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martes, 23 de mayo de 2017

Ravi Shankar & Philip Glass - Passages (1990)


Hoy nos complace presentar un trabajo excepcional, una oda minimalista de ragas, sagas y cadenas musicales que solo dos genios locos pueden desarrollar. Un disco dedicado a Diego que está explorando la obra de Glass, y aquí ponemos en evidencia un aspecto fundamental de su estilo y su obra; su acercamiento, muchas veces solapado y poco distinguible, a la música indú y toda la influencia que ha tenido sobre él su cultura. Un disco fuera de serie, no importa si te gusta o no, acá nuestros gustos pueden quedar de lado, hay dos genios que junto a notables músicos habren las puertas del cielo: un nirvana musical para el disfrute del mundo cabezón.

Artista: Ravi Shankar & Philip Glass
Álbum: Passages
Año: 1990
Género: Neo-Clásico, Minimalismo, World music
Duración: 55:22
Nacionalidad: India / EEUU


Lista de Temas:
1. Offering (Ravi Shankar)
2. Sadhanipa (Philip Glass)
3. Channels and Winds (Glass)
4. Ragas in Minor Scale (Glass)
5. Meetings Along the Edge (Shankar)
6. Prashanti (Shankar)

Alineación:
- Philip Glass / Composición
- Ravi Shankar / arranger, orchestration, performer, vocals
Suresh Lalwani / arranger, conductor, mixing, orchestral assistant
Michael Riesman / conductor, mixing, piano
Tim Baker / violin
S. P. Balasubrahmanyam / vocals
Seymour Barab / cello
Al Brown / viola
Ashit Desai / conductor
Barry Finclair / viola, violin
Mayuki Fukuhara / violin
Jean Gagne / voices
Jon Gibson / soprano saxophone
Peter Gordon / French horn
Regis Iandiorio / violin
Karen Karlsrud / violin
Abhiman Kaushal / tabla
Jack Kripl / alto saxophone, flute
Regis Landiorio / violin
Beverly Lauridsen / cello
Batia Lieberman / cello
Ronu Mazumdar / flute
Keith O'Quinn / trombone
Richard Peck / alto saxophone, tenor saxophone
Lenny Pickett / alto saxophone, tenor saxophone
Alan Raph / trombone
Partha Sarathy / sarod, veena
Sergiu Schwartz / violin
Ron Sell / French horn
Shubho Shankar / sitar
Richard Sortomme / viola
T. Srinivasan / drum sounds, mridangam
Masako Yanagita / viola, violin
Frederick Zlotkin / cello



"Passages" es un álbum de música de cámara colaborativo, música de cámara compuesta por Ravi Shankar y Philip Glass, y lanzado en 1990. El contenido del álbum es un híbrido de la música clásica indú y el estilo minimalista contemporáneo del estadounidense Glass. El álbum tuvo mucha repercusión en círculos especializados. Es un disco compartido, y está enfocado hacia la música hindú, es decir, es más world music sin llegar a serlo nunca, pero cuando se junta lo mejor con lo superior no puede haber otro resultado: excelente.



La música es uno de esos mundos paralelos en el que parece que todo el mundo se entiende, en el que no hay fronteras, ni ideologías, ni diferencias drásticas, ni color, ni raza. O por lo menos eso es lo que se da a entender gracias a esa comunicación global entre diferentes estilos musicales, gracias a esa interconexión entre culturas acrecentado por la llamada “fusión étnica” o estilos y tendencias musicales como la World Music.
Este álbum, reúne a dos de los compositores más inverosímiles que uno podría pensar en una colaboración que atraviesa enormes diferencias culturales, pero funciona excepcionalmente bien. Ravi Shankar, cuya música ha sido conocida en Occidente durante muchos años, es conocido por su trabajo con Yehudi Menuhin y George Harrison, entre otros. Su reputación musical va mucho más allá de tocar su sitar ejemplarmente en los ragas tradicionales, abarca tambien la música india clásica y mucho más. Philip Glass, es conocido sobre todo por sus estructuras repetitivas como miembro de la escuela minimalista y por sus poderosas bandas sonoras, se ha ganado un público más amplio con los aficionados a la música clásica y popular fuera de los EE.UU.
A pesar de sus distintos orígenes cada músico ha producido sonidos memorables que llegan a profundizar en la historia de cada uno de los colaboradores y de su patrimonio musical y emergen para encantar y deleitar al oyente. A menudo es difícil distinguir las contribuciones individuales entre sí en las piezas particulares que ponen de relieve su profundo conocimiento y apreciación de cada trabajo del otro. Las piezas son conmovedoras y cubren toda una gama de emociones. Cada composición tiene su propia característica particular que te hace volver a este álbum una y otra vez. En cierto modo, este disco será un testimonio duradero de la obra de estos dos grandes compositores.


El hombre que trajo a occidente la música de la India (o mejor dicho, quien atrajo a occidente hasta la India para escuchar su música ancestral), el maestro del sitar y las ragas Ravi Shankar, se unió al más famoso de los músicos minimalistas en 1990 para otorgarnos el placer de escuchar este Passages, un paso más allá de los dados por la tan celebrada amistad entre Shankar y la música popular anglosajona. Se debían el uno al otro esta colaboración desde que se encontrasen en París en el lejano 1965.
Los temas fluyen de manera que no sabemos muy bien cual de los dos músicos lleva la batuta, entre las melodías de cámara bamboleantes de Glass y los acertados punteos de sitar de Shankar. La cosa es que, según me parece a mí, el norteamericano (que se declara "alumno" de Ravi Shankar, como tantos otros músicos de su generación, más pop que clásicos, la mayoría) lleva la voz cantante en los primeros movimientos del álbum, más enérgicos, si bien Shankar va tomándole la delantera hacia el final, con la maravillosa Prashanti.
Pero Passages no es solo Shankar y Glass, sino que les acompaña una enorme troupe de músicos tanto por el lado del intérprete indio (un gran papel tiene, por ejemplo, el vocalista S. P. Balasubrahmanyam) como por el lado del autor norteamericano, destacando en este caso la presencia del director habitual de las obras de Philip Glass, Michael Riesman. Encontramos entre todos ellos múltiples nombres entre productores, ingenieros, arreglistas, directores de orquesta e intérpretes de toda clase de instrumentos, especialmente violines y saxofones, demostrando este enorme esfuerzo colaborativo que Passages tiene una mayor vocación por crear una obra musical imperecedera por méritos propios, en lugar de un simple apretón de manos entre culturas.
Como decíamos, y sin querer sugerir que los demás temas sean inferiores, Prashanti es la joya del disco además del corte más largo, una composición meditativa y verdaderamente exótica que transporta el pensamiento, ya no hacia las típicas estampas turísticas del Taj Mahal y el Ganges marrón lleno de orantes, sino más bien hacia la intimidad de un patio en un barrio popular indio, hacia la verdadera forma de vivir de las gentes de por allí. Es un disco esencial, y por lo que se, todas las opiniones que se han vertido sobre él en la red -incluida la mía- son entusiastas.
El conde



De un modo u otro, todos en alguna ocasión hemos oido algo de Ravi Shankar, porque él ha estado ahí siempre, dispuesto a aportar su visión de la música india. El músico indio y virtuoso del sitar Pandit Ravi Shankar, nacido en la ciudad santa de Benarés, a orillas del Ganges, en el remoto año colonial de 1920, moría casi un siglo después, con 92 años, frente al océano Pacífico, en la cosmopolita y pagana población de San Diego (California) a finales de 2012. La contribución que hizo a la divulgación de la música y la tradición de su país, que llevó al encuentro de la cultura de Occidente, con más de 100 grabaciones, no admite parangón. Su espíritu abierto, actividad incesante y enorme talento atravesaron todo el siglo XX cambiando, decisivamente, el curso de la historia de la música popular. Shankar acortó su nombre de pila de Robindro a Ravi, que en sánscrito e hindi quiere decir sol.
Por su parte, Glass es un nieto de inmigrantes hebreos en Nueva York, desde muy joven puso en evidencia su carácter de prodigio y ya a los quince años estaba enrolado en la Universidad de Chicago donde estudió filosofía y matemáticas. A los 19 años obtuvo su diploma e ingresó en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. Posteriormente pasaría por el Conservatorio americano de Fontainebleau en Francia donde mostró una curiosidad particular por el trabajo de Johann Sebastian Bach. En este punto ya era evidente el interés característico del músico por los referentes eruditos, de forma que en su propuesta ahondan este tipo de claves. Su abordaje a la obra de Octavio Paz, de Samuel Beckett o Allen Ginsberg así lo denotan.Sin embargo, fue su encuentro con Ravi Shankar, al igual que un viaje que hizo a la India lo que marcaría su impronta estética, así como su postura filosófica en la vida. De esta manera, el norteamericano tomó el carácter aditivo de las propuestas musicales del país oriental. El resultado de esto a lo largo del tiempo ha sido ese estilo tan propio de Glass en el que lo minimalista pareciera ser la marca personal.
De modo que esa economía de elementos y carácter tan depurado de la propuesta de Philip Glass es producto de la confluencia de una perspectiva que apunta hacia la mirada hindú así como a un tono muy trascendentalista. Philip Glass reconoce a Shankar como una influencia principal y los dos colaboraron para producir este hermoso disco, una grabación en la que cada uno adapta temas compuestos por el otro. Shankar también compuso la parte de sitar en la composición de Glass de 2004 titulado "Orión".


Los encuentros de formas musicales de uno y otro lado del mundo han posibilitado fusiones notables en la historia de la conocida como World Music, Folk o Música Étnica, epítetos que más o menos vienen a ser prácticamente lo mismo. Pop, rock y música clásica se han beneficiado por igual del acercamiento de ideas y tradiciones entre oriente y occidente, concretamente un caso de interés extremo se centra en la fusión de minimalismo y música clásica india que ejecutaron Philip Glass (Baltimore, Estados Unidos, 1937) y Ravi Shankar (Benarés, India, 1920) para Private Music en 1990 bajo el título de "Passages", una historia ideada por Ron Goldstein (presidente de Private Music en esa época) que, aunque se acabara de concretar en el eficiente sello neoyorquino fundado por Peter Baumann, tuvo su germen en París a mediados de los 60, cuando Philip, que estaba estudiando con Nadia Boulanger, trabajó como asistente de Ravi para transcribir a la notación occidental la música que éste estaba componiendo para la película 'Chappaqua'. Glass destaca en el prefacio del libro de Shankar 'Mi música, mi vida', el arte musical nuevo que el indio estaba contribuyendo a crear con sus colaboraciones con músicos clásicos como Menuhin o Rampal, y más populares como la que acabó por acercarle a la fama años después, la figura de George Harrison. El propio Glass cambió su orientación musical tras conocer a un Ravi Shankar que le acabó por descubrir la concepción tan distinta y fascinante de la música india, sus ciclos repetitivos, que le sirvieron de inspiración para su conocido estilo. Tuvieron que pasar más de veinte años para el reencuentro en forma de disco, pero el tiempo no es lo más importante en esta historia, ya que cuando dos talentos como los de Glass y Shankar se unen lo único que se puede esperar de ellos es una obra maestra, más allá de la distancia, de la cultura o de las estéticas.
Estos dos genios de nuestro tiempo consiguieron con "Passages" una obra altamente obsesiva, cuya principal sensación al escucharla es la de un largo viaje. Bajo la producción de Kurt Munkacsi (la parte de Glass), Ravi Shankar y Suresh Lalwani (la de Shankar) se desarrolló una idea bien sencilla, la de dividir las seis canciones contenidas en tres para cada uno de los músicos, pero versioneando canciones del otro, de tal modo que resulta curioso y altamente gratificante comprobar cómo en cada una se puede intuir la firma de su adaptador, a la vez que la del autor original. "Offering" es el tema de apertura, una 'ofrenda' de Ravi Shankar que comienza con un delicado juego de saxos para cambiar a los tres minutos al más puro estilo glassiano, derivando en una pieza magistral a medio camino entre el minimalismo y las escalas hindúes. La música fluye con sugestiva gracilidad, y en su colosal magnetismo se aceptaría el bucle eterno, pero el saxo soprano acaba anunciado la cercanía del fin, al que él mismo nos conduce. El clásico sitar y una bella trompeta inauguran la siguiente tonada, "Sadhanipa", bonita recreación de Philip Glass plena de alegría oriental, donde vientos y cuerdas se entrelazan en un alegre y exótico baile, como el que el propio Shankar podría haber ejecutado en su época de bailarín. Glass vuelve a firmar el tercer corte, sin duda uno de los mejores del trabajo: "Channels and winds" presenta un contínuo clímax con un ritmo penetrante y la conducción fantasmal de un hipnótico coro femenino, culminación de una conjunción de dos formas de ver la vida, una estructura rítmica que se convertía en principio único, condicionante que Glass descubrió en su primer acercamiento a este tipo de música y que desde entonces aplicó tan eficazmente a la suya. En el último de los temas de Glass, "Ragas in minor scale", hay un pequeño cambio de papeles, siendo la base del propio Shankar y las ragas (bases melódicas de la música clásica India) de Glass, con el protagonismo del sitar sobre la gran orquesta, si bien un soberbio giro a mitad de pieza con gran actividad de violines y flauta, la complementa de forma maravillosa. Las ragas son capaces de crear un impacto emocional en el oyente: "De la misma forma que una tele vacía puede llenarse de colores y formas, así es como la mente humana receptiva puede 'colorearse' o verse afectada por el sonido placentero y balsámico de un raga". Restan las últimas dos composiciones de Ravi Shankar, llegando en este momento a otro de los puntos más destacables del álbum, "Meetings along the edge", donde melodías de ambos músicos se desarrollan en solitario para después combinarse en un torbellino de fuerza y emoción que desemboca en un final poderoso y eufórico, tras un viaje por el límite, por la frontera entre dos mundos que se dan la mano. El disco acaba con un largo tema orquestal en continua variación de título "Prashanti", fácil de escuchar, en busqueda de la paz interior.
Ravi Shankar opinaba pocos años antes de morir (en diciembre de 2012, tras 92 años de intensa vida) que el acceso globalizado a la música ha atraído a la generación más joven y la ha hecho más consciente de este arte de lo que nunca había sido con anterioridad. "Passages" es precisamente uno de esos discos que pueden hacer que cualquiera se convierta irremediablemente a la adoración por la buena música, como Glass fuera presa irremediable décadas antes de las formas y pautas de la música oriental. La fusión es de gran riqueza tonal, consiguiendo la intención primaria de "promover una mejor comprensión mutua entre las dos tradiciones musicales". Por descontado que Shankar nunca cerró los ojos ante otras influencias, cuando trabajó en All-India Radio, en los 50, comenzó a utilizar violines en sus composiciones, pues "podían expresar todos los delicados matices de la música india de manera muy bella". En definitiva, en esta inefable maravilla de título "Passages" no importa en realidad quien versionea a quien, ni quien gana en este juego de genialidades, priva la colaboración y sale ganando la raza humana, o por lo menos la pequeña parte de ella que, como con las películas de Godfrey Reggio (de cuyas bandas sonoras se ha encargado Philip Glass), se atreve a disfrutar con esta más que sugerente interacción de genialidades, y es que los caminos de ida y vuelta en los encuentros musicales entre oriente y occidente iban a contar con una maravillosa prolongación a finales de los 80 por medio de los mismos protagonistas que se encontraron en París 25 años atrás, Shankar y Glass, Glass y Shankar.
Solsticio de invierno




La música, más que lenguaje, es un lugar para estos dos músicos. Es una narración, un cuento; un paisaje vivo, un espacio que aloja otras cosas, Por eso Glass ha dicho que su música es la intensidad, energía. La música es una zona específica de la "realidad", una realidad sonora, una experiencia auditiva. El músico que reconstruye su vida no teoriza: no hay que pensar en la música: hay que pensar música, escucharla. Uno de sus maestros tibetanos le dijo alguna vez que había tres mil universos. De inmediato, Glass le preguntó: ¿Será la música uno de ellos? Sí, respondió. ¿Y podré ir ahí algún día? Posiblemente, le contestó el gurú. Cuando escuchó eso, Glass pensó que se refería a un futuro lejano, a una encarnación futura. Revivir en una dimensión musical. Tiempo después pensó que podía habitarse ese mundo en esta misma vida y que, quizá, se estaba acercando a él.
Los invito a acercarse al mundo de la música eterna, y quizás este disco los pueda ayudar, como un enorme paso más a lo largo de tu corta vida, llena de pequeñeces, sinsabores y mezquindades. Pero ello queda afuera de este mundo de sonidos, de ragas, de espíritus danzantes. Acérquense al nirvana.



Una maravilla que no puede faltar en el blog cabezón. Escúchenlo y después me dicen...



1 comentario:

  1. ¿¿¿¿¿¿Como que no hay comentarios sobre este disco, por Dios!!!!!!!!!!!!!!!!!???????????????????

    Este disco yo lo tenía programado en en alguna oportunidad para compartir con los cabezones, porque claramente es de las mejores cosas que he oído en toda mi vida!!!

    Tiene tanta música, tanta riqueza, tanto para disfrutar y aprender. Tanto para desaznar oidos! Qué trabajo más maravillosos para abrir cabezas al medio, para que un montón de gente joven oiga y ESCUCHE!

    Este disco debiera ser obligatorio en el cúrso de apreciación musical en la secundaria!, claro que antes habría que desasnar a los profes... pero esa es otra historia.

    Por favor, no vayan a cometer el error de dejar pasar esta piedra angular de la música contemporánea, porque tiene demasiado para enseñar, si no sabes nada de minimalismo, está genial, si no sabes de música hindú, está brutal. Anyway, está descomunal!!!

    Gracias Moe por semejante aporte, qué digo aporte! ¡Aportononón!!!!! y no se si Diego habrá tenido que ver, lo mismo.

    Un abrazo
    Dark-ius
    Ya ahora es tarde, el viejo Raví ya colgó los guantes, Philip ya también cumple 80 arandelas, asi que esto jamás se volverá a repetir. Así que esta oportunidad es IRREPETIBLE.

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