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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Caravan - For Girls Who Grow Plump In The Night (1973)


Artista: Caravan
Álbum: For Girls Who Grow Plump In The Night
Año: 1973
Género: Escena Canterbury
Duración: 45:44
Nacionalidad: Inglaterra


Lista de Temas:
01. Memory Lane, Hugh / Headloss 09:18
02. Hoedown 03:20
03. Surprise, Surprise 04:07
04. C'Thlu Thlu 06:14
05. The Dog, The Dog, He's At It Again 05:59
06. Be All Right / Chance Of A Lifetime 06:37
07. L'Auberge Du Sanglier / A Hunting We Shall Go / Pengola / Backwards / A Hunting Shall We Go (Reprise) (Pye Hastings, John G. Perry, Mike Ratledge) 10:05

Alineación:
- Pye Hastings / singer, vocals, guitar
- Geoff Richardson / viola
- David Sinclair / organ, piano, electric piano, Davoli synthesizer, A.R.P. synthesizer on (2)
- John G. Perry / bass guitar, vocals, percussion
- Richard Coughlan / drums, percussion, timpani
Invitados:
Rupert Hine / A.R.P. synthesizer (1,2,6)
Frank Ricotti / congas (2,3,5,7)
Jimmy Hastings / flute (1)
Paul Buckmaster / electric cello (7)
Tony Coe / clarinet, tenor sax (1)
Pete King / flute, alto sax (1)
Harry Klein / clarinet, baritone sax (1)
Henry Lowther / trumpet (1)
Jill Pryor / voice (5)
Chris Pyne / trombone (1)
Barry Robinson / piccolo (1)
Tom Whittle / clarinet, tenor sax (1)
Orchestra arranged by John Bell and Martyn Ford, conducted by Martyn Ford


Y seguimos con los aportes de Wan, seguimos con nuestra desordenada presentación de los discos de Caravan que en el blog cabezón tanto habían pedido.
Uno de los discos icónicos de la banda es éste que traemos ahora, la de la jipona torrando plácidamente en su tapa. Toda una obra de arte musical.
Para los caídos del catre que llegan recién ahora al blog, voy a hacer una síntesis de la historia hasta caer aquí. Entre 1964 y 1967 existió en el área de Canterbury (Inglaterra) un grupo llamado Wilde Flowers, que aunque no llegó a grabar ningún disco, resulta de interés porque dio lugar a la formación de Caravan y Soft Machine, de las más importantes bandas integrantes de lo que se conoce como la escena Canterbury. El tercer disco de Caravan, llamado "In the Land of Grey and Pink" (que ya hemos traído al blog), fue su trabajo más logrado junto con éste disco que presentamos aquí.
En el disco se notan algunas variaciones en la formación respecto al disco anterior de 1972, llamado "Waterloo Lily" y que también hemos traído a este espacio, a causa de la marcha de Steve Miller y Richard Sinclair, que fueron sustituidos por David Sinclair (ex Matching Mole) y John G. Perry, además de la incorporación de Geoff Richardson a la viola. Además en el disco participan múltiples invitados.
Pero referido a la crítica del disco en sí, hay tanto y tan bueno que ya está escrito que no voy a perder tiempo inventando la pólvora:


Mientras en Estados Unidos estaba el movimiento del Acid Rock y en Alemania el Krautrock, en Inglaterra estaba en pleno auge lo que se conoce como la escena Canterbury. Todos se desarrollaron aproximadamente entre finales de los '60 y comienzos de los '70. Una variable en común que se encontraba en estos movimientos era el consumo de algunas drogas lisérgicas, tanto por parte de los músicos como del público que concurría a ver espectáculos artísticos. Por supuesto cada contexto tuvo sus particularidades, en Estados Unidos la tendencia musical era el Blues-rock y el Hard Rock, en Alemania la Psicodelia y la Electrónica, por su parte en Inglaterra el Rock progresivo fue el género por excelencia durante estos años. Obviamente todo esto dicho de manera general, no era de extrañarse que alguno de estos estilos apareciera por cualquiera de estos países.
Caravan fue unas de las bandas más excepcionales de la escena Canterbury (junto a Soft Machine, entre otras) y este disco es una de sus obras más logradas, un auténtico deleite para los oídos y para el bienestar espiritual (?).
Hay que poner especial atención al desenvolvimiento de los soportes, de los solos y a los acompañamientos que decoran con detalle casi imperceptible los ambientes musicales. Por ejemplo, en 'Surprise, surprise' el bajo brinda un soporte sólido, mientras el juego vocal termina por ceder espacio a un solo de viola y los teclados aunque apenas se distinguen, terminan por llenar cualquier rescoldo de ausencia de sonido. Un gran momento llega con 'C'THLU THLU', una pieza un tanto siniestra que se alterna con secciones rítmicas bien exuberantes. Aquí el momento solista es para el libre esparcimiento de SINCLAIR, como en el siguiente corte donde lo absurdo y lo real conjugan una composición de lo más creativa. Juegos vocales melódicos y hasta melosos, la decoración de un chelo allá en el fondo, rompimientos inesperados. La esencia musical del álbum es así y se resume en el último corte, lleno de cambios inesperados, participaciones solistas, estallidos de poder, cadencia interrumpida, acústica romántica, movimiento instrumental.
La genialidad de Caravan es que a partir de una música sumamente elaborada logra ser algo muy pegadizo y, al mismo tiempo, conmovedor. Los arreglos de los vientos, la viola y sintetizadores son pinceladas refinadas, al igual que las sofisticadas intervenciones del bajo y los coros tan bien entonados. Quizás no sean los instrumentos que más se destacan, pero sin dudas son vitales para este trabajo, al igual que la batería que nunca cae en la monotonía, siempre aportando variables muy creativas.
El disco ya te compra con el primer tema, Memory Lain, Hugh, con un riff de guitarra que va incorporando los instrumentos uno por uno, hasta que el cambio rítmico de la batería te generan ganas de bailar. Surprise, Surprise es un tema un toque rockandrollero, pero con un bajo simpaticón y bien melódico. C´thly Thlu es un quiebre que tiene un cierto carácter oscuro, intrigante y tenebroso, a partir de acá el álbum no para de ponerse cada vez mejor, en parte gracias a que la intervención de los sintetizadores empiezan a cobrar mayor protagonismo. Justamente, en The Dog, The Dog, He's At It A aparece un solo de teclado tremendo en medio de las melodías romanticonas de los coros. En Chance Of A Lifetim sorprenden con un corte donde aparece la guitarra acústica y las congas, también aparece el wah wah en la guitarra, lo que le da una mezcla un toque psicodélica en el momento en que el bajo empieza a solear hipnotizando los sentidos del groove. Y así se llega al séptimo y último tema del disco, L'Auberge Du Sangiler, quizás el mejor tema, simplemente épico, con un despliegue sinfónico de otro mundo, en el mismo se podría decir que se sintetiza todo lo desarrollado a lo largo de este soberbio trabajo, lo cual a su vez le da un plus extra.
Por último un detalle sin tanta relevancia: la tapa del disco en un principio era de una mujer desnuda acostada, pero tuvo que ser cambiada, ya que la discográfica no lo permitió.
El humo esta en el foco


"For Girls who Grow Plump in the Night" es un disco que marca un cambio en la esencia musical de CARAVAN (los cambios de alineación se hicieron tradicionales desde "Waterloo Lily"). Richard COUGHLAN (batería, percusiones, timbales); Pye HASTINGS (guitarra, vocales); John G. PERRY (bajo, vocales, percusiones); Peter G. RICHARDSON (viola) y el señor Dave SINCLAIR (órgano, pianos eléctrico y acústico, sintetizadores), organizan, junto a varios músicos invitados, una representación de composiciones básicamente de HASTINGS, salvo 'Pengola' que escribió PERRY y 'Backwards' que escribió RATLEDGE, teclista de SOFT MACHINE.
Me imagino lo que estarás pensando: “este tipo está loco; es mucho mejor disco "In the Land of Grey and Pink" que éste”. Lo siento. Por un lado no soy de las personas que se muevan por la corriente principal y por otro, muchas veces me representa más un álbum arriesgado como "Relayer" de YES o "Animals" de PINK FLOYD, que uno que responda a una expectativa generalizada y "For Girls who Grow Plump in the Night" es un álbum en el que la banda apostó a la innovación, al cambio, al progreso musical.
De inicio, la música puede desconcertar un poco debido a su ritmo de entrada como un rocanrrol sin mayor chiste, pero por ahí de los tres minutos la cosa cambia; la esencia progresiva de CARAVAN se manifiesta y los nuevos sonidos y la participación de los instrumentos invitados se empiezan a hacer notar. Bienvenido a un rock progresivo fresco, melódico, armonioso y de primera línea.
Hay que poner especial atención al desenvolvimiento de los soportes, de los solos y a los acompañamientos que decoran con detalle casi imperceptible los ambientes musicales. Por ejemplo, en 'Surprise, surprise' el bajo brinda un soporte sólido, mientras el juego vocal termina por ceder espacio a un solo de viola y los teclados aunque apenas se distinguen, terminan por llenar cualquier rescoldo de ausencia de sonido. Un gran momento llega con 'C'THLU THLU', una pieza un tanto siniestra que se alterna con secciones rítmicas bien exuberantes. Aquí el momento solista es para el libre esparcimiento de SINCLAIR, como en el siguiente corte donde lo absurdo y lo real conjugan una composición de lo más creativa. Juegos vocales melódicos y hasta melosos, la decoración de un chelo allá en el fondo, rompimientos inesperados. La esencia musical del álbum es así y se resume en el último corte, lleno de cambios inesperados, participaciones solistas, estallidos de poder, cadencia interrumpida, acústica romántica, movimiento instrumental.
Resumiendo, "For Girls who Grow Plump in the Night" es un disco muy fresco y aunque musicalmente pudiera parecer sencillo, tiene una gran calidad, en términos de composición. Hay un buen soporte en las vocales que juegan a distintas voces y los instrumentos (que son bastantes) están muy bien sustentados y me parece, perfectamente equilibrados. Uno de los proyectos más "sencillos" pero mejor logrados que aparecen en la lista de mis 100 indispensables. Canterbury al 100 %.
Alfredo Tapia-Carreto


Mogutaro- Y bien, Mugujiro ¿Sobre qué tema quieres preguntarme hoy?
Mogujiro- Hoy es el día para For girls who grow plump in the night. ¿Qué puedes decirme sobre él? Por cierto, la portada es lo único que conozco referente a él:
Mogutaro- Es un disco de la banda inglesa Caravan, el quinto de estudio, en concreto.
Mogujiro- Muchas gracias, Mogutaro.
Mogujiro se marcha. Al cabo de un tiempo:
Mogutaro- Qué te trae por aquí joven inquieto?
Mogujiro- No me dijiste nada sobre el disco.
Mogutaro- Te dije que era de la banda inglesa Caravan, su quinto disco en estudio editado en el año 1973, concretamente.
Mogujiro- Sí, pero…
Mogutaro- En sus filas podemos ver un cambio con respecto a la anterior formación, que a su vez fue cambio de la anterior, pero ésta otra anterior, no se extendió mucho, y así, tras un cambio múltiple, doble, en concreto, de la primera se establecerá formación que da paso a este disco.
Mogujiro- Cambio. ¿De cambio?
Mogutaro- Efectivamente, Mogujiro, estás hoy muy perspicaz e inquieto. ¿No es cierto? Te explico en breve, pero antes unas pastas. ¿Quieres alguna?
Mogujiro- No, gracias. Sin embargo. ¿Cómo es posible tanto cambio? ¿Cómo es que se produjo tal acontecimiento?
Mogutaro- Bueno, cuando se editó el disco Waterloo Lily, inmediatamente anterior a éste, los componentes eran los siguientes: Steve Miller al piano/teclados (sustituyendo así a Dave Sinclair), Richard Sinclair al bajo, Richard Coughlan en batería y percusión además de Pye Hastings a la guitarra y también “a la voz” en la mayoría de los temas, además de unos cuantos invitados. Esta formación no duró mucho tiempo y tras sacar el disco Waterloo Lily la formación se separó por discrepancias artísticas, donde al guitarrista, Pye Hastings, no le gustaba en demasía el sentido "jazzy" para Caravan cosa que era base y fundamento para Miller, y algo también secundado por Sinclair, así que éstos dos últimos marcharon dejando un hueco al bajo y los teclados.
Mogujiro-Y ahora viene una formación que aún duró menos y que ni siquiera llegaron a sacar álbum.
Mogutaro- Exactamente, aunque sí hubo sesiones para comenzar a grabar un disco. Pero tiempo al tiempo, aún no hemos dicho cómo se llamaban los nuevos integrantes. El nuevo bajista fue Stu Evans y el teclista, Derek Austin, además ya se integra en la banda Geoff Richardson que tocará la viola de forma continuada en Caravan, formando parte constante de siguientes discos. Caravan actuará mucho…
Mogujiro- Un momento, Mogutaro, por favor. ¿De qué grupos procede esta gente? ¿Pertenecían al ámbito Canterbury?
Mogutaro- ¿Sabes, Mogujiro? Todos los días son días de aprender, el conocimiento es algo que nunca cesa de crecer y por tanto inabarcable para criaturas tan intrascendentes como nosotros.
Mogujiro- Eso es… que no sabes la respuesta?
Mogutaro- No, por supuesto. Tan solo que la información sobre Stu Evans y Derek Austin no está muy a mano; sobre éste último puedo decir que participó en el grupo Glass (nada relacionado, al parecer, con el mundo Canterbury) el cuál sacó un álbum, de título homónimo al nombre del grupo, en 1970, en el que llegó a participar Peter Green, fundador de la famosa banda Fleetwood Mac, y estaba producido por Mel Collins (todo esto de fuentes muy turbulentas). La banda se disolvió en julio del 71, poco después, y tras grabar en directo con una formación especial de la Keef Hartly Band, Austin se enrolará, por fin con Caravan. Y como te he dicho algo sí se grabó, en la reedición del disco en 2001 por parte de Decca se ofrece un bonus titulado “Derek's Long Thing”, donde éste manejaba los teclados.
Mogujiro- Y qué puedes decirme sobre el más interesante de los tres, de Geoff Richardson?
Mogutaro- Pues, la relación con Caravan le vino a través de un miembro del grupo Spirogyra, el bajista Steve Borrill. Parece ser que a Richardson le gustó el trabajo de Caravan hasta entonces y que en un grupo que formó con un amigo en el que versionaron algún tema del segundo de Caravan. Steve Borrill presentó para suplir el puesto a la viola que se quería en Caravan y así fue como llego a formar parte de ellos.
Mogujiro- Gracias, Mogutaro, por las explicaciones.
Mogutaro- Entonces, con tu permiso continúo lo que estaba contándote. Esta nueva formación de Caravan, a pesar de no grabar ningún disco sí hizo muchas actuaciones viajando al extranjero. Sin embargo tras esta serie de giras, de nuevo caravan pierde al teclista y al bajista. Teniendo que buscar dos nuevos compañeros, la labor del bajo se suplirá con John G.Perry, y para el puesto a los teclados las miradas se posarán en Dave Sinclair que no haría mucho abandonó Matching Mole.
Mogujiro- Y la marcha de Sinclair de Matching Mole, a qué de debió?
Mogutaro- Eso tiene fácil respuesta, Mogujiro. Parece ser, siguiendo a los entendidos, por discrepancias artísticas (algo así como le pasaba a Pye Hastings con el Caravan de Waterloo Lily), y es que no estaba muy convencido del camino por el que la banda viraba, un camino más decidido por el jazz rock, así que al tiempo de que se integrase en la banda a un segundo pianista, Dave MacRae procedente de Nucleus, después de una gira europea, Sinclair decidió abandonar la banda. Esa falta de intención jazzistica en Sinclair y Pye Hastings también es de manifiesto en el disco que tratamos, siendo el jazz algo prácticamente inexistente en el disco.
Mogujiro- Y después de dejar Matching Mole hizo una llamada y volvió a Caravan, cierto?
Mogutaro- No exactamente, y es que él fue quien recibió una llamada de Richar Sinclair, antiguo Caravanero, para que participase en un proyecto de grupo, el que al final sería Hatfield and the North, sin embargo también dejó este proyecto, y ya finalmente, y todo esto es contado por los sabios, volvió a integrarse en Caravan, por problemas económicos, entre otras.
Mogujiro-Así que problemas económicos, eh? ¿Influye eso en el disco?
Mogutaro-Sí puede tener repercusión, al no nacer la música de una intención “artística” de hacerla, y tal vez ese es el motivo por el que este álbum conceda más margen a un cierto ámbito comercial, enfocado al pop y melodías más “fáiles” que en anteriores discos, más concretamente el anterior ya que Caravan generalmente siempre a tenido ese aire (y cuando digo aire digo brisa) algo pop. Sin embargo que esto no te parte del disco y malentendiendo el sentido.
Mogujiro- Bueno, bueno, por fin hemos acabado el repaso biográfico del asunto.
Mogutaro- Pero si no hemos contado a los invitados!
Mogujiro- ¡No, por favor!
Mogutaro- Tuya será la insipiencia…
Mogujiro- Correré el riesgo de no ser arqueólogo.
Mogutaro- Bien, como quieras. ¿Y, cómo empezamos a hablar de la música? ¡Todo es tan subjetivo!
Mogujiro- Está, claro, pero algo podrás decirme.
Mogutaro- Algo sí, faltaría más.
Mogujiro- Bien, eso esperaba.
Mogutaro- Pues siendo así empezaré hablándote sobre la actitud del disco, en todo momento puede verse una actitud en él que podrá llamase de optimismo, al menos es la consecuencia, lo que transmite, pero será mucho mejor tratarlo tema a tema. ¿Te parece?
Mogujiro- Sí, de esa forma podré hacerme una idea más clara del disco.
Mogutaro- El disco comienza con “Memory Lain, Hugh / Headloss” de forma especialmente representativa para todo el disco, las primeras notas son de una guitarra muy potente y que repite la misma estructura una y otra vez acompañada del los golpes al charles de Coulghan a los que al poco tiempo se unen en un mismo momento el bombo y el bajo, muy contundente y con una fuerza especial en la que todo se combina dando una muestra especial de optimismo que con un ritmo muy marcado que ayuda a levantar el ánimo, al poco entra la voz, esa voz aguda y también marcada por un ambiente jovial y que está amortiguada o respaldada por la viola desde el mismo momento en que empieza a cantar, todo esto es el comienzo la toma de fuerzas para un disco que brinda satisfacción y alegría con cada escucha. El tema prosigue y sin mucha dilación la voz toma el control total de la situación en un coro que acentúa esa sensación que cada vez nos va envolviendo más, y vuelta al protagonismo guitarrero y a las voces poco después repitiendo los mismos parámetros, vuelta la voz a subir, a independizarse, y tras una subida nos deja caer en el colchón de una preciosa flauta, acompañada por un bajo juguetón, a la que le sigue la introducción de la viola a un juego de vientos que respaldan el solo guitarrero de Pyle, y se cierra el su momento, con la misma viola que lo abrió. Entra la flauta ahora más enigmática y volátil, a la que se le suma un saxo y una batería muy marcada, la flauta a secas, otra vez, y tras unos segundos, se produce una cierre magistral de la situación con una viola que sube hasta desgarrar la imagen y que abre la segunda parte del tema. ¡La guitarra agresiva, irrumpe! Tras ella, la batería, los teclados y una avalancha sitúa un nuevo plano, más movido incluso que el comienzo del tema, la voz entra ahora, se hace protagonista y con una gran melodía va guiando el tema respaldada muy acertadamente por un coro en un momento determinado. La viola vuelve a tener su pequeño espacio, siempre como interludio, de nuevo la misma melodía vocal. Al tiempo la guitarra se sitúa, toma el protagonismo de la acción, dando muestra de un solo, al que contesta la viola con otro. Regresa la melodía vocal que estructura esta segunda parte del tema, y prepárate por que llega uno de los mejores cierres del álbum, la viola y la guitarra en un juego entre ambas ¡En un baile para momento de inspiración en ambas! Se van separando dando paso la una y la otra hasta que al final vuelven a unirse para cerrar de forma espléndida el tema.
Mogujiro- Todo parece muy atractivo, sobre todo el uso de los vientos intermedios tiene que ser sobrecogedor. ¿Y los teclados? Casi ni los has nombrado.
Mogutaro- Desde luego el tema ofrece momentos muy sobrecogedores, como ese de los vientos o los espacios para la viola. Sobre los teclados es cierto que no he hablado mucho de ellos, pero es que se encuentran en un segundo plano, y casi no hay momento para que Sinclair se despache a gusto, la tónica del disco verás que no es muy distinta, y es que guarda mucho protagonismo la guitarra, la propia viola (y los diálogos entre ambos) y, desde luego, la voz. ¿Pasamos al siguiente tema?
Mogujiro- Sí, por supuesto.
Mogutaro- Pues, el disco prosigue con: “Hoedown”. Comienza, como el primer tema, con la guitarra, muy animada ella, formulando la misma estructura y mientras es acompañada poco después con el bombo y un cencerro, todo un ambiente my animado y distendido, de repente entran un par de voces cantando lo mismo que sigue con el ambiente fiestero, y de nuevo ese cencerro! La viola, unas palmas, todo parece como si estuviésemos en una fiesta báquica los unos por aquí y otros por allá corriendo divirtiéndose y todos borrachos, sin descanso. Un momento de pequeña tranquilidad con unos cristalinos teclados, y otra vez las voces, el sonido de palmas de fondo, y en estos últimos segundo el ese ambiente cristalino se apodera de todo sumiéndolo en la calma, necesaria después de tan emocionante pasaje.
Mogujiro- ¡Qué estupendo tema parece!
Mogutaro- De lo más caluroso del disco, tal vez no sea la mejor en cuanto a composición pero es un tema corto y conciso que transmite una sensación de optimismo gloriosa.
Mogujiro- Sigue, sigue…
Mogutaro- Siguiente tema: “Surprise, Surprise”. Una dulce voz y una guitarra acústica nos introducen en él de una manera tranquila, pausada, distante completamente del tema anterior pero con mucho encanto. Se añaden poco a poco los demás instrumentos y el bajo toma protagonismo, con ese sonido propio tan acolchado, y ahora sí, los teclados, de fondo con un apoyo esencial mientras la voz hace avanzar al tema, hasta llegar, como gusta en este disco a pequeños máximos a los que retorna la melodía anterior. La omnipresencia de la voz en este tema, su constituyente, no cansa y está muy bien respaldada por las pequeñas intervenciones, desde lo lejos, del resto de instrumentos. Al tiempo, la viola toma protagonismo releva a la voz, dando paso a un gran pasaje en solitario respaldado por ese bajo, también omnipresente pero por debajo, y acaba con él mismo algo más puntiagudo que en el resto del tema después de otra pequeña intervención de las voces.
Mogurao- ¿A este tema no comentas nada?
Mogujiro- Simplemente que parece un tema muy agradable. Me suena un poco a intermedio entre dos partes distintas.
Mogutaro- No te equivocas, porque aquí llega: “C'thlu Thlu”, imagina a alguien deslizándose con calcetines por parqué, ponle un micro a sus pies y ese será el primer sonido que oigas en el tema, ponle a éste personaje una actitud intrigante, como buscando algo, en un lugar, obscuro, el bajo sinuoso (¡pero metálico!), lenta, y ruido de los teclados dibujando parábolas en el cielo, voces, ahora, susurrantes. Y… un salto! Entra otra actitud, la viola se incorpora y las voces más animosas dando brincos estáticos de aquí para allá, pero otra, vez, ahí está ese ambiente, denso, esos teclados, esas voces, y ese bajo. La viola de nuevo, dando vida transformándolo, influyendo sobre las voces que de nuevo cogen copero, y de repente! Un grito. La guitarra distorsionada, hace agridulce el ambiente, ya no es lo mismo los teclados son otra cosa más lastimosos casi llorando y riendo a la vez, una sonrisa macabra. Un nuevo guitarreo, siempre bajo la sombra el tema, esta vez sin distorsión rompe hilos son ruidos chirriantes, y la viola de nuevo intentando salvar la situación entra, pero ya no hay remedio, todo ha acabado este es el final de penuria del tema.
Mogujiro- Sabía yo que algo distinto iba a llegar, pero no tan distinto! Vaya tema más raro dentro del album. ¡Y que espeluznante!
Mogutaro- Pues prepárate a oírlo, la descripción no tiene comparación a la sensación que verdaderamente produce el tema.
Sigo con el disco, que continua con: “The Dog, the Dog, He's at it Again”. Se inicia con una bonita melodía vocal respaldada por una discreta viola, a la que se incorpora una guitarra distorsionada pero muy sutil con una sola nota, tras lo cual los teclados se introducen una parte muy amable, a lo que las voces sustituyen con la ayuda de la viola, y por allá se escucha esa guitarra. Unos coros continúan el tema y después otra intromisión de los teclados primero como antes pero que siguen con un amplio espacio para que Sinclair se luzca creando unos ambientes muy suaves con unos sonidos a veces estridentes, y se cierra con la viola. Retoma la voz al plano principal, y los coros, de nuevo. Todo una ambiente muy suave, del que no sale el tema en momento alguno que continúan el anterior tema de forma muy sugerente, entre lo alegre y lo melancólico; y todo acaba con múltiples voces, dando una ambiente de totalidad a la reconstrucción del espacio derruido en “C'thlu Thlu”, dejando un ambiente neutro para lo siguiente.
Mogujiro- Muy especial el tema, y como dices parece que salva bien el espacio difícil que ofrecía el anterior tema. Y por fin Sinclair se ha hecho notar.
Mogutaro- Una de las pocas veces que toma verdadero protagonismo en el disco, y realmente consigue unos ambientes espléndidos.
Moguiro- ¿Y ahora, qué viene?
Mogutaro- Vamos a ver… El siguiente se titula: “Be Alright - Chance of a Lifetime”, un helicóptero, y un fuerte principio lo inaugura; la viola lleva el ritmo y la batería marca el paso con un ágil rendimiento pero dejando huella, la voz entra ahora tomando como base lo anterior, unos álgidos coros elevan el ambiente y casi sin tiempo entra la guitarra desgarradora. La voz toma la vos discursiva ahora, de nuevo, y maneja el tema durante largo rato dando un par de esos momentos álgidos, tras lo cual un ambiente más sosegado entra en escena con esa voz susurrante acompañada por la viola, com protagonistas de la escena, donde los instrumentos como la acústica e incluso una flauta tienen cabida detrás del protagonismo vocal. Tras una pequeña introducción a piano la viola vuelve a coger protagonismo, en un ambiente calmado pero con aire de grandeza en todo momento, se oye la guitarra a lo lejos, despuntando. Y de repente, tras unos cuantos segundos, se acaba el tema casi sin darse uno cuenta.
Mogujiro- Parece un tema muy variado e interesante, tal vez sea de lo mejor que se haya echo hasta ahora. ¿No?
Mogutaro- Verdaderamente es muy bueno, con muchos arreglos y, como dices, variado, aunque, por supuesto, en la línea del disco. Bien, sabes,… ¿Sabes qué viene ahora?
Mogujiro- Evidentemente no, pero si lo nombras debe ser algo grande.
Moguaro- Evidentemente es algo grande, quizás el tema más completo del disco, quizás su momento de mayor esplendor, reservado, cómo no, para el final. Un tema largo, de unos diez minutos, con arreglos orquestales. ¿Te apetece que lo comente ya?
Mogujiro- Por supuesto, además es lo propio. ¿Cierto?
Mogutaro- Perfecto entonces, contigo: “L'Auberge du Sanglier / A Hunting We Shall Go / Pengola / Backwards / A Hunting We Shall Go (Reprise)”. Comienzo tranquilo, a manos de una guitarra acústica y un acompañamiento de la viola que ligera ella, eleva el tono del tema mientras la guitarra sentencia la pauta que se pierde, y se intuye que se pierde, no muy lejos… Una tremenda explosión, y la batería enervada comienzan con una parte violenta donde la viola coge el máximo protagonismo y con rapidez avanza por el tema enganchando con la guitarra distorsionada a modo de pequeños espasmos; el ambiente elevado fluye por todas partes sintiendo las consecuencias de aquella explosión, la rapidez se hace notar, la viola con sentido profético lanza a la guitarra violenta a escena irrumpiendo con un pequeño solo muy propio a la ocasión, vuelve la viola a tomas mano y vuelve algo más tarde la guitarra repitiendo la estructura, pero esta vez la guitarra se prolonga más y notándose más un tono crudo; de repente la viola con un sonido muy limpio toma otra vez protagonismo, y un momento álgido vendrá enseguida con la viola como comandante pero el resto de instrumentos, cada uno por su lado, ofreciendo lo mejor que pueden a este violento ambiente. Y, ahora, calma, el piano llega, una calmada melodía y, con ella, los arreglos de orquesta, el ambiente calmo va poco a poco tomando fuerza, el piano, deja espacio para la viola y más tarde el bajo, que clava su esencia en escena, y los teclados, más tarde con un ambiente atmosférico mientras, por detrás la orquesta, con los vientos y las cuerdas elevan la situación (Y esto es mejor escucharlo que hablarlo). Y ya hacia el final del tema, coge la fuerza del principio tomando la viola el mismo motivo en aquel, y apresuradamente avanza, de pronto los vientos de la orquesta la apartan a una lada, ella vuelve a envestirles y de repente, una gran explosión acaba con la emoción del espectador que ya no podía seguir siendo contenida y que hubiese acabado con él si no es que el propio tema se aniquila antes.
Mogujiro- Todo parece muy emocionante, y sí, según la descripción parece ser uno de los mejores.
Mogutaro- Tal vez, algo a su favor, es que deja de lado (como ya se venía haciendo desde la segunda mistad del disco) ese ambiente, alegre en demasía y casi fiestero, para contemplar algo más serio pero que no por ello deja de ser verdaderamente emotivo.
Mogujiro- Sí, tal vez tengas razón y sea eso un punto fuerte. Y ¿Aquí se acaba todo?
Mogutaro- Efectivamente, espero haberte sido de ayuda en la duda del día. Y ahora, no tardes más tiempo en ir a escuchar el disco, es cuanto debes hacer ahora mismo.
Gil


Se termina una nueva semana y regresamos a la que venía siendo la misión más reciente de este espacio antes que nos tomáramos un muy necesario descanso. Es, entonces, pertinente hacer un repaso sobre la intención que íbamos a desarrollar durante un par de viernes más, porque seguramente -y por más que esto se vea apenas se ingresa a la página inicial del blog- muchos de ustedes (la mayoría, por no decir todos) probablemente no tengan en mente nada de lo relativo a cuanto aquí se escribe. Sólo yo, después de todo, tengo habilitado ser tan obsesivo respecto a este espacio (?). Por lo tanto, y en pos de reafirmar que esto que queríamos afrontar continuará pese a haberse visto cercenada su continuidad cronológica por el hecho de que somos unos pajeros (?) les recordaremos cuál iba a ser nuestro -por llamarlo de algún modo- mini-ciclo de posts alegóricos. Saben ustedes, lo han visto alguna vez y tal vez lo recuerden, que cada tanto solemos enfrascarnos en la tarea de profundizar respecto a una expresión, una idea, un estilo, un movimiento, un género, en fin, alguno de los muchos principios aglutinantes que tiene la música. El fin es el mismo que tienen todas las palabras aquí contenidas, dar una definición historicista y contextualizada de lo que pasa por los costados, por los confines de la música y que no tiene que ver estrictamente con ella sino con aspectos más bien sociales y culturales (e incluso políticos), pero en estos casos que relatamos, el enfoque cambia decisivamente. Lo que acostumbramos hacer cuando tomamos un género es desmenuzarlo aleatoriamente, tomarlo en un momento, dejar pasar un tiempo y luego, al tiempo, retomarlo para a partir de tal reformulación crear una red descriptiva donde el concepto se amplíe y su aprendizaje (si es que hay un aprendizaje involucrado en lo que aquí hacemos, que esperamos que sí) se haga más sencillo. La idea es no sobredosificar la información, en pos de que su procesamiento sea más bien paulatino, y así se incorpore mejor a la experiencia de la escucha. Esperamos, en este sentido, que muchos de ustedes entiendan hoy mucho mejor que cuando nos aprestamos a recorrerla la historia y la importancia que la música negra estadounidense tuvo en el panorama de aquel país. Eso se logró, de todas maneras, con un cambio de paradigma. Seguramente, aquel fue el lapso más extenso que pasamos hablando de un mismo tema, y sirvió de norte para darnos cuenta de que podemos hacerlo con cierta asiduidad. Pero claro, para afrontar tal tarea, el movimiento al que nos referimos tiene que tener múltiples interpretaciones y ser pasible de infinitas descripciones que hablen de momentos, de la generación de una movida desde su génesis hasta su final, pasando por su apogeo y, claro, haciendo hincapié en la importancia que tuvo no sólo para la música popular contemporánea sino -y tal vez esto sea aún más importante- para la cultura y la música del país donde aquella creación tuvo lugar. Así fue que pasamos, durante un mes bello allá lejos y hace tiempo, por el que este humilde escriba cree que fue el último proceso realmente revolucionario que tuvo lugar en la música de nuestra era, aquel donde un grupo de jóvenes universitarios y culturosos de inquieta psiquis lograron subvertir la herencia anglófila que regía a todo cuanto sonaba por sus tierras y crearon de la nada un nuevo estilo, un paradigma renovado, una manera de hacer las cosas inédita hasta entonces. Recordábamos, allí, que fue la prensa británica la que tuvo a su cargo la responsabilidad de bautizar un movimiento descentralizado, heterogéneo y carente de organización. Como estaban, los muchachos de los que hablamos, en Alemania, los muy inteligentes invadepaíses le batieron a aquella ensalada musical el propicio mote de krautrock con el que se conoció y conoce hasta hoy a una plétora de maneras de acercarse al hecho musical y artístico que definieron a una juventud casi tan importante históricamente (amén de no estar en todos los libros) como aquella que impulsara el mayo francés. Pues bien, en el género -o, mejor dicho, el movimiento- en el que venimos incurriendo hace ya un par de semanas (a partir de un post que funcionó como disparador al hacernos dar cuenta de que no estábamos dándole la relevancia que a nuestro entender merece) ambas cuestiones se entrecruzan: una inquieta generación que, inspirada en el auge revolucionario que la cultura joven adquirió a partir de su contestataria lucha pacifista (probablemente la única herencia digna de ser mencionada de la funesta oleada del flower power), crea su propia manera de entender el mundo y, por consiguiente, el arte, y una tierra propicia para tales fines como lo fue aquella que durante el hippismo dio a los Beatles y que, como resaca, fue creando y olvidándose de diversas movidas adyacentes que buscaban en aquel fenómeno su inspiración. Bueno, la verdad que sería bastante poco fiel a la verdad hablar de influencia beatle en el movimiento del que hablamos, pero también huelga reconocer que sin cuatro de Liverpool, nada de esto hubiese pasado, en especial en términos de apertura artística. En definitiva, cuando alguien demostró que las cosas podían hacerse distinto y lo hizo desde el rock, todos aquellos que querían diferenciarse optaron por aquel sonido y lo hicieron de las maneras más variadas, diversas y, en el caso de aquella movida de la que hablamos, bien distintiva. Porque, nuevamente a criterio de quien esto escribe, es justo decir que pocos grupos de gente han producido música tan original y significativa para quienes entendemos que lo que hay que hacer es siempre correr los límites como lo hizo la generación de músicos de jazz y conservatorio tornados hacia el lado del rocanrol que se llamó, a la postre y por su asociación con un espacio geográfico particular -obsesión muy común de los ingleses, con su merseybeat y, luego, su brit pop- con el ya legendario nombre de escena de Canterbury o, en su otra acepción, rock canterburiano.
Por si no se dieron cuenta y hace falta reforzar la imagen, sí, aquí en este humilde blog sencillamente nos encanta hablar de todo cuanto tenga que ver con Canterbury, un movimiento que duró apenas unos años -menos de una década- pero que dejó tras de sí un acervo musical de lo más interesante, inspirado y verdaderamente genial de todo cuanto se haya producido en la Inglaterra post Beatles. Tras la sin lugar a dudas fulgurante aparición de los Fab Four y su exilio autoimpuesto hacia la tierra de los libres y hogar de los valientes, lo que más ocurrió en términos musicales en su tierra natal fueron colectivo tras colectivo de salieris que buscaban el mismo impacto que Lennon y Macca habían tenido en la juventud de esos días a través de pastosas y edulcoradas melodías, torpes armonías y desembozados intentos por transformarse en la nueva sensación de la música, arrebatos netamente comerciales que nos han dejado alguna que otra gema digna de recordar pero que han producido materiales más bien olvidables, que lejos están de ser considerados en un hipotético Parnaso sino que más bien se sitúan en la papelera de reciclaje del rocanrol. Podemos considerar a esto una consecuencia lógica, si lo pensamos bien. Por un lado, es lógico que la escena se resienta y recalcule sus objetivos cuando alguien rompe los moldes de una manera tan alevosa; y por otro también es entendible que lo que haya quedado sea apenas la resaca, en especial cuando las bandas más prominentes de la isla terminaron yéndose todas a probar suerte (y algunos, a obtenerla) en los Estados Unidos. Más aún, cuando se piensa que alguien descubrió el filón, lo clásico para ciertas frentes carentes de ancho (?) es pensar que cualquiera puede hacerlo y que eso es lo que va a vender (la lógica de la máquina de hacer chorizos, que le llaman). Pues no, queridos, no cualquiera puede hacer lo que hicieron los Beatles. Por lo que lejos de la lógica y más cerca de la ironía, hay que apelar al exacto contrario, al espejo de aquello que es exitoso, para encontrar algo que tenga significado. Es esa la visión de este blog, en realidad, pero también pareció ser el principio rector de la escena de Canterbury. Es imposible entender, de otra manera, que en la continuidad cronológica que sugiere la línea de tiempo del rock británico, el movimiento canterburiano aparezca en un sitio directamente posterior al beat de los liverpulianos y todos los demás que no nos importan. Evidentemente -sensación reforzada por el nacimiento del Rock In Opposition que reseñamos en alguna aventura anterior- la idea de quienes fueron los pioneros de la escena fue apartarse conscientemente del comercialismo en búsqueda de algo que fuese, para ellos, más valioso, una realización. Todo ese proceso, que a juzgar por lo que terminó produciendo lejos estuvo de ser espontáneo pero cuya determinada expansión tuvo ribetes de contagio que sí sugieren cierta emoción común y no un plan direccionado, comienza con un antecedente clave que tiene lugar en simultáneo con el primer auge beatle, lo que nos habla a las claras de que quienes fueron los cráneos de todo lo que pasaría apenas unos años después ya tenían bien clarito lo que querían hacer y, más aún, sabían a las claras que su destino estaba bastante alejado de aquella música que escuchaban todos. Bien por ellos, que aparecieron en derredor de Canterbury, ciudad profundamente eclesiástica que se halla en el corazón del recoleto condado del sudoeste inglés que se llama como Clark (?), Kent. Allí se juntaron un grupo de barriletes en una efímera agrupación que se llamó The Wilde Flowers. En esta banda, cuyo derrotero data de 1964 a 1967 y no cuenta con grabaciones oficiales (aunque sí con alguna que otra recopilación oportunista) revistieron nenes de pecho como Kevin Ayers, Brian y Hugh Hopper, Robert Wyatt y, sobre todo, la plana mayor de un grupo que se formó a poco de separados los Wilde Flowers y que es objeto del post que aquí presentamos. Originada de una débâcle como es la desaparición de un grupo que no le importa a nadie pero que a la postre probaría ser mucho más influyente que otros que sí, la banda póstuma de los ex Wilde Flowers Pye Hastings (guitarra, voz y composición), David (teclados) y Richard Sinclair (bajo) y Richard Coughlan (batería) se llamó Caravan y comenzó su carrera en 1968 con una idea mucho más abarcativa y ambiciosa que su antecesora. Inspirados en las lecciones del rock psicodélico pero con un enfoque mucho más expansivo, que traía lecciones del jazz, la música de cámara y algunas variantes más experimentales (avant garde, música improvisada), los Caravan se volvieron una sensación instantánea, al punto tal de ser la primera banda británica firmada por el sello Verve, que les editó su debut Caravan en el mismo ‘68. También fueron la última, porque Verve los despidió poco después, ante lo que se cambiaron a la más propicia Decca. Tras dos álbumes bastante exitosos, David Sinclair abandona el grupo y en su lugar ingresa el tecladista de jazz Steve Miller. La impronta de Miller, pese a su poco tiempo de membresía, hizo de Caravan una banda nueva, todavía más arriesgada y densa, que grabó en 1972 el brillante Waterloo Lily para desintegrarse poco después. Por suerte su factótum Pye Hastings bancó la parada lo suficiente como para traer de vuelta a Sinclair y, junto a él, Coughlan, el bajista John Perry y el violista Geoff Richardson, grabar durante los primeros meses de 1973 el que sería el opus magna de esta insigne banda británica, este For Girls Who Grow Plump In The Night que salió por Decca en octubre de aquel año. Lo maravilloso de este álbum es todo cómo logran combinar una inédita sensibilidad melódica (las bellísimas “Surprise, Surprise” y “The Dog, The Dog, He’s At it Again”) con extensas suites como la que cierra el disco y demuestra a las claras la calidad compositiva e instrumental de unos muchachos que demostrarían estar a años luz, incluso, de la oleada del rock progresivo que los precedió por ideas, por buen gusto y, sobre todo, porque lo que hay aquí es genialidad sin limitaciones, sin pruritos, sólo ganas de hacer música.
¡Y qué música, amigos!
De mi discoteca


Y ahora vamos con los comentarios en inglés, algunos al menos porque hay demasiados para traer, copio hasta que me canse:

After the musical uncertainty of Waterloo Lily, Caravan returned with their most inspired recording since In the Land of the Grey and Pink. The splendidly titled For Girls Who Grow Plump in the Night is several steps ahead in terms of fresh musical ideas that wholly incorporate the band's trademark humor within the otherwise serious and challenging sonic structures. Two of the more dominant reasons for the change in Caravan's sound were the return of keyboardist Dave Sinclair and the addition of violist Peter Geoffrey Richardson. Die-hard fans gladly welcomed Sinclair back, however, Richardson was met with heckles from enthusiasts during live appearances. They were soon silenced as his place on For Girls Who Grow Plump in the Night easily ranks among Caravan's watershed moments. There are perhaps none better than the mesmerizing counterpoint melodies he weaves during the "L'Auberge Du Sanglier" suite. While not completely abandoning their jazz leanings, For Girls Who Grow Plump in the Night is considerably focused back into the rock genre. Ironically, the album also features some rather elaborate orchestration. In context, it is quite effective in creating emphasis -- especially on the leadoff track "Memory Lain, Hugh," as well as the dreamy mid-tempo "The Dog, The Dog, He's At It Again." The remastered CD also includes five additional tracks. The first four are demos featuring the band without orchestra and with some notable differences, such as the distinct lead guitar opening to "Memory Lain, Hugh." "Derek's Long Thing" is another instrumental piece penned by keyboardist Derek Austin -- one of the two transitional Caravan members chosen to replace Steve Miller. A must-own for inclined parties.
Lindsay Planer

The return of one Sinclair and the departure of the other and the arrival of Richardson makes you realize that another era has started . By all means another great piece of meat you can sink your teeth into as Thlu , Lifetime , Sanglier , Dog are still regularly played in concert nowadays. The Dog is one of the most hilarious and sexist set of lyrics (Lear Ricks as the Caravan pun goes) as he decided to make an Ode to a Blowjob. The bonus tracks includes a lenghty composition of a very short-lived line-up with yet another bassist and keyboardist and if the sound quality is not great , it sure is interesting. The cover was almost banned in the formula you see , but the original idea was to have the pregnant woman naked on the bed.
This explaining that , it does get another halfstar.
Sean Trane

This is Canterbury progressive rock music. CARAVAN has definitely his style here. The presence of excellent viola gives personality to this band. There are very good electric and acoustic guitar parts. The ensemble is catchy and rythmic, but rather mellow, and can be entirely listened without any problem. The keyboards can be rythmic melodic and slightly floating; they are rather subtle and refined. The bass is present and quite sophisticated. The lead vocals are absolutely outstanding. The drums patterns are never monotonous. This is not dark or aggressive music. It implies happiness in a peaceful way.
Greenback

A superb album from start to finish. After Caravan had appeared to lose their way with "Waterloo Lily", they came back in top form here. Richard Sinclair and Steve Millar, who both wanted to continue to explore the jazz direction of "Waterloo Lily", left the band prior to the recording of this album, leaving the way clear for Pye Hastings and the remaining members to revert to the more rock focused, melodic style of previous albums.
"For girls.." leads off with one of the many the live favourites it spawned. "Memory Lain/Hugh Headloss" is a track which sums up all that is good about the album. It is melodic, adventurous, interesting, tight, and very well performed. "The dog, the dog.." is my personal favourite, with its inspired lyrics, and simple melody.
The closing track, "L'auberge Du Sanglier" is one of those Caravan epics, this time nominally in 5 parts, but very much a complete piece.
Had the band continued to pursue the jazz route of "Waterloo Lily", I believe they would have rapidly lost their following and imploded. Fortunately they didn't and, as they say, the rest is history.
The recently remastered CD has 5 additional tracks, mainly early versions of album tracks, including the wonderfully named "He who smelt it dealt it".
Bob McBeath

Theres a lot of relief on this album, like a return to their roots after WL. So What? They kept going onward following a groove regardless of fan criticism. In saying that FG's is a beautiful 'hoedowny' album that has wonderful pieces of music that beckon back debut creations like ' A Place of my Own'. In chaotic splendor they bring home songs like 'L'auberge,,' but in essence the fundamentals ring thru with classics like' Cthlu', 'Headloss', ' Hoedown' and the nostalgic ' Chance of a Lifetime'. Ah but where for Caravan would I be......
Chris S.

I didn't know what to expect when buying this, and talk about pleasant surprises! Nice relaxing melodies, great vocals and use of diverse instruments. Highly recommended to people not introduced to caravan or cantebury for that matter. I enjoy every minute of this album, great to relax to. 4 stars.
Eric

Different a lot from In The Land... but very good album from Caravan under the influence of Pye Hastings' rocker conceptions. Very good (and rich) instrumental parts: clarinet; tenor, baritone and alto saxophones; piccolo; flute; trumpet and trombone; congas; syntesizer on the "memorable" Memory Lain, Hugh/Hedloss. The last one (L'auberge du Sanglier / A hunting we shall go / Pengola / Backwards / A hunting we shall go -reprise- 10:05) features a splendid orchestral arrangement by Martin Ford who has previously worked with Barclay James Harvest.
Good Decca 2001 remastered edition, rich and complete booklet with lots of bands informations and photos, 33mns of bonus tracks material!
Highly Recommended!
Andrea Cortese

Unlike my tepid reception of the acclaimed "In The Land Of Grey And Pink" for which I had great excpectations, this album surprised me with its quite different music style and playing. Instead of dominant keyborads, "For Girls..." is carried on by guitars and viola, giving it a folky feel. At times it even reminds of certain American "southern rockers". This album is far more adventurous and diverse. I never felt bored during listening because the tracks are sometimes very different and easily recognizeable. From the guitar-driven opener "Memory Lain" with melodic vocal harmonies in the vein of DOOBIE BROTHERS, through the closing "symphonic" multi-part suite with orchestra "L'auberge du...", this album is excellent listening experience, which forces you to listen again. The sound is similar to CURVED AIR due to viola play, so the fans of the mentioned are particularly advised to grab this album. Apart from them, "For Girls..." should be easily enjoyed by most of prog fans and the general music lovers equally.
Seyo

What a great album! Not only does it feature the usual (and superb!) flute and keyboard solos (played by Jimmy Hastings and Dave Sinclair respectively), but it turns out that viola player Geoff Richardson is a crucial acquisition, and Pye Hastings comes up with some of his best ever songs. The opening duo of "Memory Lain, Hugh / Headloss" and "Hoedown" (played with great gusto by the band, fortified by a horn section) is one of the most cheering moments in early 1970s prog. The remainder of the album is superior as well. "The dog, the dog, is at it again" must be one of prog's most irresistible singalong ditties - far more charming than "Your move", for example. Enjoy!!!
fuxi

"For Girls Who Grow Plump In The Night" marks a return to the CARAVAN sound I know and love.The Jazz sounds that influenced "Waterloo Lily" are all but gone along with Richard Sinclair and Steve Miller who still wanted to pursue that direction. Enter John Perry on bass and the returning David Sinclair on keyboards after a stint with MATCHING MOLE. The addition of Geoffrey Richardson can't be underestimated, as his viola play brings a fresh sound to the band. Although this is in the mold of their earlier works it does sound lighter, smoother, catchier and maybe more symphonic. I suppose you could say this is Pye Hastings baby now, no not the pregnant lady on the cover, but the band. He writes pretty much all the songs and it's good to hear his brother Jimmy playing the flute on the first track as well as conducting and arranging the woodwind and brass section on that song.
"Memory Lain, Hugh / Headloss" has such a good beat to it with some pastoral sections with flute in between. Some prominant drumming and great guitar melodies. The "Headloss" section is uptempo with guitar, vocals and drums all shining bright. This is great ! "Hoedown" features a fast paced melody and vocals to match. The viola is a nice touch.My least favourite track though. "Surprise, Surprise" is slower paced than the first two songs.This one is light and breezy. The vocals are great, they really make the song. The drumming deserves special mention as well. "C'Thiu Thiu" has a dark, eerie intro and this is contrasted with an uptempo catchy passage.This contrast continues throughout. Organ 4 1/2 minutes in.
"The Dog,The Dog, He's At It Again" features whimsical vocals and viola. This is so charming. Haha. This has such a catchy melody. "Be Alright / Chance Of A Lifetime" is a much more powerful and aggressive song. A nice ripping guitar solo a minute in. The song suddenly slows right down with reserved vocals and viola. The tempo changes continue. "L'Auberge Du Sanglier / A Hunting We Shall Go / Pengola / Backwards / A Hunting We Shall Go (Reprise)" is the longest track just under10 minutes. Some beautiful orchestral arrangements in this one. Tempo changes often, and the electric cello is a nice touch. Piano and guitar take the spotlight at seperate intervals, and the song ends with an explosion.
John Davie

Starting more rocking then any of their past classics, "For Girls Who Grow Plump In The Night" (a classic title if there ever was one), 'Memory Lain, Hugh/ Headloss' is a super beginning with more upfront guitar by Pye Hastings with viola and flute puncturating the track wonderfully. I love how halfway through the song sounds like its reaching a climax when it delves into part 2, 'Headloss' which sounds very American with Richardson's viola taking center stage ala Kansas. Pye sings great throughout the album, but I do miss Richard Sinclair's bassy but sophisticated voice. Hoedown" continues the Americanized prog, one just needs to notice the title of the song. "Surprise, Surprise" has Hasting's typical fragile and sweet singing with nice bass by newcomer Perry. By now you may notice that David Sinclair's signature keyboard work is somewhat underutilized which, for me, marks this album as a lesser of the main five by the band. Things are rectified by the following killer of a track, "C'thlu Thlu" a downright chilling and spooky number, very appropo for the coming Halloween season ;-). Sinclair's keyboard work is fantastic on this weird but excellent song, just check it out about 4 minutes in until the end, CLASSIC! Now for those who miss their whimsical side, "The Dog, The Dog, He's At It Again" will satisfy you to no end. Funny lyrics and an infectious melody it would fit in nicely on any of their previous albums. "Be Alright/ Chance of a Lifetime" is a rousing number with Richardson's viola leading the charge again sounding very much like Kansas with orchestra taking up much of the background and fiery guitar by Hastings; a track that doesn't get the accolades by Caravan fans. I think it's one of their best rockers ever. Finally we reach the mini-epic track 7, (too many sub-titles for me to type, sorry). If you like orchestral prog you'll be in ectasy with this number, hypnotic and thundering it's another classic. With the bonus tracks the standout is the last track, "Derek's Long Thing" instrumental and awesome sounding like something from their earlier days, I only wish it would have ended up somewhere because it's that good. As their first album was psych/prog, the second more prog than psych, the third a whimsical/prog and their fourth a jazzier/prog, this album leans more towards the symph side of prog yet still has their Canterbury prog roots. I say it fits in well with their whole canon of early albums, not as good as "The Land of..." or "If I Can Do..." but is a marked improvement over the last album, "Waterloo Lily". I give it a 4.5 leaning towards 5/5 easily.
Ray Rappisi jr

Caravan returns to shape in full swing, and in order to do so, they had to refurbish its line-up decidedly: the return of a keyboardsman, the entry of a new bass placer and the decisive entry of Geoff Richardson on viola (and later on, on clarinet and other woodwinds). The rocking energy that somehow had got missing in "Waterloo Lily" returns on "For Girls who Grow Plump in the Night" in a very evident manner, although the fact remains that Caravan still lean son heavily on elements of melodic artsy rock and jazz in order to construe its own typical progressive voice. This is also the first time that the band allows the synthesizer get in as part of its arsenal, albeit only for occasional ornaments: sometimes it is not played by Dave Sinclair, but by Rupert Hine. There is also an enhancement of the sonic power in the rockier numbers, and that's something to thank new bassist John Perry for. As usual, there is a myriad of guests (including an orchestral ensemble) that help a few songs to exploit some specific ideas contained in the basic compositions. That is, for example, the case of the building climax that gets expanded during the second half of the strong opener 'Memory Lain, Hugh'. Next come 'Headloss' and 'Hoedown' (the former, segued to 'Memory Lain, Hugh'), which make the album keep a very strong vibe during its first 13 minutes. 'C'Thlu Thlu' bears a moderately weird ambience, with the viola laying some psychedelic sounds over the catchy guitar riffs, and both Hastings and Perry sharing vocal duties perfectly. On the other hand, 'Surprise, Surprise' and 'The Dog, The Dog, He's At It Again' showcase Hastings' particular taste for kind-spirited songwriting: these two pieces feature the presence of acoustic guitar (strumming and harmonies) as the nucleus of the whole instrumentation, while Richardson delivers nice viola solos. My favourite tracks in this album are the last two. The pair of 'Be All Right' and 'Chance of a Lifetime' displays an interesting set of variations, starting with a Blood Sweat & Tears kind of groove, then coming to a second section based on a slow, melancholy Latin-jazz infected acoustic section. Once again, a special mention has to go to Richardson's viola interventions, really magical. The closure is a very epic 'A Hunting We Shall Go', one of the most demanding compositions ever written by Hastings. This multi-part track includes an interesting expansion on a Mike Ratledge's piece that was part of Soft Machine's "Three". The section is called 'Backwards', and here it is retaken under a more symphonic treatment. The whole track is a monster of a closure, and it will find its definitive incarnation in the live album released by Caravan plus an orchestra one year later. All in all, comparisons are annoying most of the times, and this studio version is very good in its own terms. Conclusion: "For Girls." is an excellent Caravan effort that tends to be a bit overlooked due to the relevance of previous albums such as "In the land of Grey and Pink" and "If I Could Do It Again", but in my opinion, this one should not be overlooked at all, but be labelled as an excellent piece of prog rock.
Cesar Inca

The last really great album by the legendary Canterbury band is a definite improvement over the somewhat directionless "Waterloo Lily", which hovered between Pye Hastings' poppier sensibilities and Richard Sinclair and Steve Miller's jazzier leanings. Even though I am a big fan of Richard S.'s velvet-smooth voice and skillful bass playing, I have to admit that Caravan managed to weather his departure admirably, replacing him with the excellent John G. Perry, and adding a secret weapon to their already rich, multilayered sound, in the shape of violist Geoff Richardson. The return of keyboardist David Sinclair to the fold didn't hurt either, especially since his replacement with Steve Miller had been a rather ill-advised choice.
Left to his own devices, Pye Hastings displays his skills as a lyricist with all sorts of innuendo, starting with the title and album cover, which shows a heavily pregnant woman fast asleep. The lyrics to "The Dog, The Dog, He's at It Again" are based around a rather explicit double entendre, which climaxes (no pun intended) with the chorus of it's coming on strong /it's coming on and on and on. However, it would be wrong to depict "For Girls..." as a sort of smut-fest in the lyrical sense. With the sole exception of the rather disturbing "C'thlu Thlu" (probably inspired by HP Lovecraft's malignant deity, Great Cthulhu), most of the songs on the album have distinctly upbeat, optimistic lyrics that match the musical content perfectly.
As a matter of fact, "For Girls..." sounds for the most part like the ultimate feelgood album. The rich, well-rounded, uplifting music strikes the right balance between melodic potential and musical intricacy, avoiding the meanderings of some parts of "Waterloo Lily", though somehow lacking the intriguing wistfulness of Richard Sinclair's compositions. The song that probably best represents the nature of the album is opener "Memory Lain Hugh/Headloss", a 9-minute-plus composition featuring a catchy-as-hell refrain, and enough instrumental complexity to keep the most demanding prog fan happy. The already mentioned "C'thlu Thlu" briefly interrupts the cheerfulness of the mood with his dark, doomy pace and heavy, plodding bass lines.
The naughtily amusing "The Dog, The Dog..." is then followed by the schizophrenic "Be Alright/Chance of A Lifetime", divided in two sharply contrasting sections. The first, an unusually rocky, hard-edged offering for the band, features bassist John G. Perry on vocals, who sounds distinctly like a singer very few would associate with the likes of Caravan - the Prince of Darkness himself, Ozzy Osbourne. The second part is instead airy and romantic, with an almost Latin groove and Geoff Richardson's beautiful viola playing. Richardson is the undisputed protagonist of what, in my opinion, is the album's best track, and one of my favourite instrumentals ever - "A Hunting We Shall Go" (L'Auberge du Sanglier), a five-part suite with a crescendo structure, bolstered by a sumptuous orchestral arrangement, overall a very exhilarating listening experience. < The remastered edition features unreleased versions of "Memory Lain Hugh/Headloss", "Surprise Surprise" and "Be Alright/Chance of a Lifetime", plus the 11-minute instrumental "Derek's Long Thing" (named after a former band member, and referring to the track's length, not something else's...), which is interesting in parts, but not on a par with other Caravan compositions of the same kind. All in all, a highly recommended album, even if Richard Sinclair's absence is sometimes felt in the vocal department - Hastings' voice being pleasant and melodic, but slightly annoying after a while. Nevertheless, the superb musical quality of the compositions more than makes up for any such shortcomings - and it will put a smile on your face as well, which is never a bad thing.
Raffaella Berry


Como dato anecdótico, comentar que la chica embarazada de la portada inicialmente estaba desnuda, pero los representantes de Deram no estuvieron muy de acuerdo y terminaron por ponerle un camisón.
Otro de nuestros discazos recomendados del blog cabezón!!! Y gracias wan por tus aportes!




2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. wow, conocía solo el 1er y 3er disco de Caravan. La verdad que este me voló la cabeza! Muchísimas gracias.

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