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Pedro y Pablo - Yo Vivo En Esta Ciudad (1970)


#Musicaparaelencierro. Otro aporte de José Ramón par revivir clásicos publicados ya hace tiempo. En algún momento  Argentina llegó a tener cinco presidentes en cuestión de semanas, y así comenzó el milenio con una gran crisis política y social. La década del 70 empezó más o menos así, aunque ni siquiera tuvo presidentes elegidos por el voto popular. Entre enero de 1970 y abril de 1971 pasaron tres militares. Y hubo en ese tiempo un dúo llamado Pedro y Pablo, integrado por dos chiquilines que, justamente, entre enero de 1970 y abril de 1971 grabaron un puñado de canciones que le cantaban a la libertad. Quizás hoy, si fueran chiquilines, Pedro y Pablo grabarían canciones que hablen de lo mismo pero con otras palabras; o del medio ambiente o del dolor de la madre de un hijo muerto por el paco o por el gatillo fácil o la represeión en medio de la cuarentena. Entonces, quizás este lejano disco no sea tan lejano y nos hable de las injusticias de ayer que no son muy diferentes a las de hoy.


Artista: Pedro y Pablo
Álbum: Yo vivo en esta ciudad
Año: 1970
Género: Rock jipi / Folk-rock acústico
Nacionalidad: Argentina



Yo vivo en una ciudad
donde la gente aun usa gomina
donde la gente se va a la oficina
sin un minuto de mas

Yo vivo en una ciudad
donde la prisa del diario trajin
parece un film de Carlitos Chaplin
aunque sin comicidad

Yo vivo en una ciudad
que tiene un puerto en la puerta
y una expresion boquiabierta
para lo que es novedad

y sin embargo yo quiero a ese pueblo
tan distanciado entre si, tan solo
porque no soy mas que alguno de ellos
sin la gomina, sin la oficina
con ganas de renovar

Yo adoro a mi ciudad
aunque su gente no me corresponda
cuando condena mi aspecto y mis hondas
con un insulto al pasar

Yo adoro a mi ciudad
cuando las chicas con sus minifaldas
parecen darle la magica espalda
a la inhibicion popular

Yo adoro a mi ciudad
aunque me acuse de loco y de mersa
aunque guada~e mi pelo a la fuerza
en un coiffeur seccional

y sin embargo yo quiero a ese pueblo
porque mi incita le rebelion
y porque me da infinito deseos
de contestarles y de cantarles
mi novedad, mi novedad

Creo que mucho no hace falta aclarar sobre este álbum, al menos no para nuestro público argentino. Para quienes no los conozcan, les comento que dice de ellos el señor Wikipedia:
Pedro y Pablo es un dúo de folk rock y canción protesta argentino compuesto por Miguel Cantilo y Jorge Durietz, creado en 1968.
La historia del dúo se remonta a 1967, cuando Miguel Cantilo y Jorge Durietz forman un conjunto de rock llamado "Los Cronopios"; al año siguiente cambian su nombre a Pedro y Pablo, dueto que se da a conocer gracias a su combinación de rock acústico con poesía mordaz, y eventualmente letras de clara denuncia social, y que llegaría a ser uno de los más importantes de la Argentina en su tipo, conocidos por ser los creadores de temas como "Yo vivo en esta ciudad", "Catalina Bahía", "La marcha de la bronca", "Donde va la gente cuando llueve", "Apremios ilegales", "Padre Francisco" o "Que sea el sol", entre otros.
Apadrinados por Horacio Molina, llegan a CBS Argentina para grabar el simple con los temas "Yo vivo en esta ciudad / Los caminos que no sigue nadie" (1970). Aún no tenían bien decidido el nombre del dúo: «Si le poníamos Jorge y Miguel parecía nombre de coiffeurs; si le poníamos nuestros apellidos, no quedaba bien porque no se usaba. Había una onda de poner nombres históricos y entonces elegimos Pedro y Pablo, primero porque tenía que ver con la Biblia, después porque tenía que ver con un libro de moda en las librerías, y después porque tenía que ver con Pedro y Pablo Picapiedras», recuerda Cantilo.
Líderes del folk contestatario criollo, este dúo tuvo su primer gran éxito con "La Marcha de la bronca" (tema incluído en el primer álbum) con el cual ganaron el "Segundo Festival de la Música Beat", y luego con "Catalina Bahía", compuesto por Cantilo para su novia. El álbum Conesa (1972), editado por el sello Trova, fue presentado en el Festival "B.A. Rock", ante casi 20.000 espectadores.
Entre 1973 y 1975 las presentaciones fueron esporádicas, ya que Miguel Cantilo estaba abocado a un proyecto hard rock (resabio de su pasión por Led Zeppelin), el cual se cristalizó en el disco Miguel Cantilo y Grupo Sur (1975). Por aquel entonces Cantilo se radicó, primero en la colonia hippie patagónica de El Bolsón, y luego en España. Sin embargo, llegaron a grabar Apóstoles, disco que sería archivado, y lanzado recién en 1981.







Todo un clásico jipi, no? Pero aclaro que hoy tengo mucho trabajo atrasado, tengo poco tiempo y pocas gans de escribir, así que princpalmente me remitiré a lo que escriben otros...




Cantilo y Durietz fueron Pedro y Pablo.
Se los vinculó con la "canción de protesta".... Pero eso fue un mote A PESAR DE ellos y no al revés. Nunca quisieron ser otra cosa que una especie de Simon & Garfunkel criollos. Y bueh... así nomás es, dijo el que la tenía torcida.
Acompaño una serie de recortes sobre este disco que ya tiene más de cuatro décadas y merece la recuperación que hizo Sony BMG antes CBS Columbia cuando se editara con sus altos estándares de calidad que se notan en cada nota registrada del álbum. Un extendido de 21 canciones que bien pueden valer la recuperación de un tiempo increíble.
Esta variedad de matices musicales se enriquecía aún más con las letras de Miguel Cantilo, que denotan una mirada atenta para percibir las contradicciones de una sociedad en transformación, como lo era la Argentina de fines de los ’60, pero a la vez están salpicadas de un humor sutil y una aguda percepción del pulso cotidiano de una gran ciudad como Buenos Aires. Es vital el complemento de Jorge Durietz, con su delicada intuición para las armonías vocales y la fineza de su guitarra.
Quiso la buena estrella que uno a veces tiene que me tocase colaborar con la reedición de “Yo Vivo En Esta Ciudad”, a casi cuarenta años de su primera aparición, y una de las cosas que me sorprendió, a primera audición, fue la vigencia que conservan estas canciones. Junto con el buen gusto de Jorge Durietz en la primera guitarra y en el armado de los juegos vocales del dúo sobresale esa poesía tan singular de Miguel Cantilo, quien retrató como pocos al hombre de todos los días y sus presiones en una medio de una sociedad en rápida transformación. Cantilo se revela como un agudo observador de sus conciudadanos, pero sus retratos urbanos están sazonados con elemento de calidez -cuando no de cómplice humor- les brinda un equilibrio que aliviana la seriedad de la temática. “Yo vivo en esta ciudad”, por ejemplo, es una declaración de amor a Buenos Aires que a la vez contiene una denuncia a la naturaleza conservadora y temerosa al cambio de sus habitantes. Pero el cariño del protagonista sobrevive “aunque me acusen de loco y de mersa; aunque guadañen mi pelo a la fuerza en un coiffeur de Seccional…”, esta última parte aludiendo a la policía de Onganía, que solía transformar sus reparticiones en improvisadas peluquerías para administrar a la díscola juventud de entonces un corte escarmentador al ras del cabello y –suponían- de ideas exóticas, ajenas al “ser nacional”.
Esos mismos agentes del orden que abnegadamente cuidaban la moral colectiva, interrumpiendo la intimidad de las parejas en las plazas con sus linternas o metiéndose en los albergues transitorios de la época para poner en evidencia a algún cónyuge “haciendo trampa”, seguramente debieron disimular a duras penas su escozor ante un tema como “Con ropa de varón”, que con fondo de jazz dixie contaba lo hermoso que le queda a la chica el pijama de su novio, en un caso de erótico y a la vez inocente travestismo entre amantes.
Como cuadraba al propio título del álbum, en “Yo Vivo En Esta Ciudad” abundaban los retratos de Buenos Aires, vistos desde diferentes ángulos. “¿Dónde va la gente cuando llueve?” mostraba el desbande general que suele producir un simple chaparrón, la naturaleza desatada que nos atemoriza tanto, quizás porque nos recuerda demasiado las tormentas de nuestras propias emociones. “La quimera del confort”, por otra parte, es toda una crónica del momento en que la clase media argentina empezó a alentar sueños de grandeza mediante el consumo conspicuo y de cómo el creciente poder persuasivo de la televisión alentaba ese placebo del comprar y comprar. Mientras tanto –la canción nos recuerda- nos olvidamos del sol, de la naturaleza, de las cosas a las que no se les puede asignar un valor material, sacrificadas en el altar de ese confort “que nace al Norte y se pone al Sur.” Esta temática se reiteraba en “Vivimos, paremos”, que describía a la sociedad urbana alienante, con sus apuros, sus rutinas, “tratando de frenar los días, los relojes automáticos y la natalidad…” Ya en 1970 Cantilo veía la declinación de la Galaxia Gutemberg; la gente que leía cada vez menos libros para -en cambio- sentarse inerte ante la caja boba, de allí lo de “la fuerza de la lágrima o la risa al teleteatro va a morir…” El tema, con su ritmo beat, tenía un notable final que aludía nada menos que al Himno Nacional en su reclamo de romper las cadenas con las que nos atenazaba la propaganda de la naciente multimedia: “Debemos rescatar lo que nos queda de ese grito sagrado: ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!”
Muchos recordarán este álbum por “La marcha de la bronca” que, como reconoce hoy el propio Cantilo, tomó desprevenida a la censura de la época y se transformó en un hit de notables proporciones, algo por demás destacable para un tema que ya hablaba de la rampante corrupción oficial (“Bronca cuando ríen satisfechos / al haber comprado sus derechos”), de la impunidad (“Bronca porque matan con descaro / pero nunca nada queda claro”), de la censura y la pacatería (“Bronca cuando se hacen moralistas / y entran a correr a los artistas… bronca porque está prohibido todo / hasta lo que haré de cualquier modo”) y de la prepotencia del gobierno de facto de entonces (“con el as de espadas nos domina / y con el de espadas entra a dar y dar…”). En el resto del disco no faltan otros testimonios a la dictadura de Onganía/Levigston/Lanusse, en los que el humor tiene un rol fundamental para que la denuncia no se vuelva demasiado opresiva. Por ejemplo en la postal de hostigamiento policial que describe “Los perros homicidas” (“hace poco me atacó un sabueso… lo coimeé con un tremendo hueso / y enseguida dejó de ladrar”) y también en “Johnny Bigote”, una sátira al tupido mostacho que las figuras de autoridad adoptaban como símbolo supremo de hombría. También contribuyen a balancear los climas más “serios” temas como “Asociación Modelos Argentinas”, dedicadas a las beldades televisivas de entonces (algunas de singular perdurabilidad, como Susanita “Shock”) y sus luchas gremiales, y también como el exquisito tema con aires de bossa “Andando a caballo”, de Jorge Durietz. En la nueva edición de “Yo Vivo En Esta Ciudad” se rescataron, como bonus tracks, varias canciones que durante años permanecieron inéditas por problemas de censura, ya fuera del gobierno de turno o de las autoridades que la grabadora tenía en aquel tiempo, sin duda temerosas de posibles represalias oficiales. Entre ellas se cuenta la primera versión de esa gran oda romántica y erótica, “Catalina, Bahía”; de la potente canción antibélica “En este mismo instante” y de “Pueblo nuestro que está en la Tierra”, una paráfrasis del Padrenuestro con letra que reclama reivindicaciones sociales. También se rescatan del olvido un par de gemas que permanecieron durante años en los archivos del sello, como la versión en estudio de “Caen la tarde y los hombres”, con un arreglo para bandoneón que guarda más de un parentesco con “Yo vivo en esta ciudad” en su grito de rebelión contra la rutina y las expectativas de la sociedad “bienpensante” acerca de cómo debía ser la vida y los intereses de un joven de entonces. Otro hallazgo fue “Tu soledad”, una deliciosa balada de Jorge Durietz, y “Candombe de más allá”, donde Pedro y Pablo -a la manera de los Beatles en “Free as a bird” y “Real love”- rescataron una base musical de hace cuatro décadas para ponerle voces y guitarras en el 2009.
Más tarde Pedro y Pablo continuarían su carrera en distintos sellos, con otros álbumes notables como “Conesa”, “Apóstoles”, “Contra crisis” y “Corazón Sudamericano” y tanto Jorge Durietz como –especialmente- Miguel Cantilo, emprenderían también varios proyectos musicales en forma individual, pero -a casi cuatro décadas de su edición original- “Yo Vivo En Esta Ciudad” sigue siendo un álbum fundamental en la historia de nuestro rock, aunque el término les siga quedando chico…
Maperiodista



La llegada del dúo Pedro y Pablo abrió un nuevo frente en el rock argentino. Aparecieron en 1970 y debutaron discográficamente en septiembre de ese año con el álbum “Yo Vivo En Esta Ciudad”. Estrictamente hablando, la música de “Yo Vivo En Esta Ciudad” no era rock sino más bien una mélange donde convivían baladas con aires de tango y milonga, jazz dixie y bossa nova, entre otros géneros, sumándose al característico beat marchoso de sus temas de corte urbano. El dúo contó, además, con los muy buenos arreglos de Jorge Calandrelli y con el excelente aporte de la banda “estable” del sello, donde se destacaban capos como Cacho Tirao y Ricardo Lew en guitarras, Jorge Padim en batería, el “marinero” Montes en bandoneón y “Mojarra” Fernández en el bajo, entre otros.
Esta variedad de matices musicales se enriquecía aún más con las letras de Miguel Cantilo, que denotan una mirada atenta para percibir las contradicciones de una sociedad en transformación, como lo era la Argentina de fines de los ’60, pero a la vez están salpicadas de un humor sutil y una aguda percepción del pulso cotidiano de una gran ciudad como Buenos Aires. Es vital el complemento de Jorge Durietz, con su delicada intuición para las armonías vocales y la fineza de su guitarra.
Alfredo Rosso

Bueno, este álbum estária lleno de comentarios y anécdotas extremadamente jugosas, curiosas y antológicas, que luego trataré de juntar y organizar para adornar este posteo un poco falto de condimentos, pero al menos les dejo, por ahora, este comentario socio-político (de esos que me gustan reproducir a mí y que enmarcan el echo artístico) del señor Cantilo:

"Me parece adecuado echar un subjetivo vistazo de memoria al contexto socio-político de la primera parte de la década del setenta en Argentina. Predominaba la mentira del tipo que uno quisiera, sostenida por odio, persecución, hipocresía, delación y tortura. Contra ella se alzaba la rebeldía, en unos violenta y los otros creativa. Los violentos fueron utilizados por otros violentos más experimentados que encontraron en el "activismo", curiosa palabra, una moneda de cambio para presionar al sistema.
Este, ya de por sí, venía regulado desde años atrás por una violencia institucional uniformada, cuidadora de los intereses de la clase económicamente dominante y respaldada por los "Masters of War" que denunciaba Bob Dylan, de modo que la insurrección violenta era estudiada y tolerada internacional- mente, hasta que los dueños de la bomba dijeran stop.
Y ya teníamos cerca el patético ejemplo chileno.
Sin embargo si había algo llamativo era esa ebullición creativa mediante la cual actores, plásticos, bailarines, poetas, artesanos, músicos, intelectuales, críticos y hasta religiosos tercermundistas, por citar sólo algunas disciplinas, buscaban afanosamente la piedra filosofal para equilibrar una sociedad que sufría de clasismo agudo.
Emigraron buscadores de tesoros y alquimistas del arte y la ciencia, huyeron despavoridos de la caricatura de país en que se había convertido su querida Argentina. Sin embargo durante los primeros años de la década hubo también un movimiento migratorio hacia el interior del país que se mostraba como una panacea ante el caos reinante en la capital. Las sierras de Córdoba, las montañas del sur, las costas marinas de la provincia de Buenos Aires, recibieron grupúsculos de gente pacífica e inquieta, que no compartía las premisas taxativas de facciones armadas, ni respondía a las arengas de poetas, actores e intelectuales "calientacabezas".
Entre varios de esos núcleos humanos, familias, grupos de estudio, talleres, comunas o como quisiese nombrárselos, figuraba el nuestro: Un conjunto de escépticos hartos de pasar noches en comisarías, de ser interrogados en las esquinas, maltratados en cualquier repartición pública, segregados de cualquier ámbito por el único delito de no vestir como la mayoría (saco azul, pantalón gris, corbata, fijador) y de tener inclinaciones estéticas coloridas y estridentes, presumi_ blemente relacionadas con los "estupefacientes".
La alternativa de los órganos de represión policial se podía sintetizar en una pregunta que solían formularnos cuando les resultaba demasiado complicado clasificarnos:
Cada tanto alguien venía de Buenos Aires contando que el presidente Perón había retado a los jóvenes en medio de un multitudinario discurso y les había dicho "estúpidos imberbes" (o algo así) a esos mismos "militantes" de la juventud peronista que se jugaban el pellejo en operativos destinados a lograr el advenimiento de la patria socialista, por ejemplo ponerle una bomba a un comisario en el barco en que salía a navegar.
Era sorprendente lo poco que nos afectaban esos datos. Eran como noticias de otro país, de otra realidad. La nuestra era encontrar una entrada a la cordillera para instalarnos en alguna tierra fiscal definitivamente desconectada de la civilización. Trabajar la tierra, fundar una colonia, criar a nuestros hijos.
No obstante, éramos demasiado indulgentes con nosotros mismos ya que nos creíamos capaces de dominar con facilidad el medio natural, siendo que ostentábamos un pasado urbano de confort y automatización. En eso estábamos tan errados como cualquier militante de izquierda universitaria, que empuñaba un arma para reclamar justicia social. En lo inmediato lo nuestro se veía menos heroico y más factible, pero el tiempo fue demostrándonos la indomabilidad del medio agreste y la excesiva ambición de nuestro plan. El tiempo fue llevándonos de un lado a otro permitiéndonos mantener al menos uno de los principios básicos de nuestra elección: la cercanía de la naturaleza y la armonía con sus leyes."

Bueno, por ahora dejo estos pocos comentarios y el disco, que es lo que vale.

Lista de Temas:
01. ¿Dónde Va La Gente Cuando Llueve?
02. Con Ropa De Varón
03. La Quimera Del Confort
04. Asociación Modelos Argentinas
05. Vivimos Paremos
06. Johnny Bigote
07. ¡¡Guarda Con La Rutina!!
08. La Marcha De La Bronca
09. ¡Che, Ciruja!
10. Andando A Caballo
11. Los Perros Homicidas
12. Yo Vivo En Esta Ciudad


Alineación:
- Pedro / guitarra y canto
- Pablo / guitarra y canto




Comentarios

  1. ¿Algún moogeano copado tendrá Conesa" en algún rincón?
    "Catalina Bahía", y el tema que empieza con "Vivir un rato de vida..." (o algo así...) valen todo el disco (bueno, no lo recuerdo en su totalidad...)
    Mil gracias por anticipado...
    Gabriel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gabril, mirà que ya lo pidieron y, al menos por ahora, nadie lo tenía...
      Quedamos a la espera a ver si aparece alguien que tenga ese disco...

      Eliminar
  2. amigos, lo encontré aqui http://demidiscoteca.cc/post/11692520444/pedro-y-pablo-conesa-trova-1972-320-kbps-74-mb

    ResponderEliminar
  3. Los felicito por la pagina, encontrE varios albums considerados los mejores de nuestro rock nacional aunque este no lo puedo descargar y quería ver si podrian subirlo de nuevo. Un gran abrazo y felicitaciones por tremenda pagina.

    ResponderEliminar
  4. lo podran subir en mega porque no se dewja descargar?

    ResponderEliminar
  5. Jelou, la lista de temas está incompleta. Son diecisiete en total.
    Abrazox menducos

    ResponderEliminar
  6. Amigos alguien sabe quien toca el bandoneón en "Yo vivo en esta ciudad" Gracias

    ResponderEliminar

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"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.