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Pez - Rock Nacional (2016)


El Optimista del Gol nos compartió el último de Pez. Este comentario se lo tendría que dejar al Mago que estuvo charlando con Ariel (antes Minimal, ahora Sanzo) sobre este disco y su abrupto giro hacia terrenos menos complejos. El decimoséptimo álbum del grupo suma a Juan Ravioli (en el blog presentamos sus discos solistas) en voces, teclados y guitarras. Un disco que si bien no es nostálgico del rock macional lo lleva en su sangre, mientras que su lírica (como bien se puede ver en la tapa) está políticamente muy inserto en la realidad actual, incluso con "Calabacita" canción dedicada a la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, y con manifestantes a piñas con la yuta, muy en la onda represión de la Revolución de la Alegría.

Artista: Pez
Álbum: Rock Nacional
Año: 2016
Género: Rock
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
1. Más música
2. Tan deprisa ya
3. De la vieja escuela del amor
4. Disparado
5. Lo nuevo
6. El aprendiz
7. Cerezas
8. Lucifer
9. Cuidate, monito
10. Calabacita

Alineación:
- Ariel Sanzo / Voz, guitarras eléctricas y acústicas
- Franco Salvador / Voz, batería y percusión
- Fósforo García / Bajo eléctrico
- Juan Ravioli / Voz, piano eléctrico, piano, órgano y sintetizadores



Diez canciones que duran 36 minutos y que fueron grabadas en los estudios del Abasto en diciembre de 2015. Según palabras de su líder:

"Si bien la idea de Rock nacional no habla específicamente de las canciones del disco, me parece que el concepto cerró por todos lados. No sé por qué le terminamos poniendo Rock nacional, pero te aseguro que no hay ironía en la definición. Somos parte del rock nacional y no somos otra cosa. Le debemos a la historia del rock nacional, somos músicos que hemos escuchado y curtido el rock nacional. En cierta forma es una manera de hacernos cargo. Porque cuando yo era chico eran palabras cargadas de significados. Había gente que no escuchaba rock nacional, a la que le parecía una grasada el rock en castellano. No sé qué significa hoy para otras personas, pero para mí tiene un gran peso, y hay un cariño. Es algo cercano a mis sentimientos y desde ese lugar está titulado el disco. A mí se me va la vida en esto, es lo más importante que hay. Soy un enamorado de la música, no porque toque yo, sino que soy un enfermo de escuchar música de otros. Desde pendejo me gusta el rock. En mi cuarto no tenía un cuadro de Houseman ni de Vilas ni de Monzón, tenía el afiche de Kiss contra los fantasmas."

No voy a comentar mucho sobre el disco, principalmente porque trataré de dejarles alguna cosita más para el día de hoy, pero también porque ya hay mucho escrito, y mucho mejor de lo que torpemente puedo hacerlo yo:

El nombre del disco y la gráfica que usaron para presentarlo (con el logo de la banda adaptado a la tipografía de la mítica revista Pelo) engañaron a más de uno. Los nostálgicos se frotaron las manos: Pez tributaría a ese estereotipo de rock argentino true, intocable, blusero o spinettiano pero invariablemente setentoso, abonando a la reciente epidemia de próceres de mármol agitando con que "ahora no pasa nada". Y resulta que no, que Rock nacional es todo lo contrario: una celebración de la inquietud que hace grande a nuestra música, a su amplitud, a ese fuego que te quema el piso cuando -por dar un ejemplo- dejaste lista la sutileza cuasi tropical a la Steely Dan ("Más música") y te obliga a moverte a una especie de power-pop apoyado en el piano ("De la vieja escuela del amor").
El grupo liderado por Ariel Minimal (de nuevo un cuarteto, con la adición oficial de Juan Ravioli) se saca el corset del rock duro y redescubre el poder de la canción, y a partir de ahí se florea con un desfile de etiquetas que pega la psicodelia cansina y ambiental de "Lo nuevo" con los aires progresivos de "El aprendiz" y luego con la urgencia melódica de "Cerezas" (todas ellas unidas por los teclados, casi siempre presentes). Sobre el final del álbum, el dato de color de "Calabacita", una balada de guitarra leboniana dedicada a Cristina Fernández de Kirchner. Y como conclusión, un ejercicio de arte por amor al arte en el que Pez, lejos de enclaustrarse en el pasado, se funde con el presente y el futuro.
Diego Mancusi

Y no solamente hay comentarios de críticos, también está la crítica del mismo Ariel, que nos cuenta esto:

"Nos abocamos mucho a la creación de la música, a hacer canciones, grabar discos, tocar. Pero eso hizo también que nos llevara tiempo aprender a armar una agenda, a darnos cuenta de que parte del negocio está en otro lado, no solamente en hacer canciones y sacarlas. Había que tocar, pero también hacer otras cosas. Para poder armarnos un circuito e ir a tocar al interior, tuvimos que generar nuestro propio espacio y eso no es fácil. Somos una banda, pero el modo de hacer las cosas nos mantuvo alejados del resto de la corriente, de las productoras o de los lugares. Pero acá estamos y ya pasaron más de 20 años.
Juan (Ravioli) es un músico muy versátil: canta, toca teclados, guitarra y entiende mucho del proceso de producción de un disco -señala una vez que su compañero se perdió hacia el fondo del caserón-. Es el músico más serio de nosotros a nivel académico. Sabíamos que para este momento queríamos un tecladista por los colores y sonidos que podía aportar, pero al contar con Juan tuvimos un montón de cosas más. Creo que en Pez siempre fueron importantes las personalidades de los músicos que tocaron. Porque yo no les entrego una partitura a todos y les digo «tienen que hacer esto», como Frank Zappa, que sabía exactamente qué quería de cada músico. Yo soy más bien un buen selecionador de músicos".

Ahora, algunos otros comentarios de terceros, muy buenos por cierto...

La categoría de “Rock Nacional” surgió en nuestro país con el nacimiento mismo del rock, allá por el año 1966 (¡50 años ya!). El mote de “nacional” en el rock en un país tan joven como la Argentina (que aún sigue discutiendo sobre esta categoría en otros ámbitos) puede parecer hasta paradójico, pero lo “nacional” es claramente una diferenciación respecto a los “rocks” de otras naciones, porque Argentina fue el primer país en cantar rock en otro lenguaje que no fuera el inglés. Es decir, el “rock nacional” fue antes que nada una postura idiomática a contrapartida del idioma origen del rock. Por eso, para poder destacarse, los primeros poetas de este género en Argentina tuvieron que tratar temas que hicieran referencias a obsesiones de la juventud contemporánea: la soledad, el rechazo, la alienación, el refugio del amor, etc. Así es que músicos como Spinetta, Javier Martínez o Litto Nebbia son efectivamente los padres del rock nacional. Y esos padres crearon hijos musicales durante este medio siglo que en mayor o menor medida, han sabido respetarlo. El último disco de Pez, llamado justamente “Rock Nacional”, hace honor a esa categoría.
Buscarle una definición a Pez (es decir: Ariel Sanzo en guitarra y voz, Fósforo García en bajo, Franco Salvador en batería y Juan Ravioli en teclados) siempre ha sido un esfuerzo de parte de los periodistas de rock en nuestro país, porque en sus 17 discos editados (más sus dos DVD’s) en 23 años ha atravesado varias aristas estilísticas: el punk, el hard rock, el rock sinfónico, el folk, etc. Sin embargo, en este disco podemos encontrar hasta alguna influencia pop en ciertas canciones, como Tan deprisa ya y Cerezas; una clara referencia rioplatense en canciones como Cuidate Monito o Más música que no se escuchaban desde “Convivencia Sagrada”, del año 2000, y el rock sinfónico en temas como El aprendiz o Lo nuevo. Se notan ciertos aires baladescos pero no exentos de rock en Calabacita, pero en este disco se destaca eso: una historia que abarca no solo los 50 años del rock en nuestro país sino también los 23 de Pez en los escenarios. Sanzo dijo en otras entrevistas que cree que hay otros discos de Pez que son más “Rock Nacional” que este “Rock Nacional”: puede ser que sea cierto, pero este es un momento en que pareciera que Pez hizo cierta retrospectiva musical, y al escuchar este disco nos ubicamos en un disco que parece salido entre “Folklore” y “Hoy”. Su sonido es limpio, casi sin estridencias, muy arreglado y cantado de manera afinada: el ingreso de Juan Ravioli en este disco no es solo la de un ingrediente musical más, también es un integrante que supo encontrar un espacio en Pez para hacer sutiles arreglos de voz y musicales.
Por otro lado están las letras del disco. Ariel Sanzo ha aprovechado ocasiones en que un tema se desarrolla a lo largo del disco, como fue el existencialismo en “Los orfebres” de 2007, o el fin de la civilización en “Volviendo a las cavernas” de 2011. En este disco, hay un tema que se destaca a lo largo de varias canciones: el futuro. Y no el de la sociedad, sino el de un niño, de algo que ha nacido. Podríamos hacer elucubraciones sobre la vida de Sanzo pero preferimos pensar que se trata de una nueva era que está surgiendo sin las viejas mañas de antes. El cambio de era no viene solo, se tiene que estar preparado y empezar a exculparse: “Cambio de actitud, pido perdón, estoy a tiempo”, dice en Tan deprisa ya. En La vieja escuela del amor canta que no hay que buscar “afuera lo que adentro está / entregate al misterio y la respiración”. El riesgo de la nueva era es que hay que salir, como sea, por ejemplo “Disparado hacia ese lugar donde no pensaba ir”, por eso “si espera algún lugar, preparando el viaje estoy” (Disparado). “Hago un dibujo de vos, parado al lado de mi” (Lo nuevo), “¡Ya se ilumina el lugar!” (El Aprendiz), “Hay un poco de luz para que crezcas / una oportunidad de ser quien sos / te doy la bienvenida” (Cerezas). El disco está plagado de referencias a eso que está por venir. Obviando a Calabacita, canción dedicada a la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, que podría ser la única canción referida a lo que ya no está, el disco se ubica en un compromiso de asumir la responsabilidad de lo que viene, sea para todo lo bueno (como el de ese niño) o para lo malo (como se destaca en la tapa del disco hecha por Gerardo Canelo, haciendo alusión a una represión).
Quizás deba destacarse eso: este disco de Pez nos dice que empezar una nueva época es imposible de llevar adelante si antes no se hace una retrospectiva personal, si antes no miramos atrás y comprendemos que todo lo que nos formó también es parte nuestro. El nombre del disco es evidente referencia no solo de una actitud, también es parte de una historia que Pez sabe respetar, y que seguirá respetando en el futuro, sin saber a ciencia cierta qué futuro nos espera.
Julián Marcel

El cuarteto nos presenta nuevo disco por decimoquinta vez en 22 años de historia, morigerando voces que decretan la muerte del rock por estas pampas.
“El disco que va a cambiar la historia del rock nacional”. Así promocionaba un sello multinacional el disco “Fabulosos Calavera” (1997) de Los Fabulosos Cadillacs. En aquella placa premiada con un Grammy, hacía su debut un joven Ariel Minimal. Hoy, ese guitarrista que ingresaba a la mega banda para impulsar aires frescos, lanza el álbum de estudio nº 15 de Pez. No sabemos si va a cambiar la historia del rock nacional, pero sí que ellos cambiaron. Como suelen hacerlo disco a disco.
La placa arranca con “Más música”, el adelanto que hicieron a fines del año pasado en el Centro Cultural Konex. Relax, bossa nova; la idea subyacente es alentar el impulso de las artes musicales. O sea, reivindicar aquello que ellos mismos expresan: “El último antídoto que hay, cura de la humanidad”. Melodías sanadoras, claro está.
Sigue con “Tan deprisa ya”, un pop con teclados que dibujan paisajes sonrientes y alucinantes, en una faceta optimista y buena onda que suena inusual en el grupo. En palabras del propio Minimal, una oda a Man Ray. Y sí, se asemeja a una cortina de novela para público adolescente joven noventoso.
Después, “De la vieja escuela del amor”; kissero, según el mismísimo líder de Pez. Pero si hablamos de puro rock nacional, suena más a Riff. Cortito, conciso, al mentón.
Promediando el disco, a partir de “Disparado”, al conjunto se lo nota más suelto e integrado. Recordemos que tras la salida de Pepo Limeres del grupo, y de haber vuelto a ser un trío durante poco más de tres años, Pez volvió al formato cuarteto con la llegada de Juan Ravioli. De este modo, el tecladista se acopló perfectamente al conjunto desde el concierto en el Teatro Ópera del 15 de mayo de 2015, haciendo también aportes en voces y guitarras.
A mitad de camino, “Lo nuevo”: distensión en forma de bellísima balada. Es de las canciones que más reflejan la esencia del grupo.
“El aprendiz”, en tanto, se puede relacionar con la etapa progresiva de “Los Orfebres” (2007). Psicodelicia. Y “Cerezas”, hay que decirlo, resulta difícil de clasificar dentro de un rótulo musical. Pero, si hablamos de influencias de estas pampas, remite a Litto Nebbia.
Más luego, si bien es cierto que en “Lucifer” aparece el machaque, la distorsión habitual y característica del combo casi que permanece ausente dentro de esta placa. Para eso está “Nueva era, viejas mañas” (2013), por ejemplo.
“Cuidate, monito”, por su parte, comienza como una suerte de jazz rock y desemboca en un candombe de este lado del Río de La Plata, también experimentado en “Folklore” (2004), vale recordar. Y si seguimos evocando al rock nacional, el título del tema se asemeja a cualquier canción de Los Redondos o de Indio solista.
Para el final, “Calabacita”. ¿Una de amor para Ella? El compromiso político que ha demostrado la banda, concretamente desde la época de “Viva Pez” (2010), parece indicar que sí. Como sea, nostalgia militante o una propia versión de “Chica rutera”, oficia de hermoso cierre para un disco ecléctico.
En definitiva, como marcan los manuales de Pez, el secreto está en no repetirse y mantener la identidad al costado del camino para no traicionar los sentimientos e ideales. “A mis fantasías de niño yo no quiero renunciar, siempre supe que para existir tenía que ser real”, dijo, y me conquistó.
Federico Durán

Ante una banda del tamaño y de la trayectoria de Pez (enorme, histórica, fundacional), pocas son las palabras nuevas que quedan por decirse. Por eso, es complicado animarse con una reseña que haga justicia al último disco de estudio de la banda, un homenaje al género musical más innovador y comprometido de las últimas décadas. La agrupación de Ariel Minimal (único miembro fundador restante de Pez, que ahora, gracias a la incorporación de Juan Ravioli, es un cuarteto) sin embargo se anima a seguir haciendo cosas nuevas.
Ya en una entrevista, Minimal había dicho que Rock Nacional no es quizás el disco que más suena como rock nacional de Pez, lo que abre un debate interesante. ¿Qué es, en definitiva, el rock nacional? ¿Un género con sonoridad propia, o simplemente una etiqueta geográfica? Lo cierto es que, para cada uno que escuche el término, se formará una imagen auditiva similar. Con el correr de los años, tal es la identidad que se ha construido alrededor del rock nacional. Por eso, es curiosa pero acertada la elección del nombre. Quizás Pez no sea el referente de lo que uno imagina cuando piensa en rock nacional, pero eso no quita que puede ser uno de los miembros indiscutidos de su panteón.
Después de varios esfuerzos en los que predominaba el rock progresivo, Rock Nacional presenta una propuesta más refinada, quizás más melódica, una invitación desafiante para los fans de la primera hora y de los sonidos más jugados de Pez que quizás se plasma muy bien en “Lo Nuevo”. Desde “Más Música”, encargada de abrir el nuevo álbum, Minimal y los suyos, sin prisa pero sin pausa, van construyendo Rock Nacional canción a canción.
Otro aspecto a destacar de Rock Nacional es el compromiso, presente sin tener que leer entre líneas. El último tema del álbum, “Calabacita”, es una oda y añoranza a Cristina Fernández de Kirchner, una propuesta más interesante que el clásico “vamos a volver”; emoción a flor de piel, difícil de identificar con la política. Rock Nacional es, al final del día, eso; un relato emocionante que atraviesa 10 canciones, que apenas supera la media hora. En lugar de la grandilocuencia de lo progresivo, esta vez es la canción como entidad individual la que predomina.
Fanáticos de la primera hora seguramente se relamerán con la comparativa (con una banda con la historia y la discografía de Pez, es difícil no hacerlo), pero Rock Nacional debería poder ser juzgado como única obra, como cálido homenaje capaz de mantener su identidad. Desde su tapa, un guiño a la icónica revista Pelo, hasta las referencias –las claras, las escondidas, las imaginadas, porque eso es lo genial del “rock nacional”, esa evocación colectiva- a los padres fundadores de nuestro rock, el nuevo álbum de Pez es un logro de innovación, un envalentonado esfuerzo por salirse de los casilleros en que los ponemos, esfuerzo que, claro, salió más que bien.
Indiehearts





Comentarios

  1. Agradecemos al Optimista del Gol por este disco.
    Y antes qie pregunten, no hay links de descarga en el blog. Si querés algo más de lo que está acá tenés que suscribirte a la lista de correo.
    Acá te dice cómo hacerlo:

    https://cabezademoog.blogspot.com.ar/p/por-si-algun-dia-no-estamos-aca.html

    Saludos

    ResponderEliminar

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