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lunes, 15 de junio de 2015

Yes - Tales from Topographic Oceans (1973)


Artista: Yes
Álbum: Tales from Topographic Oceans
Año: 1973
Género: Rock sinfónico
Duración: 81:14
Nacionalidad: Inglaterra


Lista de Temas:
1. The Revealing Science Of God - Dance Of The Dawn
2. The Remembering - High The Memory
3. The Ancient - Giants Under The Sun
4. Ritual - Nous Sommes Du Soleil

Alineación:
- Jon Anderson / vocals
- Steve Howe / guitars and vocals
- Chris Squire / bass and vocals
- Rick Wakeman / keyboards
- Alan White / drums


Y con este disco llegamos entonces a completar la trilogía progresiva fundamental. Un disco que será cuestionado pero a la hora de definir los íconos del género está en todas las imágenes, perfiles, fondos, gráfica de todo tipo de cualquier espacio, foro, radio, blog, etc. etc.
Es así que empezamos esta semana con otro icono, y para definir mejor de qué estamos hablando, copio el texto conque termina uno de los comentarios que dejo en esta entrada: "Tales... está allí como un testimonio, todavía polémico, ya que el disco, por su iconoclastia quizá, generó opiniones dispares. Es, igual, uno de los momentos mágicos de la música popular. Y merece un sitio de excepción en la historia y las discotecas. Por si faltaran excusas, tiene la más bella de todas las portadas que Roger Dean realizó para Yes.".



Vamos a datos puros, y que mejor para ellos que traer lo que nos dice el señor Wikipedia:

Tales from Topographic Oceans es el sexto álbum de estudio de la banda inglesa de rock progresivo Yes, publicado el 14 de diciembre de 1973 en el Reino Unido y el 13 de enero del año siguiente en los EE. UU. Es un álbum doble y conceptual con cuatro canciones, todas rondando los veinte minutos. Consiguió el cuarto disco de oro de la banda a pesar de ser muy controvertido en la época de su lanzamiento, ya que fue mal recibido por la crítica, calificándolo como uno de los peores excesos del rock progresivo, y los fans reaccionaron con opiniones encontradas entre sí sobre si el trabajo se encuentra o no entre los mejores del grupo. La historia del álbum gira en torno a las escrituras del Shastra.
Wikipedia

Pero quien nos trae esta obra de arte musical es, otra vez, Alberto, que nos deja además una versión japonesa con algunas cosas que no estaban en la versión original, y para que la puedan escuchar, vamos a implementar el mismo mecanismo que implementamos en el "Relayer" de Yes. Ante cualquier duda de cómo es este mecanismo, por favor lean el comentario de dicho disco. Y recuerden que eso lo hacemos para, principalmente, mantener al blog en funcionamiento y no nos lo tiren al carajo, pero como beneficio adicional está el hecho de que se tienen que dedicar a leer lo que escribimos, que para algo lo hacemos.
Y hablando de los comentarios que escribimos, aquí está el texto de Alberto que es el comentario oficial de este disco, del cual se puede escribir mucho, libros o enciclopedias, pero aquí el que vale es el comentario de aquel que trae el disco y lo comparte:

Bueno, cumpliendo con la propuesta del Vampiro de presentar Relayer, Close y Tales como una trilogia de Yes, vamos con este album doble, que en su momento tuvo críticas muy dispares, y que de los tres trabajos fue el mas cuestionado, algunos tildaron la obra de muy pretenciosa, y que era una especie de proyectos solistas de Anderson y Howe. Otros no estuvieron muy conformes con el concepto "espiritual" del mismo y los mas detractores simplemente tildaron el proyecto de "aburrido".
Por el otro lado venian los fanáticos, los meticulosos, los melómanos, y todos coincidían en que Yes habia llegado al pináculo, al limbo, y que habían alcanzado su techo musical, particularmente estoy mas cercano a los últimos.
Tales From Topographic Oceans amplió el círculo abierto por Close, y básicamente la considero una obra brillante, para el viaje aquel iniciado en la tapa de Fragile donde una nave escapa de un planeta en extinción y navega en el universo en busca de otro destino, TFTO viene a dar un rayo de luz, esperanza y espiritualidad, y donde convergen las más insólitas teorías sobre nuestra existencia, y nuestra relación con el cosmos y Dios.
La version que van a disfrutar es la remasterizada en Japón (hay tres versiones más) y que contiene una intro de casi dos minutos que en la edición vinilo no figura, además de dos bonus tracks, o sea, cuando creías que habían puesto todo a la parrilla, aparecen en un tapper unas mollejitas maceradas con ajo y limón listas para dorarse también con el asado.
La primera vez que escuche esta obra fue en un equipo Audinac AT 700, una bandeja Sincron con cápsula magnética Shure M 44, y unos auriculares japoneses Hosiden con control de tono y volumen, el equipo lo tenía al lado de la cama, cerré los ojos y me interné en un viaje que parecía no terminar nunca, cuando termino Ritual lo primero que pensé fue en como iba a digerir tanta música, y eso que venía de Close, luego fueron pasadas y pasadas hasta memorizar cada fragmento, cada solo, las cadencias de Anderson, la ductilidad de Howe y los fraseos de Squire y los arreglos de bata, esta última a cargo de Alan White, más suave, más lineal y armónica que la de Bruford, y que al pasar el tiempo se convirtió en un rito siempre recurrente, esta obra siempre vuelve, siempre está, y cuando parece que ya no hay nada más para escuchar, vuelve a sorprenderte con pequeños ruiditos y arreglos que siempre estuvieron ahí, pero que tu cabecita todavía no asimiló por completo, y eso que pasaron los años!!!.
Tales no tiene desperdicio, y ese canto gregoriano con el cual comienza The Revealing te seguira hasta el final de tus días, garantizado.
Comentar cada una de las cuatro partes en que se divide la obra sería redundante, tedioso, simplemente este trabajo es para degustar tranquilo, y aún más esta edición remasterizada que se escucha muy pero muy bien.
Otra joya que se comparte para los cabezones de ley, festín de Yes en el blog cabezón. Ya tuvimos el festin Van Der Graaf, creo que a fin de año ya estamos "hasta las manos".
Alberto


Les comenté en alguno de los otros dos discos que componen la trilogía que cuando yo conocí a Yes, medio tanteando entre la música que podía escuchar tratando de ampliar mis horizontes y conocer nueva forma de hacer música, y descubrí que estos tipos ya se lo habían planteado en el 73 y habían puesto todo su empeño y talento en crear algo nuevo. Y esta obra es la cúlpide de cómo patearon el tablero, trataron de quitarse estructuras mentales y crear nuevas reglas conceptuales, estructurales y melódicas ajenas a todo lo conocido. Más allá que la obra te guste o no, aún cuando la consideres un bodrio, está en esa cúspide del rock progresivo porque es fundamentalmente una obra arriesgada, arriesgadísima, valiente, honesta, temeraria, llevada tan al extremo de la genialidad que queda cerca del ridículo, y justamente por eso es tan arriesgada. Y por eso es que, junto con el "Close to the Edge" y "Relayer" están en el lugar destacadísimo que están y estarán.
“Una idea que no es peligrosa no merece ser llamada idea.”
Oscar Wilde
Y recuerden que en mi definición de rock progresivo, el término "búsqueda", "valentía", "riesgo" y "experimentación" están primeros en la lista.
Vamos con algunos otros comentarios muy interesantes, aunque recordemos que con este disco podríamos escribir un libro.

De Yes puede decirse, sin dudas, que ha sido uno de los mayores grupos de rock que ha dado la historia de esta música. La banda inglesa, que atravesó diversas formaciones e incursionó en estilos disímiles, dio muestras en los años ’70 de una poco usual virtud: tener a grandes músicos, en un momento de alta inspiración, y elegir como lenguaje el del rock sinfónico.
En ese contexto, y luego de álbumes maravillosos como Fragile y, sobre todo, Close to the Edge (ambos paridos bajo la alineación prototípica del grupo, con Jon Anderson, Chris Squire, Steve Howe, Rick Wakeman y Bill Bruford), Yes se encontraba ante un abismo creativo como el que anunciaba el impar disco que acababa de dejar atrás. Mientras cumplía con su sello A&M editando la placa doble en vivo Yessongs, el quinteto encontró en Alan White a un baterista que estuviera a la altura de Bruford –recién partido a King Crimson– y se encaminó hacia uno de los más ambiciosos proyectos del rock de todos los tiempos.
Así, en 1973 (hace 37 años), Yes daba a luz un disco maravilloso: Tales from Topographic Oceans. No era usual, y no lo ha sido nunca, que una banda de rock, por más «progresiva» que fuese, se animase a publicar una placa doble, compuesta tan sólo por ¡4 temas! Anderson & Cía. consideraron que su gente estaba preparada para recibirlo y aprovechó esa libertad para entregarle esta original obra maestra.
Tales from Topographic Oceans (algo así como Relatos desde los océanos topográficos, una metáfora de la «mente») dice inspirarse en una autobiografía del yogui Paramhansa Yoganadam, y ciertamente ese baño hindú de las letras es lo que puede verse envejecido con los años. Lo demás, es sólo genio compactado en cuatro canciones de más o menos 20 minutos cada una, a través de las cuales Yes sirve en un exquisito plato todos sus dones.
Aunque los temas están firmados por el grupo todo, cada larga canción se reparte su protagonismo particular. La primera, The Revealing Science of God, es de Jon Anderson: allí su voz toma las riendas melódicas del tema todo, al punto que empieza casi a capella. Esta composición es hermosa y profunda: no tiene, no, lo enigmático de Close to the Edge (el tema), pero a cambio ofrece sinuosidad, frescura. Lo que le falta de furia lo suple con armonías puras y un estribillo conmovedor. La segunda pieza del primer disco, The Remembering, es casi una continuación del primero, en tono y clima. Sólo que aquí, el tecladista Rick Wakeman marca el paso, y la canción adquiere aires diáfanos. Es una canción amable, pero detrás de su simpleza hay un complejo entramado instrumental, sobre todo bajo los dedos de este gran músico.
El inicio del disco 2, con The Ancient, es algo misterioso: la percusión va creando un clima casi psicodélico mientras la guitarra del gran Steve Howe empieza a desperezarse. Será este músico, que intercalará las cuerdas de metal y eléctricas con las de nailon y desenchufadas a lo largo de la canción, el exclusivo protagonista de esta pieza, tan inspirada que tocarla en vivo fue luego un nuevo desafío. Finalmente, el cierre está a cargo de Ritual-Nous Sommes du Soleil, pieza que condensa los ingredientes de las anteriores canciones, aunque aquí las bases de Squire-White llevan la batuta. Es un soberbio modo de cerrar el disco.
Testimonio polémico:
Que hace tres décadas Yes haya podido poner en la calle un disco así, con todos los riesgos que esto significaba, habla de un momento de madurez que el rock alcanzó y que después, quizá, relegó en pos de la visceralidad del punk. Y tuvo que empezar de nuevo.
De cualquier modo, Tales... está allí como un testimonio, todavía polémico, ya que el disco, por su iconoclastia quizá, generó opiniones dispares. Es, igual, uno de los momentos mágicos de la música popular. Y merece un sitio de excepción en la historia y las discotecas. Por si faltaran excusas, tiene la más bella de todas las portadas que Roger Dean realizó para Yes.
Fernando Toledo

Y tenemos más, y más, y más comentarios, todos se pelean por decir algo de éste trabajo excepcional, y cada comentario es más interesante que otro... No se pierdan el largo comentario que viene a continuación porque no tiene desperdicio:

Si uno fuera a medir el legado de un artista en el mundo, ¿cuáles serían los parámetros? Durante décadas, se han hecho múltiples elucubraciones acerca de cuáles pautas deben ser acatadas para poder conseguir ese tan preciado cáliz de gloria y prestigio. Yo, en lo personal, pienso que no existe una píldora mágica o fórmula secreta para tener las cualidades necesarias para sobresalir. Solo debes hacer lo que crees correcto y hacer tu mejor esfuerzo. Pero una pregunta surge en mi mente siguiendo ese tipo de análisis: si el techo de un artista es extremadamente alto, ¿cuándo es recomendable detenerse? ¿Cuándo dibujamos la línea? Estos cuestionamientos nacen de la mente de una persona que nunca ha tenido la capacidad o persistencia para dedicarse a la música y que está genuinamente interesado por saberlo. ¿O acaso no existen los límites? ¿Y si las limitaciones son solo fútiles teorías creadas por mentes más débiles para frenar la brillantez y pericia de seres iluminados, con un espíritu que surca por océanos pensativos más turbios e inquietos? Obviamente, algo parecido a lo que estoy señalando le sucedió a los Yes con Tales From Topographic Oceans de 1973.
¿Quiénes somos nosotros para poder vislumbrar los inamovibles cimientos del monolito enfrente de nuestras personas? Una oda al narcisismo musical. Un trabajo cuyo mayor pecado es el paradójico pesar de ser grande. Así es. Un pecado impregnado de ambivalencia y contradicción pero es cierto. No estamos ante un fenómeno musical típico o estandarizado. Estamos ante una contestación de un grupo intrépido que osó plantarse ante los preceptos estipulados por la sociedad, siempre buscando corroer con su vomitivo veneno del comercio unas mentes y almas que no nacieron para ser meros rostros sin vida en un escenario, para defender un estilo y propuesta en el que ellos creían. Muchas veces creemos que una canción o, en este caso, un álbum entero, suenan así o se estructuran por motivos preconcebidos pero la realidad es que muchas veces ese no es el caso. Los 70s han sido venerados por los nostálgicos como un tiempo en el que había una actitud más musical y artística hacia los álbumes y eso no está carente de verdad. Pero lo que se olvida es que los 70s fueron especiales porque los artistas tenían UN PAR y eso parece ser que se ha olvidado. A veces hay que guiarse por lo que uno siente y no por lo que parece ser “apropiado” o “seguro”. Tal vez la razón por la que este álbum es tan único y singular en la vastedad del universo musical es el hecho de que se mueve según su propia pauta y cada nota parece ser tocada con un propósito, sin un solo destello de comercialismo o presión de las siempre amenazantes discográficas. Las ideas demenciales son aquellas que generan álbumes demenciales.
¿Quieres fama, niño? ¿Quieres gloria y eternidad como artista? ¿O lo quieres todo? No todos son afortunados de tenerlo todo pero hay quienes harán lo suyo hasta el día en que se mueran. No siempre habrá millones llorando en su sepulcro; muchas veces habrán solo cuatros gatos. Pero esos cuatros gatos sabrán que vivieron algo especial y único. Algo que no se vive todos los días. No dudo que cuando Jon Anderson diga el último adiós, alguien lanzará a su tumba una copia de este soberano y grandilocuente trabajo. El egotismo hecho musicalidad. Una tumultuosa e incesante sensación de pomposidad y grandilocuencia que llenará tu alma con sensaciones únicas y peculiares que te exigen un mayor grado de compromiso como oyente. La máxima representación de majestuosidad pretensiosa. Un trabajo que se sabe legendario y no se te va arrastrar por tu aceptación, mostrándose con un porte claramente elitista y separatista. Un rey no ruega a los simpatizantes por su lealtad. Un rey lucha y conquista, estableciéndose como la fuerza máxima del imperio y el fiel testimonio de su credo. Yes, en 1973, gobernaban con puño de hierro la escena Progresiva sin un ápice de dudas o cuestionamientos.
Tales From Topographic Oceans encarna a la perfección la esencia y espíritu de esa mujer que conoces y te atrae, te interesa, te deja esa sensación de que es alguien especial pero que te hace trabajar por ella. No te la va a dejar fácil para que la consigas. Una vez que lo hayas hecho, una vez que te hayas exigido en niveles pocas veces alcanzados antes…el cielo es el límite con lo que vas a sentir, amigo. Este trabajo te exige, te demanda, como oyente. Aquí no vas a escuchar canciones con estribillos fáciles y letras sencillas acerca de lo mucho que le gusta follar. Requiere esfuerzo y atención. Si ese concepto no te atrae, no te culpo. Esto es música para escuchar en estados de ánimo e interés muy particulares y precisos. Musicalidad de un calibre pocas veces atestiguado antes o después, entrando en esa categoría de álbumes peculiares en la historia de la música. Yo siempre lo he dicho: las mejores cosas de la vida son las más difíciles de conseguir pero en eso yace la belleza del mundo.
La controversia está a la orden del día cuando se toca esta singular obra de melodías astrales y más que excelsas composiciones. Así como yo me refiero a este trabajo en alta estima, muchos se refieren a este increíble monumento de virtuosismo como un mero intento de autocomplacencia, lleno de densidad y arrogancia por parte de sus creadores. No los culpo porque esa sensación es más que palpable. Es un álbum lleno de soberbia, ego y sumamente oneroso a la hora de ser escuchado en su entereza en una sola sentada. Se requiere ser arrogante y creérsela para poder cimentar un testimonio artístico de un talante opulento y pomposo. Simplemente, es grande y está diseñado para ser así. Está concebido por ideas y sin ningún resguardo por parte de los agentes externos a la hora de ser ejecutado. Nunca antes la frase “sin ningún tipo de comercialismo” fue mejor aplicada que con este necesario y esencial capítulo de la historia de los británicos Yes.
41 años después, esta obra aun es el epicentro de álgidas discusiones entre los irremediables seguidores de la banda. Es, probablemente, uno de esos trabajos magnos que jamás dejarán indiferente a nadie. Con toda su vanguardia, su complejidad y ampulosidad, se planta como un símbolo de ambición y perspectiva artística sin parangón. Es de suma importancia hacer tales declaraciones en estos tiempos donde estamos hasta el cuello con “músicos” estériles cuyas propuestas son, por lo menos, risibles. Y esto lo digo con la mayor caballerosidad posible, puesto que es fidedigno mi comentario. Si hoy en día publicaran un álbum de esta envergadura, no solo sería un fracaso comercial que rozaría lo mítico, sino que también sería defenestrado y vilipendiado como pocos. Aunque cabe mencionar que, a pesar de los tiempos en los que fue concebido, fue altamente criticado por su propuesta tan experimental, grandilocuente y, simple y llanamente, enorme. Es un álbum enorme.
Tal es su relevancia que la importantísima e histórica labor de plasmar esta música en estudio llegó a causar notorias fricciones en el seno de la banda. Luego de semejantes obras (monstruosas para ser minimalista) como Fragile y Close To The Edge, Bill Bruford, batería de la banda, dejaba el barco para subirse a las tropas de los también oníricos y legendarios King Crimson luego de un pretérito interés con todas las cosas Yes. Vamos, que para sustituir a un portento en la batería como Mr. Bruford se necesitaba a alguien tal vez más talentoso y virtuoso en su elemento. Podemos discutir por horas y días acerca de quién es mejor, pero no cabe duda de que Alan White (que había tocado con John Lennon por esos años) supo llenar las botas que se le habían impuesto. Si dudan de los comentarios de un servidor, pueden escuchar el directo Yessongs de este 1973, donde toca los temas de Bruford como deben sonar. Según cuenta la leyenda, el maestro White se aprendió el desafiante material de la agrupación en los tres días que se le fueron concedidos para dicha labor. Una proeza notable, si me lo preguntan. La alineación estaba lista y en plena gira del Close To The Edge comenzaron las primeras sesiones para desarrollar la obra que nos agracia hoy. El sexto álbum ya estaba siendo cocinado e iba a ser un momento mágico en nuestras vidas.
No cabe ninguna duda que las cinco mentes que conceptualizaron este sacro e incomprendido trabajo son cinco genios en su campo y han hecho delicias con el pasar de los años con sus instrumentos. Pero eso no significa que haya sido fácil. Ni de broma, colegas. Yo creo que fue una de esas inevitables circunstancias que complicaron las relaciones entre los miembros. Es de sobra conocido las creencias espirituales y peculiaridades de Jon Anderson por esos años, siendo su persona la más ferviente a la hora de componer este Tales…. Tratando de hacer música que sonara salida de un mundo mágico y celestial, pidió a los miembros grabar el álbum en medio de un bosque que había encontrado a unas millas de Londres. Obviamente, la banda declinó la oferta y comenzaba a dudar de la entereza mental de su vocalista. Pero él, aun afincado con su idea de traer la vida silvestre a su arte, trajo muchas plantas y elementos de esa naturaleza al estudio para crear una aura más espiritual, si lo quieren ver así. En un bloque compositivo lleno de ideas y conceptos, Rick Wakeman, uno de los tecladistas más importantes e influyentes de nuestra música, no pareció encontrar su lugar entre tanta ambición, visión y perspectiva pomposa. Lo que me parece raro de dicho dato de la grabación es que su labor en este álbum me parece remarcable y mi opinión es que tal vez su disconformidad no era solo con la música, sino también con sus compañeros, puesto que su estilo de vida distaba considerablemente con el de sus colegas. Mientras ellos eran más hippies (no digo esto de manera peyorativa, sino a falta de un mejor término) y espirituales, Wakeman tenía una actitud más terrenal acerca de la vida; sin mencionar sus gustos por la carne mientras que todos sus compinches eran vegetarianos, por lo que es fácil asumir que habían ciertas discrepancias a la hora de convivir. Ozzy Osbourne recuerda esto en su biografía I Am Ozzy, donde su banda, Black Sabbath (los nacientes precursores de un movimiento oscuro y potente que aún vive hasta el día de hoy), compartía disquera y el edificio de grabación con Yes. Wakeman no tardaría en entablar una amistad con sus paisanos de Birmingham, cosa que derivó en una participación del tecladista en su entonces nuevo álbum, Sabbath Bloody Sabbath. Creo que tal era el fastidio de Rick con la grabación de este álbum, que fue pagado con cervezas por los de Iommi. Es fácil determinar que Wakeman dejó la banda luego de este álbum pero déjenme decir que este fue un maravilloso epitafio. En entrevistas más recientes, la opinión del talentoso tecladista acerca de la obra ha mutado a una más positiva y ha reconocido que hay partes que le gustan mucho.
Otro acontecimiento que rodea la mística de esta obra astral fue el masivo apoyo comercial que recibió incluso antes de su publicación. Atlantic Records, en un memorable esfuerzo por promover la siguiente obra de estos caballeros, hizo una fenomenal campaña publicitaria para este álbum. Tal fue la implementación de elementos publicitarios y comerciales, que Tales From Topographic Oceans tiene el hito de ser el primer trabajo en ser certificado oro en el Reino Unido antes de su publicación. La vida puede ser muy irónica, ¿verdad? Un álbum cubierto por elementos comerciales a su alrededor y con una expectativa palpable, acabó siendo uno de los álbumes más desvestidos de las hediondas ropas del consumismo y la cotidianidad.
El álbum está basado en un libro llamado Autobiografía de un Yogi de Paramahansa Yogananda. Tratándose de la interpretación sobre la filosofía de la vida que tenía el yoghi indio, es fácil asumir que Anderson sentía un cierto grado de interés a la hora de plasmar dichos conceptos con su grupo. Me imagino al gran Jon en su hotel en Tokyo en 1973, descubriendo las vicisitudes que narra este libro e ideando este concepto grandilocuente que revolucionó al credo. Un momento histórico. Reconozco haber leído unas partes del libro para la reseña y no entendí nada (tengo mi propio concepto de la espiritualidad y este no me llegó en absoluto) pero debo decir que si creen en ese tipo de espiritualismo, podría interesarles. El álbum está plagado de letras que buscan filosofar acerca de la realidad del mundo, con una guerra en Vietnam en pleno auge. Tal es la magnitud de estas líricas, estas odas a la espiritualidad y misticismo, que Steve Howe (nombre sagrado a la hora de mencionar guitarristas que han revolucionado el Rock Progresivo) y Anderson crearon la estructura de las letras en maratónicas sesiones en hoteles y entre conciertos, haciéndose hincapié para resultar en algo original y portentoso. Debo decir que lo lograron con creces y en el tiempo record de ocho meses. Claro, en esos tiempos, era algo típico publicar álbumes con cierta asiduidad pero realizar algo como esto en ese periodo de tiempo es algo digno de seres elegidos para hacer cosas únicas.
Con solo hablar de la portada es hablar de una obra de arte histórica; como todo el bendito trabajo. Sé que estoy deshaciéndome en halagos pero cuando se trata a la realeza del Rock, hay que venerar como se debe. Un terreno extenso y detallado con colores que evocan y emanan vitalidad, atrayéndote para escuchar el notable cofre de tesoros densos e impenetrables que resguardan. Mención especial al más que talentoso artista Roger Dean a la hora de elaborar dicha portada, puesto que es la idónea para representar el talento desmedido y excesivo que nos agracia. Vaya, arte cubriendo más arte. Es que por todos lados este trabajo es único. Puedes pasar un buen tiempo analizando el arte del álbum y eso me parece maravilloso. Eso es lo que debe hacer una portada y Yes lo han hecho como nadie: cautivarte con sus portadas, causando una influencia en tu persona para que escuches su mágico y fantasioso contenido.
Yes es un grupo que te envuelve con sus sonidos únicos y desafía tu percepción como oyente a la hora de proponer movidas más bizarras y abstractas con sus canciones. Lo habían hecho antes y lo harían después pero en este álbum, en este 1973, decidieron sacarse un conejo del sombrero y lanzar lo más extremo y excesivo que se puede llegar a encontrar en la escena rockera. Una obra maestra fragmentada y capitulada para hacerte viajar por diversos mundos de luces oníricas que iluminarán las más grandes penumbras de tu alma. Brillante es, sin lugar a dudas, pero no es fácil en absoluto digerirlo. Es más, pienso que este álbum debe ser escuchado cuando se conozca mejor el material de la banda o el género del Progresivo en general. Estas cuatro canciones, compiladas en un solo álbum, son la peor pesadilla de cualquier critico que se tenga un poco de aprecio. No dudo que cualquier que trate de cubrir este Tales… (como un servidor), se rascará la cabeza y se preguntará como demonios confrontar el equivalente supremo a todas las cosas bombásticas. Múltiples sonidos, influencias, usos de las instrumentaciones e incluso harmonías vocales de lo más hermoso que van a oír. Simplemente, es un álbum pesado en su envergadura y notorio en su propuesta. Dicen que el Death Metal y el Black Metal son estilos de música extremos y no lo dudo, pero cabe mencionar que su extremidad yace en la fuerza y violencia de su música, siempre cómodamente encapsulada entre las limitaciones de su estilo. Yes alcanzaron los límites de su habilidad y chocaron contra su propio techo, tocando con una actitud, porte y profesionalidad que muchas (y quiero enfatizar en ese “muchas”) agrupaciones desearían tener. Así es: un grupo que se sabía bueno y con pretensiones de ser más de lo que el mundo les permitía ser. Por algo nacen álbumes de esta magnitud. Una personalidad tan única para ignorar cualquier norma o precepto estipulado por las sociedades musicales y decir “¿Por qué no? Vamos a intentarlo.” Así me gusta, colegas. Así si provoca reseñar. Cuando vamos a degustar un vino añejo y algo amargo al principio pero que luego hace delicias en tu garganta. Para llegar al Paraíso primero hay que ser purificado en el Purgatorio.
Si con The Revealing Science of God (Dance of the Dawn) buscaban dejar bien en claro quiénes eran los jefazos supremos y absolutos del credo técnico y virtuoso, déjenme atestiguar como un mero seguidor de la buena música que lo hicieron con creces. Como una calma perturbadora que sirve como un preludio a una tormenta de ideas y visualizaciones, Wakeman inicia esta bestialidad de álbum con su teclado y luego Anderson hace acto de presencia con sus notables melodías vocales en un crescendo de lo más delicioso. Una atmosfera mística y cambiante va desarrollándose con cada sección de la canción, produciendo un amasijo de delicadas notas que sirven para ensamblar un monolito indestructible de una ideología musical. Como la mente inquieta de sus padres, esta composición surca diferentes ritmos en toda la travesía que es escucharla. Cuando rozamos la mitad de la pieza en un apaciguado y placido ambiente, con las siempre presentes influencias Folk de Howe, sabemos que estamos tratando con algo no diseñado por simples mortales. No, esto es progresivo del bueno. Me encantan los teclados de Wakeman por el minuto 14, entrelazados con el canto melódico y estridente de Anderson. Alan White, “el nuevo”, sigue esta estela de maravillosas composiciones y aporta lo suyo al comunicarse musicalmente con la notable habilidad guitarrera de Howe. Tal vez el bajo del gran Chris Squire no tenga tanta predominancia pero se mantiene audible y nos permite escuchar las posibles genialidades que esté realizando. Esos punteos de nuestro guitarrista sirven para relajarnos pero con esa sensación dubitativa ante lo que puede llegar a suceder. Hemos aterrizado en una tierra donde nada es seguro y cualquier cosa puede llegar a pasar. Rick Wakeman es el actor principal en esta obra de misticismo y maestría. Genial, brillante, apoteósico, el final que se despachan, con todos los instrumentistas en una suerte de competencia para determinar quién es el mejor en lo suyo. Precursora de futuros exhibicionistas en el feudo metalero más portentoso. Jon Anderson, vamos… ¡Que vocalista, señores! Terminando la canción con esa harmonía vocal tan peculiar con la que fue iniciada denota ese full circle tan especial de la banda. Steve Howe no deja de ventilar experticia guitarrera con el acompañamiento de su amigo Anderson en el micrófono, realzando la grandilocuencia y elegancia de este más que supremo opener.
Y ese es el primer tema, apenas. Lleno de pasajes notables, virtuosos y que sirven como una suerte de épica que abre la odisea que vamos a vivir en esta narrativa sobre la vida misma. Porque de eso se trata este grandilocuente testimonio de niveles impensados en la música (y que los rockeros no podemos ser buenos músicos, dicen en otros círculos). Mucha influencia Folk en la guitarra de Howe, un elemento que siempre ha influenciado al sagaz guitarrista y que sirve de elemento clave en la propuesta. Wakeman se sale con sus teclados y hace uso de una gran variedad de recursos, un aliciente para cualquier aspirante a tecladista.
Si hicieron delicias gentiles y preciosistas con The Revealing Science of God (Dance of the Dawn), esperen a experimentar la melancolía inicial que Howe nos da como bienvenida con sus deprimentes pero más que satisfactorios punteos en The Remembering (High the Memory). Los cánticos de Anderson ayudan con este ambiente de tristeza y reflexión, en perfecta consonancia con la hermosa labor de las seis cuerdas, realmente captando la realidad alternativa que expresan las letras de la banda. Este álbum está tan cargado de ideas y percepciones, que puede llegar a ser atrofiante para el que busque escucharlo de manera más dispersa. Esto es música para ser escuchada de frente y no sepultada en el fondo, como solo complemento de tus pensamientos. Yes asalta tu subconsciente y te hacen soñar con mundo lejanos, donde realidades especiales pueden ser llevadas a cabo. Si queremos ser estrictos y categóricos, esta sería la “balada” del trabajo pero sabemos muy bien que esas etiquetas no se aplican a majestuosas piezas de un castillo de pomposidad como es este Tales… Me encanta como Wakeman crea un ambiente tranquilo pero cuasi sinfónico con sus teclados y dictamina el ritmo que va a seguir el álbum en distintos puntos de esta maratoniana escucha que estamos haciendo. Con el complemento de Howe en la guitarra y Anderson en las vocales, se vuelven la triada santa para el sonido de este álbum. La base rítmica es más que talentosa (hombre, son Chris Squire y Alan White) y lo hacen saber en más de una ocasión, pero no con la asiduidad de los otros tres genios. No escapan de los momentos acústicos que tanto le gustan a Howe y debo decir que me deslumbra su hacer en esta faceta. Anderson, siguiendo la norma del trabajo, canta con su voz sentida y aflautada. No reniego de la idea de que hay uno que otro toque Pop de la época pero todo cómodamente resguardado y limitado entre las murallas de la musicalidad que es la marca Yes. Podríamos decir que estos temas tienen una notoria abundancia de egocentrismo, pero pienso que la mayoría de las veces es en pro de la música. Aunque hay que reconocer que un amateur en este estilo no podría digerirlo con facilidad. Genial ese punto cuando el corte explota luego de esa tranquilidad y Howe recuerda que también puede tocar la eléctrica como un maestro. Pasajes de genuina hermosura y que no abandona la complejidad. Yes siempre han sabido sonar con autenticidad y belleza con arreglos tan oscuros y bizarros. Por donde queramos escuchar, hay una sucesión de notas que merece ser mencionada. El zenit de la belleza de esta pieza es alcanzado con las voces de Anderson y el sentido solo de Howe. Enormes y legendarios. Miren que en 1973 no se guardaban nada. Iban con todo.
Escuchar y desmenuzar lo que incorpora cada tema de este álbum puede resultar en un esfuerzo herculino y complicado pero, como la música que la integra, otorga una recompensa sin parangón. Después de abrir la puerta oxidada, no habrá marcha atrás.
En el ecuador de nuestro viaje por millares de almas y visiones, The Ancient (Giants Under the Sun), tal vez muestran el lado más inquieto y “duro” de la banda. Solo escuchar esa batería de White y los teclados de Wakeman en la apertura del tema sirven para hacernos saber que lo que se está llevando a cabo es un trabajo atemporal y que buscaba una tonalidad nunca antes vista. Es como una improvisación estructurada, si me lo preguntan. En mi opinión, es lo mejor que ha hecho White como baterista de Yes. Howe saca una suerte de riff duro luego de esa demostración de sus colegas y la banda continua a partir de ahí. Anderson está inmenso, como siempre, cosa que tiene sentido si consideramos que fue el precursor principal a la hora de idear esta mastodóntica obra. He hecho énfasis en el toque Folk que encarna la banda porque es uno de los factores clave en esta inmensa mezcolanza de influencias. A mediados del tema, surge un cambio de ritmo que hoy en día aplican muchas bandas de Progresivo, repleta de arreglos espeluznantes para cualquier músico en periodo de aprendizaje. Me encanta esa marcha que sucede en esa mitad, con la batería en un ritmo militar, Wakeman pletórico y la siempre notable guitarra de Howe. La segunda mitad de esta joya se ve más cambiante que la anterior y rara vez se calma en una sola estructura. Aquí es donde más se luce el antiguo batería de John Lennon, pero siempre protegido por los solos hímnicos de Howe y la labor incansable de Wakeman (¿hizo todo esto desconectado de la banda en las grabaciones?). Creo que el mejor solo de Steve está en este tema, al igual que la labor menos solida de Anderson (aunque esto último se debe a que no aparece tanto como en los demás). Mucho aplomo pero con una pizca de dureza en el corte. Claro, siguen con sus bellas acústicas y melodías vocales. Yes no son un grupo Heavy…son un grupo que te eleva a planos impensados con su música. Hay hasta espacio para la genial labor de Howe con su acústica, cosa que aceptamos con placer. He hecho hincapié en las clausuras de estas obras maestras y esta no es excepción. El canto de Anderson es notable y hermoso, acompañado por la sempiterna excelencia de Steve Howe con su guitarra. Escuchen como esa guitarra llora con esos punteos hasta su desenlace Folk a morir. Casi que Blackmore no escuchó este tema. Pero antes de que piense que acaba así, lanzan ese riff característico de toda la canción.
Vamos, que hemos vivido mucho pero aún falta la cuarta pared de esta habitación de gloriosas declaraciones. Vivencias varias hemos experimentado, seguro. Pero hay que llegar hasta el final para saber que tenemos algo especial entre manos y que lo hemos degustado con la sapiencia de alguien que se sabe conocedor de la grandeza que se ha cruzado en su existencia.
Ritual (Nous sommes du soleil) es el epilogo a esta heroica epopeya que se nos ha sido confiada y que hemos tratado de comprender en su vasta entereza. No dudo que haya sido difícil pero más que satisfactorio ha sido. Es tal vez el tema más “accesible” de la obra pero, una vez más, debemos despojarnos de cualquier término inservible para clasificar algo que no nació para ser clasificado. Es el legado máximo de cinco artistas en este mundo. La banda se mueve como pez en el agua en estos ritmos más energéticos y con una distribución en el sonar de cada instrumento bastante pareja. Ese toque Jazz Rock impregna esta conglomeración de estilos y Anderson está restringido en el fondo, dejando a sus colegas instrumentistas hacer lo que deseen con el devenir de la canción. Cosa que no está nada mal, a sabiendas de con quienes estamos tratando. Una paz inherente es lo que causan estas melodías placidas e inspiradas en nuestras almas, haciendo que te olvides de tus complicaciones. Irónicamente, siendo el tema más longevo, llega a ser el más estructurado del trabajo. Genial y remarcable las vocales del buen Jon en este corte y como expresa esas letras en las que trabajó con tanto esmero. White marca la pauta con ese ritmo atrapante a mediados de la canción y Squire hace delicias con su bajo. Lo que viene luego de eso es una brillante demostración de virtuosismo y melodías complejas, llenando nuestros oídos con múltiples solos por parte de diferentes miembros. Incansable e imperecedero los recursos de Howe y Wakeman con sus instrumentos. ¡Que solo el de Howe, hombre! ¡Que explosión de musicalidad luego de semejante solo! Lo único malo es ese insoportable sonido de la batería de White que arruina la experiencia por unos segundos pero luego consigue su redención con una sección de baquetas excelsa y el tecladista va en ascenso de dramatismo con su instrumento para luego volver a esa condenada rítmica de los platillos. Las guitarras lloran como pocas veces en el historial de la banda; como esa señal que Howe nos da para decirnos “calma, niño; todo ha terminado; relájate. Pero te ha gustado, ¿eh?”. Simplemente -si hay algo de simple en este álbum-, una maravilla en un grado nunca antes pensado. Una oda a todo lo que es magnánimo y bombástico. El exceso musical en estado puro.
Este trabajo es el legado y prueba de que no existe algo como las limitaciones en el mundo del arte. Si crees en ti mismo y en lo que haces, puedes romper cualquier estatuto que la sociedad haya creado para ti. Las ideas más peligrosas, como dijo Oscar Wilde, son las que merecen ser llamadas ideas. Y esto merece ser llamado una obra maestra en talento y peligrosidad. Debajo del velo de la locura, yace el rostro de la brillantez y genialidad.
Cinco cuernos (más que merecidos) para este Tales From Topographic Oceans. Un colega del Portal me decía que era un álbum de cinco cuernos de manual pero yo discrepo. Es un álbum de cinco cuernos que es complicado y difícil de apreciar. Pero una vez que hayas abierto tu mente a nuevas realidades, abrirás la puerta al mundo que Jon, Steve, Chris, Rick y Alan han creado para ti. Y jamás podrás cerrar esa puerta...
TenzaZangetsu

Otra cosita, y es que me doy cuenta ahora, yo que siempre jodo con eso de las relaciones entre la música progresiva y la música étnica, y caigo en cuenta que en realidad, y ya tomando la trilogía de estas obras cumbres de Yes tan impregnadas no solamente en sonidos indués sino también en esquemas filosóficos, digo que caigo en cuenta que esa mezcla entre lo étnico está presente en el mismo ADN del rock progresivo y forma parte de su íntimo ser como también lo es la tesudez para experimentar con todo lo que se ponga delante y buscar lo que no está tan a la vista, y escarbar y escarbar... este disco, inscripto dentro de lo que conocemos como "rock sinfónico" es quizás la primera obra de puro "etno-prog", y de aquí surgieron miles de variaciones y bifurcaciones, y fue una de las tantas puertas que desde aquí se abrieron.
Así que acordate, si el disco te gusta o no la verdad que importa poco, esto va más allá incluso que lo musical y tiene que ver con nuevas fronteras de la mente, del espíritu y con la búsqueda de nuevos horizontes...
Y no sigo escribiendo porque no terminamos más. Y además está de más. Dejo alguno pocos comentarios y vamos al disco que es lo que vale aunque no solo lo único que vale...



Close To The Edge is perfect. Even if Yes had stopped making music right there, they would still be one of the top few best bands ever and could already lay claim to some of the greatest albums to ever come out of rock. But what firmly cements Yes' status as the farthest-reaching band of all time are the two albums that came next: the unsurpassed twin peaks of TALES and RELAYER. Each exponentially deeper than CTTE in terms of both scope and musicianship, it's only natural that many fans (and even certain band members) will begin to fall off at this point, and thus never behold Yes in their true splendor and forever be confused at the ardor of those who have. Simply put, Tales From Topographic Oceans is one of the most magical and beautiful recordings of all time, and the empty critiques of the unknowing can never reach it. Musically speaking, what we have here is over 80 minutes of Yes' most daring and sophisticated explorations yet: deliberately recapitulating themes, carefully arranged instrumental sequences ("extended solos" to the musically deaf ear), breathaking vocal harmonies, oceanic soundscapes (thanks mainly to Rick Wakeman, the bewildered oaf), classical-worthy acoustic performances... needless to say, this is not a "one listen" album -- this an album that grows with you in time, becoming an ever more rewarding musical experience as you gradually come to terms with its immense magnitude over repeated listens. We are in a completely different territory than the Bruford days: the climb may be rougher for some, but the peaks are higher beyond compare. If you want to begin to explore the true pinnacle of Yes music, invest some time in appreciating this vast and immortal masterpiece, then brace yourself for the utter transcendence which is RELAYER. Happy listening.
corbet

Four decades after its release, this is still the most controversial record in Yes' output. Tales from Topographic Oceans was the place where Yes either fulfilled all of the promise shown on their previous five albums or slid off the rails in a fit of artistic hubris, especially on the part of lead singer Jon Anderson and guitarist Steve Howe, who dominated the composition credits here. Actually, the group probably did a bit of both here across 80 minutes of music on a fully packed double-LP set; the group's musical ambitions were obvious on its face, as it consisted of four long songs (really suites) each taking up a side of an album, and each longer than the previous album's side-long "Close to the Edge." And Tales had a jumping-off point that was as far advanced in complexity and density as Close to the Edge had been out in front of its predecessor, Fragile, -- and all of it made The Yes Album seem like basic rock & roll. Anderson, by virtue of his voice and lyrics, is the dominant personality on Tales, and his fascination with Eastern religion is fully manifest, as never before (or since). Confronted by song titles such as "The Revealing Science of God," and a concept derived from the Buddhist Shastric scriptures, the casual listener might have felt in need of both a running start and a sheet of footnotes: Yes keyboard player Rick Wakeman clearly felt something along those lines, as it was while making this record that he decided to exit the group. And, yet, Tales contains some of the most sublimely beautiful musical passages ever to come from the group, and develops a major chunk of that music in depth and degrees in ways that one can only marvel at, though there's a big leap from marvel to enjoy. If one can grab onto it, Tales is a long, sometimes glorious musical ride across landscapes strange and wonderful, thick with enticing musical textures; it offers the Yes fan the chance to be a true "astral traveler." Apart from one percussion break by Alan White that doesn't come off (if there had to be a Yes album with a percussion solo, why couldn't it have come along when Bill Bruford was in the band?), the music never falls flat, and it's a pity that Wakeman couldn't appreciate the richness and vitality he brought to the album. And Anderson and Howe get to work in an extraordinarily wide range of musical voices. In another reality, perhaps the gorgeous, folk-like passages on Tales would have spawned songs of four or five minutes, but here they are, woven into these long-form pieces, and if one can take the plunge into these particular sonic oceans, and comfortably stay under long enough, it's a journey that will reward. But it's not a trip for everyone -- or even every Yes fan -- to take, especially not too soon after discovering the album.
Bruce Eder

Coming off 1972′s classic ‘Close to the Edge,’ it seemed as if Yes could do no wrong. ‘Tales of Topographic Oceans,’ a bloated concept album which created so much tension that is forced keyboardist Rick Wakeman out of the band, proved otherwise.
Singer Jon Anderson, for his part, has said that the only freedom worth having after so much success is the freedom to do whatever you want: “‘Close To The Edge,’ ‘Topographic Oceans,’ nobody else did that,” Anderson told BAM magazine. “I’m very proud of it.” But critics joined Wakeman – who was said to have spent most of these sessions unhappily playing darts and/or drinking – in questioning the wisdom of releasing this four-song double album.
Gordon Fletcher, writing for Rolling Stone, derided ‘Tales’ as a form of “psychedelic doodling.” Melody Maker’s Chris Welch called it “brilliant in patches, but often taking far too long to make its various points, and curiously lacking in warmth or personal expression.”
For his part, Wakeman’s issue wasn’t that ‘Tales’ was devoted to frontman Jon Anderson’s interpretations of the Hindu shastras — or sacred books — but rather the way the material was shaped to fit the old vinyl format. “I didn’t understand where we were going as a band,” Wakeman said, years later. “We adapted the music to fit four sides of an album. It didn’t naturally evolve. There are some great things, but an awful lot of padding. If the CD format was around then, it would have been a different album.”
The album, buoyed by a lead-in like ‘Close to the Edge,’ shipped gold while topping the U.K. charts. Released on Dec. 14, 1973, it reached No. 6 in the U.S. too, but sales — likely damaged by word of mouth — quickly levelled off. ‘Tales of Topographic Oceans’ would become Yes’ first project not to go platinum since 1971′s ‘The Yes Album,’ three releases back.
Something good ultimately came from this time, though. ‘Tales’ marked the debut of new drummer Alan White, who took over during the preceding tour when Bill Bruford left for King Crimson. White remains in the drum chair to this day. Meanwhile, Wakeman and Anderson continue to record and tour together, though both have long since left Yes.
Nick DeRiso

So here is in lies one of progressive rock's most arguable albums of all time... some love it , other hate it and others don't get it... I must tell you that I love this album and always have. IMHO this is one of YES' most progressive works, featuring 4 side long tracks each building on one another and setting quite a memorable mood from start to finish. What I have always loved about "Topographic" is that although it captures the signature YES sound it really takes the band in a new direction and builds a wonderful and highly original soundscape for the listener to get lost in. I am sure most of you have this recording and fall in one of the camps I mentioned earlier and I would strongly suggest you pick up the re-mastered version of this album.
James Unger

Ah, Tales from Topographic oceans, do you love it or do you hate it?
Even the band members themselves are divided on this one, Rick Wakeman having publicly derided it. Indeed, one live performance of the album in its entirely gave rise to the legendary curry incident. (For more information, see the opening chapter of the excellent Yes biography "Close to the edge"). Personally, I love "Tales..". Yes, it is excessive, indulgent, long, etc., but it is also thoroughly enjoyable.
The original LP has one track per side of a double album. Unlike "Close to the edge", in this case each track is a single complete piece, i.e. the songs are not made up of individually named sub-sections. The story behind the concept is suitably obscure and indulgent, the inspiration being taken from a "Lengthy footnote on page 83 of "Autobiography of a Yogi" by Paramhansa Yoganada".
"The revealing science of God, Dance of the dawn" kicks off side one. For me, this is the best of the four tracks. Anderson is in fine vocal form, just as well really as this track has the most vocal passages of the four. Wakeman's keyboards are dominant throughout, although rather uncharacteristically, this is in the form of sweeping synth layers for the band to build on, rather than virtuoso performance. Towards the end he breaks loose, and slips in one of his breathtaking synthesiser solos. There is a beauty and atmosphere to this track which sets it apart from the others.
"The remembering, high the memory" is fairly similar in structure to the first track. Once again, Wakeman's keyboards are much in evidence, and Anderson is called up for vocal duty frequently. The overall composition is not quite as strong as "Revealing science of God", but it's pretty damn close. There's a wonderful section midway through, which has an oceanic feel, Wakeman's synths plunging ever deeper, before Anderson pulls things back to the main melody for the uplifting conclusion.
"The ancient, Giants under the sun" is the one track which in my opinion does not make the grade. The first half consists pretty much of Steve Howe practicing his scales on lead guitar. Had the track started when he swapped it for the acoustic one half way through, the album would have benefited immensely. The latter half of the track features a beautiful Howe and Anderson duet, the rest of the band having little input to this section. Lyrically, the song is one of Anderson's most poignant and accessible, complementing Howe's fine acoustic guitar solo perfectly.
The final track, "Ritual, Nous Sommes Du Soleil" is slightly harder than the first two, with a dynamic percussion section, which is particularly impressive live, where it is often extended.
The sleeve is one of those famous Roger Dean creations, and must surely rank among his best.
The recently remastered and extended release is lavishly packaged, and includes an instrumental intro to "Revealing science of God" (not previously released), plus two full length studio run throughs of that track and "The Ancient" (which includes an electric version of the second half of that track) These additional tracks are interesting but not essential.
I readily acknowledge that "Tales from Topographic Oceans" is controversial, and wide open to criticism, but for me, it's one of their best.
Bob McBeath

The love it or hate it double album. I think the reason why some fans, and band members dislike this album is because it takes a long time to build up and because there is so much material it requires a lot of patience and the right state of mind to listen to. One flaw of the album is that if you listen to one of the tracks individually they are not as impressive as when you listen to the album as a whole because the first track is an excellent build up to the remembering and it continuouslly progresses into better pieces, just very slowly. I think it was silly to include ritual on the recent ultimate collection as it feels like they've taken a snippet from the album whilst if you listen to the rest of the album first the song seems much better.
If none of that compells you to listen to this album then it is always nice to see yes do something different as this album is very experimental and uses many different styles and sections including mellow organ and piano pieces, pounding basslines and guitar/piano battles. Not to mention the incredible drum techniques in ritual. The lyrics show that this album is a concept album about ways of life and the life of yes and refers to christianity at times. Anyone will have to appreciate the almost impossible task of producing 80 minutes of perfectly orchestrated music. This album has its ups and downs but after you settle into it you will love it as much as close to the edge, relayer and fragile. Perhaps this one is different because the other albums just mentioned really grab you by the balls and always entertain whilst this album takes a while to get going. Jon Andersons vocals are still upto par as usual. This is brilliant stuff and i think it did well for yes. I would much recommend this album over anything after relayer. In a word...yes.
Christopher French

There are, it must be admitted, few albums which exemplify 'prog' as much as Tales From Topographic Oceans does. Both in excesses and successes, the album stands out as a much more expansive and challenging one than Yes' two preceding efforts, and the combination of superb musicianship, the slaughtering of conventional structures, semi- or entirely- nonsensical lyrical material, and an ambition at producing a more primal creature than Close To The Edge without any realism whatsoever included. These make the album pretty much the essence of longer instrumental-based prog, and a huge target for some mainstream critics.
The playing, of course, is good to stunning, with Howe contributing superb acoustic and electric guitar (as well as lute) and White stepping up to the challenge of taking over from Bruford while not aping him. Squire provides some of his finest bass-work, distinctive and potent throughout, with a couple of superb bass solos making an appearance. Wakeman, though not exactly the album's greatest fan, moves to slightly plainer keys than those of the preceding albums (perhaps as a result of the less involving process by which the album was made), but nonetheless gives us some wonderful playing, especially on The Remembering/High The Memory. Jon Anderson is fairly capable throughout, though in a couple of spots he fails to get the menace demanded by the music. Still, his vocal performances are generally distinctive and good. The Yes harmonies, naturally, take their place on the album gracefully.
Despite this excellent playing, I initially did not get the album at all, considering it nonsensical, boring, not worthy of CTTE and generally despicable. However, going back to it after a little while spent developing my musical tastes and ear, I later found it incredibly and inexplicably stunning. This is an album which demands attention and to be listened to in full, and with the energy to engage with and explore its depth. Not casual listening.
The Revealing Science Of God/Dance Of The Dawn opens the album with what is certainly one of Yes' finest numbers. Thunderous rumbling and gentle keys build up a watery, swirling atmosphere, moving to calm when John Anderson's vocal enters, slowly building tension with the strung-together syllables and words. This gradually and brilliantly builds up to the potent bass solo on the line 'Endless caresses for the freedom of life everlasting'. Steve Howe then enters with confusing guitar, and the band really kick off as a whole.
A more rock-based section ensues, with Alan White's percussion standing out especially. Anderson contributes an excellent set of vocals and suitably cryptic lyrics about a search for God or meaning. The harmonies mesh together very neatly, and the piece hums around calmly before shifting into a much faster-paced being replete with Howe soloing and killer rhythm section. Wakeman's keys, slippery and deliberately un-fixed, remain a constant through most of the song, including a softer and slower repeat of the music for earlier sections. Lush mellotron, ARP synths, some form of piano and just about every imaginable keyboard sound turns up to good effect. Of especial mind-blowing beauty is the soft guitar solo-based section (with flutey keys) which takes over at about 15.00 minutes, moving carefully onto more vocals. Of similar wow factor, though of completely different style, is a Wakeman keyboard solo. The piece finally disappears after its range of treats on a mysterious note.
In all this, the band handle very sudden changes in tempo and rhythm flawlessly, moving between a vast array of sounds with a couple of constants evoking the search. The musicianship on this particular piece is truly phenomenal, and, with all members of the band contributing with full verve and energy, it could never have failed to be stunning.
The Remembering/High The Memory follows the stunning opener with a softer and much less dramatic piece to suggest a more reflective mood. Flute makes an appearance, as do lute and all sorts of keys, though more conservative and 'normally' used than on the opener. Squire plays more slowly on a less edgy bass, which does suit the piece but at the same time doesn't feel quite right for a Yes song. The vocals carefully twist and deliberately overstay the bounds they've set for themselves, occasionally dragging the music along with them for surprise value. A mandolin-like guitar sound produces a more slippery atmosphere. There are some very clever examples of the music taking completely unexpected turns, and foreshadowing explosions that never happen. Even if it's not really musically my thing, dragging a little, I can only admire how the band has chosen to create the slight uncertainty and less ordered nature of memory, and there are some incredible moments in this mix, both in the more folky 'distant drums' section and amazing 'alternate tune/view' conclusion (everyone's favourite mellotron tone).
Again, it's not a 100% fixed and structured piece, allowing a huge variety of moods, though in a more conventional frame than either the opener or the follower. Wakeman's keys are probably the standout on the piece, with the multiple vocals coming second. A range of ideas are explored within the general theme of memory and a 'universal' memory, occasionally resurfacing several times. The entire piece doesn't always work for me musically, but most of it definitely does, and the cleverness of the way the concept is explored is always something to chew on during the bits I don't love for their own merit. Objectively another masterpiece song, though not always my thing.
The Ancient/Giants Under The Sun, both the most impressive and the most pretentious 'song' on the album, begins with a gong before the monstrous rhythm section bursts into life with some sort of cut-off or clipped organ/percussion sound rhymically working in the background while Howe screeches primordially and chaotic in the background. Here the intent is to go beyond sense, logic and memory to create whatever was before that. Naturally, this idea is pretentious both in the concept and in the execution (with the unfortunate decision to recite a list of names and places in various languages, most comprehensibly sol - sun and Ilios - (Troy)). Howe is an outstandingly dissonant guitarist and sitarist in this section, and the general chaos and energy of the first part of the piece is only spoiled by Anderson's pretentious moping and a rather more generic set of keys.
From this chaos appears Howe's interesting and emotional acoustic guitar (accompanied loosely by an acoustic bass) and a more substantial vocal from Anderson. The wonderful Spanish-with-just-a-touch-of-dissonance nature of his acoustic solo here gets me every time and it is naturally vital listening for fans of Mood For A Day. Considering that my main reason for admiring Howe's guitar-work is merely that he can handle an acoustic properly and emotionally without sliding into the realm of the generic, this part of the song is a delight for me every time. The song runs madly to its conclusion with a very odd juxtaposition of the forceful riff of the first part, sitar and screeching guitar. A flawed masterpiece in all its glory.
Nous Sommes Du Soleil is the coherent and searching conclusion demanded by the conceptual scale of the album. A thick bass thing opens the piece, which spotlights White and Squire very frequently. Squire, in particular, is a blur receding into the distance on the bass for the entire piece, providing a couple of especially fine solos. Wakeman echoes some of the key sounds on the opener to give us a denser feeling of conclusion and of a cycle. Vocals are densely merged to produce a more tight, warm and communal piece, and the development of the band towards The Gates Of Delirium is at times obvious. A blues-esque faux-conclusion shifts to a percussion showcase (with a saw in the background, if I'm not mistaken), which could perhaps be the best thing I've so far heard from Alan White. Haunting keys loom in the background before the piece moves to a softer conclusion. Howe provides an electro-acoustic thing, while the Caped One moves to a piano for the acoustic, natural conclusion. Naturally, this is not the end, and a stunning Howe solo and more liquid textures conclude the album indecisively.
This piece is probably the one I've got the least to say about, since it's more of a musicianship-based rock piece than the other more imagination-based pieces. Has to be heard to be understood. Again, great piece of music.
The bonus material isn't especially good, with the most interesting aspect being Wakeman's keys on the alternate mix of Dance Of The Dawn. Anderson's vocals are too thin on that version, however, to make it listenable, and the album as it is is long enough to discourage me from listening any further. Probably not worth a repurchase for them unless you really love the album and the band.
Of course, this is a masterpiece. Pretentious, yes, a mess, probably, but a masterpiece. Anyone who claims interest in prog rock should own it, and should take a while to make up their minds about it. If at first it doesn't stick, persevere, and if then it doesn't stick, put aside an hour and a half to listening to it once you've left it on the shelf for a month or two. If you then get it, the time and effort will have been worthwhile. Not to be missed.
Edit: I dropped this to a four, since I felt that despite the obvious strength of the other three sides, it's hardly as fascinating as the couple of Yes albums before it, and The Remembering/High The Memory has a markedly feeble moment.
Rob

There are those who blame this album for the decline and fall of prog rock. Life is never that simple, of course. The reason for the retreat of prog rock from the limelight had little to do with any specific album and far more to do with large-scale social forces. However, we humans aren't generally patient enough to work through the complexities of such change, so we choose a scapegoat, a symbol that takes the blame that ought to be borne more widely.
'Tales From Topographic Oceans' is that scapegoat.
It is the scapegoat because, in the eyes of many, it simply went too far. From one album to the next YES went from being the champions of heavy symphonic rock to an outfit that didn't know where to draw the line. Having drawn widespread acclaim with their three-song masterpiece 'Close To The Edge', they took the concept of one track per side and spread it over four sides of vinyl. Moreover, they stretched tracks that might previously have provided five or ten minutes' worth of god-like YES music into self-indulgent, overweight twenty minute marshmallows with no substance. This is YES in decline, desperately trying to paper over the cracks of a band at each other's throats, dominated by ANDERSON's incomprehensible conceptual leanings, rapidly becoming an embarrassing parody of itself. This set the scene for the widespread scorn rock critics began to show towards prog rock, and this album was therefore instrumental in public rejection of the genre.
Hogwash. I intend to offer a spirited defense of this album's place in the list of the true great moments of the genre.
In 1971 and 1972 YES had peeled off a triple-play of incomprehensible brilliance. 'The Yes Album' was one of the best things to that point in symphonic prog rock, and it was equalled by 'Fragile' and spectacularly trumped by 'Close to the Edge'. All three albums occupied much the same musical space: jazz-tinged symphonic prog, dominated by dramatic extended compositions led by an unequalled rhythm section, each song reaching a fiery climax. Compositionally brilliant, with tight musicianship, the band had by this point a sequence of mighty achievements under their belts. Clearly, though, the members of the band were not content with this: witness drummer BRUFORD's departure even before 'Close to the Edge' was released. With pressure from the fans for 'Close to the Edge II', the band recruited ALAN WHITE and set about doing something different, something that would truly extend them as musicians. Drawing deeply from their early psychedelic roots, borrowing from Asian musical tradition and scriptures, and - perhaps most importantly - from their own earlier repertoire, the band created an eighty minute musical melange that, rather unfortunately for their career, defies easy categorisation. The result, for better or worse, was 'Tales From Topographic Oceans'.
The basic shape of the album is thus: the first and last tracks are symphonic pieces in the mold of 'Close to the Edge', though with important differences, while the second track is less easy to pigeonhole, with large quiet, almost ambient sections, and the third track is experimental, filled with Asian sounds and difficult rhythms, much less of a song and much more of a soundscape. It seems to me it is the first ten minutes of 'The Remembering' - before the 'Relayer' chorus - and all but the last few minutes of 'The Ancient' that give listeners the most trouble. To which I can only respond that these listeners have not understood the nature of the music they are listening to. By all means choose not to like them - I'm not sure I 'like' either section myself - but long ambient soundscapes and rhythms and sounds from other musical traditions (in other words, the addition of other musical genres to rock) are exactly the sort of things that made prog what it is. After all, BRUFORD left because YES had become repetitive: 'What finally drove me out of rock'n'roll,' he said, 'was the repetition. That's what had separated me from YES. Why I had found KING CRIMSON so attractive was because they were way more open.' Clearly it was time for the band to break the mold. Unlike other bands who simplified their sound and were vilified for it (I might well be thinking of GENESIS here), YES added complexity and ambition to their music with this release. I contend that, by doing so, they did not help to kill prog. Instead, they helped keep it alive.
I apologise for taking up so much of your time with this argument, and I'll happily admit that it is only a point of view. But I hope my passion for this record will help some people see how essential an album 'Tales From Topographic Oceans' is in the YES canon, and in prog rock, whether it appeals to you or not.
One further point. Do anything you can to get hold of Elektra's 2003 remaster: not for the 'bonus' tracks, but for the vastly improved sound. One of the major difficulties with the original record was the production, which was rather muddy and knocked the highlights out of the music, further obscuring an underpowered rhythm section. The remaster addresses this. It really is like listening to a new recording.
The remastered edition begins with a rumble and some plaintive HOWE notes rather than the original ANDERSON vocal, but we're soon launched into ANDERSON's infamous manifesto. Aside from the overt spirituality, what's of interest here is the reappearance of the 'sharp' and 'distance' motifs from 'Heart of the Sunrise', the first of many such moments on this album. This section builds slowly with the addition of harmonies and notably the intense, shrill synth, and segues into a typically wonderful YES melody. The new order is already clear: melody has taken over from rhythm. HOWE and ANDERSON, responsible for the majority of the compositional work, have supplanted SQUIRE and BRUFORD. SQUIRE's rumble is subdued, and HOWE, ANDERSON and WAKEMAN drive this record. This is the single greatest difference between this record and its predecessors. In particular, STEVE HOWE dominates: his guitar colourings, where he makes the notes sound as though they are squeezed reluctantly from the instrument, are the feature of the record. 'What happened to this song/We once knew so well?' ANDERSON asks, a broad hint of the change - and, while he asks the question, listen to the rather ordinary rhythmical backing. SQUIRE's playing all the notes, but the dynamism has gone, and his interplay with BRUFORD is now only a happy memory. The greatness of this album does not come from the rhythm section. This record is about beauty, not power.
That said, the beauty is - well, staggeringly, sublimely beautiful. 'I must have waited all my life for this moment'. And after nine splendid minutes, we move into the next section, with more dynamism and the use of the same opposed two-word lyric lines made famous in 'Siberian Khatru'. YES continue to evoke their own past as they march into the future. The lovely opening theme is reprised, then WAKEMAN gets the first of many chances to drench the record in mellotron. The 'rape the forest' lyric follows, another superb section, followed by a return to the dynamic two-word lyric section. This is a symphonic epic on steroids, not a wasted moment - and oh, listen to the rising and falling mellotron at the fourteen minute mark. Glorious. HOWE dominates SQUIRE at this point (I can only imagine how this would have sounded a year earlier). More beauty follows, with a heart-wrenching section at fifteen minutes (the 'glory to sons' section), the inevitable calm before the storm of the finale. WAKEMAN gives us a simply indescribable solo at nineteen minutes - this is up there with GILMOUR's work. What follows is one of YES' best moments, on a par with the climax to 'Close to the Edge', with HOWE's guitar and WAKEMAN'S keyboard adding that dramatic colouring to the stunning reprise of the main chorus. YES are the best in the business at these high points, and this is another guaranteed not to disappoint. All a passionate reviewer can offer is yet more adjectives in praise of the music. 'The Revealing Science of God' is, apart from the diminution of the rhythm section, worthy of as much praise as 'Close to the Edge'. I cannot understand why this song does not gather the praise it is due - well, I do, given its context.
You see, even proggers didn't have unlimited patience. The drawn out psychedelic noodling of 'The Remembering' swiftly erases the glory of the previous track from the listener's mind. This is such a pity. Soundscapes work on a different part of the mind than does a dense symphonic effort like 'The Revealing Science of God'. They require time to unfold, but are no less beautiful for it. The shimmering combination of ANDERSON, HOWE and WAKEMAN (with SQUIRE and WHITE in some distant room, seldom invited in) invites the listener to use their imaginations rather than just their glands. Without the incessant rock beat we are forced to think, and I do think very well.
Of course, listeners are waiting with increasing impatience for the song to fire up. You've missed the point, lads. Even with the loss of BRUFORD, YES haven't forgotten how to rock. They just don't want to at this point on the album. So why not lie back in the shimmering sea for a while? We'll soon be back in the big surf. In the meantime let the small beauties infiltrate your mind. Beauties like the harmonies in 'winds allow', the emphatic 'I do think very well', and the consistent high quality of HOWE's work. It's on this album he reveals himself as a master guitarist. Like HACKETT he's not an axeman in the traditional rock sense; rather, he's an instrumentalist, adding to a sound.
Listeners breathe a sigh of relief when the 'Relayer' section begins, and the rock returns to propel the undoubted prog of this song towards its fulfillment. All those themes you didn't really hear as you waited in increasing annoyance for the song to 'start' reappear in the last eight minutes, played by different instruments than those that introduced them: propelled by WHITE's drumming, they suddenly make sense. This is a song that requires repeated listens to make sense. So why don't you go and listen to it a few more times? Isn't that what prog's about?
The hiss and swirl of the last quiet section (16-17 minutes) is an extended catching of the breath, a dramatic pause before the finale, but is glorious in its own right, and I adore the rise of the four-note motif heralding the climax. The blissful harmonies are doubled, and the band even has the cheek to reference the previous song at 18:30 as they draw us up into what is 'surely, surely!' one of the most triumphant finales in symphonic prog. Honestly, the wait was worth it - and without the soundscapes, the climax would be nothing more than perfunctory. It is because we heard these tunes earlier that they mean so much more to us now. The song ends with a lovely bittersweet denouement.
I believe 'The Remembering' will repay your close attention.
As for 'The Ancient', it's an experiment, and not an entirely successful one. There's nothing remotely symphonic about this track, and it was a shock to listeners. Much of it brings to mind early krautrock, and is so far from the rest of the YES canon that it was bound to be labeled an indulgence (or simply sh*t in Robert Christgau's infamous review). Though I do love the bright Tibetan crashing cymbals and HOWE's guitar themes, and in the right mood I enjoy the whole cacophonous mess. And everyone enjoys the last six minutes: the classical acoustic guitar, and the wonderful tune ANDERSON sings here, a prototype of what the band produced as 'Soon' from the 'Relayer' album. Indeed, 'The Ancient' is in many ways a precursor of 'The Gates of Delirium'.
The album concludes with 'Ritual', a summary of all that has gone before. In one package we have symphony, power, beauty and cacophony, with many of the album's earlier themes reprised. Like GENESIS' 'Los Endos', it is constructed partly from material we've already heard. Only in such a way can a fourth twenty minute song be palatable to the first-time listener. We are treated to a marvellous intro, filled with fire, melody and swing - and we even get a brief reminder that CHRIS SQUIRE is still with the band. Had this song filled the second half of 'The Yes Album', for example, I'm sure no one would have complained: it's certainly better than what that side of music offered. At 4:30 HOWE references 'Close to the Edge' - these things are not accidental - and reprises the main theme of this song. Entirely aware of the length of the album, YES are making it as easy as possible to assimilate on first listen. The 'Life seems like a fight' section at seven minutes reintroduces YES' lyrical beauty - and references 'The Revealing Science of God' - amid nice basswork and drenching mellotron. We sing the music's total retain - from 'Close to the Edge'. We venture. They move around, tell me. Sound familiar? The repetitive highlight of 'at all' leads to a reminder of 'The Ancient', but this time it sounds fitting in a symphonic context, and it segues into the heaviest and most dramatic moment of the album, SQUIRE and WHITE finally combining in a great instrumental passage, highlighted by HOWE's guitar and WAKEMAN's hissing, spitting keyboard. A truly thunderous moment. Smashing percussion gives way to a triumphant guitar motif, and we're into the album's finale. This time the band vary their formula: piano and ANDERSON's sweet voice round off the concept - 'we love when we play' - and leave room for a last spine-tingling instrumental farewell that finishes on an unresolved chord.
Genius.
I will say this, though. The loss of BILL BRUFORD, and the resulting down-mixing of the rhythm section, does incalculable damage to the YES sound. Though ALAN WHITE has his moments in the sun later in the band's career, he is nothing more than competent on this album. Not until 'The Ancients' does WHITE do anything that captures your attention, let alone make you gasp in the way BRUFORD did. And SQUIRE's exclusion from the writing sessions for these songs neuters his sound. I lament the loss of that wonderful bass. Of most frustration, however, is the way the studio run-throughs supplied as extras on the remastered version bring the rhythm section to the fore, giving the songs more punch. If only ...
Make no mistake: this is a flawed masterpiece. If five-star albums are required to be perfect, this fails miserably. But if art is supposed to be ambitious, if humans are supposed to reach beyond their grasp, then this is high art. Like anything from the truly great, even the relative failures are of real interest. And this is by no means a failure.
'Tales From Topographic Oceans' simply does not, in my opinion, deserve the ridicule it has received.
Russell Kirkpatrick

Oh...Probably the most controversial recording by Yes!The construction of the album is - four full-length composition - around twenty minutes each.This is my sole reason for not listen to it very often,despite its undisputed quality.Moreover,the album is even hated by Rick Wakeman and when he play something from the album he is disgusted!This album is even the reason for his first quit from the band!There is another negative moment about the album - when you listen to it you feel some kind of blunt sound.Its because of the wrong choice of the recording studio. Now it is time for the positive moments about the album.It is really creative and ideaed.These are eighty minutes here and you can find so much ideas - maybe more than any other Yes' album.If I have to put in order by quality the compositions I would say:the first and the last song - above 4.5;The Remembering - under 4.5;and The Ancient - even under 4!If you make the comparison with the other positive and negative moments,the album is on the line between 4 and 5 stars,but is closer to 4 stars.For me 4.25 or 4 and a half stars!
Atanas Dimov

Not pretentious. Just plain boring.
"Tales From Topographic Oceans" is widely heralded as the album that started the downfall of progressive-rock's popularity in the 70's. All the excesses of bands like ELP were surpassed by an album with just 4 songs, each about 20 minutes long. What followed was a negative reaction of many critics and fans who thought that YES just had gone "over the edge" of pretentiousness and pomposity. Many of them actually turned into the much less demanding, musically-poor arenas of punk rock, in evident contrast to the symphonic exaggerations of prog-rock. For a lot of people, this album is not as great as other YES' albums just because of that.
It's my opinion, though, that the album is inferior to earlier (and later) albums because it's actually a bad album. It doesn't matter that we just have 4 songs. After all, "Close to The Edge" only had three, and while two of them were "only" 10 minutes-long, that's much longer than the average song length. The problem really is that these 4 gigantic tracks in this album are lacking excitement, entertainment value, and if they try to aim for higher artistic status, they fail miserably.
The first track, which may be the least horrible of the four, never quite makes up its mind about what it truly is. It's never a full-blown symphonic effort as "Close to The Edge", nor is it a long song made of several parts. Themes lack character and the song itself is an exercise in boredom, even though it towers over its awful companions. The second track, "The Remembering", features some incredibly obnoxious vocals (as is the rule in this album, where Andersons seems to have decided to annoy us for annoyance's sake) and it's quite irrelevant. But the disaster really takes place in the third track, "The Ancient Giants Under the Sun", which is the longest boring-track ever recorded. Some bands record boring songs that last 5, 8, even 14 minutes, but YES had to overdo it and record an 18 minute song with absolutely zero coherence, no themes or tunes, and some useless percussion effects and rhythms disguised as "experimental". The album closes with a fourth number that it's actually better than the preceding two but, then again, any song from "The Yes Album" (which I think it's just an OK record) would have done better.
We shouldn't say anything about the musicians as they all had proven their capabilities before. But all that was done for a reason in previous albums seems to be devoid of one here. It's like the musicians play all kinds of solos here just because, well, they could, not because it served the songs better. Wakeman is all but forgotten in this record (he shows he was not really pleased with YES' direction), Squire doesn't amaze us with great bass lines, White is OK but the percussion-oriented third track is atrocious, and Howe usually the most reliable of the lot, only manages to shine with his textures and his acoustic-guitar solo which, by the way, is the only exciting moment in the record as it would seem that "Roundabout" was going to start any second now. Obviously, that doesn't happen, but it's very telling that a look to the past is the only passage when this album emerges from utter mediocrity.
Unlike an album like "The Lamb Lies Down on Broadway" by GENESIS which would have benefited from a trimming job, as it was a flawed masterpiece, no amount of editing or no miraculous scissors would have ever saved "Tales From Topographic Oceans", as it lacks the ultimate essence of any good album: good music.
2 stars, just because there are moments when the art these 5 people were capable of manages to somewhat shine through. But the real rating would be 1.5.
Teodoro Gomez de la Torre R.

Every once in a while, an album comes out that baffles the senses- usually, it will be one that divides progressive rock lovers. As one group heralds it as nothing short of a masterpiece, many others are quick to label it as "pretentious." I honestly don't understand that adjective in relation to symphonic rock. Compared to most popular music, almost all progressive rock is pretentious. If by "pretentious," we mean "exceptionally composed, using the greatest abilities of all members involved," then I suppose Tales from Topographic Oceans is the most pretentious album I have ever heard. I possess many fond memories sitting in the cold winters of North Carolina writing novels while listening to this album in its entirety.
"The Revealing Science of God" The very first time I heard this song, I could not remove it from my mind. That stormy billow that rises, those quiet guitar swells in the beginning, the very first word sung like a faint light in darkness, the layers of chanting vocals that build to a wondrous climax, the guitar theme that will reappear in nearly every song, the exceedingly wonderful verses that build to the majestic refrain, "I must have waited all my life for this moment," the wild whirlwind of word reminiscent of part of "Siberian Khatru," the amazing vocal melodies that rise throughout the song, Jon Anderson's most mystical lyrics ever, Rick Wakeman's fantastic keyboard work and Mellotron, Alan White's sparse drumming that allows the music to breathe, the special way Steve Howe's guitar work is expressed so perfectly over Chris Squire's more subtle bass playing, that vociferous blast of a synthesizer solo, the perfect series of transitions that bring the piece back to the beginning, even to the chanting that was in the beginning, and finally to that last, esoteric line, "And breath and hope and chase and love for you and you and you," all comprise the greatest progressive rock song these ears have ever perceived.
"The Remembering" How does one follow the most wonderful progressive rock song ever penned? Yes does so with majesty and gracefulness, two characteristics that make up this phenomenal piece. Rarely does Yes employ a Medieval-like sound as Gentle Giant or Genesis did so often, but the woodwind-like synthesizers and Howe's electric twelve-string guitar give it precisely this feel. Like the song before it, it is tightly structured and full of recurring themes. The heavy Mellotron and the spacey sound effects come in between lyrics. The chord progressions are regal and remind me a bit of "And You and I" from the previous album. The middle consists of an upbeat acoustic guitar arrangement. For the most part, Howe's guitar takes a supporting role, but still stands out as it did throughout much of "Close to the Edge" after the introduction. The section during and directly after they sing "Relayer," is one of the greatest moments of the song, featuring a reprise of an earlier keyboard motif and an excellent bass line, just before returning to several vocal sections and some atmospheric keyboard work.
"The Ancient" Unquestionably the most avant-garde song Yes ever recorded, this one has primitive-sounding percussion, swampy bass work, and strange steel guitar that lasts quite some time. As always, the Mellotron is excellent, and adds so much to the song, this time not just lingering somewhere in the background. Even the lyrics are beyond bizarre; the closest thing from Yes I can compare them to are those of "Awaken." Steve Howe reprises several guitar parts from previous Yes songs, including the one on "Siberian Khatru" just after his introduction. The music rightfully has an Eastern feel. After twelve-and-a-half minutes of exotic music, the "Leaves of Green" section begins, which features Howe playing one of his best classical guitar pieces ever, with its own themes. Here, briefly (so briefly one may miss it), he reprises the very first guitar notes from "Close to the Edge." Eventually, Anderson sings, and the music soon adopts a Spanish flavor. In the final part, the steel guitar revisits the song, but the music is unlike anything that came before.
"Ritual" The opening to this piece is grand, featuring a lovely arrangement. Earlier parts of the album come back throughout, not the least of which is the music of the first song that came after the chanting. Squire, who has sat in the background for most of the album, lets it rip with one of the greatest progressive rock bass solos ever, and his bass playing stays aggressive right on through. Each transition is praiseworthy, never odd or unnatural. The lyrics are again numinous, but they have an uplifting feel about them nonetheless. White's drumming stands out more, as there is even an outlandish but fitting percussion solo in the middle, which builds over synthesizer, until the peaceful respite of Howe's quiet electric guitar arrives, leading into one of the loveliest parts of the song. Near the end, Howe once more plays the main theme of the album, only the music is in a minor key. The final, almost ceremonial moments nearly incite meditation.
Robert W. Brown, Jr.


Y me cansé de copiar, y no tiene sentido, aquí les dejo una de las obras más controversiales jamás creadas y no me refiero sólo a lo musical, criticada y amada sin puntos medios, extrema, compleja, un viaje al interior de cada uno, una maravilla de la imaginación, y un disco que si no has escuchado te aviso que te prepares para un viaje a otra dimensión.
Y por algo la gráfica de este disco está en todos lados, incluso en nuestro imagen de cabecera.
Y no olviden agradecer a Alberto, que los quiere mucho.




7 comentarios:

  1. Si llegaste acá buscando el link y sin leer los brutos comentarios expuestos más arriba, sos al menos desubicado.

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    1. Peor, me leí todo hasta acá y no encuentro los link... Ahora si me siento un "desubicado"... ;-(

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    2. Claro sensei, si no lee el posteo de "Relayer" no va a entender. Necesito tu mail por favor

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  2. Discazo
    Me gusta todo lo de Yes hasta Tormato (inclusive)
    Gracias Moebius por la info

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  3. Grandes comentarios para un gran disco. La primera vez que lo oi no me gustó. .. ed como un libro que no entiendes pero que te fascina de todos modos. Por eso volví a el hasta amarlo. Amo este disco.

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    1. Que buena esa relación Canario, y hago la analogía con libros que no entendí en la primera leída y tuve que leerlos muchas veces, o también me pasó con el mismo "Relayer" de Yes, que aunque no es tan enredado como este, el temita "The Gates of Delirium" no lo podía hacer entrar en la cabeza, y quizás era porque venía más del palo del metal. Ahora, cuando entró me hizo reventar la cabeza y me abrió la percepción para siempre, y creo que no solamente en el plano musical. Conozco a otra gente que le ha pasado algo parecido. Hoy "Relayer" es mi disco favorito de Yes, quizás MI disco favorito, por ahí "Close to the Edge" sea mejor o este "Tales From..." sea más volado, pero Relayer significa más para mi, y el mundo de los sonidos está plagado más de sensaciones y emociones que de calidad técnica, así que no importa que otros sean mejores, Relayer para mí está lleno de carga emotiva que aparece cada vez que lo escucho.
      Por eso a veces jodo con eso de que queremos quemarles la cabeza con nuestros discos, realmente eso me gustaría, explotarle la percepción a alguno, sea el disco que sea.
      Gracias por el comentario Canario-

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