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jueves, 22 de diciembre de 2016

Arturo Meza - La Balada de Galaver (1993)


Vamos con otro disco de Arturo Meza, tan difíciles de conseguir en buena calidad y tan desconocidos. Seguramente CalleNep y Achikanain estarán agradecidos de esta publicación, con lo que me cuesta escribir sobre alguien sobre el cual solamente tengo referencias vagas y es un personaje humildemente misterioso aún en su tierra natal. Con su propuesta ríspida, poética, sensible y descarnada, Arturo nos muestra otra de sus tantas facetas, en un disco llano, sin ornamentos, pero efectivo y contundente. Arte compromentido con la realidad, es el mejor Arte.

Artista: Arturo Meza
Álbum: La Balada de Galaver
Año: 1993
Género: Rock rupestre
Duración: 48:29
Nacionalidad: México


Lista de Temas:
1- La cena del chacal
2- El grito
3- Madre
4- Poeta de ningún lugar
5- Amor en el éter
6- La ventana
7- Si tuviera un corazón
8- Agua en el desierto
9- Yo no ero

Alineación:
- Daniel Arizpe / acordeón.
- Blu / saxofón.
- Laura Herrera / batería.
- Juan Maldonado / bajo.
- Abel Maldonado / teclado.
- Gilberto Novelo / solos de guitarra acústica y eléctrica.
- Arturo Meza / guitarra acústica y voz.




Sus letras son una obra poética en sí misma. De entre los compositores independientes contemporáneos de canciones en su país, es el que mayor obra tiene realizada y publicada. El disco parece ser un juego de palabras: "La balada de Galaver" que puede trocarse en un juego de palabras como "La balada de La Verga" o bien "Valevergalabala", como un anticipo de "Yo no ero", la canción que cierra el disco, y que dice "y mi mejor profesión fue mandar todo a la verga", porque todo el disco es una muestra del hartazgo más auténtico, el existencial; un grito ante el mundo agreste y frío; el fracaso del amor, la política, la justicia, la profesión, y nuesra triste vida gris en general. Otro disco de Don Arturo, que comparto aquí y lo dedico a nuestra amiga Achikanain, seguramente puede tratarse de uno de los trabajos más conocidos más que nada por el tema "Poeta de ningún lugar". Con inclinaciones hacia el Rock urbano mexicano en una de variaciones de su estilo que es una peculiaridad de Meza.


La Balada de Galaver es la decimotercera producción discográfica de Arturo Meza. Fue grabada en Monterrey Nuevo León en los estudios Rider, mezclado por Gilberto Novelo y Antonio Maldonado, producido por Alejandro Ruiz, editado por Rock and Roll Circus en 1993 y en lo sucesivo por Gente de México. Su portada es una desconcertante fotografía de Yolanda Leal Cavazos.
El texto de la canción "Madre" es del poeta infrarrealista Pedro Damián Massón
El disco originalmente se llamaba El grito, pero su autor decidió el nombre basado en la broma que implica repetir la palabra "galaver".
La canción Poeta de ningún lugar, una de las más famosas de Meza, ha sido reversionada por Juan Hernández y su banda de blues.
Wikipedia


Meza es un hombre de convicciones, decidió desde muy joven su forma de vida y los caminos de su arte, dedicarse a la música porque es lo único bello y motivador, lo único que saca todas sus emociones, su poesía y su visión muy sui generis del mundo, Arturo a pesar de ser una persona apacible y amorosa no se engaña, sabe en que mundo vivimos y sus canciones van directo a la naturaleza humana.
La balada de Galaver es uno de sus discos más impactantes, del año 1993 y decimotercero de su producción, todos fuera de las disqueras poderosas, al margen de la corriente principal o el mainstream como dicen los anglos y grabado en pequeños estudios que se alquilan, editado por "Rock and Roll Circus" en ese año y posteriormente por "Gente de México" el colectivo que ha editado la mayoría de sus discos.
Hay canciones excepcionales en este y muchos discos de Meza, en La balada... destacan "Madre" con letra de Pedro Damián Massón, "Poeta de ningún lugar" una de mis piezas favoritas, "Agua del desierto" con esas visiones apocalípticas que no puede evitar cuando habla del mundo, "Amor en el éter" canción amorosa que revela la naturaleza del autor y otras que inevitablemente conmueven y sacuden.
Ariel Martínez

Uno de los mejores discos de Arturo Meza y quizás dentro de lo mejor de todo el grandioso rock mexicano. En el rock mexicano, diversos grupos han ocupado un lugar consagrado en la música, siendo baluartes por su calidad artística en discos o escenarios. Decenas de agrupaciones y solistas vienen a la memoria para ser puestos sobre el pedestal, principalmente aquellos que han tenido mayor valor mediático en televisoras o radiodifusoras y que han sabido ganarse al público que, expectante, mantiene los oídos atentos.
Dentro del campo musical existen, también, artistas que han logrado posicionarse lejos de los reflectores de los medios de comunicación para ser, como mitos o leyendas, reconocidos sólo de voz en voz y de escenarios en escenarios. Agrupaciones que han grabado en oro su nombre y que han colocado al rock mexicano -lo que eso signifique-, más allá de las fronteras que la dividen.
Y as{i es que damos con este disco, con temas interesantes uno por uno, sobresalen por igual y dependen del interés que se le preste a cada uno de ellos. El estilo de Meza se concentra con claridad en este álbum y es otro ejemplo muy completo del modo en que Meza realiza sus discos, con un valor integral de cada una de sus producciones que al mismo tiempo forman parte del tejido de su carrera como músico-cantautor-poeta-literato.
Cuenta con 33 discos y 23 libros, sobresaliendo por la musicalización de poemas de Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Mario Santiago Papasquiaro, Julian Herbert, Nezahualcóyotl, Denise Levertov, entre otros, y enmarcado en lo que Rockdrigo González popularizó como el Rock rupestre, donde la guitarra, la armónica y la voz, bastan para atrapar los sentidos. Sin embargo, limitar la categoría musical de Arturo Meza es complicado, dada su experimentación con sonidos e instrumentos que le dan una tonada única a cada uno de los discos que ha producido, cuya diversidad va del folk al blues, de la música tradicional mexicana a la sinfónica y un largo etcétera.


Arturo Meza nos ha entregado un buen número de excelentes canciones místicas y espirituales como La sentencia y Jhasua, de rescate prehispánico e indígena como Misión del poeta y Canto por niño, de mitologías y poesía antiguas como Al amor fraterno y Amar por amar, de sonidos medievales como las ya mencionadas Anael y Eterut, musicalizaciones de poemas como las extraordinarias Adam Cast Fort y Everness de Jorge Luis Borges o las adaptaciones como Madre de Pedro Damián Masson y Lenguas Viperinas de Françoise Villon, etc. Además, claro, de sus obras instrumentales como Suite Koradi o In principio. Y, por supuesto, su extenso material tradicional con letra y música. Sin embrago, como ya dije, ciertas reiteraciones temáticas de pronto hacen que uno eche de menos una búsqueda mayor, novedosa. Quizá cuando Meza se detiene un poco más en la canción íntima aparece esa voz diferente, como en Don guiñapo, Un tipo solitario, La última batalla, etc. Pero es quizá en Si tuviera un corazón donde vemos al Meza más emotivo, más frágil; es el punto máximo de su sensibilidad. Alguna vez, al analizar la obra poética de Carmen Conde, me di cuenta que esta autora expone que el grado máximo de dolor no es el alarido desgarrado; al contrario: es la insensibilidad, la incapacidad para sentir, la parálisis que provoca un dolor que ya rompió todos los márgenes. Algo muy similar se encuentra en Confortably numb de Pink Floyd. Si tuviera un corazón habla de lo mismo, de ese momento en que ya no hay reacción, porque se ha perdido todo; en que, como dice José Emilio Pacheco en El principio del placer, y también Ernesto Sábato en El túnel, la vida se ve como detrás de un vidrio. El protagonista de Si tuviera un corazón es otro “cómodamente insensible”. Pero la rola de Meza se centra en ese mundo posible que la falta de reacción volvió imposible. Todo lo que podría ocurrir si se tuviera ese corazón faltante, todo lo que ya no se concretará. Todo lo que no se sentirá más. ¿Qué es ese “algo” que se llevó el corazón? Arturo Meza no lo dice, pero justo por eso es que su rola es como una plantilla, y ese espacio blanco donde se coloca el motivo recibirá una respuesta por cada escucha, que así podrá hacer suya la canción, pondrá su propio dolor, su propia pérdida, su caída personal.
Es curioso, pero al pensar en Si tuviera un corazón para este post, me vino a la mente Empeñé mi corazón de José Luis Campos Choluis. Ambas canciones, muy en el fondo (o ni tanto) comparten la misma esencia. Pero lo que en Meza es patetismo límite, en Choluis es humor que aligera cualquier atisbo de dolor. Lo menciono porque me parece que son las dos visiones definitorias del rock mexicano, que, cuando se exceden, hacen que de repente zozobre. Esto pasa aun con otras ramas del arte nacional (en el cine esto es muy notorio). Ambos extremos muchas veces ejercen un peso excesivo en los creadores, y la falta de equilibrio es un peligro constante, una trampa en que se cae con demasiada facilidad. En todo caso, ambas canciones sólo señalan los dos extremos, pero obviamente todavía dentro del margen de la calidad (mucho más la de Meza que la de Choluis): lo verdaderamente fallido está más allá, hacia cualquiera de los dos lados, y lo muestra la música comercial, sea balada, reggaetón (no sé si se escribe así, pero eso sí que no me interesa en lo absoluto), grupera, norteña, etc. En el caso de Si tuviera un corazón, su lenguaje, su esencia sincera, su propuesta formal y su arreglo la equilibran lo suficiente para hacerla una estupenda canción.
Arturo Meza decidió interpretar esta canción sólo con teclados ambientales, más un adicional con sonido de acordeón en los estribillos. Esta decisión es inteligente, porque aumenta su sentido íntimo, le imprime un aire casi confesional. Con este arreglo, más la voz tenue que usa aquí Arturo, la emoción se subraya, y Si tuviera un corazón se convierte en una rola enormemente conmovedora; tan auténtica, tan humana, que realmente enchina la piel. Además, la decisión que comentamos, de no explicar el motivo del dolor, la vuelve mucho más catártica para quien la escucha, pese a que, al incluir su apellido en la letra, Arturo Meza igual la firma. Así, escucharla y cantarla a la par de Meza asegura el desahogo, y esa es la verdadera esencia de esta canción.
Las 100 mejores canciones del rock mexicano

Arturo Meza es, y será, un referente de la música mexicana, el poeta de ningún lugar que estalla en vinilos, cassettes, CDs y Ipods, dejando en claro que, más allá del tiempo y las generaciones que fluyen, sigue dejando huella en los rincones, esquinas y avenidas donde se le escuche.
Lo recomiendo totalmente, un verdadero músico y un gran poeta así como una persona humilde, Que lo disfruten.





1 comentario:

  1. Por supuesto que estoy agradecido Moe!!! recién descargado, me pongo a escuchar al gran Meza!

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