A lo largo de la historia, las sociedades humanas han atravesado momentos en los que dos formas de organizar la vida chocan entre sí. No se trata de gustos personales ni de ideologías abstractas, sino de cómo producimos, cómo vivimos y cómo cuidamos la vida en común. Un ejemplo claro fue la Guerra de Secesión en los Estados Unidos (1861–1865). En aquel tiempo, el país estaba dividido entre dos modelos opuestos: uno basado en la industria y el trabajo asalariado, y otro sostenido por la esclavitud y el latifundio. Ese conflicto no se resolvió porque alguien “convenciera” al otro, sino porque un modelo ya no podía seguir existiendo frente a los cambios tecnológicos y sociales de la época. El modelo esclavista era un freno al adelanto civilizatorio, lamentablemente esa resolución fue violenta.
Por José Yorg
"Nada es permanente a excepción del cambio".
Heráclito de Éfeso (540 a.C. – 480 a.C.) filósofo griego, también conocido como “El Oscuro de Éfeso”.
"Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña. Son distintas la aguas que cubren a los que entran al mismo río".
Heráclito de Éfeso
El pueblo organizado, intuye que otra forma de vivir juntos es posible.
Por otro lado, emerge una forma distinta de pensar la vida social: comunidades organizadas, cooperativas, tecnologías al servicio de las personas y no del lucro, y una economía pensada para satisfacer necesidades reales, no para enriquecer a unos pocos.
A diferencia de los grandes poderes financieros, los pueblos no buscan dominar ni destruir, sino vivir con dignidad. Inspirados por sentimientos nobles —solidaridad, justicia y cuidado mutuo—, millones de personas ensayan nuevas formas de organización basadas en la cooperación.
Esta búsqueda se expresa en la idea del Buen Vivir (Sumak Kawsay): una forma de vida que propone equilibrio entre las personas, la comunidad y la naturaleza.
No se trata de una moda ni de una consigna pasajera, sino de una necesidad histórica.
La tecnología y la riqueza existen; el problema es cómo nos organizamos como sociedad para ponerlas al servicio de la vida y no de la destrucción humana.
El cambio no vendrá únicamente desde arriba ni desde los grandes centros de poder. Surge desde abajo, desde el pueblo organizado, que intuye que otra forma de vivir juntos es posible.
El desafío de nuestro tiempo no es elegir entre ideologías, sino decidir qué tipo de humanidad queremos ser.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!
José Yorg


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