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Faust - Faust / So Far (1971 - 1972)

Terroristas sónicos que dispararon ráfagas de vanguardia en todas direcciones. Vamos con un dos x uno de la mítica banda alemana que, junto con otros creadores de la escena Krautrock, buscaron en sus raíces en la búsqueda más subversiva de toda la invasión "kraut", anticonvencional, irreverente, políticamente incorrecta, experimental, politizados y cultos, donde viven el absurdo, el dadá, la música concreta, el minimalismo, pero sobretodo la anarquía hecha música, en un grito contracultural de múltiples ideas musicales, experimentaciones, vanguardismo, manipulaciones electrónicas, estructuras musicales eclécticas, todo ello expuesto de manera coherente, creando discos alucinantes y tortuosos, y para nada accesible al primer contacto auditivo. Aquí, el rock como hecho subversivo de la mano de unos tipos que construyeron una leyenda.

Artista: Faust
Álbum: Faust / So Far
Año: 1971 / 1972
Género: Krautrock
Nacionalidad: Alemania

Ya habíamos publicado el primer disco homónimo, hoy viene junto con su segundo trabajo. Mucho se ha escrito, y tan bien, que me voy a basar en comentarios de terceros para presentar el disco, vamos pues, a conocer el universo de los Faust o los alemanes más rebeldes...

Hasta aquí, Fausto
Ha pasado mucho tiempo, décadas, desde aquel día en que abrí por primera vez el disco So Far, de Faust, una agrupación alemana de rock progresivo, específicamente krautrock. El acontecimiento ocurrió en 1980. A principios del año, me había enterado de la reedición del disco So Far por parte de una disquera británica ante el agotamiento de la primera edición de 1971. Ya me habían comentado que este segundo disco de la banda era más audible y menos experimental. Esto me animó a conseguirlo antes de que se agotara nuevamente. Y dio la casualidad de que en ese tiempo Sarita Poot iba a viajar a Los Ángeles y San Francisco. Así que fue una gran oportunidad de encargarle ese disco durante su estancia en los Estados Unidos.
Al regreso de Sarita Poot, sentí una inmensa emoción al saber que sí, que había logrado adquirir el disco de Faust. Claro que me hizo notar que hubo muchas dificultades para encontrarlo. Guillermo, quien la acompañó en su viaje, fue quien se encargó de buscarlo por todas las disquerías de Los Ángeles y luego de San Francisco. Anduvo para arriba y para abajo, sin tener suerte de dar con el famoso So Far, hasta que por fin logró encontrarlo en el cuarto piso de una disquería enorme de San Francisco. Cuando salió de esa tienda ya estaba oscuro, muy oscuro.
Luego de conocer las peripecias por las que pasó Guillermo en aquella intensa búsqueda, al fin tenía el álbum de Faust en mis manos. Agradecí infinitamente el favor a Sarita y casi corrí a casa para escuchar ese disco extraño de krautrock. En el camino, ya dentro del metro, abrí el sello de celofán con el que siempre envolvían los discos y vi que no tenía nada escrito en la portada, que era negra, totalmente opaca. Sólo pude ver, al poner el disco muy cerca de la luz neón del techo del tren, que había unas letras en gris que apenas se distinguían y formaban las palabras Faust So Far. Descubrí entonces que estaba el nombre del grupo y el del álbum, pero muy en el fondo de aquella portada negra, muy oscura, y con las letras en gris, muy Oxford.
Hasta que llegué a casa me di cuenta que dentro de aquel sobre de cartulina negra había, además del disco, otro sobre negro, muy oscuro, que contenía unas litografías, cada una de las cuales ilustraba una a una las piezas musicales del álbum. Vi detenidamente cada imagen y constaté que todas, sin excepción, estaban sobre un fondo negro, muy oscuro. Enseguida, saqué el disco de su sobre interior, de papel negro, muy oscuro, y vi que el disco tenía en el centro una etiqueta negra sin nada más que el color negro, sin textos ni marcas ni nada. Se me hizo tan raro que busqué una lupa y escudriñé detenidamente la totalidad del disco (del disco objeto) y únicamente vi el nombre del grupo y del álbum grabados sobre el vinil, entre los surcos de la última grabación y la etiqueta negra y vacía.
Sin más, coloqué el disco negro sin nombre, sin referencia, sin más nada, sobre el plato de la tornamesa y me dispuse a escuchar lo que había en él. Las piezas musicales sucedieron una a otra sin mayor problema. Las composiciones eran fascinantes, encantadoras, tanto que cerré los ojos para mayor deleite. Al terminar la última pieza del lado B, abrí los ojos y vi que no había luz, mejor dicho no vi luz ni nada. Yo estaba en medio de la oscuridad. Así que a tientas quise alcanzar el apagador.
Sin embargo, la oscuridad invadió el lugar con mayor intensidad, al grado de que dejé de ver hasta lo que tenía frente a mis narices. Sólo alcancé a oír algunas voces que gritaban, unas en español, otras en inglés: Fausto, por favor, hasta aquí… Faust, So Far (please). Yo enmudecí y quedé sumido en esta oscuridad, cada vez más negra, hasta que me tragó un enorme hueco negro.
Óscar Muñoz




La escena alemana de los primeros años setenta encontró sus exponentes más subversivos y "locos" en Faust, que hizo su clamoroso debut discográfico en 1971 con un álbum homónimo. Provocativos por vocación, desde el primer álbum infringían las reglas de cualquier estructura melódica, escogiendo el alucinante camino de un rock hecho a base de ritmos irregulares y de sonidos convulsivos, y aprovechando la electrónica con el objeto de una pura destrucción sonora. Luego, en 1972 vino su segundo disco titutado "So far", se abre con un tema de puro rock minimalista y sigue en sintonía con la música de Pink Floyd en "Atom Heart Mother".
Si no conoces a Faust, este disco es una puerta de entrada al mundo desquiciado y alucinante de una banda alemana de Krautrock radicalmente subversiva.
En los principios del rock, antes de que los adultos se apoderaran completamente de la toma de decisiones, la iniciativa de los jóvenes tenía un valor; pero este oasis duraría muy poco, especialmente en países como Estados Unidos e Inglaterra. Si algo caracteriza al krautrock es que algunos de sus principales exponentes tenían espacios propios en los cuales podían experimentar sin ataduras. Can asentó sus reales en Slochss Norvenich, Kraftwerk hizo lo mismo en esa fortaleza de la experimentación llamada Kling Klang; Amon Düül II evolucionó de una comuna a un laboratorio musical; Kluster encontró en la sala Zodiak Free Arts Lab el espacio idóneo para su desarrollo.
Allí, sin límites de tiempo, con ingenieros (cuando los había), al igual que los músicos, ávidos de experimentar, con managers deseosos de incentivar la escena, con directivos de disqueras sin los vicios del mundo anglosajón y con uno que otro vivales, grupos como Can grababan largas sesiones de improvisación que luego serían objeto de meticulosos procesos de edición y de los cuales emanó prácticamente la totalidad de su discografía.
Si Kraftwerk podía dedicarse a explorar con denuedo hasta encontrar el sonido buscado, una especie de Santo Grial, era porque no había un ejecutivo apresurándolos con la cuenta por el uso del estudio de grabación. Incluso la mala fe de Rolf Ulrich Kaiser que invitaba a músicos de diferentes grupos (Klaus Schulze, Manuel Göttsching, Harald Grosskopf, entre ellos), les suministraba drogas, grababa los jams y luego editaba sin su autorización los discos bajo el nombre de Cosmic Jokers, tenía como aliado una extraordinaria libertad al momento de crear. Eso, y la presencia totémica de un Karlheinz Stockhausen que para entonces había incubado obras como Hymnen, Kontakte o Gesang Der Jünglinge, dotaron a ese rock alemán un rostro inconfundible.
No es casual que esa efervescencia de agrupaciones se haya mantenido en el subterráneo de Alemania, al grado de ser una nota al pie de página en su historia musical. Si bien el krautrock nunca hizo a un lado las canciones, en realidad cuando encaró éstas, lo llevó a cabo de forma completamente atípica. Lo suyo fue una exploración sonora en donde lo mismo hay viajes espaciales (de donde también le viene la denominación de kosmische musik que con el tiempo ha pasado a ser, erróneamente, un sinónimo de krautrock) como Irrlicht o Timewind de Schulze; que viajes místicos a la manera de Popol Vuh (Aguirre); salvajes improvisaciones en Tago Mago de Can; delirios sicodélicos en Dance of the Lemmings o Phallus Dei de Amon Düül II.
David Cortes

Sobre la obra que hoy presentamos, reúne a los dos primeros discos de la banda, y como al primer disco ya lo presentamos, nos vamos a centrar en el segundo, y qué mejor que traer al comentario de nuestro eterno columnista involuntario de siempre:

Tras su sorprendente disco debut, FAUST volvió a la carga con otro trabajo impresionante, que en esta ocasión contenía temas de menor duración y con una estructura más uniforme para cada uno, a veces lidiando con las vertiente más ïmainstream' del rock. Pero esto no quiere decir que la extravagancia haya sido dejada de lado o atenuada: nada de eso. Lo que sucede es que, en este nuevo repertorio, los músicos de FAUST parecen preocuparse por mantener una personalidad específica para cada pieza; pero es en el contexto integral del ñSo Farî como un todo que el oyente puede seguir apreciando el estilo variopinto y estrambótico que constituye la marca propia de la banda.
El tema inicial ïIt's a rainy day, sunshine girl' sigue una pauta rítmica mecánicamente tribal, contundente pero sin explotar ni desbordarse. ïNo harm' combina el rock pesado y el R'n'B de una forma particularmente salvaje [amén de burlona], tras un motivo introductorio de corte casi sinfónico, mientras que ïMamie is blue' exhibe unos climas psicodélicos irresistibles, armados sobre una cadencia rítmica de efectos electrónicos y guitarras slide. El lado académico de FAUST se resalta en ïOn the way to Abamae' (un hermoso nocturno sostenido por un dueto de guitarras clásica) y ïPicnic on a frozen river' (de corte concreto atonal). Los aleatorios efectos radiofónicos de ïMe lack space...' también redundan en la ideología de la musique concrete. Por último, ïSo far' explora los senderos del jazz-rock, mientras que ïI've got my car and my TV' e ï... In the spirit' rescatan el jazz más tradicional: el tono burlesco de estos dos últimos temas recuerdan claramente a ZAPPA ¿ la parodia de canción de cuna en ïI've got my car...' es simplemente deliciosa. En resumen, otros disco interesante de FAUST , y tan recomendable como el anterior para quienes estén interesados en investigar en la vertiente más estrambótica y desafiante del progresivo.
César Inca

Pero miren que no termna aquí...

Seguimos con nuestro particular recuento de infaltables en la Kraut history que todavía no habían pasado por aquí. Ésta sección estaría coja (y manca) si no estuvieran Faust. Terroristas sónicos que dispararon ráfagas de vanguardia en todas direcciones. Lo que dio como fruto el adelantarse a un montón de cosas que todavía estaban por llegar. Creo que dieron diana en lo que después se conocería como Rock-In-Opposition (R.I.O.). Sin dejar sus raíces alemanas de fuerte posición avant, ya se desenvuelven en una especie de texturas de cámara , que no sé si atreverme a llamar "rock". Para que luego me vengan con pretensiones los listos del post a inventar nada. Aparecidos de no se sabe bien donde, (se dice que de una comuna, para variar), son fichados inmediatamente por Polydor para cubrir su parcela marciana como mandan los cánones del momento.
"Faust" (1971) venía en formato vinilo transparente, con igual portada y la radiografía de un puño cerrado. Toma declaración de intenciones. Las similitudes con Can o Limbus, por esas mismas fechas, son evidentes. Guerrilleros urbanos del underground más subterráneo,  valga la redundancia. Siempre se ha destacado de éste debut su naturaleza bizarre y alienígena.  La verdad es que escuchado ahora, suena a gloria. El tiempo le sienta estupendamente. El avispado Richard Branson lo vende como churros en su humilde y única tienda Virgin de Oxford Street, en la sección de "imports". Luego se atreverá con lo que nadie se atrevia: Edita "Tubular Bells". Y Henry Cow. Y "Phaedra"......Y hoy tiene una fortuna estimada por Forbes en 5 billones (con "b"), de dólares.  Así empezó todo. El mundo por entonces, era de los valientes. 
Al año siguiente aparece "So Far", segundo de Faust, con otra extravagante (y bellísima) presentación. Un álbum negro por todas partes, incluidos ambos labels,  (o "galletas", coloquialmente). Y nueve litografías representando cada una de las canciones, dibujadas por Edda Kochl.
Werner Diermaier (batería), Hans-Joachim Irmler (organ), Jean-Herve Perón (bajo), Rudolf Sosna (guitarra, teclados) y Gunther Wusthoff (saxo, sintetizadores) conforman Faust aquí. Todo el mundo se empeña en decir que es un álbum más digerible que el anterior e ideal para entrar en el universo  Faust. Mi opinión es que si quieres adentrarte en semejante cosmogonía , te será irrelevante lo fácil o difícil que sea su escucha. Ya sabes a lo que te expones, no vayas buscando "AOR-Kraut"!
"It's a Rainy Day , Sunshine Girl" (7'21) no parece compuesta en 1972, sino en el 82. Con mobiliario más electro-tecno, esto muy bien podría ser Tubeway Army, Cabaret Voltaire o The Human League. En su primigenio estado es psicodelia transmutada en motorik-trance con brochazos electrónicos  del agrado de Hutter & Schneider. 
También en su parte vocal. Un saxo final me hace recordar a los 801 de Phil Manzanera.

En "On the Way to Abamae" (2'42) tenemos una delicada pieza acústica  ( + synth) que no quedaría mal en un disco de Steve Howe en solitario. Marcianos.....puede, pero éstos tíos tocan.

"No Harm" (10'09) es una marcha fúnebre Klingon que nos conduce a lo que hoy llamarían post rock (insisto). Si por cambiarle el nombre a la burra creen que han inventado algo lo tienen espeso. Sólo que Faust le mete al asunto  certeras ideas a cada segundo. Y sin aburrir. Aquí asistimos a una acidez guitarrera digna de Jorma Kaukonen con la rebeldía ritmico-vocal de un punk del 77.

En la segunda cara se inicia "So Far" (6'12) , en atemporal chill out-drone-ambient del que también gustaban cocinar Can. No pasa el tiempo para éstas construcciones melódicas. Siguen sonando tan frescas como el primer día.

La cosa se encadena con "Mamie is Blue" (5'55), digna antesala lúgubre  al after-punk más gótico,  pero diez años antes.


La irónica "I've Got my Car  and my TV" (3'42) nos presenta a unos Faust fans del Zappa más Mothers. Lógica influencia, que desembocará en el mencionado R. I. O., lleno de salmones saltando a contracorriente.
A continuación vienen dos quedadas de unos 40 segundos cada una, que los de la NASA deberían haber mandado al espacio exterior, si quieren explicar con una buena descripción al ser humano : Una broma de la naturaleza.

Finaliza ".....In the Spirit" (2'59) con otro sorbo caustico entre Zappa y la Bonzo Dog......DADA music en estado puro. Demasiado para Polydor, que no les entiende, como era de esperar. Igual querían un hit single!
Pronto Simón Draper, A & R de Virgin y el verdadero secreto del éxito de la compañía,  los fichará. Se trasladan a Londres y editan "Faust Tapes". Manifiesto profético  para la new wave que está por llegar. En el 74 se separan, pero esto aún no ha acabado. Reuniones ochenteras, más discos rarunos, dos versiones distintas de la misma banda y unas cuántas aventuras más. Todo esto sin dejar nunca de lado su maravillosa locura y particular universo preñado de creatividad. "Fresh Air" es de éste año y sigue la constante. Benditos Faust.....El mejor nombre para una banda alemana.
J.J. Iglesias


Lista de Temas:
01. Why Don't You Eat Carrots
02. Meadow Meal
03. Miss Fortune
04. It's a Rainy Day, Sunshine Girl
05. On the Way to Abamae
06. No Harm
07. So Far
08. Mamie Is Blue
09. I've Got My Car and My TV
10. Picnic on a Frozen River
11. Me Lack Space...
12. ...In the Spirit

Alineación:
- Rudolf Sosna / guitar, keyboards, vocals (2)
- Joachim Irmler / organ
- Gunter Wüsthoff / synthesizer, saxophone
- Jean-Hervé Peron / bass, vocals (2,3)
- Arnulf Meifert (Faust) / drums, vocals (3)
- Werner Diermeier / drums
With:
Florentine Papst (Faust) / vocals (1)




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