Son varias las estadísticas que muestran una realidad paralela a la que experimentamos los argentinos de a pie en nuestros bolsillos. Si bien la mayoría de los indicadores tienen encendidas las luces rojas de la recesión y la depresión, otros, en cambio, van a contramano de la percepción ciudadana que es testigo de la escasez de veredas para alojar personas en situación de calle, de contenedores de basura reconvertidos a góndolas de alimentos para las familias y del exilio de los quesos y carnes vacunas de las dietas populares. Algunos pocos indicadores, por el contrario, le sirven al gobierno como tabla de salvación: esos datos son la base de las promesas de futuro y de la fidelización de votantes con eslóganes como «en 35 años seremos Irlanda» (Milei), una versión actualizada del «estamos mal, pero vamos bien» (Menem) y el «hay luz al final del túnel» (Macri). Hay una continuidad histórica en la estrategia de validar un presente de sufrimiento con promesas de futuro: siempre dura lo ...