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| Charly García por Alejandro Kuropatwa (1989) |
Por Cynthia Berguier
1.
Muchas veces la portada de un disco actúa como preludio. La tapa de La hija de la lágrima, por ejemplo. Austera y tremenda, un piedrazo en estado latente. Esa lágrima maciza de metales pesados emerge de la oscuridad iluminada por dos lamparazos de luz fría que la hacen visible para que todos podamos degustar su realidad imposible. Una pena dura como una roca y fría como el metal que brota por entre las grietas de sí misma delatando eso que vive ahí adentro: el mercurio, leitmotivque atraviesa todo el disco. Ese huevo de dinosaurio petrificado y rajado imagina el drama musical que contiene. Escuchar el disco es romper el huevo.
Con los libros podría pasar algo similar, pero no pasa, vaya una a saber por qué. Quizás, como la música no tiene ese engreimiento que tiene la palabra escrita de sentir que llegó a lo más alto en las posibilidades expresivas y que todo lo demás es subsidiario, decoración o arabesco, pueda darse el lujo de entablar un mano a mano con la imagen sellando una unión vitalicia. Existen tapas de libros maravillosas, sí, pero nada indica que al reeditarse se mantenga una fidelidad del libro con su tapa original por más maravillosa que sea. Ni tampoco que en la mente del lector se fundan las imágenes con el texto, ni mucho menos, que alguien se identifique emocionalmente con la tapa de un libro como sí sucede con las tapas de los discos, aún hoy, que ya casi no existen los discos y que las imágenes no tapan nada. Lo único que queda de aquello es el hábito al que esa forma contingente y pasajera, dio origen.
Afiche de "Cómo conseguir chicas"
Alejandro Kuropatwa. (1989)
Pero cuando pensamos en la gráfica de un disco, el arte de tapa es sólo una parte. Existen afiches, carteles, videoclips, vestuario, escenografía. Campañas fotográficas a partir del lanzamiento del disco, imágenes que publicitan los conciertos de presentación…en fin, la música tiene un gran componente abstracto, pero todo lo que la hace ser cosa de este mundo, es bien concreto.
2.
Hace unos meses la editorial Ripio publicó un fanzine de Imanol Subiela Salvo que se mete con el afiche que se usó en 1989 para promocionar el disco de Charly García Cómo conseguir chicas. La foto fue tomada por Alejandro Kuropatwa en la misma boleada en la que sacó esa otra, tan icónica, de Charly sobre fondo celeste con unas flores volando por el aire. En el afiche en cuestión vemos sobre el mismo fondo celeste, en un plano americano, a los músicos de su banda Los enfermeros caracterizados como mujeres sensuales, con vestidos rojos, bijoux, jopos y todos maquillados (la única mujer del grupo era Hilda Lizarazu). Y adelante de todo, un plano más corto de Charly con camisa blanca y chaleco, mirando a cámara medio risueño, haciendo un gesto con las manos que parece decir: “Y estos, ¿de dónde salieron?”.
Subiela Salvo le imagina otras motivaciones a ese gesto de Charly, más bien como si estuviera respondiendo a la pregunta que le da nombre al disco. ¿Cómo conseguir chicas…? ¡Qué sé yo! Charly se ríe de frente a los espectadores revelando el misterio. “Con ironía, García insinúa que detrás de ese álbum no hay consejos para obtener nada, ni siquiera hay chicas para conseguir, sino apenas un puñado de rockeros vestidos de mujer”, escribe.
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| Caravelli (1982) |
En el programa de Fernando Bravo también le preguntaron a Charly por “su condición”, otra condición la de él. “¿Por qué se te tilda de loco?” le tiró una periodista del panel aclarando que cuando hablaba parecía una persona muy coherente. Otro del panel le preguntó por el indulto: “Vos decías que los dinosaurios iban a desaparecer, ¿qué pensás de esto?”. A lo que Charly contestó desmarcándose, esquivando el titular y volviendo a su canción: “tarde o temprano van a desaparecer”. Van al corte. Cuando vuelven ya están sumados a la escena Lupano y Von Quintero (miembros de la banda), Adriana San Román (la vestuarista) y el afiche desplegado como nuevo protagonista. Lo recorren, le sacan el jugo a su gracia, rodean su enigma. Finalmente, Charly se sentó al piano para tocar un tema nuevo que iba a salir en su próximo disco (siempre estando en la que está más allá de las funciones protocolares de la promoción). Y ahí sin más, en un estudio de televisión con Fernando Bravo, estrenó De mí. Esa fue su respuesta: “es sólo una manera de actuar”, “estoy comunicado con todo lo demás”.
3.
Masculino-femenino. La foto que hizo Alejandro Kuropatwa para el afiche en cuestión organizó todos sus elementos en torno a esa oposición, que se expande en preguntas como la tinta en el agua. ¿Qué efectos busca producir? ¿Es meramente humorística? ¿Qué relación guarda con el concepto del disco? ¿Y con la imagen de portada? Preguntas que no tienen una sola respuesta posible. Lo que sí se puede es rastrear en la obra de Kuropatwa algunas marcas de esa oposición. Subiela Salvo recorre su trayectoria artística y profesional y destaca un dato significativo: su trabajo como fotógrafo de producto para la fábrica de cosméticos familiar.
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| S/T, Alejandro Kuropatwa (2002) |
De ahí para adentro, en esa muestra todo va a rondar este asunto del par de opuestos en un encuentro tenso y sutil: flores medio marchitas con forma de genitales andróginos, joyas de plástico en orejas peludas, peinados sofisticados en cuerpos curtidos, frutas y verduras a punto de empezar a pasarse abrazadas por un halo de luz rosa que las eleva en un sueño fresco, un escote lleno de purpurina como si fuera una reacción alérgica. Todo inoculado con las marcas del tiempo. El revestimiento que pica, el esplendor que decae, lo que parece y entonces es, pero en un momento ya deja de parecer. Ser, no ser y devenir.
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| Alejandro Kuropatwa, de la serie "Treinta días en la vida de A" (1990) |





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