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viernes, 9 de octubre de 2015

Gentle Giant - Acquiring the Taste (1971)


Artista: Gentle Giant
Álbum: Acquiring the Taste
Año: 1971
Género: Rock progresivo ecléctico
Duración: 38:53
Nacionalidad: Inglaterra


Lista de Temas:
1. Pantagruel's Nativity
2. Edge of Twilight

3. The House, the Street, the Room
4. Acquiring the Taste
5. Wreck
6. The Moon Is Down
7. Black Cat
8. Plain Truth

Alineación:
- Gary Green / Guitarras de 6 y 12 cuerdas, quijada de burro, maullidos, voz
- Kerry Minnear / Teclados (piano eléctrico, órgano, mellotron, moog, clavicordio, celesta), vibráfono, timbales, maracas, voz principal

- Derek Shulman / Sax alto, clavicordio, cencerro, voz principal
- Phil Shulman / Saxos alto y tenor, clarinete, trompeta, piano, clave, maracas, voz principal
- Ray Shulman / Bajo, violín, viola, violín eléctrico, guitarras española y de 12 cuerdas, pandereta, bajo de pedales (órgano), cráneos (?), voz
- Martin Smith / Batería, pandereta, gongs, tarola militar
Otros músicos:
Paul Cosh / Trompeta, órgano
Tony Visconti / Flauta dulce, bombo, triángulo (además de la producción)
Otros miembros de la banda tocaron flautas dulces.


Desprovisto de los coqueteos con el blues y el soul tradicionales que aún se sienten en su primer disco, Acquiring the Taste, el segundo disco en estudio de Gentle Giant, es ya un álbum plenamente conceptual, al menos en lo musical y lo instrumental, si bien los temas líricos son diversos. La banda avisa que se trata de un viaje a la experimentación: "nuestra meta es extender las fronteras de la música contemporánea a riesgo de ser muy impopulares", dicen en la nota de tapa. La experimentación concentrada en este disco es, en fecto, tan arriesgada que la aventura de escucharlo reclama toda nuestra atención. Definitivamente no se trata de música para acompañar otra actividad que no sea la de poner atención y descubrir de la mano de sus creadores el camino de exploración que deciden plantearnos. Que un sello discográfico como Vertigo haya apostado por música como esta, habla de un clima de apertura a lo vanguardista incluso en el ámbito del negocio de la música, sin comparación en la historia posterior, y esa era una señal de tiempos en que lo revolucionario cultural tenía además, mercado.

Casi todos los temas de este disco, quizá con la excepción de "Wreck" y "Black Cat" pierden fuerza si los escuchas por separado pues forman un continuo de versatilidad compositiva que va mostrando diferentes facetas del objetivo que se han trazado (ese de expandir fronteras). Hay más variedad instrumental que en el primer disco y mayor amplitud en el uso de los elementos complejos tan presentes en la música de Gentle Giant: el desarrollo de composiciones más allá de los límites de una escala armónica y rítmica, así como un uso más intenso de las métricas irregulares, que en esta ocasión llevan a contrastes impresionantes: de los crescendos poderosos a los puentes pianísimos con un solo instrumento. Hay un gran trabajo coral como en otras de sus producciones, y encontramos algunos ejemplos del contrapunto específicamente en el uso de vientos renacentistas como la flauta dulce de diferentes tesituras.

El arranque es de nuevo una cita a Rabelais, pero ya no velada como las que encontramos en el primer disco, sino directa: "Pantagruel's Nativity" es la musicalización del pasaje en que Rabelais cuenta el nacimiento del hijo del gigante Gargantúa: el tema lírico (que volverá en la última canción) es la incertudumbre, la trágica disyuntiva de Gargantúa que se debate entre llorar a su amada esposa Badabec, que ha muerto al dar a luz a Pantagruel porque este era demasiado grande, o si sentirse feliz por el nacimiento de tan bello y sano hijo. Un juego de sintetizadores abre el tema, y le da voz a un Gargantúa confundido. Mientras el gigante canta, le responden instrumentos diversos: una trompeta, una flauta, una guitarra eléctrica, que se funden en un coro sinfónico después del atónito canto. En la parte instrumental hay planteamientos de temas y variaciones, al estilo barroco, y luego un lamento coral, compases extendidos y más adelante un delicioso solo de teclado (creo que es el celesta). Lo responde luego la guitarra aguda como una aguja, todo sobre un ritmo que parece ser el latido del corazón de un gigante. Un tema sorprendente con el sonido peculiar de Gentle Giant ya en plena madurez.

En "Edge of Twilight" aparece la voz dulce de Phil Shulman que anuncia la desaparición de la luna tras el horizonte y la caída del mundo en la tiniebla más profunda. El entorno misterioso, casi tétrico se enfatiza con un uso casi impresionista de los elementos musicales: percusión profunda y bajo caminante que sostienen el canto melancólico de los instrumentos de viento. En el borde del crepúsculo, esa zona indecisa, llena de misterio, que se aparece con un solo de percusión sinfónica (timbales afinados) y un maderoso sonido de marimba, todo un misterio que prosigue en el tercer corte, "The House, the Street, the Room", en el que la lírica vuelve a un tema conocido: el de la soledad arrolladora, nuevamente dividido entre las dos voces de timbres opuestos de los hermanos Shulman: Derek en los gritos, Phil en los susurros. La dinámica del sonido también corre de extremo a extremo, con la estridencia que desemboca en la caída de volumen y vuelve a levantarse, pero siempre sobre riffs disonantes, sobre escalas más que heterodoxas, de esas que cualquier profesor de piano tradicional reconocería como errores, pero que están en el fondo del serialismo de Schömberg, ese revolucionario de los años 20.

"Acquiring the Taste" es, como su nombre (y la carátula) lo anuncia, una probadita instrumental de minuto y medio, tan breve que parece ser solo el pretexto para bautizar el álbum, si no fuera porque cumple el papel de un puente entre el nacimiento de Pantagruel y esos sentimientos profundos y desesperados, y la segunda parte del álbum donde zarparemos hacia el mar. Es una hermoso aire entre vientos y sitentizadores antes del naufragio.

"Wreck" es impresionante (mi favorito del disco). Es la narración musical y poética de la desesperación de los marinos en la tormenta ante la fatalidad de la nave que se hunde. Las frases de las estrofas que describen la desesperación de esos próximos náufragos tienen la métrica de los sonetos clásicos de la poesía isabelina, y los coros, la fisonomía de la música juglaresca. El puente instrumental, muy breve, es totalmente sinfónico y lleva de regreso a la catástrofe que finaliza: "no hay lápidas que marquen esa tumba de agua". Y el riff que hunde al barco, termina convertido en un arreglo de vientos dulces, como elegía a los caídos. ¡Qué temazo!

El tema de "Edge of Twilight" regresa en "The Moon Is Down" (el título de esta es el primer verso de la otra). Otra canción impresionante en los arreglos, la dinámica, la instrumentación (aquí tendremos el sonido de un clavecín) y luego uno de los mejores momentos instrumentales del disco, en el que se incorpora otro de sus recursos, la ralentización, el drástico cambio de tempo. Se canta una frase y esta es contestada por otra frase de los instrumentos: una técnica que se vuelve constante en la historia del grupo incluso en sus producciones más pop de finales de los 70.

"Black Cat" es otra joya más, pero ahora son las cuerdas: violín y viola en contrapunto y diálogo con percusiones. Aquí aparece incluso un instrumento de percusión que es característico del folclor africano y que fue incorporado por varias tradiciones afroamericanas, especialmente la peruana: la quijada de burro. Los alcances en cuanto a instrumentación en esta Gata Negra son impresionantes. El tema nos describe los movimientos de una gata doméstica por las calles nocturnas, en los que se ve al animal de presa que fue, en otra etapa de su evolución: un cazador implacable.

"Plain Truth", como broche de oro, cierra el disco diciéndonos que la verdad desnuda no es nada y procede a hacer algunas reflexiones filosóficas sobre las cosas que damos por sentadas sin cuestionarlas y que no significan gran cosa, por ejemplo: "Ahorra, te dicen, ¿para qué? Ellos se gastarán cuando mueras". Arranca con un solo de guitarra con wah que casi suena como una armónica de blues y se desprende toda esa reflexión, los cambios en la dinámica del volumen, los compases compuestos e irregulares, y el retorno a esa triste disyuntiva de Gargantúa: "Llorar, reir y llorar otra vez / la pregunta responde / nace, vive y muere, amén".

La carátula también juega con nuestros sentidos, por supuesto. Como la del gigante, esta también se abre de manera vertical, pero antes de hacerlo lo que vemos es la boca del gigante a punto de darle un lenguetazo a algo muy sabroso que ¡no es lo que estás pensando! Es un duraznito nomás (que por otra parte recibe una violenta cuchillada). A mí me parece muy simpática, y, dada la sistemática tendencia de Rabelais a hablar de las excrecencias humanas, no deja de ser una nueva, quizá involuntaria referencia, pero por ahí se ganó un lugar en las "peores carátulas de todos los tiempos" según Pitchfork


No se pierdan este discazo del Gigante Gentil, en el que depuran lo que se habían planteado en su inicio, cosa que continúa en el tercero, Three Friends y prefigura lo que para muchos es el mejor disco de la banda, Octopus.


Algunas referencias:

Icrp1961 en Sinfomusic, portal de rock progresivo

Inevitablemente hay que explicar algo. Elegí este disco de este grupo porque su título recoge mi propia relación con la obra de éste. Sí, es así. Gentle Giant no fue para mí un amor a primera oída sino algo que aprendí a apreciar con el tiempo. No se han convertido para mí en uno de “mis” grupos, aquellos de los cuales soy un “militante”, pero ¿quién sabe lo que deparará el futuro?
Hace mucho tiempo (a finales de los setenta), después de haber leído sobre ellos, adquirí una copia en vinilo de Interview. La verdad es que no me gustó demasiado, por no decir que, simplemente, no me gustó nada. Bien, pasarían unos veinte años y en el programa de radio de Antonio Escalante El Mellotron, en Radio Vallekas, éste puso uno de los temas de Acquiring the Taste y aquello me pareció más interesante que aquel recuerdo mío de Interview. En una gran superficie donde solía hacer la compra semanal encontré una recopilación barata centrada en sus últimos discos –salvo Civilian– con la que aprendí a reconocer las virtudes del grupo, curiosamente a través de obras menores pero algo ya se podía entrever. Pasado un tiempo conseguí sus dos primeros álbumes y aquello fue algo así como decir aquello de ¡Ábrete Sésamo!
Aquello sí era el “famoso –en ambientes progresivos– Gentle Giant” y comprendí el porqué de este amor profundo que algunos sienten por esta banda, porque desde luego, se la ama o se la odia.
Me gustan. No sé cuál es el motivo, pero estas cosas son así desde un punto de vista emocional. A mí, desde una perspectiva más analítica me gusta lo heterodoxos que eran, rompiendo con cualquier cliché de su época o de la actual. Canciones “breves”, ausencia de suites, complejidad entendida por un trabajo extraordinario de escritura, no por tener una pieza larga dividida en varias secciones. Podrían haber sido un precedente importante de los aspectos más camerísticos del R.I.O. si sus influencias clásicas hubieran sido de la música clásica moderna en adelante. Ellos prefirieron indagar en la música antigua, del Medioevo al Renacimiento y el Barroco; para facturar rock con ello.
La verdad es que 1971, año de la grabación de este disco, representa una era muy diferente de la actual. Como ellos afirmaban en un texto incluido en este disco “nuestra meta es expandir las fronteras de la música popular contemporánea aun a riesgo de ser muy impopulares. Hemos grabado cada composición con un único pensamiento –que debería ser única, aventurera y fascinante–. Hemos precisado de cada jirón de nuestro conocimiento técnico y musical combinados para conseguirlo”.
Este impulso se mantuvo durante los primeros cinco discos del grupo, pero a partir de ahí, cada disco fue algo más simple que el anterior, hasta que atravesaron la “frontera” tras la cual Gentle Giant ya no se diferenció tanto de otros grupos contemporáneos.
La riqueza del lenguaje musical, de los diversos recursos estilísticos utilizados y el multinstrumentalismo del conjunto hacen de estas canciones un legado impresionante, que crece con cada escucha al descubrir versos que aparecen en varias canciones, motivos melódicos que también lo hacen, y los mil y un detalles que se descubren con una escucha atenta. Conocer este álbum adentrarse en un mundo prodigioso al que hay que cogerle gusto. Hagámoslo.

“Pantagruel’s Nativity”
Unas notas delicadas de sintetizador introducen la pieza y el álbum. Se incorporan voz y guitarra, bajo y mellotrón buscando un clímax con la guitarra eléctrica y batería. Vuelve a repetirse el esquema con detalles de teclado y trompeta. Se difumina esto y se da paso a un riff rockero sobre el que entran voces “tristes” en polifonía. Aparece después un groove sobre el que se desarrolla un solo de vibráfono al que da luego la réplica la guitarra eléctrica. Vuelven las voces para dar paso a un breve pasaje de trompeta sobre teclados que se repite dos veces. Vuelve la estructura de voz y guitarra del principio, enriquecida con una segunda voz. Termina con suavidad.

“Edge of Twilight”
Es un tema que se inicia tranquilo con la voz apoyada por vientos. Tras un interludio breve se repite la estrofa con la batería en reversa y detalles de guitarra española. Vuelve el interludio para dar paso a una sección vocal a coro. En una sección instrumental mesmerizante se van sucediendo instrumentos melódicos hasta dar paso a una parte ejecutada por instrumentos de percusión. Vuelve la pieza a una repetición de la segunda estrofa con la batería en reversa

“The House, The Street, The Room”
El riff inicial no hubiera desentonado en un disco de Hugh Hopper de los setenta. Se suman las voces sobre el riff. Sigue la música con un aire italianizante hasta la vuelta del riff inicial y todo se repite de nuevo. Sigue una sección “libre” con intercambios fugaces de varios instrumentos entre sí. Va creciendo en densidad sonora hasta la irrupción de una guitarra rockera que devuelve la música al territorio del riff, apoyado por órgano eléctrico y bajo. Este pasaje es bastante largo. En el clímax vuelven las voces de la estrofa inicial repitiéndose todo el esquema con el interludio italianizante. Finaliza con una nueva sección “libre”.

“Acquiring the Taste”
Es una deliciosa miniatura interpretada con el Moog. Instrumentada de otra forma sería una espléndida pieza de cámara. Recuerda el ambiente de la introducción de “Pantagruel’s Nativity” en cierta forma. Me gusta mucho.

“Wreck”
Esta canción directa tiene reminiscencias de canciones de marineros. Es de una construcción en apariencia mucho más convencional que todo lo previo. Pero esto es algo que se desmiente enseguida. El ambiente cambia con la irrupción de voz solista sobre teclado y clavicordio. Toma el relevo la guitarra eléctrica para llegar a un pasaje de intensidad emotiva con la que vuelven las voces “marineras”. El grupo es sustituido por un conjunto de flautas dulces y clavicordio que repiten las melodías, para volver a la misma parte de guitarra eléctrica emotivas de antes y las voces “marineras”. Termina en fade-out.

“The Moon is Down”
Se escucha un saxo, luego aparece un riff interpretado por los vientos. Aparece la voz apoyada sobre un teclado. Luego la segunda estrofa es diferente hasta la irrupción de la sección rítmica, que repite la primera estrofa. Cambia el ritmo que se hace mucho más vivo en una sección instrumental que acaba dando protagonismo a los saxos entre otros instrumentos. Se retarda el pulso rítmico para dar lugar a una sección más solemne que da paso a las voces.

“Black Cat”
Se inicia sobre un pizzicato del violín antes de que vayan entrando las voces. Como es habitual en este disco el esquema se repite dos veces antes de variarse. Hay un cambio abrupto a una sección interpretada por cuerdas a la que se suman percusiones. Se vuelve a la aparte cantada para terminar en fade-out.

“Plain Truth”
Es la canción más directa y larga del álbum, que se inicia con un sonido punzante de violín eléctrico. Que da paso a todo el grupo al completo, tanto de forma instrumental como vocal. Tras un verso y estribillo, que da paso a un interludio instrumental sobre el que se desarrolla un solo. Vuelve el violín para reintroducir la fase cantada. Sigue una fase legato, con guitarra y violín. Aparece el bajo primero y la batería después. Se sube en intensidad lentamente buscando un clímax que se resuelve con la reintroducción de la fase vocal del tema. Vuelve el violín eléctrico solo en una especie de coda para finalizar el tema y el álbum.

Glen Bourgeois en la wiki oficial de GG

The Darker Side of Gentle Giant Triumphs
For a band who'd only been together a few number of years, both as a touring unit and a recording group, Shulmans and Co. were getting to be pretty innovative with their ideas. Whereas "Gentle Giant", their debut album, was arguably more simplistic than later efforts, going to include a pretty standard "God Save The Queen" near the end (Didn't Jimi do a better job?), and also delightfully airy at times ("Nothing at All") or all-out rocking ("Giant", "Why Not?", "Alucard"), "Acquiring the Taste" stands out as Gentle Giant's first triumph at creating a hauntingly shadow-filled aura around their songs which definitely rings as progressive. To have a full album stand out as a spine-tingling experience, not much unlike classic detective novels and timeless horror movies, is a gift that is best cherished on a stormy evening or a foggy day.

"The Queen" reappears, yet doesn't, as she is alluded to by four simple notes during "Edge of Twilight", a song whose title describes best the feel of the album. Repeated, their presence is understated yet always felt, although creepily. "The House, The Street, The Room" shares the former song's dark nature, as it plods mercilessly through chord structures unknown to Top 40, pausing slightly from time to time to let the listener breath while enjoying Kerry's delicate voice. "The Moon is Down" is sheer excellence, combining FM sparkle (the 12-string-guitar/saxophones/clavinet section displays undeniably strong hooks),with a cinema noir feeling (Sorry Dan, I'm not exactly sure what cinema noir means but I have a feeling I do, so if this sounds extremely bizarre to you, let me know, and I'll rearrange it.) in the verses. Even playful songs like "Pantagruel's Nativity" and "Black Cat" cannot hide the fact that darkness and night lurk throughout this album. An added feature inside "Pantagruel's Nativity" is the ballsily bluesy middle section, where Gary Green gets to display his roots in full colour. Heavy is the truly operative word here.

"Plain Truth" rocks outright, as does "Wreck", the latter which also imposes a cinematic feel with its breaks and pauses. "Acquiring the Taste", the shortest as well as the lightest track on the album, is perhaps the only song that does not fit within the nocturnal theme. Perhaps this track was meant as a breather. After all, the group more than likely didn't want their fans' hearts to permanently stop beating.

All in all, this album has more than not become the Gentle Giant album I reach for when I wish to hear a perfectly-crafted GG song (and usually the track I play is "The Moon is Down", no less.). Best results when listened to moderately loudly in a dim room at night. Bonus points if there's a window through which one can see the moon shining brightly in an ethereal dark. This is the GG album to play on Hallowe'en. A breath-taker.

Jason Rubin en la wiki oficial de GG:

Acquiring the Taste, Gentle Giant's second album, may well be their most outrageous. Seeking to firmly establish themselves among the rising progressive heavyweights of the day - particularly Yes and King Crimson - the group pulled out all the stops. And Kerry Minnear was the linchpin, turning in one of the most remarkable displays of versatility in popular music history. From the percussion section he wrote, arranged, and played on "Edge of Twilight" to the solo Moog showcase on the title track to the string quartet he wrote, arranged, and participated in on "Black Cat," Kerry almost single-handedly "expanded the boundaries of contemporary popular music" - as quoted from the credo printed in the notes.

The album begins with "Pantagruel's Nativity," in which the band play off their name by alluding to the grotesque giant of the Rabelais novel, Gargantua and Pantagruel. Kerry sings the verses beautifully, while Derek takes on the ballsier choruses. Kerry then takes a vibraphone solo, which gives way to Gary (who was what, 20 years old at the time?) on guitar. Martin Smith's drumming is inventive and jazzy throughout.

"Edge of Twilight" also features Kerry on lead vocals, as well as a slew of keyboards and cello, and, of course, the percussion mentioned above. There is the famous odd credit: "Gary Green - Didn't play on this one." Ray does chime in on Spanish guitar, though, as he does very effectively on the next cut, "The House, The Street, The Room." There is a very odd, sparse instrumental section performed twice on this song, made up of short phrases from a variety of horns, recorder, guitars, and keyboards. This leads up to an absolutely blistering solo by Gary.

"Acquiring the Taste" is a short but remarkable instrumental performed solely on Moog synthesizer. It is arranged and voiced perfectly by Kerry, sounding like a small orchestra.

"Wreck" is a dark rocker about a shipwreck. It predates the subject of Free Hand's "His Last Voyage" and features a false ending, which was also later used on "Playing the Game" from The Power & the Glory. Gary has some great leads and producer Tony Visconti chips in with sweet recorder parts, but the key to this track is the vocals: Derek and Phil on unison leads, joined by Kerry on the "hey, yeah, yeah, hold on" response. It's very intense.

"The Moon Is Down" opens with a noir-ish sax intro by Phil and Derek that suggests a smoky, barely empty, late-night jazz dive. More great vocals by Derek and Kerry on this one. The instrumental section on this tune is one of my favorite moments from any Giant song. Acoustic guitar, bass, and piano build slowly to Phil and Derek's saxes in unison, followed by Kerry's electric piano and mellotron. It's a lovely, bright part of a cool, dark tune.

"Black Cat Ways" has a beautiful opening as well. With Ray on violins and viola, and Kerry on cello, the string quartet paints a lyrical melody that leads to a soft, slightly eerie vocal by Phil. The string quartet section in the middle is punctuated by unusual percussion, including skulls, maracas, and claves. Gary's wah-wah makes a neat impersonation of a cat meowing at the end.

In the tradition started by "Why Not" on their debut album, "Plain Truth" closes the album with a bang. While it's exciting to hear Ray wail on electric violin, I find the tune drags when he gets to just jam alone. But before that, Derek does a great rocking vocal, Ray holds up his bass duties with his usual solid tone, and Gary jams hard. At 3:16 of the 7:36 tune, the song breaks off and Ray noodles on violin (with bass going underneath: a neat trick!) for two minutes until the band comes back full strength, which builds to the chorus again. The last minute of the song is Ray alone again until the final flourish. This was a big concert highlight and while I have a few tapes of shows from that time - and while I have the utmost respect for Ray as a player - he's not such a great improviser, and the song has always been something of a let-down for me.

But change was in the air, and when next the band convened in the studio, it was with a new drummer - and a concept.

La wiki de GG vincula una reseña del chico chispa Starostin, o como se llame, pero no la voy a copiar. Ya me llegó al cuete, como dicen acá en Lima. Que la haga rollo y... le dé una probadita. Ya si tú eres un cabezón de cráneo duro, no te gusta GG y quieres pretextos, léela acá.

Y este enlace te lleva a la página del álbum en ProgArchives, con hartas reseñas.

Thomas Bambaataa Ghidrah Towers hace un buen recuento en Sputnik Music:

The cover interprets the album name in an all too literal way. Perhaps there was a misunderstanding between the band and artist with what needed to be achieved on the cover. Perhaps more ELP and less Rolling Stones was needed. Or maybe just not a tongue ready to gorge on what seems to be a very small ass. Or perhaps it's a metaphor: Gentle Giant are ready to lick away the crap in music and drool in a new era. Well none of that matters now because the band is generally forgotten besides Pitchforkmedia's tribute to this gem, or more so the cover, in their 'The Worst Record Covers of All Time" article. At least they weren't put in the same section as Jim O'Rourke's Eureka, where a naked middle aged cartoon man 'gets intimate" with a bunny. But unlike O'Rourke's bestialised cover, Gentle Giant's Acquiring the Taste remains something that should be discovered by the people.

The typical prog label that is slapped on other bands simply does not work here. I'm not exactly sure why, the Moog synthesizers, Mellotrons and bearded men are there, but the pompous sound is not. Well, there's hints of elitism in their liner notes but let's just ignore that... The album soars in composition, the music twists and winds, a single melody is loosely maintained through the quick interludes and breakdowns. But they do not sound like a jam band, or the type of prog band that writhes and turns with just bass, synth, drums and guitar. Gentle Giant heavily incorporate classical music into their music, but the catch is: it doesn't bore to tears. The base of Acquiring the Taste's songs is very hard rock driven, complex bass lines and dirty blues guitar riffs, but laden with various instruments, a lot of them somewhat unexpected.

The hard rock influence is also unexpected, through the opening track Pantagruel's Nativity, beginning with a peaceful Mellotron, wandering trumpet and flute, and quiet acoustic guitar as vocalist Phil Shulman projects a rather angelic voice. It's a rather textural experience, before the Moog synthesizer ushers in a new mood lead by a burst of guitar, the riffs reminiscent of Black Sabbath. But the mood is maintain, as the guitar steps down and lets the 'richer" instruments also play in, the Moog and horns occasionally popping in. In the end, the opening song proves to be a rather daunting intro to the album, the mood is maintained the same, but the interchanging of instruments is so subtle and elegant, yet quick, that the listener doesn't even notice that seven minutes have gone. Such is the nature of the longer Gentle Giant songs, almost arrogant dissonance, counteracting music moods, and an overall dark feel.

The classical and baroque influences come on Acquiring the Taste's quieter yet more symphonic moments. The instrumentation that leads The Moon is Down is especially elegantly crafted with clavichord, harpsichord, violins, saxes and quiet arpeggios from the guitar create a euphoric sound rarely heard even in the most complex music. It's amazingly strung together by a single, classically-inspired, droning melody. Still the mysterious darkness remains intact, similar to King Crimson in their epic songs like Epitaph, an emotionally volatile song yet beautifully strung together by the Mellotron.

Through the elegant pseudo-classical moments on the album also come pure hard rock moments, similar to Jethro Tull's Aqualung, hard rocking, but stylized with other influences. Wreck is the best example of this, the verses sound like a pub song with shouts of 'Yeeaaaahhheeeyyyyyhoohoowww" and a powerful riff driving the song. But like the rest of the album, there's always an elaborate backing when it's not upfront, the violins always creeping under the guitar's powerful tone. Of course it being a song from Acquiring the Taste it must have an outlandish interlude, where suddenly medieval style flutes and harpsichords take over before coming to a dramatic climax with the Mellotron and relaxing guitar from Gary Green.

Acquiring the Taste is truly a strange progressive trip, going in the direction of a nightmarish Jethro Tull. The song structures are quirky and unpredictable, musical changes are bound to happen quickly but still loosely maintaining a theme. Acquiring the Taste sometimes slows down too much, but the intrigue of what may come up usually keeps any boredom away. This is Gentle Giant's second album, a departure towards more experimental, but more focused and musically superior direction. Gentle Giant never truly perfected the experimental sound and whimsical, yet volatile moods, they moved towards somewhat safer territories in future releases. Never has hard rock and Gregorian chants mixed so boldly in one record, but with such a cohesive sound that doesn't compromise with the element of surprise.

John McFerrin Music Reviews:

As the band is so eager to tell you themselves in the liner notes, the second Gentle Giant release "(abandons) all preconceived thoughts on blatant commercialism," and given that the debut wasn't exactly seeped in commercialism, that should tell you something. This is a much more difficult album to get into than its predecessor, but for whatever reason time has improved my attitude towards it substantially, so it gets the same rating. There's a substantial increase in dissonance and complexity, not always for the better, with a virtual elimination of the cute melodies that made so much of the debut enjoyable, but there are plenty of passages that are just as entertaining as the best stuff on the debut.

The album also features, in many ways, the best production that would ever be found on a Gentle Giant album, providing an incredible atmosphere in places that the band never even approached attempting again. The first two tracks are particularly impressive in this regard, and get the album off to an amazing start that largely carries the rest (in terms of giving this album such a high rating). Pantagruel's Nativity is beyond amazing, combining occasional ghostly synth lines with Phil's unbelievably beautiful voice (or is it Kerry? Gah, I can't tell those two apart) with a perfect guitar line over lovely mellotrons, then bringing in all these 'melting' group harmony lines with an abrasive guitar line and running through all sorts of nice variations of these parts (I'm especially fond of the echoey xylophone). Its seven minutes seemingly pass by in a heartbeat, with every idea fleshed out as much as it deserves but not overstaying its welcome, even if the song barely has any 'conventional' structure. Of course, the following Edge of Twilight has even less of a structure, but this one definitely can get by on atmosphere alone. A nice echoey Phil vocal, a clarinet occasionally mirroring it, some bizarrely processed soft vocals augmenting the sound at times, a cute dose of harpsichord and other things, before becoming dominated by some random tympanis are what you'll find here, one of the most perfect musical manfiestations of twilight imaginable (the other, naturally, is Twilight Time by the Moody Blues).

None of the other tracks come close to those, but some are quite good. The great production of those tracks makes an appearance in the middle of Wreck - that part from 1:52 to 2:10 or so, coming back around 3:45, with that incredibly echo-laden guitar part that fades off into the horizon at just the right times, with just the right amount of mellotron underneath - and helps transform a good pirate-themed track into a near masterpiece. Yeah, it's a generic piratey track at heart (I ripped ELP for their attempt at one in Pirates, so not hating this could be considered hypocrisy, I guess), but the lyrics aren't at all stupid, and the clever use of recorders in the breaks between alternating piratey vocal melodies definitely gets my approval. Black Cat is also a well-produced little 'ditty,' with all sorts of eerie guitar effects alternating with plucked violin strings alternating with vibes alternating with ... whatever. It gets a bit overboard with dissonance in the middle, but only a bit, and the way the plucked strings manage to emerge from all the random string scrapings once more playing the melody is a nice touch.

Of the other four tracks, I'd say that The House, The Street, The Room is the most enjoyable, combining a fairly intense vocal line with a good main riff, eventually culminating in a solid, lengthy guitar solo in the middle (over the riff played on distorted organ). The 30-second blurb where they just play every instrument in sight for a second or two is kind of lame, but it kinda reminds me of being in a dark room and crashing into everything you don't want to find before finding what it was you're looking for (ie in this case the guitar).

The other three tracks, unfortunately, aren't that great. The title track is just there - it's not long enough to be totally offensive, lasting only a minute and a half, but it seemingly serves no purpose except for the band to say, "Hey, you know how we can make dissonance interesting? Well, we're just as talented at making it boring as hell!" The Moon is Down isn't much either, except for a decently pretty (in parts) mid-section, and the closing Plain Truth (7-1/2 minutes, nyarrgh) is about twice as long as it should be, serving only to let Ray wank along on his electric violin. Ehn, if I want to hear an electric violin do weird things, I want it to be entertaining, like in the band's own River or in, I dunno, The House I Used to Live In off of Frank Zappa's Burnt Weeny Sandwich (my favorite Zappa album, you see) - here, there's too many parts that just seemingly have no purpose.

Still, weak ending or no, it doesn't mitigate the jaw-dropping start. Had they managed to keep up the pace of the first 30% of this album all throughout, this might be one of my favorite albums of all time - as is, I'll just have to be content with saying it's very, very good overall. Even if it's frustratingly inconsistent, as are most GG albums.

Bruce Eder en Allmusic:

The band's second album is a major advance on its first, featuring superior singing, playing, and songwriting, as well as a more unified sound, without sacrificing the element of surprise in the first record. Many of the melodies and even the riffs here (check out Gary Green's first guitar flourish on "Pantagruel's Nativity") have a pretty high haunt count, and all of the musicianship displays an elegance seldom heard even in progressive circles -- but the record also, amazingly enough, rocks really hard as well. Elements of hard rock and Gregorian chants mix freely and, amazingly enough, well throughout this album.

Y unos videos para "tomarle el gusto":











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