninguna; se aprovechan las oportunidades de las que más se habla y, por lo tanto, las más codiciadas; y no se las aprovecha después de los demás sino, en lo posible, antes. Como en cualquier comunidad, los pobres de la sociedad de consumo no tienen acceso a una vida normal; menos aún, a una existencia feliz. En nuestra sociedad, esa limitación los pone en la condición de consumidores manqués: consumidores defectuosos o frustrados, expulsados del mercado. A los pobres de la sociedad de consumo se los define ante todo (y así se autodefinen) como consumidores imperfectos, deficientes; en otra palabras, incapaces de adaptarse a nuestro mundo.

En la sociedad de consumidores, esa incapacidad es causa determinante de degradación social y
"exilio interno". Esta falta de idoneidad, esta imposibilidad de cumplir con los deberes del consumidor, se convierten en resentimiento: quien la sufre está excluido del banquete social que comparten los demás. El único remedio posible, la única salida a esa humillación es superar tan vergonzosa ineptitud como consumidor.

Como revelaron Peter Kelvin y Joanna E. Jarett en su estudio sobre los efectos psicosociales del desempleo en la sociedad de consumo, hay algo particularmente doloroso para quienes perdieron el trabajo: la aparición de un
"tiempo libre que no parece tener fin", unida a la "imposibilidad de aprovecharlo". "Gran parte de la existencia diaria carece de estructura" —sostienen los autores—, pero los desocupados no pueden dársela en forma que resulte razonable, satisfactoria o valiosa:

"Una de las quejas más comunes de los desocupados es que se sienten encerrados en su casa... El hombre sin trabajo no sólo se ve frustrado y aburrido, [sino que] el hecho de verse así (sensación que, por cierto, coincide con la realidad) lo pone irritable. Esa irritabilidad es una característica cotidiana en la vida de un marido sin trabajo"

Stephen Hutchens obtuvo las siguientes respuestas de sus entrevistados (hombres y mujeres jóvenes sin trabajo) con respecto al tipo de vida que llevaban:
"Me aburría, me deprimía con facilidad; estaba la mayor parte del tiempo en casa, mirando el diario". "No tengo dinero, o no me alcanza. Me aburro muchísimo". "Paso mucho tiempo en la cama; salvo cuando voy a ver amigos o vamos al pub si tenemos dinero…, y no hay mucho más que decir". Hutchens resume sus conclusiones: "La palabra más usada para describir la experiencia de estar sin trabajo es 'aburrido'… El aburrimiento y los problemas con el tiempo; es decir, no tener 'nada que hacer'".

En la vida del consumidor no hay lugar para el aburrimiento; la cultura del consumo se propuso erradicarlo
. Una vida feliz, según la definición de esta cultura, es una vida asegurada contra el hastío, una vida en la que siempre
"pasa algo": algo nuevo, excitante; y excitante sobre todo por ser nuevo. El mercado de consumo, fiel compañero de la cultura del consumo y su indispensable complemento, ofrece un seguro contra el hastío, el esplín, el ennui, la sobresaturación, la melancolía, la flojedad, el hartazgo o la indiferencia: todos males que, en otro tiempo, acosaban a las vidas repletas de abundancia y de confort. El mercado de consumo garantiza que nadie, en momento alguno, llegue a sentirse desconsolado porque, "al haberlo probado todo", agotó la fuente de placeres que la vida le puede ofrecer.

Como señaló Freud antes del comienzo de la era del consumo, la felicidad no existe como estado; sólo somos felices por momentos, al satisfacer una necesidad acuciante. Inmediatamente surge el aburrimiento. El objeto del deseo pierde su atractivo ni bien desaparece la causa que nos llevó a desearlo. Pero el mercado de consumo resultó ser más ingenioso de lo que Freud había pensado. Como por arte de magia, creó el estado de felicidad que —según Freud— resultaba inalcanzable. Y lo hizo encargándose de que los deseos surgieran más rápidamente que el tiempo que llevaba saciarlos, y que los objetos del deseo fueran reemplazados con más velocidad de la que se tarda en acostumbrarse y aburrirse de ellos. No estar aburrido —no estarlo jamás— es la norma en la vida de los consumidores. Y se trata de una norma realista, un objetivo alcanzable. Quienes no lo logran sólo pueden culparse a sí mismos: serán blanco fácil para el desprecio y la condena de los demás.

Para paliar el aburrimiento hace falta dinero; mucho dinero, si se quiere alejar el fantasma del aburrimiento de una vez para siempre y alcanzar el
"estado de felicidad". Desear es gratis; pero, para desear de forma realista y, de este modo, sentir el deseo como un estado placentero, hay que tener recursos. El seguro de salud no da remedios contra el aburrimiento. El dinero es el billete de ingreso para acceder a los lugares donde esos remedios se entregan (los grandes centros comerciales, parques de diversiones o gimnasios); lugares donde el solo hecho de estar presente es la poción más efectiva o profiláctica para prevenir la enfermedad; lugares destinados ante todo a mantener vivos los deseos, insaciados e insaciables y, a pesar de ello, profundamente placenteros gracias a la satisfacción anticipada.

El aburrimiento es, así, el corolario psicológico de otros factores estratificadores, que son específicos de la sociedad de consumo: la libertad y la amplitud de elección, la libertad de movimientos, la capacidad de borrar el espacio y disponer del propio tiempo. Probablemente, por conformar el lado psicológico de la estratificación, el aburrimiento sea sentido con más dolor y rechazado con más ira por quienes alcanzaron menor puntaje en la carrera del consumo. Es probable, también, que el desesperado deseo de escapar al aburrimiento —o, al menos, de mitigarlo— sea el principal acicate para su acción.

Sin embargo, las probabilidades de lograr su objetivo son ínfimas. Quienes están hundidos en la pobreza no tienen acceso a los remedios comunes contra el aburrimiento; cualquier alternativa inusual, irregular o innovadora, por otra parte, será sin duda clasificada como ilegítima y atraerá sobre quienes la adopten la fuerza punitiva del orden y la ley. Paradójicamente —o, pensándolo bien, quizá no tan paradójicamente—, es posible que, para los pobres, tentar al destino desafiando el orden y la ley se transforme en el sustituto preferido de las razonables aventuras contra el aburrimiento en que se embarcan los consumidores acaudalados, donde el volumen de riesgos deseados y permitidos está cuidadosamente equilibrado.

Si, en el sufrimiento de los pobres, el rasgo constitutivo es el de ser un consumidor defectuoso, quienes viven en un barrio deprimido no pueden hacer mucho colectivamente para encontrar formas novedosas de estructurar su tiempo, en especial de un modo que pueda ser reconocido como significativo y gratificante. Es posible combatir (y, en rigor, se lo hizo en forma notable durante la Gran Depresión de la década de 1930) la acusación de pereza, que siempre ronda los hogares de los desocupados, con una dedicación exagerada, ostentosa —y en última instancia, ritualista— a las tareas domésticas: fregar pisos y ventanas, lavar paredes, cortinas, faldas y pantalones de los niños, cuidar el jardín del fondo. Pero nada puede hacerse contra el estigma y la vergüenza de ser un consumidor inepto; ni siquiera dentro del gueto compartido con sus iguales. De nada sirve estar a la altura de los que lo rodean a uno; el estándar es otro, y se eleva continuamente, lejos del barrio, a través de los diarios y la lujosa publicidad televisiva, que durante las veinticuatro horas del día promocionan las bendiciones del consumo. Ninguno de los sustitutos que pueda inventar el ingenio del barrio derrotará a esa competencia, dará satisfacción y calmará el dolor de la inferioridad evidente. La capacidad de cada uno como consumidor está evaluada a la distancia, y no se puede apelar en los tribunales de la opinión local.

Como recuerda Jeremy Seabrook, el secreto de nuestra sociedad reside en
"el desarrollo de un sentido subjetivo de insuficiencia creado en forma artificial", ya que  "nada puede ser más amenazante" para los principios fundacionales de la sociedad que "la gente se declare satisfecha con lo que tiene". Las posesiones de cada uno quedan denigradas, minimizadas y empequeñecidas al exhibirse en forma ostentosa y agresiva el desmedido consumo de los ricos: "Los ricos se transforman en objetos de adoración universal".

Recordemos que los ricos, los individuos que antes se ponían como modelo de héroes personales para la adoración universal, eran self-made men (hombres que habían triunfado por su propio esfuerzo), cuya vida era ejemplo vivo del resultado de adherirse a la ética del trabajo. Ahora ya no es así. Ahora, el objeto de adoración es la riqueza misma, la riqueza como garantía de un estilo de vida lo más extravagante y desmesurado posible. Lo que importa ahora es lo que uno pueda hacer, no lo que deba hacerse ni lo que se haya hecho. En los ricos se adora su extraordinaria capacidad de elegir el contenido de su vida (el lugar donde viven, la pareja con quien conviven) y de cambiarlo a voluntad y sin esfuerzo alguno. Nunca alcanzan puntos sin retorno, sus reencarnaciones no parecen tener fin, su futuro es siempre más estimulante que su pasado y mucho más rico en contenido. Por último —aunque no por ello menos importante—, lo único que parece importarles a los ricos es la amplitud de perspectivas que su fortuna les ofrece. Esa gente sí está guiada por la estética del consumo; es su dominio de esa estética —no su obediencia a la ética del trabajo o su éxito financiero, sino su refinado conocimiento de la vida— lo que constituye la base de su grandeza y les da derecho a la universal admiración.

"
Los pobres no habitan una cultura aparte de la de los ricos —señala Seabrook—; deben vivir en el mismo mundo, ideado para beneficio de los que tienen dinero. Y su pobreza se agrava con el crecimiento económico de la sociedad y se intensifica también con la recesión y el estancamiento
".

En primer lugar, señalemos que el concepto de
"crecimiento económico", en cualquiera de sus acepciones actuales, va siempre unido al reemplazo de puestos de trabajo estables por "mano de obra flexible", a la sustitución de la seguridad laboral por "contratos renovables", empleos temporales y contrataciones incidentales de mano de obra; y a reducciones de personal, reestructuraciones y "racionalización": todo ello se reduce a la disminución de los empleos. Nada pone de manifiesto esta relación de forma más espectacular que el hecho de que la Gran Bretaña posterior a Thatcher —aclamada como el "éxito económico" más asombroso del mundo occidental, dirigida por la más ferviente precursora y defensora de aquellos "factores de crecimiento"— sea también el país que ostente la pobreza más abyecta entre las naciones ricas del globo. El último Informe sobre Desarrollo Humano, editado por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, revela que los pobres británicos son más pobres que los de cualquier otro país occidental u occidentalizado. En Gran Bretaña, alrededor de una cuarta parte de los ancianos viven en la pobreza, lo que equivale a cinco veces más que en Italia, "acosada por problemas económicos", y tres veces más que en la "atrasada" Irlanda. Un quinto de los niños británicos sufren la pobreza: el doble que en Taiwán o en Italia, y seis veces más que en Finlandia. En total, "la proporción de gente que padece 'pobreza de ingresos' creció aproximadamente un 60% bajo el gobierno (de la Sra. Thatcher)".

En segundo lugar, a medida que los pobres se hacen más pobres, los ricos — dechados de virtudes para la sociedad de consumo— se vuelven más ricos todavía. Mientras la quinta parte más pobre de Gran Bretaña —el país del
"milagro económico" más reciente— puede comprar menos que sus pares en cualquier otro país occidental de importancia, la quinta parte más rica se cuenta entre la gente más acaudalada de Europa y disfruta de un poder de compra similar al de la legendaria élite japonesa. Cuanto más pobres son los pobres, más altos y caprichosos son los modelos puestos ante sus ojos: hay que adorarlos, envidiarlos, aspirar a imitarlos. Y el "sentimiento subjetivo de insuficiencia", con todo el dolor del estigma y la humillación que acarrea, se agrava ante una doble presión: la caída del estándar de vida y el aumento de la carencia relativa, ambos reforzados por el crecimiento económico en su forma actual: desprovisto de regulación alguna, entregado al más salvaje laissez-faire.

El cielo, último límite para los sueños del consumidor, está cada vez más lejos; y las magníficas máquinas voladoras, en otro tiempo diseñadas y financiadas por los gobiernos para subir al hombre hasta el cielo, se quedaron sin combustible y fueron arrojadas a los desarmaderos de las políticas
"discontinuadas". O son finalmente recicladas, para hacer con ellas patrulleros policiales.

Zygmunt Bauman. Sociólogo - Fuente: Bloghemia



Comentarios

Publicar un comentario

Lo más visto de la semana pasada

Sonar - Three Movements (2023)

Ya presentamos al elegante y excelso guitarrista Stephan Thelen y mencionamos que Sonar es su banda principal, y este es un discazo que se alzó como uno de los mejores discos del 2023, al menos eso es lo que dicen los muchachos de Progarchives. Rock In Opposition, Avant-Prog, Math Rock y Experimental, concebido y compuesto por Sonar, con la participación de David Torn (Tori Amos, Bill Bruford, Tony Levin, David Sylvian, Michael Shrieve, Steve Roach, Don Cherry y un largo etcétera) en arreglos improvisaciones  y J. Peter Schwalm (compositor alemán muy relacionado con el trabajo de Brian Eno, además de componer música electrónica y ambiental para cine, teatro, radio, ballet y otro largo etcétera) y otro músicos adicionales que aportan lo suyo para crear tres movimientos basados en la matemática aplicada a lo rítmico, que crea un verdadero ritual sonoro, ideal como para empezar la semana, que aunque sea corta, la llenaremos de música y de buenas vibras. No pueden dejarlo pasar, más ...

Le Orme - Uomo Di Pieza (1972)

LightbulbSun nos trae un clásico del rock progresivo italiano. A ver; si hay un momento en el que el rock progresivo italiano dejó de mirar de costado a los británicos para patear la puerta con una personalidad propia, apabullante y rebosante de romanticismo mediterráneo, es este. Editado en 1972, "Uomo di Pezza" no es solo el disco más emblemático de Le Orme, sino la piedra basal indiscutida de ese movimiento, donde la melodía popular se cruza con las estructuras clásicas sin perder jamás el pulso sanguíneo ni la dulzura y romanticismo. Una de las audacias de este disco es la total ausencia de guitarras eléctricas, acá no vas a encontrar riffs pesados ni solos de distorsión desenfrenada; todo el peso armónico y el muro sónico recae sobre un arsenal de teclados analógicos deslumbrantes entrelazados con melodías acústicas y el bajo melódico. Los arreglos de cámara y la polifonía vocal demuestran una precisión quirúrgica, logrando que un formato de trío suene con la densidad, e...

Quetango Quartet - Postango (2006)

Una joyita canadiense-argentina que mezcla el tango con la música de cámara, el jazz y tiene una pizca del clásico rock progresivo setentero, aunque esto ni por casualidad puede tratarse dentro de los parámetros del rock. . Este trabajo discográfico destaca por su propuesta de vanguardia, donde las ciudades de Quebec y Buenos Aires se descubren mutuamente a través de una sofisticada fusión de jazz contemporáneo, música de cámara y tango instrumental. El álbum recibió un gran reconocimiento crítico y fue nominado al prestigioso premio canadiense ADISQ en la categoría de Álbum Instrumental del Año. Esa introducción sirve solamente para aquellos distraídos que no sepan que cosas como estas están disponibles en el blog, como tantas maravillas que pueblan nuestro catálogo cabezón. Que lo disfruten!. Artista:  Quetango Quartet Álbum: Postango Año: 2006 Género: Tango, Progressive fusion, avantchamber Nacionalidad: Canada (Quebec) & Argentina Duración: 42:19 min Y vamos c...

Los 100 Mejores Álbumes del Rock Argentino según Rolling Stone

Quizás hay que aclararlo de entrada: la siguiente lista no está armada por nosotros, y la idea de presentarla aquí no es porque se propone como una demostración objetiva de cuales obras tenemos o no que tener en cuenta, ya que en ella faltan (y desde mi perspectiva, también sobran) muchas obras indispensables del rock argento, aunque quizás no tan masificadas. Pero sí tenemos algunos discos indispensables del rock argentino que nadie interesado en la materia debería dejar de tener en cuenta. Y ojo que en el blog cabezón no tratamos de crear un ranking de los "mejores" ni los más "exitosos" ya que nos importa un carajo el éxito y lo "mejor" es solamente subjetivo, pero sobretodo nos espanta el concepto de tratar de imponer una opinión, un solo punto de vista y un sola manera de ver las cosas. Todo comenzó allá por mediados de los años 60, cuando Litto Nebbia y Tanguito escribieron la primera canción, Moris grabó el primer disco, Almendra fue el primer ...

Dave Bainbridge - To The Far Away (2021)

Otro de nuestros discos casi desconocidos y muy recomendados, ahora vamos a recordar un disco verdaderamente hermoso y emotivo inspirado en las consecuencias de la pandemia, más de 70 minutos de pura magia, y uno de los mejores discos que han salido en el 2021 (y si no me creen a mí, miren el puntaje que tiene en Progarchives , que raya en la perfección). 13 temas memorables, que realizan una combinación de estilos tremenda, algo que verdaderamente es una de las características de lo que denominamos "música progresiva", pero que en algunos casos lo hacen tan pero tan bien que casi deberían crear una denominación nueva, como en este caso (bueno, eso le pasó a Magma cuando definieron su música como "Zeuhl", aunque hay muchísimos otros casos donde debería haber pasado lo mismo). El señor Dave Bainbridge es un virtuosísimo multi-instrumentista que se encarga de casi todo (la revista "Prog" lo incluyó como uno de los mejores guitarristas, luego de Steve Hackett...

Ergo Sum - Ergo Sum (1997)

Si hay un rincón de Sudamérica donde la potencia instrumental del progresivo supo reinventarse con una personalidad arrolladora en los noventa, ese es Chile. Vamos a recordar un disco imposible de conseguir hoy en día, un buen álbum de prog folk (muy al estilo Jetro Tull pero más pesado), un álbum es recomendable ya que combina la fusión, el folk, los ritmos latinos, el heavy y el sinfonismo de manera ágil y sólida, es que éste es un álbum que a pesar de su corta duración dejó grabado un progresivo de amplio espectro, pero con flautas traversas y percusión además de los típicos instrumentos de rock, y sin recurrir al tradicional colchón de teclados que suele dominar el género, este quinteto construye un sonido robusto, filoso y profundamente original, y con una guitarra que lidera el timón con solos pirotécnicos y una pegada filosa que por momentos dialoga con la escuela de los grandes violeros del virtuosismo. Muy buen disco que deberían conocer, una inyección de energía que te sacude...

Los Barrocos - Sin Tiempo Ni Espacio (1974)

Este disco también lo había publicado hace muchísimo tiempo y ahora reaparece para que lo descubra mucho cabezón novato y desprevenido. Básicamente, Los Barrocos fueron un grupo que mezcló la música clásica con el rock, al punto de tener en su repertorio temas de rock pesado y otros de música de cámara. Y esta es otra casi desconocida banda argentina que tocaba rock con mezcla de música de cámara con la inclusión de violines, fue un proyecto muy interesante por cierto. Formados en 1970 y enrolados en el sonido progresivo de aquellos años, tuvieron muy buenos temas e hicieron muchos recitales, pero debido al desgaste de luchar con las discográficas, que derivaron en diferencias internas, el grupo terminó por disolverse y hoy está casi olvidado, injustamente. En este pequeño espacio los venimos a recordar, a ellos y su música. Que lo disfruten. Artista: Los Barrocos Álbum: Sin tiempo ni espacio Año: 1974 Género: Rock psicodélico Nacionalidad: Argentina Una gran oportunidad pa...

OdraReg - God's Garden (2004)

Otro proyecto creado por uno de los músicos de la legendaria banda venezolana Témpano, y con eso ya digo bastante. Seguimos con nuestra sección de progresivo latinoamericano que tenemos mucho y muy bueno para presentarles, ahora con un disco de una banda venezolana, registro publicado en Francia por el sello Musea en un efectivo cóctel de sinfonismo, psicodelia, jazz-rock y experimentación electrónica. La verdad, conocía de la existencia de este trabajo pero nunca había tenido oportunidad de escucharlo, y ahora aterriza en el blog cabezón. El sonido de esta banda es asombroso, y su música también, es dinámica, viva, aventurera, atomporal y muy personal, con un toque latino indefinible. ¡Simplemente tremendo! Si querés asombrarte con algo, te invito a que conozcas este tremendo proyecto que lamentablemente solo ha sacado un solo disco, así que hay que disfrutarlo y sacarle el jugo. Es lo que hay... Artista: Odra Reg Álbum: God's Garden Año: 2004 Género: Jazz rock progresivo...

Mojo Pojo - Mojo Pojo (2010)

Ya que estamos reviviendo parte de la mejor música venida de Venezuela, ahora recordamos a Mojo Pojo, llenos de virtuosismo y pirotecnia, este fue su primer disco y ya lo habíamos presentado hace años atrás. Música pretenciosa, dinámica, colorida, muchos temas instrumentales, fueron teloneros de Yes y Jethro Tull, y han hecho la delicia de sus seguidores. Aquí, el disco homónimo de una banda que les recomiendo que conozcan. Para que vayan teniendo mucho para escuchar en este fin de semana, revivimos una buena banda con nombre raro que lanzó su disco homónimo en el 2010, donde la banda combina el jazz, diferentes tendencias de rock muy potentes, la música progresiva y hasta algunas pinceladas experimentales producto de su libertad creativa, siendo quizás una de las bandas más originales dentro de la movida musical en Venezuela, con un estilo difícil de etiquetar. Otro de los discos desconocidos que damos a divulgar  acá en el blog cabeza, y por cierto, son cosas que no vas a encontr...

Kabusacki 6.1 - La Maravilla (2004)

Y a esto que presentamos ahora no le vamos a dar mucha vuelta, ya que aquellos enamorados del universo musical del señor Robert Fripp, alias el enano maldito, el petiso cascarrabias y tantos otros apodos que le hemos puesto a lo largo de los años, ya saben de qué se trata y lo van a valorar de esa manera y a consecuencia de ello. Fernando Kabusacki, miembro de The League of Crafty Guitarists, Los Gauchos Alemanes, Círculo de Guitarras de Buenos Aires, La National Film Chamber Orchestra y muchos otros proyectos. Les dejo este excelente trabajo de Fernando Kabusacki, alumno de Robert Fripp. Un disco con un sonido agradable y pegadizo por momentos, experimental en otros que se deja escuchar y donde se puede notar desde el arranque un toque Crimson etapa años ochenta. Darle muchas más vueltas es más al pedo que teta de monja... Artista: Kabusacki Álbum: La Maravilla Año: 2004 Género: Art Rock / Progresivo ecléctico Duración: 59:59 Nacionalidad: Argentina Es uno de los principales...

Ideario del arte y política cabezona

Ideario del arte y política cabezona


"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.