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Juan Carlos Baglietto & Lito Vitale - Postales Del Nuevo Mundo (2015)

El cierre de una trilogía dedicada a canciones latinoamericanas. Fue en 1992 cuando editaron "Postales De Este Lado Del Mundo", al que le siguió en 1999 "Postales Del Alma" y en el 2015 vuelvieron con el concepto de "Postales Del Nuevo Mundo" a completar la trilogía, séptimo álbum del dúo. Posee canciones de Silvio Rodriguez, Chabuca Granda, Violeta Parra, Jaime Ross, Agustin Barrios "Mangote" y Rubén Blades entre otros. El blog cabezón de paseo por Latinoamérica.

Artista: Juan Carlos Baglietto & Lito Vitale
Álbum: Postales Del Nuevo Mundo
Año: 2015
Género: Canción latinoamericana
Nacionalidad: Argentina


Uno de los dúos más prestigiosos de la música nacional, Baglietto-Vitale, en esta nueva producción discográfica que salió a fines de mayo de 2015 en formato físico, y fue editado como siempre, por el sello independiente "Ciclo 3", a 40 años de su existencia.
"Postales Del Nuevo Mundo" dejó su huella y demostró ser un material con mucha validez histórica y un estudio profundo por las raíces Latinoamericanas de los grandes referentes musicales desde México al sur.





No hace falta mucha presentación para ninguno de los dos, así que no voy a perder tiempo, acá van algunas reseñas, y como siempre, lo más importante es el disco... y la música.
Después de ir y venir, a lo largo de casi 25 años, por los caminos del cancionero popular argentino, con alguna que otra excepción, Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale salieron de gira a recolectar material por la Patria Grande. Y tuvieron buena cosecha.
En una docena de canciones, el dúo le da forma a un collage musical que adquiere coherencia y consistencia merced a la acertada decisión de llevar la interpretación de cada uno de los temas al lenguaje propio, en vez de intentar colonizar territorios ajenos.En todo caso, podrá ocurrir que sea ahí mismo donde radique el punto débil de la propuesta; pero, por lejos, la columna del haber acumula más items que la del debe, en la que casi en soledad aparece cierta tendencia a la saturación orquestal o vocal en algunos pasajes del álbum. A la sazón, una marca registrada de la sociedad, que buenos frutos les dio.
A favor, en cambio, entre otros puntos aparece la selección de títulos, que equilibra varios que ya son parte del repertorio tradicional latinoamericano, con otros que van camino de serlo, en la misma proporción en que resultan más o menos conocidos para nuestro día a día.
En el primer grupo se encuadran la obra de Chabuca Granda El surco, en la que la austeridad de su versión original contrasta con la sobrecarga con que llega al final su nuevo abordaje. Algo que no ocurre, en cambio, con las relecturas del vallenato La casa en el aire -que dialoga de igual a igual con las interpretaciones tanto de los legendarios Bovea y sus vallenatos como con la mucho más actual de Carlos Vives, y que tiene en la voz de Julián Baglietto un enorme valor agregado- y del Canto de ordeño, del venezolano Antonio Estévez. Pero que sí se repite, en cierta medida, en la bella Qué he sacado con quererte, de la chilena Violeta Parra.
El otro ‘bloque’ está compuesto por varias de esas que, si bien no todos sabrán, más de uno habrá escuchado. Empezando por Postales para Mario, del rioplatense Jaime Roos, siguiendo por la preciosa Ala de colibrí de Sivlio Rodríguez, que encuentra en Baglietto (Juan Carlos) una voz ideal para su melodía, y continuando por la castellanizada Faltando un pedazo, de Djavan, en la que la intensidad dramática del artista brasileño troca por una atmósfera de nostalgia -mucho tiene que ver en eso la sonoridad camarística elegida- que se replica en el abordaje argento de Parado, del panameño Rubén Blades.
Párrafo aparte merecen los dos instrumentales del álbum, en los que la banda, más el ensamble “La orquestita” sintonizan a la perfección con el espíritu de La catedral, del paraguayo Agustín Barrios -con una acertada transición de la atmósfera camarística a la folórica-, y la boliviana Flor de caña, en la que Vitale ratifica lo muy bien que la música de raíz le cae a su piano. O al revés.
Eduardo Slusarczuk para Clarín

“Dosificamos la responsabilidad”, lanza de entrada don Juan Carlos Baglietto, en referencia clavada a su otro yo musical: Lito Vitale. Y es porque será él, solito y solo, quien tenga que contar ante Página/12 de qué va Postales del nuevo mundo, flamante disco que el inefable dúo presentará en formato ampliado (noneto + cantor) mañana a las 21 horas en La Trastienda (Balcarce 460). “Y lo que yo diga, él no lo va a poder desmentir... se la tendrá que bancar”, se ríe cómplice el cantor, antes de ponerse un poco más serio y abordar las posibles puertas de entrada al tercer capítulo de una saga de postales que comenzó allá por 1991 con Postales de este lado del mundo, continuó ocho años después con las Postales del alma y diversificó su impronta, en este 2015, con un disco que presenta sonidos de doce países de América latina (Uruguay, Cuba, Perú, Ecuador, Colombia, Paraguay, Brasil, Panamá, Chile, Bolivia, México y Venezuela) en sendas canciones. “No es que cuando nosotros arrancamos con las postales hace casi veinticinco años teníamos un plan superior que era llegar a esta instancia, sino que hicimos el primero casi como un experimento, nos gustó meternos con el tango y el folklore, y arrancamos con una versión de esas músicas a las que sentíamos que le estábamos aportando una mirada distinta”, comienza a desentrañar aquella familiar voz de la trova rosarina.
Bajo el subtítulo de Música latinoamericana de México al sur y con una juntada de músicos que incluye a Juan Pablo Rufino –el hijo de Machi– en bajo; Mariano Delgado en guitarra; Julián Baglietto –hijo de Juan– en batería; Facundo Guevara en percusión; Irene Cadario en violín; Paula Pomeraniek en cello; Emiliano Alvarez en clarinete y Víctor Carrión en flauta y saxo, Baglietto y Vitale combinan clásicos y lados B del continente. Piezas muchas veces versionadas como “El surco”, de Chabuca Granda o “Qué he sacado con quererte”, de Violeta Parra, con bellezas menos exploradas como “Faltando un pedazo”, del brasileño Djavan, o “Postales para Mario”, gema escasamente visitada de Jaime Roos. “Diría, para seguir empezando, que éste no es un disco tan pretencioso como el primero. En aquel momento, todavía nos estábamos sacando de encima el sonido de los ochenta. Después, con el correr de los años y los discos, empezamos a ponerle más el foco no tanto a un sonido más ampuloso, sino a las canciones y a una arropada menos pretenciosa”, admite el intérprete. “Ya nos la habíamos agarrado hasta el hartazgo con el tango y el folklore, y entonces dijimos ¿por qué no la Patria Grande?”.
Cuenta Baglietto que el disco estaba planeado hace bastante tiempo. “Años, diría... incluso antes de que empezáramos a tocar canciones latinoamericanas en vivo. Nos pareció bueno cerrar así esta trilogía de las postales, y ahora sí encontramos una estética, un sonido más representativo de lo que somos hoy. Es un disco que no está sobregrabado, que no tiene sonidos replicados, que no tiene doblaje de instrumentos de cuerdas. Lo que grabamos es lo que suena en vivo. No diría que es un disco minimalista porque tiene arreglos intrincados, pero hay menos ampulosidad”, define Baglietto, que también se puso en las pieles de Silvio Rodríguez, a través de “Ala de colibrí”; de Rubén Blades (“Parado”) y del venezolano Antonio Estévez, a través de “Canto de ordeño”, entre otros.
“Para este disco hicimos lo que hacemos siempre: buscar un repertorio que nos sea posible. Sobre todo desde lo técnico, desde la capacidad técnica que pueda tener yo como intérprete y cantor, y desde lo letrístico también, porque necesito creerme lo que estoy diciendo para poder transmitirlo intensamente. Buscamos en un repertorio muy variado y encontramos uno que es medianamente representativo de las músicas de esos doce países. Yo que sé, son lindas canciones, más allá de que no sean las más conocidas”, dice Baglietto.
–Fueron del “más de lo mismo” al “menos de lo mismo”...
–(Se ríe a carcajadas.) Lo de Más de lo mismo (nombre del disco anterior del dúo, publicado hace cuatro años) tenía que ver con un stand by de algo que habíamos dejado varios años antes, pero esto, el “menos de lo mismo”, tiene que ver más con el cierre de una etapa. Queríamos sacarnos las ganas y se notó, porque el disco lo grabamos en muy poco tiempo. Algunas de las canciones las veníamos amasando en vivo, y eso da la posibilidad de probar, de ver para qué lado van a ir las versiones. Fue muy fácil grabarlo, y por eso también le prestamos mucha atención al diseño, al objeto físico como cosa nostalgiosa. Ya no se le presta mucha importancia al objeto, porque es evidente que no se venden discos, pero nosotros seguimos creyendo en esta cosa de animal en extinción.
–Imposible evitarlo generacional, estética y musicalmente, a menos que se disfracen de otros.
–Podríamos disfrazarnos de otros, sí, pero no lo creería nadie (risas), porque si hemos cultivado algo es el desarrollo de una historia. Si nos revirásemos y planteáramos algo a contrapelo de lo que somos, no solo no ganaríamos otro público sino que perderíamos el que tenemos.
La referencia a la estética del objeto que hace el cantor ancla en los doce cartoncitos internos que acompañan cada letra, con la flor nacional de cada país a quien representa el autor (el ceibo uruguayo, la mariposa cubana, el mburucuyá paraguayo, el patujú boliviano, y así), y también en una portada que replica una especie de mandala latinoamericano. “Pensamos en cómo darle una imagen representativa a cada uno de los países y así surgió esto de las flores nacionales, y del mandala, que tiene la bandera argentina en el medio, las flores, las otras banderas y las vestimentas típicas de cada país en el círculo. Fue un trabajo orgánico, hecho con nuestro equipo, como solemos hacer, siguiendo cada etapa de trabajo”, cuenta Baglietto.
–¿Por qué no incluyeron ningún tema argentino para darle más “entidad” a la bandera que está en el círculo central del mandala?
–Porque nuestra vida gira en torno a la música argentina...
–Pero el acervo es tan amplio, que podrían haber hecho algún tema más, ¿o no?
–Se nos ocurrió, sí, pero después pensamos que era redundante. De todas maneras, los temas argentinos van a estar en el medio de los shows.
–Yendo a lo específico del repertorio, ¿cómo funcionó –y cómo no– la selección?
–Por la negativa, se me complicaba con los temas brasileños. La verdad es que no me hallo cantando en portugués. Hay temas y letras maravillosas en Brasil, pero con Lito no le encontrábamos la vuelta, hasta que empezamos a buscar por el lado de canciones en español hechas por autores brasileños, y dimos con “Faltando un pedazo”, que el mismo Djavan canta en español. A ver, de la misma manera en que no me veo cantando en inglés, porque siento que no aporto nada en un idioma que me es ajeno, tampoco me veo con el portugués.
–¿Fue aleatorio o premeditado empezar el disco con “Postales para Mario”, de Jaime Roos?
–En realidad, el orden de las canciones, tanto en el disco como en el show, lo decidimos muy a posteriori de las versiones. Y en esto no hay ningún libreto; lo hicimos así porque nos gustó así. No hay ninguna explicación científica al respecto (risas).
–Se sabe de su admiración por Silvio Rodríguez, por lo tanto “Ala de colibrí” o cualquier otro tema del cubano tenía su presencia asegurada en el disco. Es más, hubo un concierto del trovador cubano en el Opera, hace más de veinte años, en el que usted estaba en primera fila, él lo invitó a cantar de sorpresa, y su rostro de emoción y alegría fue indisimulable. ¿Lo recuerda?
–No en este momento, tendría que hacer memoria, pero sí recuerdo alguno en que subí y estuve a los manotazos (risas). Pero sí es totalmente verosímil, porque nosotros, en Rosario, atesorábamos sus discos, porque eran una música clandestina. Silvio, Pablo, no sé, sentíamos que, además de estar escuchando esa música, estábamos haciendo la revolución, ¿no? Y de pronto tener la oportunidad, años después, de conocerlos, de compartir la posibilidad de juntarnos a comer o a chupar, o eventualmente cantar juntos, producía una gran emoción, sobre todo cuando te agarraba de sopetón. Hablo de aquellos tiempos, porque hoy no me pasaría. Le diría a Silvio “Che, si no ensayamos no voy”, pero hace veinte años no lo pensaba así.
–¿Cómo funcionó el consenso entre usted y Lito, a la hora de elegir estos doce temas entre mil posibles?
–(Risas.) Bueno, él, como productor, puso especial énfasis en eso. El proponía, sobre todo, y yo decía “éste sí, éste no”. La verdad es que a los pocos minutos de empezar las versiones para ver por dónde ir, con piano y voz nomás, ya nos dábamos cuenta si tenían futuro o no, y en esto somos bastante intuitivos ambos. Con algunos insistimos un poco más, pero en general los dos tenemos esa intuición de si sale o no, casi de entrada.
–¿Y por qué sí salió “El Surco”, de Chabuca?
–Escuchamos un montón de canciones suyas, pero ella en general canta en femenino, y nos quedaban muchas canciones tremendas, muy buenas, afuera. Es difícil, cuando te encontrás con estos personajes tan potentes y prolíficos, elegir. La mina es tremenda, es tan cruda... Nos pasó lo mismo con la versión de “Vámonos” que hizo Chavela Vargas. Es tremenda, desgarradora, y nos fascinó cuando la escuchamos por ella, no tanto por su autor (José Alfredo Jiménez) que la hace más a la mexicana, más a lo mariachi.
–También hay una cumbia colombiana (“La casa en el aire”, de Rafael Escalona) en la que cantan varios...
–Mi hijo Julián es la voz principal, sí. Lito, Mariano y yo le hacemos los coros. La pusimos porque a mi hijo le encanta la cumbia, incluso cantó en un grupo de cumbia. Además, cuando pensamos en Colombia no pensamos en otro género, y la letra es muy simpática: el padre que cuida a la nena para que no la toque nadie (risas). Nos parecía original tocar esas músicas sin brass, y con violín y cello. Nos pareció que la sonoridad era interesante, y que era bueno experimentar con una visión más personal.
–Hay dos temas instrumentales: “La catedral”, del guitarrista paraguayo Agustín Barrios, y “Flor de caña”, del boliviano Ernesto Cavour ¿Tiene algún tipo de participación en ambos, o es cosa “exclusiva” de Lito?
–“La catedral” lo propuse yo. Veníamos en el auto y pusimos ese tema por Mangoré (Barrios) porque me maravillaba su versión de guitarra, y a Lito le gustó. Además, estuvo bueno que hubiera un par de temas instrumentales como balance de su participación. Que no fuera solo un disco de un tipo que canta. Después pusimos “Flor de caña”, que tampoco tenía una versión para piano. Estuvo bien incluirlas, sí, tanto como “Qué he sacado con quererte”, de Violeta Parra, una canción que yo tenía bastante escuchada por la versión de Pedro Aznar.
–Hay una versión excelente de Isabel y Angel Parra, los hijos de Violeta, en un disco mejor aún, que se llama Cantos de Violeta Parra. ¿La tenía escuchada?
–No, pero sí la de Violeta, que usé como punto de partida, porque así después se plantea una cosa menos forzada, que se parezca menos a la original, porque lo interesante es intervenir las canciones.
–Ustedes son duchos en eso... se toman bastantes licencias.
–Sí, somos bastante irrespetuosos (risas), pero llegamos a un resultado que te podrá gustar o no, pero es personal.
Cristian Vitale para Página 12


Lista de Temas:
1) “Postales para Mario” (Uruguay – Jaime Roos)
2) “Ala de Colibrí” (Cuba – Silvio Rodríguez)
3) “El Surco” (Perú – Chabuca Granda)
4) “Hacia el Ayer” (Ecuador – Enrique Alvarez – Víctor Valencia Nieto)
5) “La Casa en el Aire” (Colombia – Rafael Escalona)
6) “La Catedral” (Tema Instrumental – Paraguay – Agustín Barrios “mangore”)
7) “Faltando un Pedazo” (Brasil – Djavan)
8) “Parado” (Panamá – Rubén Blades)
9) “Que He Sacado Con Quererte” (Chile – Violeta Parra)
10) “Flor de Caña” (Tema Instrumental – Bolivia – Ernesto Cavour)
11) “Vámonos” (México – José Alfredo Jiménez)
12) “Canto de Ordeño” (Venezuela – Antonio Estévez)

Alineación:
- Juan Carlos Baglietto / voz
- Lito Vitale / Teclados, piano, sintetizadores
- Julian Baglietto / batería
- Juan Pablo Rufino / bajo
- Mariano Delgado / guitarra
- Irene Cadario / violín
- Paula Pomeraniec / cello
- Facundo Guevara / percusión
- Emiliano Alvarez / clarinete
- Victor Carrion / flauta





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