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Pink Freud - Alchemia (2008)

Música hilarante e irónica como su nombre. De una banda que bordea lo stoner y el free jazz desde una aproximación aćida venida desde la lejana Polonia, ¡un disco en vivo sin desperdicio!

Artista: Pink Freud
Álbum: Alchemia
Año: 2008
Género: Free Jazz / Avant garde
Duración: 1:09:22
Nacionalidad: Polonia


Lista de Temas:
1. Police Jazz
2. Punk Freud

3. Mademoiselle Madera
4. Muzyka Pięciu Przemian
5. Boogie Woogie Waltz
6. Rozmowy z Kapokiem-Noc

Alineación:
- Wojtek Mazolewski / Bajo, percusiones
- Tomek Zietek / Trompeta

- Tomek Duda / Saxo, clarinete
- Marcin Masecki / Hammond B3, piano eléctrico Wurlitzer
- Kuba Staruszkiewicz / Batería


Hace algunas semanas alguien puso en el facebook el meme de la izquierda y, claro, me resultó muy simpático. Luego, vagabundeando en Progarchives para leer reseñas del gran Riverside, buscaba más música polaca y me encontré de nuevo con el nombre: ¡era un bandón! Ignoro si los creadores del meme lo sabían, pero el nombre es de una banda polaca de jazz que está activa desde 1998. Seguí la pesquisa hasta que la torrentería me puso en la pista de este discazo que registra un concierto de 2006 en el festival de jazz de Cracovia. Oro puro cabezón, me dije, y aquí lo tienen.

Como el nombre, Pink Freud son todo menos gente seria, pero se trata de tremendos virtuosos. En uno de sus discos se pitorrearon de la marca “Sony Music Polska” poniendo “Sorry Music Polska”, tal como su nombre se pitorrea del máistro Freud, de quien sabemos que no le gustaba la música porque era la única expresión humana que no podía explicar su psicoqueso. El sonido de Pink Freud viaja hasta la era psico-stoner a través de un bajo de sonido seco y el uso de un Hammond extraordinario, pero lo más graneado de su propuesta son sin duda los vientos: el sax y la trompeta recuerdan al Zorn de Naked City, es decir, al más experimental de ese gran genio.

En “Police Jazz” se empieza a poner de manifiesto la neurosis de estos locos con un bajo y una trompeta jugando a la figurita redonda mientras el baterista se arranca con unas improvisaciones free jazz más que alucinadas.

“Punk Freud” no solo avanza en la ironía que hacen con la paráfrasis del nombre de la legendaria banda británica, sino que efectivamente da muestras de un tratamiento irreverente de su música, como corresponde a todo lo punketo, que además es bastante neurótico. Inicia el Hammond con un minuto de improvisaciones free; lo cuelga de una disonancia aguda y aparecen en unísono la trompeta y el saxo sobre una figura fija de bajo rapidísima; luego el bajero va a inventarse unos puentes de walking bass tan rápidos que tenemos que llamarlos ¡running bass! y luego el tecladista salta a un piano eléctrico distrosionado y percusivo para acabar con la tempestad: ¡Freud al manicomio!

En “Mademoiselle Madera” se calman un poco los ánimos, caminando hacia improvisaciones más suaves, casi podríamos decir armoniosas, aunque la tesis alucinada de su propuesta no desaparece nunca. Arranca suavecito con el bajo y una cadencia casi latina en la batería para iniciar un largo camino al que se van sumando los graznidos del saxo en plan ambient duro, pero no va a llegar a la estridencia sin antes reducirse casi hasta el silencio ¿Cómo llamar a la calma que no es calma? Como sea, no falta el acceso a armonías “convencionales” por momentos y a figuras que casi son melodiosas si no fuera porque están detrás del ritmo y no como protagonistas, que es lo que mandaría la tradición. El cierre es como polka loca pero lenta, con un uso de la armonía totalmente fuera de cualquier marco previsible.

“Muzyka Pięciu Przemian” (algo así como “Música de las cinco transformaciones” según el traductor del google) sigue sin hacer pausa después de la pista anterior. Inicia con suaves sonorizaciones de los vientos y se aproxima a una fusión como las que le hemos escuchado a Miles, solo que apoyada en los largos y vibrantes tonos del Hammond, hasta que el bajista interviene otra vez con esas figuras fijas que parecen ser el esqueleto de sus experimentos. En realidad las transformaciones parecen ser muchas más que cinco, y es de lo más interesante oír cómo se logra un sonido que no deja de ser pesado pero sigue siendo mesurado, con el Hammond y los toms como figuras centrales.

“Boogie Woogie Waltz” es probablemente el plato fuerte del disco: aquí volverá la energía, sobre todo hacia el final, con un juego sobre el ritmo triple en compases irregulares de hasta 13 octavos y así. El inicio sigue siendo de volumen bajo, a un ritmo fijo, mientras un clarinete improvisa a toda velocidad casi solo con los tambores que aún no rompen el tiempo y van marcando sin pausa, desciende de nuevo hasta el silencio, hasta que por fin se rompe el beat y nace un arreglo melódico complejo que hacia el final se desdobla a la mitad del tempo.

“Rozmowy Z Kapokiem-Noc” (según google “Conversaciones nocturnas con Kapok”, ¿será?) cierra el disco con lo más zorniano de la propuesta, aunque a Zorn no solemos escucharle graznidos como los que se improvisan en este tema que parece inspirado por los patos que vuelven al Báltico de su migración invernal. Por fin se organiza de nuevo la neurosis en una figura de bajo levemente sincopada para hacerle espacio a una serie de solos de trompeta asordinada realmente espectaculares.

Liderado por el bajista Wojtek Mazolewski, bastante reconocido en esas tierras del Este, Pink Freud es una muestra más que interesante de lo que se hace por allá y de la vitalidad creativa de las tierras de nuestro buen amigo cabezón Marek (le vamos a preguntar si puede conseguirnos más de estos locos).



Dicen por ahí:

Clarín dice que ya estuvieron en la Argentina, en Chile y en México (¿cómo tienen tanta suerte ustedes, caray?):
Hay varias cosas curiosas respecto de Pink Freud, el quinteto polaco de jazz que toca mañana en Niceto. Por lo pronto, el nombre. La versión oficial dice que "alude al encuentro entre lo cerebral y lo pasional, lo desmedido y lo planificado que hay en Pink Floyd y Sigmud Freud", aunque en una charla con los músicos, ellos prefieren incentivar el misterio. "Es un nombre que muchos interpretan de distintas maneras -reconoce Marcin Masecki, el tecladista-. Nos gusta que provoque un poco. Pero nuestra música no tiene relación con la de Pink Floyd y tampoco tenemos nada que ver con el pensamiento de Freud. Así lo interpretaron en Perú y fue muy gracioso."
Masecki, el único que habla castellano, se unió a la banda el año pasado, cuando Pink Freud pasó de trío a quinteto. Hacía diez años que Wojciech Mazolewski (bajo), Kuba Staruszkiewicz (batería) y Tomasz Zietek (trompeta), gastaban los escenarios de exclusivos clubes de jazz de Polonia. En 2007, incorporaron un piano (Masecki) y un saxo (Tomasz Duda), y grabaron Alchemia, un disco que ahora vienen a presentar con el auspicio de la Embajada de Polonia.
Esta es la segunda vez que visitan nuestro país. En 2006, cuando todavía eran un trío, tocaron en el Club del Vino. "Queríamos volver. Lo que nos encantó es que no éramos conocidos e igual vino mucha gente -traduce Masecki lo que cuentan sus compañeros-. Durante estos dos años recibimos muchos mails de Argentina con preguntas sobre cómo se pueden comprar los discos y cuando íbamos a volver."
¿Qué tipo de jazz hacen?
Está basado en el free jazz de los '60 y '70, con una mezcla de sonidos electrónicos.
¿Cómo va a ser el show?
Siempre es difícil decirlo, porque tenemos temas, pero son excusas para crear improvisaciones bastante largas. La improvisación es como el ochenta por ciento del concierto.
A veces las improvisaciones son en base a temas populares. Es destacable su versión de Come As You Are, de Nirvana, que quizás toquen en Niceto: "Nuestros conciertos están tan abiertos que puede pasar de todo. En Chile tocamos dos sets y cada set era sin interrupción, una larga canción con partes de varios temas. Puede ser que en Niceto aparezca el de Nirvana, pero no hay un plan específico."
¿Qué esperan de esta nueva visita?
Que venga gente, porque es Semana Santa y no nos dimos cuenta. Es el quinto concierto de esta gira y nos está gustando mucho la recepción. En México vinieron 4.600 personas, y nosotros en Polonia no tocamos para más de 200 o 300.

Marcelo Morales de El Intruso:
La mayoría de las pocas referencias acerca de Polonia me llevan al fútbol, en especial a los mundiales de 1974 y 1978. Recuerdo al arquero Tomaszewski con su vincha, a los delanteros Lato y Szarmach, Zmuda, una grosera imagen del defensor Gorgon salivando en cámara, el penal que el querido Pato Fillol le atajara a Deyna, la habilidad de Boniek… y, en otro orden de cosas, al papa Karol Wojtyla, la personalidad de Lech Walesa, las películas de Polanski, Wajda y Kieslowski, el trompetista Tomasz Stanko, el álbum de Pigpen “Live in Poland” (que supimos rebautizar como “En vivo en Polandia” y, la verdad, no mucho más.
Sí sabemos que está ubicada en la denominada Europa Central, que recuperó su independencia en 1918, que la capital es Varsovia, que fue invadida por los nazis en 1939 (sufriendo la pérdida de seis millones de personas). Actualmente cuenta con una población aproximada de 40.000.000 de habitantes (si no contamos mal) y algunos de los polacos ilustres (amén de los mencionados) son Copérnico, Chopin, Madame Curie, Agnieszka Holland, Krzysztof Penderecki, el ajedrecista nacionalizado argentino Miguel Najdorf y el no menos célebre Polaco Bastía.
Y ya que estamos… ¿qué podemos decir de Gdansk? No… no estornudé. Así se llama una ciudad polaca, la sexta en importancia y la principal en materia portuaria. Aquí se fundó, por ejemplo, el Sindicato del cual surgiera Lech Walesa. Está situada en la costa sur del Golfo de Gdansk, en el Mar Báltico; la población es, aproximadamente, de medio millón de habitantes.
En los años '20 del siglo pasado, la población era alemana en un 95%. Pero luego de la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos rajaron a los teutones, destruyeron todo vestigio alemán y Gdansk se repobló con polacos.
Usted en este momento se estará preguntando (o no), el por qué de tanta cháchara con Polonia y específicamente con Gdansk.
Pregunta no sé si buena u original, pero sí atinada.
Resulta que hace una década, cuatro muchachos, músicos ellos, conformaron una banda cuyo nombre, desde el vamos, despierta simpatía: Pink Freud (si mal no recuerdo, el querido Tom Lupo denomina así a uno de sus personajes, aunque dudo que supiera de la existencia del combo polaco). Por supuesto que la referencia tanto a Pink Floyd y a Sigmund Freud es evidente. ¿Significa que hacen "progresivo cabeza"? ¿O "psicodelia psicoanalítica"?
Es probable, pero insuficiente.
El hoy quinteto cuenta con seis álbumes en su haber; detrás de sus CD's podríamos poner la leyenda "file under jazz", sin dudas, pero tampoco bastaría. En su música encontramos, por supuesto, elementos del jazz; también del rock; y de música balcánica, folk, pop, atisbos de drum'n'bass y varios pares de etcéteras.
Han visitado Buenos Aires (esas cosas casi incomprensibles, ¿viste?) en dos oportunidades: en 2006 y 2008. Participaron en diversos festivales de jazz (sí, de jazz) en Ucrania, Alemania, República Checa, Italia, Francia, Portugal y, por supuesto, Polonia.
Su debut discográfico fue con Zawijasy en el año 2000.
Estee… ¿qué más les podría contar?
Sí… ya sé que tenemos que comentar un álbum, ya lo sé…
Pero es que… ¿ustedes se piensan que es fácil, eh?
Intentémoslo.
El sexto disco de la agrupación Pink Freud se titula Alchemia.
No… no se apresuren… no refiere (al menos en principio) a ningún tipo de "alquimia". Resulta que el Alchemia es una suerte de bar… o más bien un Centro Cultural ubicado en Cracovia, una de las principales ciudades polacas. Un día, el bajista Wojtek Mazolewsky andaba por ahí, bebiendo unos copetines y palmó con el lugar. Lo que se incluye en este álbum es el primer concierto (o al menos parte de él) que dieran en Alchemia en octubre de 2006.
Listo, gracias, hasta luego.
Ehhh…
Está bien… está bien… no se lo tome así…
A diferencia de sus habituales entregas (en discos, conciertos y demases), aquí 5 de los 6 temas incluidos son originales del bajista y líder (en algunos casos, en colaboración con alguno de sus compañeritos). Decimos esto porque son habituales las relecturas de clásicos provenientes del jazz, del rock o del pop. Aquí, sólo uno.
El comienzo es con Police Jazz, calmo en su inicio; las escobillas, de fondo, acompañan a una sutil línea de bajo mientras la trompeta marca sutilmente el camino. Solamente un minuto después tenemos al quinteto en una suerte de Bitches Brew aggiornado. A los dos minutos se produce un silencio del que resurge nuevamente una línea de bajo (a cargo del Hammond) acompañada por efectos electrónicos; el bajo eléctrico preanuncia que algo está por pasar… pero nos engaña. El tema entra en un período calmo, reflexivo, del que nos va sacando de a poco la batería de Kuba Staruszkiewicz, sobre la que se montan los teclados tímidamente primero; a medida que la base va tomando forma y velocidad, el órgano domina la escena. Una suerte de contenido descontrol va ganando en intensidad de manera tan natural como imperceptible. La trompeta de Tomek Zietek empieza a ganar espacio a base de breves y agudas intervenciones; pero es el baterista Kuba Staruszkiewicz quien gana protagonismo con un solo repleto de sutilezas que no se aparta un ápice de la composición. Así llegamos al final de un primer tema riquísimo en colores pero que nos brinda una señal de alerta: cuidado cuando estos tipos se desaten.
Punk Freud avanza sobre un solo de órgano al que se le suman trompeta y saxo en una suerte de triste fanfarria. Hasta que aparece Staruszkiewicz y a trotar. Un aire balcánico atravesado por… a ver… imaginen al Miles Davis de los 70's con una fuerte dosis de Masada y creo que tendrán una idea aproximada de lo que siento que llega a mis oídos. El solo de Zietek ratifica la sensación. Ya no están trotando, sino cabalgando. El sonido de la trompeta es prístino revelando en Zietek una técnica admirable. Wojtek Mazolewsky, desde su bajo eléctrico, parece dar la orden: basta de cabalgar y adentrémonos en el caos. El órgano de Marcin Masecki recuerda más al Horvitz de Naked City (afortunadamente) que al de Medeski. La intervención de Zietek no solamente es notable, sino también ubicua. Sabe cuándo llamarse a silencio; un breve pasaje en piano eléctrico da pie a que la base aterrorice; el dueto de batería y Wurlitzer es demencial, ajustado e impecable. Sobre esta base, aquella triste fanfarria empieza a desternillarse de risa y nosotros con ella hasta el gran (¡gran!) final.
Mademoiselle Madera (gran título, che…) avanza tímidamente con una minimalista intervención de Mazolewsky; Staruszkiewicz demuestra nuevamente que sabe ser sutil. El inquieto Zietek parece estar queriendo destapar su instrumento mientras Tomek Duda no ídem y comienza a apuntalar a los demás. Masecki también comprende que es un momento para tocar chiquito y esperar. Una suerte de balada se armó casi desde la nada. El lierazgo está a cargo nuevamente de Zietek con un sonido espacial. El grupo suena ajustadísimo y deja espacio para que todos respiremos. Estoy empezando a convencerme de que, antes de promediar el CD, tomé el camino equivocado. Deberé recurrir a un buen diccionario de sinónimos. Zietek distorsiona su instrumento y Duda empieza a demostrar que también sabe ser juguetón. La base es mínima, apenas un pequeño colchón para que los caños se dediquen a retozar a piacere. Como no pueden con su genio, una catarata de distintos ribetes sonoros hace que confundamos los instrumentos. Cambio y fuera.
Muzyka Pieciu Przemian, que como todos saben significa… eso mismo… nos sunerge en climas que refieren a la clásica contemporánea o a ciertos pasajes del Grand Guignol, de Naked City. O a Absinthe, Pero el baterista quiere acción; Masecki comienza a jugar con sus botones y los caños amenazan… y concretan. Ahora Masecki se dedica a tirar despiadadas escalas con sentido desde su Hammond. La base rítmica es un infierno contenido. Acuerdan que este momento le pertenece a Masecki, que lo aprovecha de perlas. El clima comienza a languidecer; saxo y trompeta van fundiéndose poco a poco y el tema fallece bellamente.
El único cover del álbum es Boogie Woogie Waltz, de Joe Zawinul en tremenda, respetuosa, pero también irreverente y potente versión. El diálogo entre la batería de Staruszkiewicz y el saxo de Duda lo tiene prácticamente todo. Todo lo bueno, quiero decir. No es un combate (aunque a priori lo parece) sino un (áspero) diálogo del que ganamos nosotros, los de afuera. De a poquito (después de un rato largo) se va colando el Hammond y ahora sí… vía libre que parece que se acaba…
El (suponemos) bis, Razmowy z Kapokiem-Noc, hace honor a su título. Porque para los que no entendemos una coma de polaco, sabemos que algo quiere decir, algo con sentido; lo que no entendemos es cómo hacen para escribir, leer y hasta comprender el idioma. De la misma manera… ¡¿cómo hacen lo que hacen?! Les dije… equivoqué el camino… Razmowy z Kapokiem-Noc es un perfecto resumen de lo escuchado hasta el momento en Alchemia, con sus sutilezas, sus desbordes, sus marchas y contramarchas, sus distorsiones, sus cambios de liderazgo, la generosidad mutua, los silencios, el virtuosismo, el relax y, fundamentalmente, la libertad.
Porque la sensación es que el quinteto polaco Pink Freud hace realmente lo que le viene en gana. Y, por lo que se ha escuchado, las ganas son muchas. Y lo que se vino, también.
¿Jazz is dead?
¡Minga!


Héctor Aravena en Rockaxis:
El quinteto de jazz-psicodélico polaco vuelve a la carga con este disco en vivo grabado a fines de octubre de 2006 en un club de su país natal. El trabajo presenta un soberbio recorrido por seis de los temas más emblemáticos de su carrera de manera desprejuiciada y con amplios espacios para la improvisación. Formados por Tomek Zietek en trompeta, Tomek Duda en saxos, Marcin Masecki en teclados, Wotjek Mazolewski en bajo y Kuba Staruszkiewicz en batería, la banda de desenvuelve con soltura en su lenguaje musical que fusiona la creatividad ilimitada del jazz con elementos de la electrónica, el rock y la experimentación instrumental.
En Police Jazz el grupo deambula por senderos de exploración, conjugando de forma original el sonido agreste de la trompeta con la sensualidad del saxo, en una pieza abstracta y con secciones para cada uno de los miembros. Destaca el extenso solo de teclado de Masecki, que de algún modo, se acerca al espíritu psicodélico jameado, con interesantes evoluciones tanto en el sonido como en las melodías. Hay un parecido, por momentos, a la apuesta estética de Medeski, Martin & Wood, aunque los polacos son más aventurados al momento de dar rienda suelta a su instinto musical. La batería tampoco se queda atrás, proponiendo destiempos, ambientes percusivos y llevando una base a todo instante dinámica, para que bajo y teclado vayan haciendo de las suyas con inspiradas frases y experimentos. Los vientos cumplen un papel catalizador, ya que son sus líneas melódicas las que definen las partes reconocibles de la pieza.
Cerca de 13 minutos de la más íntima relación instrumental entre los cinco actores, que dan paso a la no menos aventurada, Punk Freud. El teclado que pareciese sacado de algún grupo de rock sinfónico de principios de los 70, es la base para las melodías de los vientos, que se acercan a la sensibilidad musical de Europa Central. De pronto, la pieza se transforma en una potente experiencia de jazz contemporáneo, con un walkin a todo dar en el bajo y portentosos solos de los bronces, que demuestran toda la potencia de una banda que, sin contradicción, invoca al jazz, el punk y la psicodelia instrumental en su espíritu. Existe una conjunción constante y tensionada entre la composición determinada y las ansias de improvisar colectiva e individualmente. Con esto, la pieza va infatigablemente desde un jazz más menos estructurado a la experimentación desatada.
Mademoiselle Madera destaca por su sensualidad inicial, para paulatinamente convertirse en una pieza de aguda búsqueda sónica, que une, bajo un prisma muy particular, la tradición jazzística con las posibilidades de la electrónica. En tanto, Música Pieciu Przemian ocupa una base lineal de bajo-batería, para que principalmente el teclado, aunque también los vientos, se lancen a la improvisación libre, con un final digno del avant-garde. Boggie Woogie Waltz se inicia con un pequeño golpe melódico, que recuerda algún período de Miles Davis, y que sirve de excusa para un incesante despliegue instrumental de casi 14 minutos, con frases lúdicas y tonificantes. Rozmowy Z Kapokiem/Noc, que cierra el álbum, es sin duda el track más delirante y rockero -casi funky- del disco, en donde converge toda la sabiduría musical de la que es una de las bandas más originales del jazz europeo actual.


Un disco tan raro que ni reseñas hay en Progarchives!!!




Comentarios

  1. Jujujuuuuu, a esto no lo conocía, muy buen aporte CalleNep! otra muestra de la maestría musical polaca. Gracias por presentar esta rareza!

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  2. Buena! tampoco los conocía, qué buen dato! suena tremendo... se vienen más escuchas.
    Se agredece!

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