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jueves, 1 de noviembre de 2018

InfAMIA: Nisman, AMIA y Las Muertes Impunes

El periodista Juan Salinas presenta un libro imprescindible. El atentado a AMIA, a la embajada de Israel, la muerte de Nisman y los engaños del poder. Salinas viene investigando el tema de los atentados a la Embajada de Israel (1992) y AMIA (1994) desde hace años, con conclusiones que contradicen a las que circulan oficialmente. Según él, estas versiones fueron instaladas desde el principio por sectores de los servicios secretos israelíes y norteamericanos, con la complicidad de políticos locales, el poder judicial, las fuerzas de seguridad y el periodismo. Resulta imposible extractar la enorme cantidad de conceptos reveladores que el investigador anunucia respecto de su nuevo libro: el rol de los servicios secretos israelíes, ¿por qué Mossad no pudo investigar el atentado a la embajada de Israel?, ¿quién está detrás del atentado contra AMIA?, ¿qué pruebas tienen contra Irán? ¿tienen alguna?, el rol de las autoridades actuales de organizaciones de la comunidad judía en encubrir los atentados, la muerte de Nisman, el rol de Massa, Carrió, Bullrich y Alonso, Stiuso, Toma y Juanjo Álvarez en el plan de la denuncia del fiscal... Luego de demostrar con hechos la participación de agentes israelíes en los bombazos, La infAMIA postula los motivos que parecen haber tenido para sumarse a lo que era originalmente una reyerta entre traficantes y lavadores, cerrando un círculo iniciado con su libro "Narcos, banqueros & criminales".


Hoy en día se lleva a cabo uno de los hechos más importantes referidos a la aclaración de los infinitos puntos oscuros de uno de los momentos más dolorosos e impunes de nuestra historia, noticia increíblemente ocultada por todos los medios masivos de información: el segundo juicio por el atentado a la AMIA, un juicio oral iniciado el 6 de agosto de 2015 en el cual fueron acusadas trece personas por encubrimiento o complicidad con el atentado terrorista a la AMIA, el 18 de julio de 1994 en la ciudad de Buenos Aires, por el que fueron asesinadas 85 personas y lesionadas más de trescientas. Entre los acusados se encuentran el expresidente de la Nación Carlos Menem, el exjuez de la causa AMIA Juan José Galeano, los exfiscales de la causa AMIA Eamon Mullen y José Barbaccia, el expresidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) Rubén Beraja, Carlos Telleldin, Hugo Anzorreguy, exjefe del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), y Jorge "Fino" Palacios, excomisario de la Policía Federal y exjefe de la Policía Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires.

Encubrimiento del atentado a la AMIA
El encubrimiento al atentado a la AMIA es una amplia operación de encubrimiento del atentado terrorista a la AMIA, sucedido en Buenos Aires el 18 de julio de 1994. El encubrimiento comenzó a realizarse inmediatamente después del atentado e incluyó la desviación de la investigación judicial, el abandono de la llamada hipótesis siria, la manipulación de la información, la destrucción de pruebas, acciones ilegales para imputar falsamente a los autores, etc. El encubrimiento fue denunciado el 18 de julio de 1997 por los familiares de las víctimas​ y quedó al descubiero en ocasión del primer juicio por el atentado a la AMIA realizado entre 2001 y 2004, que ordenó abrir una causa especial para investigarlo, conocida como AMIA 2. En el encubrimiento están implicados altas figuras del gobierno argentino de ese momento, de la justicia, de los servicios de inteligencia, de la policía y de la comunidad judía.
Wikipedia

Salinas empezó a investigar el atentado a la AMIA hace más de dos décadas, curiosamente por encargo de la propia mutual. Esa investigación lo condujo hasta el previo atentado a la Embajada y ahí también se encontró con que la versión oficial era falsa. Como su investigación se encaminó por un rumbo que no satisfizo a quienes se la encargaron, rápidamente fue desestimada por pedido expreso del Estado de Israel, y por su propia cuenta continuó investigando, pero su disfuncionalidad con los intereses que sostenían el encubrimiento de la verdadera trama de los atentados le costó un largo aislamiento. El libro "La infAMIA" desenmascara a cómplices y encubridores de los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA. Luego de cuatro (4) libros dedicados al tema, el escritor y periodista Salinas sigue sosteniendo que ambos ataques fueron perpetrados por mercenarios argentinos vinculados a la Policía Federal contratados desde el círculo íntimo del entonces presidente Menem y que estuvieron motivados entre otras razones por "mexicaneadas" y/o falta de pago de tráficos ilícitos, tanto de drogas como de armas, e impulsados por sirio-libaneses y descendientes nativos. En su hipótesis, ambos atentados carecen siquiera del más mínimo indicio de una participación de ciudadanos iraníes (no hablemos ya del gobierno de la República Islámica) y si hay, y mucha, participación de agentes de inteligencia israelíes.


Las muertes impunes y la mentira incesante

Hace unos días salió "La Infamia", libro en el que se trata de demostrar varias cosas: 1) Que Irán no tuvo nada que ver con el atentado a la AMIA; 2) Que los servicios secretos israelíes (y la CIA, y una SIDE franquicia de ambos) si tuvieron mucho, muchísimo que ver; 3) Que el Memorandum con Irán fue un intento sincero y valiente aunque quizá no del todo atinado habida la correlación de fuerzas de descongelar la causa AMIA; 4) Que detrás de la denuncia del fiscal Nisman contra Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Timerman, además de Israel y los fondos buitres se encontraba Sergio Massa, y 5) que, por ende, el propósito de enjuiciar a CFK y compañía por el memorándum (una iniciativa politica refrendada por ambas cámaras del Congreso) carece de todo asidero.
"El disparo que mató a Nisman inició el desvelamiento de la farsa que constituyó su pretendido rol de fiscal de la República y también corrió el velo que desde hace más de dos décadas oculta a quienes encargaron las voladuras (de la AMIA y, antes, de la Embajada de Israel), quiénes ejecutaron materialmente y quiénes, mimetizándose con las víctimas, fueron en realidad victimarios".
Juan José Salinas - "Caso Nisman: Secretos inconfesables".

Con posterioridad a la publicación del libro "Caso Nisman: Secretos inconfesables", Salinas pudo obtener abundantes pruebas documentales, "datos duros" que corroboran muchas de las hipótesis sostenidas por años. Con ese material publica ahora "La infAMIA", que le permite unir la cadena que va desde la voladura de la Embajada en 1993 hasta la muerte de Nisman y el inicio de un nuevo ciclo de encubrimientos que llegan hasta hoy, un encubrimiento al cuadrado, con el gobierno macrista y su ministro de Justicia Garavano -denunciado hasta por la propia Elisa Carrió- tratando de tapar a los auténticos encubridores de los atentados y desviando la atención con una fábula que pretende dejar a salvo a quienes durante años medraron con tantas muertes.

Nisman mató a Nisman

A su vez, el periodista y abogado Pablo Duggan acaba de publicar una investigación donde concluye que Nisman no fue víctima de ningún homicidio, sino que simplemente, para decirlo con las palabras que utiliza Pablo Duggan en este reportaje que publicó Infobae: "Nisman mató a Nisman".
Inesperado y valioso aporte muy documentado y detallado, es realmente un análisis en forma de ficción sobre un personaje insostenible al final de su vida. En especial, en el relato de sus últimas horas antes del suicidio.
Seguramente no es noticia para la mayoría de los argentinos que observaron sin intención de beneficiarse con la aparición del cadáver, pero bueno, una cosa es que lo diga un kirchnerista y otra que lo diga Pablo Duggan (que de kirchnerista nada, por supuesto).
Lejos de poder atribuírsele cualquier simpatía o cercanía con el kirchnerismo, esboza un fárrago de argumentos incontrastables, a partir de su profundo conocimiento de la causa y da por tierra con los delirios fantásticos en los que una troupe de personas entró al departamento, asesinó al fiscal y se esfumó sin dejar ningún rastro.
En fín, nada nuevo bajo los pelos de la cabeza de cualquier persona con más de dos dedos de frente o un coeficiente intelectual de dos dígitos, pero presentados por una persona que merece el crédito de haber estudiado la causa y no haber agarrado la guitarra para imponer sentidos comunes que obedecen a intereses inconfesables.









Juan José Salinas ingresó a la causa AMIA como investigador contratado por la propia mutual agredida. Producto de su labor publicó un primer libro en 1997 ("AMIA, El Atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos") e hizo tres extensas presentaciones ante el inicuo juez Juan José Galeano pidiéndole que ordenara la detención de personas que ya habían sido detenidas poco después del atentado y enseguida liberadas y a espaldas de la opinión pública. Negado a sucribir la falaz Historia Oficial (camioneta-bomba con chofer suicida libanés teledirigido por ayatolás iraníes) sostenida contra toda evidencia por los gobiernos de Argentina, Israel y los Estados Unidos, adoptada por la totalidad de los medios le supuso una larga travesía del desierto en el curso de la cual publicó "Narcos, banqueros & criminales. Armas, drogas y política a partir del Irangate" sobre el contexto internacional en el que se habían producido los atentados de Buenos Aires. Luego de la muerte del fiscal Alberto Nisman edita su libro anterior: "Caso Nisman: Secretos inconfesables", ya se demostraba con lujo de detalles que la inteligencia israelí estuvo involucrada hasta la coronilla en la demolición de la Embajada (hay registro de video y decenas de testigos). Ya el galés Gordon Thomas, autor de "Mossad: la historia secreta" afirma la responsabilidad de agentes del Mossad, acusando que el poder político no les permitió investigar a los sirios e hijos de sirios que aparecian involucrados en la voladura de la Embajada, ni, años después, reabrir el tema AMIA.

"La infAMIA" aparece luego de que el politólogo Carlos Escudé, jefe de investigadores del Seminario Rabínico Latinoamericano publicara un libro ¡Y Luis D’Elía tenía razón!, en el que reconoce que no hay absolutamente ninguna evidencia de que Irán ni ciudadanos iraníes hayan tenido que ver con el atentado a la DAIA-AMIA; que el periodista y abogado insospechado de kirchnerismo Pablo Duggan diese por absolutamente probado –luego de revisar todo el expediente judicial– que Nisman se suicidó luego de presentar una denuncia que resultó “un mamarracho” contra Cristina Fernández de Kirchner, Héctor Timerman & Co. y de que el ex senador radical Mario Cimadevilla, puesto por el presidente Macri al frente de la Unidad Especial de Investigación del Atentado a la AMIA (UEI-AMIA) del Poder Ejecutivo denunciase penalmente al ministro de Justicia, Germán Garavano, y ante los medios de prensa que tanto el propio Macri como los dirigentes de la DAIA y de la AMIA son encubridores de los asesinos, así como que no hay evidencias que señalen a Irán como responsable del acto terrorista, ni que prueben que se haya cometido utilizando una camioneta-bomba.

Una mirada subjetiva

Terminé de leer el libro “InfAMIA de Juan Salinas. Mucho de lo que conozco sobre estos temas (Embajada de Israel, AMIA, Nisman) los aprendí del propio Juan. Ya desde cuando escribía en la inolvidable revista “El Porteño”, y en sus posteriores libros.
De sus investigaciones en El Porteño sabíamos que Nisman era un crápula porque en pasó por alto la desaparición de dos asaltantes del cuartel de La Tablada que se habían entregado en un acto profusamente filmado y fotografiado. Como secretario del Juzgado federal de Morón el futurofFiscal del caso AMIA estaba encargado de la investigación y encubrió a los militares, mostrando tempranamente sus “valores éticos”. Seguramente fue en esas instancias que habrá nacido su larga relación con los servicios de inteligencia.
La lectura de “InfAMIA” puede hacerse de dos maneras: verificando personajes y recorriendo sus trayectorias paso a paso o simplemente recorriendo cada página sin salirse de la obra. No me fue posible hacer lo segundo por dos razones: porque la cantidad de datos que Juan ofrece son enormes y porque se me cruzaba todo el tiempo el primer atentado, el de la Embajada, en el que por haber estado allí el día de la explosión me marcó de por vida, lo que me obligó a hacer comparaciones todo el tiempo.
Lo mismo que el autor hace en su exhaustivo trabajo.
En los dos atentados se robaron los planos de la municipalidad tiempo antes, que fueron a parar a manos del servicio de inteligencia de la Policía Federal. En ambos se habló de coches bomba cuya existencia nadie pudo probar. en ambos se detectaron graves falencias en la seguridad; se abjuró de la ubicación interior de los explosivos; se sospechó de policías y de servicios de inteligencia de afuera y de adentro y quienes debían ayudar a esclarecer, encubrieron. Empezando por la policía en ambos casos, y por las propias autoridades israelíes en el primer caso y las comunitarias (en el caso de la AMIA, presionadas por Israel) en el otro.
Juan dice que en la Embajada la custodia estaba a cargo del Shin Bet (contrainteligencia) y que no cabe duda de que al menos su jefe fue cómplice. Para quien escribe estas líneas había demasiado desorden en ese lugar, no ya ese día sino desde tiempo atrás. Conocer algunos de los personajes de la Embajada de aquella época con la que me tocó tropezar es un poco remedar “La conspiración de los idiotas” de otro señor dado a las disquisiciones retorcidas. Hasta el sistema de demolición de ambos edificios –mediante materiales supuestamente destinados a su refacción– parece similar.
También hay un marco ideológico del que me voy a hacer cargo y que Juan prudentemente describe pero no enfatiza: El Estado de Israel ha sido hostíl con la Argentina, ayudando a los sectores más oligárquicos y hostigando políticamente a lo que el globalismo supremacista ha dado en llamar “populismo” y que no es otra cosa que el renovado intento de los pueblos de la América subterránea por ejercer su soberanía y libertad sin restricciones.
También es un recuerdo de la noche anterior unos helicópteros sin identificación que sobrevolaron algunas terrazas, incluida la de mi propio hogar de aquel momento en el porteño barrio de San Cristóbal. Una de esas aeronaves quedó suspendida encima del edificio de la AMIA en cuyo quinto piso funcionaba la DAIA corrupta de Beraja y CIA Ltd., sociedad bastante poco anónima. Según testigos, desde ese helicóptero se bajó un paquete. En el que bien pudo haber algunas piezas de una camioneta Renault Trafic.
Por si me faltaba poco para sentirme involucrado con el texto de La infAMIA, el testaferro de Nisman que en él se menciona, fue mi compañero en el colegio secundario en Ciudad Evita, dato que los curiosos podrán verificar con facilidad.
Podría escribir horas desde la indignación que produce saber que la Policía Federal Argentina tuvo un espía infiltrado en la Organización Sionista Argentina con el cargo de vicepresidente sin que aparentemente nadie se haya percatado de que el sujeto ni siquiera era judío. Y que un comisario nombrado por el actual Presidente como Jefe de Policia de la Ciudad de Buenos Aires, un probado encubridor, le haya sido recomendado por la Embajada de Israel.
Todo esto que termino escribiendo en primera persona y desde las tripas, es sólo una mínima parte del contenido del libro La imfAMIA. Recomiendo sinceramente leerlo muy despacio y recorrer cada época con la memoria fresca y un navegador cerca.
Como Juan Salinas, entiendo que el Estado de Israel tiene una enorme responsabilidad en cada uno de los hechos que la obra enumera. Corre por cuenta de cada uno responder a la pregunta de si se trató de una participación directa o si solo se hicieron los distraídos y dejaron que suceda. De una u otra manera, desde una perspectiva ética me resultan culpables tanto los sectores comunitarios que respaldan el encubrimiento como la política del propio Estado de Israel.
Tal vez la lectura desde una visión cercana al foco del conflicto le agregue al lector una dosis extra de interés, que francamente ni falta le hace. Porque se trata de un texto que se vale por sí mismo.
Darío G. Minskas




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