Seguimos reescribiendo posteos de discos que alguna vez hemos publicado, y nos toca otra vez a los Floyd con su "Meddle", y copiamos lo que nos cuenta de él, el señor Wikipedia: "Meddle es el sexto álbum de estudio de la banda de rock progresivo Pink Floyd, publicado por Harvest Records el 5 de noviembre de 1971. En su grabación estuvieron en varios estudios de grabación de la zona de Londres, incluyendo los Estudios Abbey Road. Sin material nuevo con el cual trabajar y sin tener una idea clara de la dirección que querían que tomase el álbum, la banda desarrolló una serie de novedosos experimentos que finalmente sirvieron de inspiración para la pista más conocida del álbum, 'Echoes'." Y cerrando la semana vamos a ir pivoteando sobre este disco con algunas versiones en vivo y alternativas, así que estén atentos por favor!
Álbum: Meddle
Año: 1971
Género: Rock progresivo
Duración: 46:43
Referencia: Discogs
Nacionalidad: Inglaterra
Bueno, este es un clásico, y como todos los clásicos no se puede decir mucho sobre él, o sí, pero que lo diga entonces el señor Wikipedia. En el link pueden encontrar mucha información relevante sobre este disco que nos atañe hoy.
Pero más allá de los comentarios y críticas del disco, me parecen oportunas las siguientes notas alrededor de lagunas cositas jugosas que pasaban en el contexto de su grabación, ello en el siguiente texto...
Para mí, es el período sensorial de Pink Floyd, lleno de imágenes sonoras increíbles. Este período se pasa por alto con demasiada frecuencia, y es una verdadera vergüenza.
«Echoes» es la pieza central de «Meddle» y en él casi puedes escuchar el resumen y las personalidades de «Dark Side of the Moon» y «Wish You Were Here» e incluso «The Wall».
La influencia de este álbum todavía resuena en la actualidad, recordándonos el poder de la música para trascender fronteras y tocar lo más profundo del ser humano.
El álbum "Meddle", aunque era un álbum que se deleitaba en su uso del estudio de grabación, fue el primer álbum en capturar parte de la potencia y la emoción de la experiencia en vivo de Floyd.
Después de Meddle, que es de hace 48 años, ya no preguntaron "¿Dónde está Syd?", Cada vez más preguntaron "¿Quién es Syd?".
Todo comienza con una formidable "One Of These Days", una gran canción, a pesar de no tener una sola frase hablada. Para mí, "One Of These Days" sigue siendo una de las mejores canciones de Pink Floyd, en muchos sentidos. Para David Gilmour es una de las canciones en las que su trabajo fue más colaborativo con todos los demás.
Y decía:
"Hicimos las canciones individuales en solitario y decidimos que era mejor trabajar juntos".
Y recuerda Nick Mason:
"No había ningún gran plan cuando hicimos Meddle, aparte de que sería un esfuerzo en grupo, dentro del estudio. No estábamos bajo ninguna presión de EMI para sacar un álbum. No hubía concepto. No creo que hayamos escrito alguna canción cuando entramos al estudio. Después de Ummagumma y Atom Heart Mother, pensamos que suponía que tal vez deberíamos hacer un álbum grupal, algo que tal vez fuera un reflejo de dónde íbamos a ir y a vivir".
Pink Floyd acababan de regresar de los Estados Unidos. Dave Gilmour se había comprado el mismo grupo de wah-wah que usaba Jimi Hendrix . El sonido de la gaviota que escuchas en Echoes es ese, el Cry Baby.
Y es que Hendrix murió en medio de la grabación, lo cual le afectó un poco a David. También habían trabajado en Italia en la banda sonora de la película de Miguel Ángel Antonioni, Zabriskie Point , un absoluto coñazo de película.Y encima fue una experiencia frustrante, ya que el director italiano rechazó mucha de la música que grabaron.
Y recuerda Nick:
"No creo que odiara exactamente a Antonioni, pero es difícil cuando alguien tiene en mente la música para una secuencia particular de película. Antonioni quería un control total, y la única forma en que podía tener el control de la música era poder seleccionar entre muchas versiones diferentes".
Y prosigue:
"Mientras que antes, cuando trabajábamos con Barbet Schroeder , el director de More y La Vallée nos daba el resumen, nos íbamos y lo hacíamos y generalmente decía ‘sí, bien’ y seguimos adelante. En cambio, Zabriskie Point fue un trabajo duro y sangriento".
La banda llegó a casa cansada y con desfase horario, pero tenían contratado el estudio desde la medianoche hasta las seis se la mañana en pleno mes de enero, en los estudios Morgan.
Gran parte del éxito de Meddle se debe al hecho de que su sello, EMI, que realmente no tenía mucha idea sobre lo que era Pink Floyd, aparte de que vendieron muchos discos, prácticamente los dejó en que hicieran lo que quisieran.
Y señala Mason:
"Acabábamos de firmar un nuevo contrato que nos daba un royaltie ligeramente reducido a cambio de un tiempo de estudio ilimitado. Creo que solo los Beatles tenían un trato similar en ese momento".
Pink Floyd , además de todo, fue una de las primeras bandas a las que se les permitió producir sus propios álbumes. Peter Bown, que había trabajado con ellos en Atom Heart Mother, y John Leckie grabaron y diseñaron la mayor parte del trabajo de grabación, más tarde, en el estudio 3 de Abbey Road de Londres. No el de los Beatles.
Sólo Colin Miles era la única persona en EMI que podía relacionarse con Pink Floyd. Y sólo solía aparecer ocasionalmente con un par de botellas de vino. Tal vez algún porro.
El ambiente en el estudio era bueno. No eran realmente diferentes a ninguna otra banda. Era una forma de trabajar bastante enérgico. Todos tenían algo que decir. A Nick se le ocurrieron muchas de las ideas más locas. Es su voz a través de un modulador que escuchas en One Of These Days diciendo ‘Uno de estos días te voy a cortar en pedazos’. Rick contribuyó mucho. Roger y Dave dirigían de alguna manera la banda, pero todos contribuían.
Nick decía:
"Estábamos probando muchas cosas en vivo en ese momento. Abbey Road acababa de invertir en un circuito de ocho pistas, pero en el nuevo estudio de George Martin, en Oxford Circus, el estudio que se llamaba Air, se podía grabar en 16 pistas. Así que fuimos a Air Studios, lo cual fue genial. Un ambiente muy diferente a EMI. EMI estaba muy establecido, tenía lel gran bar... aunque ya había muchos cambios. Los Beatles hicieron eso unos años antes. Pero Air era lo último en tecnología".
Y fueron las posibilidades ofrecidas por 16 pistas lo que que cambiaron todo.
También grabaron en un tercer estudio, Morgan en Willesden. Los Morgan fue realmente uno de los primeros estudios británicos en ir a 24 pistas, aunque no en ese momento.
Echoes necesitaba esa diferencia en capas sonoras, en más pistas. Era un diferente tema. Incorporaba varias ideas, diferentes pasajes y estados de ánimo, pero era una canción estructurada y planificada. Su creación implicó muchos ensayos y pruebas. También errores. Se desperdició mucho sonido. Pero era una canción con una forma final, casi definitiva.
La versión que escuchas en la película Live At Pompeii o en las sesiones de la BBC no es marcadamente diferente a la versión en Meddle.
Y es que Echoes, para mí, es la épica por excelencia. Simplemente tiene una forma perfecta. No habían tratado de meter demasiadas ideas en ella, por lo que todavía tiene mucho espacio para construir, descomponer e improvisar, y tiene esa secuencia de canción formidable que termina el tema.
Se cree que una de las razones por las que hicieron Echoes fue por Roy Harper. Roy compartía el manager con ellos y él era un gran compañero de la banda. Siempre estuvo cerca de Pink Floyd. Roy creo que jugó un papel importante en algunas ideas del gran "Meddle".
Roy había hecho el formidable álbum "Stormcock". Era algo más que un innovador álbum, con cuatro canciones acústicas épicas, todas entre siete y 13 minutos de duración.
Y Nick concreta:
"No creo que hubiera habido algún tipo de competencia con Roy. Pero Roy era extraordinario. Me encantó el hecho de que él podía hacer una canción diferente cada vez. Grababa con una banda, pero la versión acústica era igual de buena. Dios sabe dónde están esas grabaciones".
Roy Harper, por supuesto, más tarde se uniría a la banda en "Wish You Were Here" para cantar "Have A Cigar".
Y el descubrimiento de Echoes:
"Rápidamente descubrimos que hacer una canción como Echoes era relativamente fácil debido a la repetición. Al escucharlo ahora, suena un poco demasiada larga: podría haberse cortarse para hacer una pieza mejor. Como una obra maestra".
El álbum también incluye tres canciones cortas absolutamente perfectas: "One Of These Days", "Pillow Of Winds" y "Fearless", en esta última se incluye el coro cantando de "You´ll never walk alone" en Anfield, el campo del Liverpool. Naturalmente, el disc jockey John Peel lo puso hasta la muerte en la radio.
"Fearless" sigue siendo la que cantan todos en Anfield. No solo porque anima al equipo de fútbol, sino por esas guitarras acústicas. Es el yema que te dicen que es la clásica canción de Pink Floyd.
Roger Waters, un seguidor de toda la vida del Arsenal, ya que vivía en Finchley Road, en pleno corazón de Seven Sisters, tocó las partes de guitarra acústica. Utilizó una afinación abierta, que le da a la canción su calidad en el timbre.
"A Pillow Of Winds" está inspirada en Nick, en el juego de Mahjong que él y Gilmour y sus respectivos socios solían jugar durante las vacaciones juntos. Es una canción de amor bastante directa.
Hay un par de canciones en la cara A que tal vez se podría decir que son de relleno, pero ciertamente esas tres canciones son tan buenas, más de las que habían grabado anteriormente.
"San Tropez" no fue compuesto en colaboración. Fue escrito por Roger Waters , que llevó al estudio en maqueta en su forma completa.
El famoso "Seamus", una gran prueba de sentido del humor, recibió su nombre del perro del ex líder de Humble Pie, Steve Marriott.
"Meddle" fue lanzado en octubre de 1971. Estaba empaquetado en una portada de Storm Thorgerson, socio de Hipgnosis. Storm dijo que no era su portada favorita de Pink Floyd.
Y llegó a decir:
"Creo que Meddle es un álbum mucho mejor que su portada".
Se suponía que la portada era una imagen de primer plano del trasero de un babuino. La banda le dijo que querían algo que ver con el agua, tal vez una oreja bajo el agua. Ciertamente encaja con el estado de ánimo del álbum.
Pink Floyd estaban preocupados por el mercado norteamericano. Nick confirma :
"En caso de duda, culpen a la casa de discos. Pero en aquel momento, sentíamos que Capitol era realmente una compañía pasada de moda. Era la etiqueta de Frank Sinatra y Dean Martin, y los ejecutivos eran todos viejos. No creo que realmente nos hayan aprobado jamás. No lo entendieron".
La banda perdió la paciencia con Capitol y firmó en secreto con Clive Davies para CBS, para la Colombia en los Estados Unidos. Sentían que no tenían el apoyo que obtuvieron en el Reino Unido y Europa.

En definitiva, este es el álbum que marcó un antes y un después en el sonido de los Pink Floyd, y parte esencial del engranaje que terminó sonando como el Floyd que todos conocemos y admiramos.
También por eso no podía quedar fuera del blog cabeza, por supuesto...
Meddle: el eco infinito de Pink Floyd
Lo notable de Meddle es que fue un trabajo genuinamente colectivo, una rara avis dentro de la historia de Pink Floyd: todos aportaron ideas, todos empujaron hacia la misma dirección.
Fue en mis primeros semestres de universidad cuando el rock progresivo empezaba a colonizar mis días y mis noches. Ya había descubierto a Yes, Emerson, Lake & Palmer, Gentle Giant… y cada nuevo disco que caía en mis manos era como abrir un pasadizo secreto hacia otros mundos. En esa fiebre de descubrimiento, recuerdo una tarde en los desaparecidos puestos del Río Santa Catarina, allá abajo del puente San Luisito. Entre montones de vinilos desgastados apareció la portada acuática de Meddle. No lo solté ni para respirar: lo pagué y me lo llevé como quien guarda un tesoro recién hallado.
Algunos temas ya los conocía gracias al compilado Works, que rondaba en casa desde antes. Pero escuchar Meddle de principio a fin, en su propio orden y contexto, fue otra cosa. Fue un alucine completo. Y entonces llegó «Echoes»: ese momento en que la aguja cae sobre el vinilo y, de pronto, todo lo que conoces se suspende. La música no solo sonaba: me llevaba, me arrastraba como una marea que primero te acaricia y después te lanza contra un horizonte desconocido. Sentí —y aún lo siento— que «Echoes» no es solo una canción, es un viaje donde el tiempo se diluye y el sonido se convierte en paisaje interior.
El génesis de un eco
Pink Floyd no tenía un rumbo fijo cuando entró a los estudios Abbey Road a principios de 1971. Llegaron sin material preparado, apenas con la certeza de que querían dejar atrás la sombra de Syd Barrett y encontrar un sonido propio. Así surgieron las famosas “Nothings”: improvisaciones desarticuladas donde cada miembro tocaba por separado sin escuchar al resto. De ese caos brotó una simple nota de piano, procesada con un Leslie, que Roger Waters y Rick Wright escucharon como una chispa cósmica. Ese “ping” se convirtió en la semilla de Echoes.
Al darse cuenta de que las ocho pistas de Abbey Road quedaban cortas para lo que imaginaban, se trasladaron a estudios como Morgan y AIR, donde pudieron experimentar con dieciséis canales. El proceso fue fragmentado, interrumpido por giras y presentaciones, pero poco a poco el disco fue tomando forma. Y lo notable de Meddle es que fue un trabajo genuinamente colectivo, una rara avis dentro de la historia de Pink Floyd: todos aportaron ideas, todos empujaron hacia la misma dirección, algo que cambiaría drásticamente en los álbumes siguientes, donde Roger Waters asumiría un control casi absoluto.
Un mosaico sonoro
El álbum abre con “One of These Days”, una avalancha instrumental donde dos bajos, un órgano y un efecto vocal cavernoso de Nick Mason marcan la pauta. “A Pillow of Winds” baja la intensidad hacia un tono pastoral, íntimo, casi folk. “Fearless” introduce la insólita mezcla de guitarras en afinación abierta (GGDGBB) con el coro del Liverpool F.C. cantando “You’ll Never Walk Alone”, un guiño inesperado a la cultura popular inglesa. “San Tropez” y “Seamus” aportan ligereza y humor —una rareza en la seriedad progresiva de la época—, hasta desembocar en ese otro continente que es «Echoes».
El corazón de Meddle
Con más de 23 minutos, «Echoes» ocupa todo el lado B del disco. Es una travesía que empieza con un susurro y termina en un cataclismo sonoro. El famoso “ping” inicial abre una puerta hacia un océano de armonías etéreas, voces en unísono y guitarras que parecen provenir del fondo del mar. Gilmour extrae sonidos imposibles de su Stratocaster con un pedal wah-wah invertido; Wright despliega atmósferas cósmicas con el Hammond y el Leslie; Waters sostiene el viaje con un bajo hipnótico, mientras Mason marca el pulso con una precisión casi tribal.
A mitad de camino, la música se desintegra en una sección fantasmagórica, un descenso al abismo donde los instrumentos se convierten en criaturas marinas. Luego, poco a poco, la luz regresa hasta alcanzar una resolución épica que se siente como emerger de nuevo a la superficie, respirar y mirar el horizonte renovado. Es, en toda regla, un viaje iniciático.
El álbum puente que muchos olvidan
¿Por qué Meddle suele ser pasado por alto? Tal vez porque nació entre dos etapas: demasiado ambicioso para seguir siendo psicodelia “a la Barrett”, pero todavía sin la unidad conceptual que explotaría en The Dark Side of the Moon. Para muchos, quedó como un disco de transición. Pero los que nos sumergimos en él sabemos que es un laboratorio sonoro donde Pink Floyd aprendió a ser Pink Floyd. «Echoes» es, de hecho, la primera gran obra total de la banda, la que abrió el camino hacia su época dorada.
Hoy lo escucho de nuevo y pienso en aquel hallazgo entre los puestos del río. El vinilo que abrí con ansias se ha convertido en un eco personal: cada vez que suena, vuelvo a ser ese universitario con los oídos abiertos, listo para dejarse arrastrar. Porque Meddle no es solo un disco; es una invitación a naufragar en las aguas profundas del sonido y regresar con algo nuevo en el alma.
El eco que somos
Quizá por eso «Echoes» no envejece. Porque más allá de la música, es un recordatorio de que todos habitamos bajo el mismo cielo, que nuestras voces y nuestros actos resuenan en los demás, igual que las notas que se repiten hasta desvanecerse. Somos, en última instancia, ecos en la vida de otros. Y ahí radica la magia de Pink Floyd: en mostrarnos que la música, como la existencia misma, no se apaga; solo viaja, se transforma y regresa multiplicada.
Pero la innovación de "Meddle" no solo influyó en la trayectoria de Pink Floyd, sino que también dejó una huella indeleble en la industria musical. Aunque ese sea hilo de otro costal.
Vamos con otro pormenorizado análisis del disco, y no le demos muchas más vueltas que tenemos bastantes cosas por traer hoy al blog cabeza.
Análisis Progresivo: Meddle de Pink Floyd «Un laboratorio para la experimentación»
Un laboratorio para la experimentación que marcó el camino a seguir.
Meddle, sexto álbum de Pink Floyd fue grabado entre Enero y Agosto del año 1971 en diversos estudios de Londres, entre ellos el mítico Abbey Road Studios y publicado en Octubre de dicho año.
Este «nomadismo» por distintos estudios atendía a la necesidad del grupo de buscar más canales de grabación para poder integrar de forma más eficiente los diversos efectos de sonidos que pretendían ocupar para el disco, aprovechando al máximo la tecnología disponible por aquellos años. Hubo varios técnicos de sonido participando en la producción, como John Leckie, Peter Bown, Rob Black y Roger Quested, entre otros.
Este disco posee una paleta muy variada de estilos musicales, se puede apreciar desde pop (que no extrañaría para nada escucharlo en algún disco de The Beatles) pasando por Blues Rock, pasajes de música experimental, Space Rock y por supuesto Rock Progresivo. Meddle es sin duda una especie de laboratorio donde la agrupación, sin un rumbo claro que tomar, se permitió experimentar, contribuyendo en la composición de forma equitativa, tanto lírica como musicalmente, todos los miembros.
El álbum comienza con unos segundos de silencio y sonidos ambientales de vientos, apenas perceptibles, pero que están presentes para crear la antesala a la llegada estruendosa de dos bajos, ejecutados en simultáneo por David Gilmour y Roger Waters, creando la introducción perfecta para una escena digna de película de ciencia ficción desarrollada en el espacio, ad portas de abordar una nave y emprender el vuelo, sonoro, en este caso.
Hablamos de la inconfundible “One of These Days”, uno de los más espectaculares inicios de discos del Rock. Nos invita con inmediatez a posicionarnos para el disfrute musical. Casi en la mitad de la pieza escuchamos a Nick Mason con una voz agresivamente distorsionada y grabada desde un amplificador de guitarra, decirnos: One of these days, i’m going to cut you into little pieces (un día de estos, te voy a cortar en pequeños trozos) dando el puntapié al ingreso en conjunto de todos los integrantes uniéndose como una aplanadora musical.
El segundo corte del disco, A Pillow Of Winds, provoca un contraste sustancial con respecto al track que le antecede. Es una pieza llena de nostalgia, introspectiva y amena. Una lírica de riqueza poética sustentada en el mundo onírico, acompañada por simples marcapasos de batería, acordes de guitarra estupendamente elegidos y guitarras eléctricas deshaciéndose en el transcurso de la canción, provocan y justifican en su conjunto en título de la composición “una almohada de vientos” y lo grafican perfectamente. Hablamos de Pink Floyd, simplemente unos maestros para musicalizar y representar la música en conceptos.
El álbum continúa con un seco acorde de guitarra (acústica y eléctrica) y que significa la llegada de Fearless, una canción simple de procesar, digerible y muy bien hecha, se manejan muy bien los pasajes rítmicos logrando un sube y baja de intensidad a lo largo de la canción. Animosa y armoniosa en esta composición los ingleses nos invitan a perder el miedo declarando proposiciones de problemas y a la vez contestándolos, dándoles respuesta de una forma deliberada y dejando en claro que uno decide dar respuesta a estos problemas a un ritmo y elección propia en cuanto su solvencia, una tonada que hace un llamado a la fuerza de voluntad, al amor propio y autodeterminación. Se escuchan intervenciones de voces de una “hinchada de futbol” y es literalmente la hinchada del equipo de futbol inglés Liverpool cantando You’ll Never Walk Alone compenetrándose y apoyando la moción del mensaje a entregar en esta canción.
San Tropez es el cuarto track del álbum, una sofisticada y armoniosa pieza compuesta en su totalidad por Roger Waters, narra una ficticia historia desarrollada en la localidad de San Tropez, Francia, en donde se personifica la vivencia de un enamorado de una manera idealizada. Sigue la línea digerible de Fearless, una muy buena pieza de rock estándar.
Seamuss, quinta canción del disco, es uno de los tantos experimentos sonoros realizados por la banda en la grabación de Meddle. Musicalmente es simplemente un clásico blues, pero con la participación especial de “Seamus”, un perro. Esta idea fue ocurrencia de David Gilmour, cuando a petición de su amigo, el cantautor Steve Marriott, debió de cuidar a su perro Seamus por un tiempo. Esta estrella de rock canina cada vez que oía una canción o a alguien tocar algún instrumento, aullaba y ladraba siguiendo al ritmo de la música y fue el por qué de su colaboración con la banda. Cabe aclarar que Seamus no es el mismo perro que colabora en Live at Pompeii, pues no se pudo coordinar su participación para dicha grabación y fue reemplazado por una perra afgana llamada Nobs, es por eso que en Live at Pompeii la canción se titula Mademoiselle Nobs.
Y finalizando llegamos a la mitad del disco… y no es una broma, pues nos encontramos con una obra con una duración de más de 23 minutos, ocupando todo el lado B del disco. Hablamos de una de las suites más gloriosas, bien logradas, emocionantes, con vertiginosos cambios de ritmos y estilos musicales ejecutados de forma no convencional, más bien, ejecutados derechamente de forma experimental, de la historia del Rock Progresivo y el Rock en general. Nos referimos a la espectacular “Echoes”; una declaración audaz de los “Floydianos” para instalarse como piedras angulares y cumbres del Rock Progresivo.
Sonidos, en sus tiempos únicos pues hoy la tecnología ya los puede emular al alcance de solo unas configuraciones digitales, pero que en su época fue un logro del atrevimiento, la curiosidad sin tope y la valentía, desafiando lo convencional del contexto en donde se forjó, cambiando polaridades de conexiones, amplificando por donde normalmente no se hacía, entre muchas otras proezas de la experimentación musical realizadas por los ingleses.
Echoes es una obra magna, en donde existe un exquisito equilibrio en cuanto a la conexión de sus diversos pasajes musicales que otorgan una continuidad sonora excelentemente lograda, no es una composición separada por capítulos, con cortes o descansos, son simplemente y complejamente más de 23 minutos de corrido de una suite sonora que está tan bien pensada que permiten disfrutar de la canción y que se sienta una aventura atrapante sin provocar fatiga auditiva en el oído del escuchante.
Todos los integrantes del grupo brillan por sí mismos en esta canción; los juegos de voces armónicos entre Gilmour y Wright son de una dulzura casi palpable, un gran trabajo, como también lo hecho con sus correspondientes instrumentos (guitarra y teclados respectivamente) añadiendo texturas y atmósferas que derechamente nos transportan a otro planeta. Waters y su bajo acompañando de la manera más efectiva y aportando pasajes que dan mucho Groove y movimiento en el transcurso (y también colocando su granito de arena al momento de las atmósferas experimentales) y Mason nunca dejando de lado su distinguida simplicidad pero que también lo complementa con una de las participaciones más virtuosas que se tiene registro en la banda.
Es complejo redondear en palabras y resumir lo que es tamaña composición, simplemente se puede decir que es una mera obra maestra sonora.
Concluyendo podemos decir que con Meddle, Pink Floyd alcanza una notoria madurez sonora en comparación a su antecesor Atom Heart Mother, pues no se puede negar que sigue una línea compositiva similar, pero en esta obra de 1971 se concreta el desarrollo de la experimentación de manera excepcional, en términos de medios de grabación y compositivos y que marcaría la identidad de los británicos, que era lo que precisamente estaban buscando para continuar. Para muchos el mejor disco de la etapa precedente a The Darkside of the moon.
Lo podés escuchar en Spotify:
https://open.spotify.com/intl-es/album/468ZwCchVtzEbt9BHmXopb
Lista de Temas:
1. One Of These Days 5:57
2. A Pillow Of Winds 5:11
3. Fearless 6:09
4. San Tropez 3:44
5. Seamus 2:16
6. Echoes 23:32
Alineación:
- David Gilmour / guitars, bass (1), harmonica (5), lead (2,3,5,6) & harmony (3) vocals
- Richard Wright / Hammond, Farfisa, piano, lead vocals (6)
- Roger Waters / bass, acoustic guitar (4), lead vocals (4)
- Nick Mason / drums & percussion, voice (1)




Comentarios
Publicar un comentario