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jueves, 28 de abril de 2016

Nautilus - Bordes (2015)


Ya habíamos presentado a los Nautilus, esta excelente agrupación que sorprendió a más de uno, quien les habla inclusive, con un tremendo EP como primer trabajo discográfico, y ahora nos llega su larga duración, así que siéntense en sus sillones y prepárense a un viaje de vértigo a puro rock, en nuestro aporte del día referido al mejor under argentino. Discazo que los invitamos a escuchar, ¡deléitense con esta maravilla del under argentino y cordobés!

Artista: Nautilus
Álbum: Bordes
Año: 2015
Género: Rock psicodélico / Stoner rock / Jazz rock
Duración: 40:53
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
1. Muerte
2. ..
3. A Mateo Suster
4. 7.00
5. 10.51
6. ...
7. El Guemes (bla bla bla!)
8. Bordes

Alineación:
- Nacho Sánchez / Guitarra
- Gon Criado / Batería
- Juan Cruz Ludueña / Bajo
Músicos invitados:
Fede Fantasía / Bandoneón
Pato Ludueña / Trompeta


Hace poco éstos cordobeses sacaron disco nuevo (con todos los chiches). Está buenísimo verlos por aquí nuevamente a estos jóvenes músicos cordobeses que se las traen y han lo posible por reventarnos la cabeza de moog. Su estilo es genial, esa mezcla entre jazz rock, progresivo, psicodelia y stoner los hace muy especiales y su sonido es identificable a kilómetros de distancia, aunque al mismo tiempo suene en el estilo de toda la movida experimental under argentina de hoy en día, tienen aspectos propios que los hace muy identificables, justamente porque mantienen su identidad como bandera y la mantienen muy alto. El disco incluso tiene su incursión en el folcklore y el tango, cosa que lo hace aún más vistoso, experimental y atrayente. El disco está más enfocado al jazz rock que en su EP, y la verdad que en el viraje de estilos salen beneficiados.

La inclusión del bandoneón y la trompeta, arremolinándose en la explosión rockera experimental, es la frutilla de la torta de un disco que es sumamente agradable y que le daré unas cuantas escuchas en el fin de semana. Disfrutable, atrayente, muy musical y melodioso, diverso, transgresor, viajero, portentoso, temerario son algunos de los adjetivos que se me vienen a la mente al escuchar el disco. Ya estába preparado con ésta gente, ya que su primer EP hizo caer de culo a más de uno y no solamente en Argentina, pero aún estando preparado para un muy buen disco, debo decir que ésto ha rebasado mis expectativas. Encima con muy buen sonido, no será una producción ultra profesional pero se escucha muy bien, claro, nítido, prácticamente sin ningún desperfecto ni con naada fuera de lugar, raro en lo que se refiere a producciones del under, donde lo más negativo siempre es la producción, en éste caso debemos decir que llega a un buen nivel, muy por encima de la gran mayoría de obras del under.
Tenemos un montón de intenciones en cada una de las 8 canciones, que recuerdan a los clásicos que todos hemos escuchado y dan vuelta en nuestra mente y grabadas a fuego, mientras que otras nuevas ideas se presentan en un estilo más moderno. Ellos no tratan de sonar como nadie en particular, pero la banda respetar su herencia de sangre argentina y trata de ir más allá de lo nacional para volcarse a lo eterno. Múltiples influencias, pero ninguna banda en especial para darnos un regalo inesperado, bueno, en realidad bastante esperado teniendo en cuenta el primer EP de la banda.
La música en sí suena muy bien. La banda tiene un sonido entre el jazz rock y un psicodélico muy fresco, con una gran cantidad de arreglos e intenciones, y suenan muy ajustados y profesionales. Cada una de sus canciones son muy buenas, cada una tiene su peculiaridad y cada una deja una grata sensación de sonidos únicos. El disco es una gran melodía cambiante, una tras otra, cada una con una interpretación fantástica.
El álbum tiene partes de mucha energía, gracias no a machacantes distorciones sino a la fuerza de sus composiciones, con transiciones sin fisuras entre tema y tema. Sorprendentemente el conjunto tiene cohesión, a pesar de la gran cantidad de elementos que los músicos ponen en juego, teniendo en cuenta la gran ambición de su trabajo, ambición que no creo que sea deliberada sino que simplemente así les sale, Múltipes ideas en un disco que tiene elementos de alto nivel.
Una última consideración, que se me ocurrió mientras escuchaba el disco: ¿qué pasaría si esta gente encontrara un vocalista adecuado para poner lírica a sus temas?. Algunos temas, como el primero, por ejemplo, parecen armados para que alguien meta su voz, incluso conservan cierta estructura donde es muy factible adicionarle una voz, cálida y medio jazzy... no puedo dejar de escuchar el disco sin imaginarme las líneas vocales, y esa sería un punto extra que quizás en algún momento los miembros de la banda se animen a probar, creo que les hace falta por cómo viene madurando su música.

Nautilus, como la nave del Capitán Nemo. Aún antes de lo más importante, la música, el nombre rebota por todos lados. Julio Verne y sus aventuras imposibles; “Veinte mil leguas de viaje submarino”; la fauna abisal de otras canciones; Silvio Rodríguez y “Quién fuera”:
Estoy buscando una escafandra,
al pie del mar de los delirios.
¿Quién fuera Jacques Custeau?
¿Quién fuera Nemo el capitán?
¿Quién fuera el batiscafo de tu abismo?
¿Quién fuera explorador?
Queriendo o sin querer (lo genial es no saber, dejarlo así, como una magia), Nacho Sánchez, Gon Criado y Juan Cruz Ludueña le pusieron música a dimensiones inesperadas. ¿Qué más se puede pedir cuando se escucha en busca de algo que sorprenda?
Casi todo lo que suena en el trajín cotidiano remite a lugares transitados más veces que demasiadas. La tierra, el amor y el desamor, el baile, la ciudad, el dolor, la lucha, el descontrol, la verdad y la mentira, Latinoamérica, “lo nuevo de” como variación módica de lo de siempre, lo comparable a los mejores de lo que ya existe, lo marginal, la poesía sonora de paisajes consabidos, las estaciones, el asfalto, lo urbano y suburbano, lo mismo y sus bemoles, sostenidos y firuletes hasta que de repente, ¡apa! un montoncito de proyectos como patadas sagradas a la descendencia.
La música de Nautilus sorprende porque parece encajar con nada. Cada pasaje de cada una de las canciones de su primer disco es una incógnita constante, un modo de viajar por los compases dinamitando banquinas, desobedeciendo cualquier insinuación de senda, convirtiendo a los infinitos desvíos en posibilidades. Lo extraordinario es esa anulación de distancias entre lo previsible y lo repentino. Todo es curiosidad, pero de la que se deja aplaudir sin la precaución de ir soltando piedritas para saber cómo volver.
Si el primer disco es una sorpresa instrumental gloriosa, el segundo, editado hace unos meses, es la colección “Elige tu propia aventura” escrita con una guitarra, un bajo y una batería.
“Bordes” incluye ocho temas como manuales de espeleología despedazados. Es la música de tres aventureros que hicieron trampa pero aún no se entiende cómo, porque lograr esas composiciones tiene que llevar años de estudio, de comerse discos de todas las épocas, de “manejar data grossa”. Pues bien: los tres tigres del Capitan Nemo no pasan los 22 años.
Sánchez, Criado y Ludueña no llegan a los 22 años.
El disco abre con “Muerte”. Hay que arrancar un disco con ese título. De entrada, la guitarra congestionada de Nacho pasa por todos los estados gripales y la fortuna quiso que se acabara el qura plus.
Hay un bandoneón de Pedro Fantasía que comienza a sonar en el segundo tema como intro al tercero, “A Mateo Suster”. La batería de Gon Criado es expansión, progresión, traslación, redención. Cosas que llevan a otras décadas, al Jardín de los Presentes con Mederos. Hay que decir algo casi desde una barricada tamaño caverna del tiempo: que tres músicos de hoy, de ahora mismo, lleven al Jardín de los Presentes con méritos instrumentales propios, es para salir a buscarlos sin la comodidad de las redes sociales, es decir, salir sin ningún dato a la calle y caminar toda la ciudad hasta dar con el barrio y la casa donde vive cada uno; tocar el timbre, esperar que vuelvan porque seguro no están, y cuando lleguen, frenarlos de un abrazo.
“7.00” es otra maravilla, con un pasaje de bajo de Juan Cruz Ludueña apenas sobrevolando la locura de la batería y los arpegios de la guitarra. Los parches y platos seguirán enfermos y todo terminará con eso que se llama “Stoner” por falta de creatividad o por entender que “Stoner Rock” suena más elegante que “Rock Catástrofe”.
“10.51” es la confirmación de que la música importa y que los títulos de palabras gordas sirven muchas veces para compensar composiciones esqueléticas. Hay que mirar para arriba en la última parte. Algo se mueve allá arriba, lejos.
Después de una segunda antesala con trompeta de Pato Ludueña y un final para partir dientes, viene “El Güemes (bla bla bla!)”. Desde “La aventura semiológica” de Rolando, cada cual interpreta a su antojo y el título entonces bien puede largar una risotada a los charlatanes que invaden el barrio de las pulgas con porquerías carísimas. La música es todo lo que el jazz deje al pasar por “Bordes”, y toda la bendita mugre que se lleve.
Con tanto de todo perfectamente ordenado en el desvarío luminoso del cierre que nombra al disco, sólo queda volver a pensar (¿otra vez? Sí, otra vez) en los recursos propios, en el semillero tremendo que vino germinando en los últimos años, mientras por acá cerca siguen gastando fortunas en pases de estrellas apagadas.
Pablo Arietti

Pero sea como sea, les dejo un excelente disco, otro de los discos cabezones que tienen para disfrutar a lo grande, encima está disponible para su descarga directa en Bandcamp, así que no tienen excusas para no darse una panzada de un excelente jazz rock bien pero bien argentino.

https://nautilusarg.bandcamp.com/album/bordes



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2 comentarios:

  1. No esta mas en descarga... un bajon. Descubri la banda en estos dias y no lo puedo bajar de ningun lado

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    Respuestas
    1. Te lo podès descargar de su página de Bandcamp, veo que olvidé publicarla:

      Download: (Flac + Mp3)
      https://nautilusarg.bandcamp.com/album/bordes

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