Ir al contenido principal

Desde Cemento. Al fondo a la izquierda

En los años noventa, Buenos Aires tenía una manera muy concreta de armarse un corazón: a golpes de cable pelado, humo viejo, cerveza tibia y un riff que podía acomodarte hasta las costillas. Antes que una epopeya sacrificial, era una educación sentimental experimentada en sótanos, en galpones, en cuevas donde el sonido rebotaba más por voluntad que por acústica. La ciudad podía estar vendiéndose a sí misma en cómodas cuotas o en un Todo x 2 pesos, pero había una franja sin rumbo -y con alguna brújula secreta- que seguía empecinada en postular una alternativa: resistir a veces era simplemente no entregarle el cuerpo entero al clima de época.



Por Fernando Rosso

Porque hubo un tiempo que fue hermoso y fue duro de verdad. Existió una cultura rock -o lo que llamábamos under, aunque ya se estuviera masificando por arrastre- que fue más que música: fue una pedagogía de barrio contra el sopor menemista. Un modo de decir “no” sin que se hubieran formulado aún las consignas prolijas, la estrategia acabada o la línea correcta. Una intuición espontánea que era la forma embrionaria de lo consciente. Un sistema de señales para detectar y juntar a los tuyos en una ciudad que empezaba a hablar el lenguaje artificial del shopping perfumado, del éxito rápido, de la convertibilidad como religión cotidiana.

Cuando vuelvo a Walter Bulacio -porque siempre se vuelve- recuerdo lo decisivo: que la cultura no es un adorno.


Antes de esa escena sonora y cultural -o más bien debajo de ella- seguía latiendo una marca anterior que nunca se apagó: Luca Prodan y Sumo como una especie de puerto afectivo y musical. Luca importó un paquete estético británico de fines de los setenta y comienzos de los ochenta y lo volvió práctico a través de Sumo y la Hurlingham Reggae Band (¡y que nadie se olvide de Sumito!). Punk, pos-punk, new wave, reggae. La banda fue una primera puerta de entrada a una forma nueva de escuchar y de crear sin permiso ni pureza. Abrió un camino que después se volvería itinerario: del punk inglés al desvío extraño y liberador que podía llevarte a un Frank Zappa (el mismo de Hello, Frank); del pulso reggae que desembocaba en Bob Marley a esa oscuridad eléctrica que, tarde o temprano, te empujaba hacia las playas tomentosas de Jim Morrison. Luca nos enseñó a educar el gusto y el cuerpo, a romper estructuras y a reírnos de la solemnidad de nuestros propios ídolos. Reconfiguró el rock argentino para hacerlo más amplio, poroso, insolente y profundamente propio. Indisciplina, mestizaje y verdad sin maquillaje conformaban el tridente de un personaje único que había estudiado con el príncipe Carlos, pero eligió a este país oprimido y tenaz para cantarle a sus rubias taradas o a sus mañanitas del Abasto.

Pero nuestro presente era de los herederos: Divididos y Las Pelotas (“¿Divididos? ¡Las pelotas!”) con esa potencia física que te dejaba temblando. El Bocha Sokol y su magia, con la voz rasposa y ese baile extraño, mezcla de cuarteto y pasito stone. Una voz emotiva, valorada más por su verdad y su capacidad de conmover que por la perfección técnica. El misterio que lo rodeaba era parte de su atractivo. Un manejo escénico que podía ser arrollador aun sin “escuela” formal. El clímax llegaba cuando salía solo al escenario con la guitarra y arrancaba el silbido lento de El cazador en un tiempo en que todos estábamos un poco cansados de soportar tanto veneno y nadie podía salir al sol sin enojarse. Todavía recuerdo el manto de tristeza que envolvió al pueblo sokoliano en la diáspora aquel 12 de enero de 2009 cuando al Bocha le estalló el corazón mientras esperaba un micro en la estación de Rio Cuarto. El Barranca Yaco de nuestro último caudillo urbano en esa Córdoba tan unida a la historia del planeta Sumo. Según el recuerdo de Timmy McKern -amigo de Luca- la madre le dijo alguna vez que la Argentina y las sierras de Córdoba le habían dado “cinco años más de vida” a su hijo. Un territorio que lo alejó de la heroína y en el que se acercó demasiado a la ginebra. Circulaba como una leyenda y encajaba perfecto con los relatos sobre cómo su llegada a la Argentina -impulsada por Timmy y por la imagen esperanzadora del paisaje mediterráneo- fue un punto de quiebre vital y creativo.

Con todo eso, igualmente, no pocos cedieron a los cantos de sirena de la estatización que un par de años después capturó al rock con el peor final: la estadolatría

Ricardo Mollo al frente de una aplanadora y Diego Arnedo, ese arquitecto silencioso del sonido Divididos: un bajista cuya función no es solo sostener la base, sino ordenar la energía y convertirla en un cuerpo rítmico compacto. Precisión y potencia. Puede pasar de una pared de graves a una línea casi melódica cuando el tema necesita aire. Y una marca muy propia en la escena argentina: su manera de tocar está atravesada por una sensibilidad de raíz, vinculada al pulso folklórico. Su bajo suena a rock y a tierra. Y, quizás, porque hace a un honor filial: Diego Arnedo es hijo ni más ni menos que de Mario Arnedo Gallo.


Por supuesto que estaban Los Redondos que eran una patria ambulante con códigos propios y una liturgia que no necesitaba explicaciones. Una ciudadanía paralela, un país dentro del país. Un movimiento contracultural en sí mismo. Una representación de una juventud desencantada y rebelde cuando recién arrancaba la “crisis de representación” en los márgenes miserables de la democracia de la derrota

También estaban Memphis y La Mississippi, conectando con una tradición blusera que parecía importada y al mismo tiempo perfectamente local, como si el lamento afroamericano nacido del grito esclavo en el profundo sur de EEUU en el siglo XIX hubiera encontrado en el conurbano y en los bordes de la ciudad una casa inesperada.

Estaba La Renga haciendo de puente con lo que se cocinaba en el extremo pesado de esta escena (Iorio, Hermética y todo lo que floreció de la legendaria V8), estaba 2 Minutos haciendo himnos o Todos Tus Muertos en la mejor versión de Fidel Nadal. Cada banda funcionaba como una respuesta parcial a una misma pregunta imposible: ¿qué hacemos con esta década que nos promete el mundo mientras nos vacía el piso?

El rock se obstinaba en recordar que había historia, heridas, desigualdad, bronca, lado B y que con el agua en los pies no es difícil odiar. Aunque también destacaba la alegría feroz de seguir insoportablemente vivos y orgullosamente juntos

Y estaban los lugares. Cemento como mitología dura, mixtura de aguante, caos, cercanía y riesgo. Arpegios y Arlequines como estaciones obligadas de un circuito que parecía improvisado pero que en el fondo respondía a la lógica íntima de las cosas que se necesitan. Además de la música, uno volvía todo el tiempo a esos lugares para confirmar que ese idioma existía. En ese mapa, Obras aparecía como la bisagra: un estadio con historia donde lo grande podía volverse masivo sin perder del todo la espontaneidad del origen. Era, a su modo, un salto de escala, pero no una renuncia completa. Sin embargo, toda generación se gradúa como tal cuando enfrenta a su sombra, cuando le llega un baño helado de realidad que corta la adolescencia a garrotazos, cuando tiene que lamentar y reivindicar mártires.

El día que mataron a Walter Bulacio no quedó sólo una víctima. Quedó una marca. “Sabemos dónde tenemos el dolor” repetía el Indio y, quizá, nos aliviaba la memoria, pero no nos alcanzaba para que la justicia se hiciera carne. Walter fue una advertencia brutal sobre los límites del Estado cuando decide quién puede ocupar la calle, quién puede habitar la noche, quién puede ejercer el derecho a vivir a pleno su juventud. La cultura del recital, que para tantos era refugio y fiesta, se mostró también como un territorio donde el poder podía intervenir con violencia impune. Y eso desplazó el eje de muchas cosas. Ya no era sólo música. Era una pregunta política concreta sobre la vida y el derecho a estar ahí. Sobre la juventud como sospecha. Sobre el núcleo duro del Estado y sus ansias permanentes de un “enemigo interior”-

Ese hecho no explica por sí solo la década, pero la ilumina con una luz opaca, como de comisaría, que sigue prendida. La policía como administración del miedo
. Los pibes como material descartable. La ciudad como escenario donde la promesa moderna convivía con prácticas pesadas, brutales, de control social. Con la violencia dictatorial que continuó en democracia, pero por otros medios. En contraste, el rock se volvía una cultura de resistencia no porque estuviera plasmado en un manifiesto, sino porque la experiencia de ir a un recital podía enseñarte, sin teoría, que la libertad también era un cuerpo en movimiento defendiendo su lugar en el mundo.

Toda generación se gradúa como tal cuando enfrenta a su sombra, cuando le llega un baño helado de realidad que corta la adolescencia a garrotazos, cuando tiene que lamentar y reivindicar mártires

La época proponía un futuro sin conflicto, armónicamente globalizado y adquirible con tarjeta de crédito. El rock se obstinaba en recordar que había historia, heridas, desigualdad, bronca, lado B y que con el agua en los pies no es difícil odiar. Aunque también destacaba la alegría feroz de seguir insoportablemente vivos y orgullosamente juntos. Porque ninguna de esas escenas se entiende en soledad (una marca tan potente en estos tiempos). Eran comunidades efímeras que se armaban alrededor del sonido y se desarmaban de madrugada, dejándote una certeza difícil de explicar a quien no estuvo ahí: que por unas horas el mundo era nuestro y que ese “nuestro” era una palabra real. Parafraseando a Eduardo Grüner que siempre parafrasea a Sartre cuando habla de la libertad francesa bajo la ocupación alemana: nunca fuimos tan libres como durante la ocupación menemista.


Hubo un componente generacional que podría ser parte de una biografía colectiva. Muchos de los que después escribieron, militaron, discutieron ideas o se dedicaron a pensar el país, pasaron por ese tamiz. Aprendieron ahí un escepticismo sano frente a las verdades oficiales. Aprendieron que la estética también puede ser política. Aprendieron una forma de fraternidad y de combate. Aprendieron a desconfiar de la pulcritud excesiva, de lo demasiado regimentado, de lo que no deja transpiración ni errores. Con todo eso, igualmente, no pocos cedieron a los cantos de sirena de la estatización que un par de años después capturó al rock con el peor final: la estadolatría.

Esa subcultura de nuestra Buenos Aires noventosa no fue una cápsula perfecta para romantizar. También tuvo sombras, exageraciones, vergüenzas retrospectivas. República Cromañón también germinó ahí. Pero en el balance quedó algo: un modo de sensibilidad. Una memoria del cuerpo y del barrio. Un archivo emocional donde vive una generación que se formó escuchando, peleando por el espacio de la noche sin resignarse a entregarla al Estado o al mercado cuando se volvían una y la misma cosa; cuando la narrativa hegemónica ordenaba volver a casa y recluirse en la vida privada.

Cuando vuelvo a Walter Bulacio -porque siempre se vuelve- recuerdo lo decisivo: que la cultura no es un adorno. Que una generación aprende dónde está parada también cuando el poder le recuerda que no la quiere de pie. Esa mezcla de música, lugares, amistades, bronca y alegría no fue sólo una banda sonora. Fue una forma de educación política sin aula ni curso de formación. Una resistencia sin programa definido, pero con enemigos claros. Un mapa afectivo que todavía late detrás de muchas decisiones éticas de nuestra vida adulta. Y tal vez por eso, cuando hoy alguien intenta reducir esa escena a pura nostalgia, conviene decir lo más simple y lo más verdadero: no era sólo diversión, fue también a su manera preparación y entrenamiento.

Fernando Rosso



Comentarios

Lo más visto de la semana pasada

Los 100 Mejores Álbumes del Rock Argentino según Rolling Stone

Quizás hay que aclararlo de entrada: la siguiente lista no está armada por nosotros, y la idea de presentarla aquí no es porque se propone como una demostración objetiva de cuales obras tenemos o no que tener en cuenta, ya que en ella faltan (y desde mi perspectiva, también sobran) muchas obras indispensables del rock argento, aunque quizás no tan masificadas. Pero sí tenemos algunos discos indispensables del rock argentino que nadie interesado en la materia debería dejar de tener en cuenta. Y ojo que en el blog cabezón no tratamos de crear un ranking de los "mejores" ni los más "exitosos" ya que nos importa un carajo el éxito y lo "mejor" es solamente subjetivo, pero sobretodo nos espanta el concepto de tratar de imponer una opinión, un solo punto de vista y un sola manera de ver las cosas. Todo comenzó allá por mediados de los años 60, cuando Litto Nebbia y Tanguito escribieron la primera canción, Moris grabó el primer disco, Almendra fue el primer ...

Iterum Nata - From the Infinite Light (2024)

"Iterum Nata" significa "Born Again" en latín, una descripción apropiada para lo que presenta este disco, el quinto álbum de estudio de este proyecto que me ha puesto en un brete a la hora de catalogarlo ¿folk rock, folk picodélico, post rock, post metal, prog folk, rock progresivo,  black y doom metal?. Lo mejor es que es todo eso, pero todo junto. Desde Finlandia presentamos un trabajo que nos envuelve con una música atmosférica oscuramente melódica y lírica, influenciada por el paganismo y el ocultismo, y que podemos describir como un cruce entre los grupos neofolk melancólico como Tenhi, el folk psicodélico de Linda Perhacs más el misticismo musical espectral de Dead Can Dance y el progresivo de Strawbs, junto con los primeros King Crimson, sumadas a las inquietantes narrativas de Nick Cave, y tendremos algo parecido a la propuesta musical, política y filosófica de Iterum Nata, algo que creo que ya podemos intuir al ver su arte de tapa. Artista: Iterum Na...

El Ritual - El Ritual (1971)

Quizás aquellos que no estén muy familiarizados con el rock mexicano se sorprendan de la calidad y amplitud de bandas que han surgido en aquel país, y aún hoy siguen surgiendo. El Ritual es de esas bandas que quizás jamás tendrán el respeto que tienen bandas como Caifanes, jamás tendrán el marketing de Mana o la popularidad de Café Tacuba, sin embargo esta olvidada banda pudo con un solo álbum plasmar una autenticidad que pocos logran, no por nada es considerada como una de las mejores bandas en la historia del rock mexicano. Provenientes de Tijuana, aparecieron en el ámbito musical a finales de los años 60’s, en un momento en que se vivía la "revolución ideológica" tanto en México como en el mundo en general. Estas series de cambios se extendieron más allá de lo social y llegaron al arte, que era el principal medio de expresión que tenían los jóvenes. Si hacemos el paralelismo con lo que pasaba en Argentina podríamos mencionar, por ejemplo, a La Cofradía, entre otros muchos ...

Don Cornelio y la Zona - Don Cornelio y la Zona (1987)

"Hola, les saludo desde Ecuador, he seguido la página desde hace unos años y han sido un gran soporte emocional en mi vida gracias a la música que me han compartido. Quería preguntarles si pueden revivir este álbum que descubrí hace poco". ¿Y cómo negarnos ante ese comentario?. Como homenaje al recientemente desaparecido Palo Pandolfo (uno de los cantautores más destacados de la música argentina en las últimas tres décadas), reflotamos un discos que Artie había publicado hace ya mucho tiempo. Acá está, entonces, el disco homónimo de Don Cornelio, muy pedido por varios, como recuerdo de ese referente del rock argento que fue el poeta del rock "Palo" Pandolfo, con su combinación de lirismo y violencia reconocible en su rock, algunos dicen que fue heredero artístico de Pescado Rabioso , y desde hace 35 años que vino siendo bastante más que el flaquito que vino a poner oscuridad en el pop alfonsinista. Artista: Don Cornelio y la Zona Álbum: Don Cornelio y la Zona ...

Los Grillos - Vibraciones Latinoamericanas (1976)

Nuestro amigo Julio Moya sigue con su tarea de palentólogo del rock latinoamericano y ahora nos presenta la historia de Los Grillos, y resumiendo les diría que si Jethro Tull hubiera sido andino, probablemente hubiese grabado este disco, ya que encontrarás flautas similares a Ian Anderson, junto con instrumentos de viento autóctonos. Un disco con 8 temas con una duración total que no alcanza la media hora. De alguna manera puede trazarse un paralelismo con Los Jaivas de Chile, pero se debe tener en cuenta que la raíz folclórica es diferente y con un sonido propio de altiplano. Aquí, uno de los discos más importantes de la historia del rock en Bolivia, y una de las mayores joyas del rock boliviano, expresión del folk rock temprano donde Los Grillos fundadon el sonido del Neo Folclore Andino, incursionando en el Moog a modo de "sintetizador andino". Si disfrutaste de "Alturas de Macchu Picchu" de Los Jaivas, o los bolivianos Wara o los argentinos Contraluz, descubrirá...

Serú Girán - La Grasa de las Capitales (Edición 40 Aniversario) (1979 / 2019)

Esta edición especial tiene su lanzamiento digital hoy, y nosotros no podíamos dejar de mencionarlo. Un disco bien para que aparezca en el blog cabezón un viernes. Porque no es una versión cualquiera, porque salió hoy mismo, porque es una gran sorpresa tenerlo aquí y porque lo trae el Mago Alberto.  A partir de la recuperación del histórico catálogo discográfico de Music Hall, realizada por el Instituto Nacional de la Música (INAMU), y con un minucioso trabajo de producción que incluyó la remasterización del sonido desde cintas, restauración de arte de tapa e inclusión de un insert con fotos originales nunca antes vistas, se lanza a 40 años de su publicación una edición especial de "La Grasa de las Capitales", segundo disco del legendario Serú Girán. Con la idea de escuchar cada vez mejor estas obras que traspasan el tiempo, es que anunciamos estas cosas maravillosas que van saliendo, y es que así se vive la mejor música en el blog cabezón. Artista: Serú Girán Álbum: ...

Banana - Aún es tiempo de soñar (1979)

Artista: Banana Álbum: Aún Es Tiempo De Soñar Año: 1979 Género: Rock Prog Sinfónico Nacionalidad: Argentina Duración: 43:50 Minutos Lista de Temas: 1. El Escultor Y La Estatua (9:15) 2. Un Hombre En La Hoguera (6:10) - a. Preparacion - b. Sacrificio - c. Humo Y Cenizas 3. Aun Es Tiempo De Soñar (5:50) 4. Vispera (9:52) 5. Preguntas Al Cielo (10:13) 6. Quien Se Acordara (2:10) Alineación: - Alberto Bengolea: guitars (5) - Miguel Cerviño: bass (4-6) - Juan Gelly: guitars - Pablo Gullot: guitars (4) - Toro Martinez: drums (5) - Fori Mattaldi: bass (1-3) - José Luis Meniño / drums (1-3) - Arturo Parona: drums (4,6) - Cesar Pueyrreden: vocals, keyboards - Jose Torres Zavaleta: saxophone ¿Escucharon a Cesar "Banana" Pueyrredón (músico melódico argentino) hacer rock progresivo?. Es que, increíblemente para muchos incluido yo, hace muchos años el tipo hacía rock progresivo y le salía bastante bien, por cierto. Si no me creen (es muy posible), esc...

King Crimson Collector's Club (1998 - 2012)

Artista: King Crimson Álbum: King Crimson Collector's Club Año: (1998 - 2012) Género: Progresivo ecléctico Nacionalidad: Inglaterra Lista de Discos: KCCC 01 - [1969] Live at the Marquee (1998) KCCC 02 - [1972] Live at Jacksonville (1998) KCCC 03 - [1972] The Beat Club Bremen (1999) KCCC 04 - [1982] Live at Cap D'Agde (1999) KCCC 05 - [1995] On Broadway - Part 1 (1999) KCCC 06 - [1995] On Broadway - Part 2 (1999) KCCC 07 - [1998] ProjeKct Four - The Roar Of P4 - Live in San Francisco (1999) KCCC 08 - [1994] The VROOOM - Sessions April - May (1999) KCCC 09 - [1972] Live At Summit Studios Denver, March 12 (2000) KCCC 10 - [1974] Live in Central Park NYC (2000) KCCC 11 - [1981] Live at Moles Club Bath (2000) KCCC 12 - [1969] Live in Hyde Park, July 5 (2002 KCCC 13 - [1997] Nashville Rehearsals (2000) KCCC 14 - [1971] Live at Plymouth Guildhall, May 11 (2CD) (2000) KCCC 15 - [1974] Live In Mainz, March 30 (2001) KCCC 16 - [1982] Live in Berkeley (2CD) (200...

King Crimson - Radical Action (2016)

Ya teníamos una excelente reseña del señor Morgan del registro en CD, pero ahora nuestro amigo cabezón Lean, que por motivos de recortes a la ciencia emigró de su Argentina natal y anda dando vueltas por el norte, y se está dando una panzada musical, nos hace su comentario de su experiencia en un recital de estos monstruos... justo para el video de los viernes. Artista: King Crimson Álbum: Radical Action Año: 2016 Género: Progresivo ecléctico Nacionalidad: Inglaterra Lista de Temas: Disco 1 (CD): Mainly Metal 1. Larks' Tongues In Aspic Part One - Bruford*, Cross*, Muir*, Wetton*, Fripp* 10:36 2 . Radical Action (To Unseat The Hold Of Monkey Mind) – Fripp* 3:40 3. Meltdown – Jakszyk*, Fripp* 04:22 4. Radical Action II – Fripp* 02:27 5. Level Five – Belew*, Mastelotto*, Fripp*, Gunn* 06:46 6. The Light Of Day – Jakszyk*, Collins*, Fripp* 05:49 7. The Hell Hounds Of Krim – Harrison*, Mastelotto*, Rieflin* 03:36 8. The ConstruKction Of Light – Belew*, Mastelotto...

Moron Police - Pachinko (2025)

Hay bandas progresivas que prefieren zambullirse en un estilo setentero y vintage, y luego tenemos las otras, que quizás sin proponérselo encaran un sonido transgresor que tiende a renovar definitivamente el estilo. Entre estos últimos se ubican estos noruegos, y aquí presentamos su último disco, otro de los mejores discos del 2025 que presentamos en el blog cabeza. Esto es un baldazo de dopamina auditiva directo al cerebro, un viaje de ácido a Disney, pop-prog de altísimo vuelo, con melodías que se te pegan como chicle en el zapato pero con una complejidad técnica que dejaría a Dream Theater rascándose la cabeza (bueno, no tanto, pero exageramos un poco para hacerlo todo más animado que nos toca enfrentar el 2026, y recién empezamos). El disco mantiene esa vibra de que todo va a estar bien aunque el mundo se caiga a pedazos, y tanto es así que creo que es imposible escuchar esto y no sonreír. La música es inmensa, la producción es gigante, todo suena nítido y brillante, el álbum se ...

Ideario del arte y política cabezona

Ideario del arte y política cabezona


"La desobediencia civil es el derecho imprescriptible de todo ciudadano. No puede renunciar a ella sin dejar de ser un hombre".

Gandhi, Tous les hommes sont frères, Gallimard, 1969, p. 235.