Lo dice la gente en la calle, lo repiten los comerciantes, se escucha entre los murmullos intermitentes que parecen brotar desde las entrañas urbanas: clima de Mundial no hay. No, no hay clima de Mundial. Quizás podría arriesgarme a decir que no hay clima de nada, más que de hastío y desamparo, algo de desencanto, alguna que otra irrupción de una momentánea bronca que no dura lo suficiente como para transformarse en otra cosa. Pero, sobre todo, no hay clima de Mundial. Aunque algunos, como yo, nos aferremos a la ilusión de repetir viejos gestos, transformados en pequeñas tradiciones cotidianas, para intentar invocar al dios del júbilo. Por Belén Degrossi Pero en general, lo que la gente dice en la calle, lo que repiten los comerciantes, lo que se escucha entre los murmullos intermitentes que parecen brotar desde las entrañas urbanas, es que clima de Mundial no hay. Quizás cometemos varios errores en esta lectura. El primero, y más humano de todos, es creer que la felicidad ...