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ZU - Carboniferous (2009)


Artista: ZU
Álbum: Carboniferous
Año: 2009
Género: Avant Garde Jazz / Metal
Duración: 50:11
Nacionalidad: Italia


Lista de Temas:
1. Ostia
2. Chthonian
3. Carbon
4. Beata Viscera
5. Erinys
6. Soulympics
7. Axion
8. Mimosa Hostilis
9. Obsidian
10. Orc

Alineación:
- Jacopo Battaglia / Mellotron, drums, electronics
- Luca T. Mai / baritone saxophone
- Massimo Popillo / bass
Guests:
King Buzzo / Guitar
Mike Patton / Vocals


Y por si faltaba poco, Alberto también nos comparte este tremendo disco. Apabullante álbum de un trío italiano compuesto por bajo, saxo y batería, y apadrinados nada menos que por Mike Patton, con sonidos extremos perfectamente engranados... pero no les adelanto nada, que el comentario del disco está a manos de Alberto que para algo se mató escribiendo.


Ahí va....


Ajusten cinturones...!!!! Creo que jamas un trío, compuesto por batería, saxo alto y bajo va a poder lograr una obra como ésta. Estos tanos que no tienen nada que ver con Morphine, sólo son similares en los instrumentos, hace rato vienen haciendo muchísimo ruido con una movida que podríamos llamar experimental-jazz-metal, y en este disco dejan de lado cierto aire jazzistico de sus obras anteriores, para diseñar un disco que te vuela el peluquín.
La tapa y el título del álbum encajan perfectamente con lo que está dentro, éste disco cuando se editó y aún para los que ya conocian a ZU, fue una verdadera roca gigantesca para el cerebro, esto es DEMOLEDOR!!.
El disco abre con "Ostia" y que mejor titulo para este tema?, una base machacante de bata y bajo distorsionado que despierta a un saxo bramando y que al promediar se desintegra en un aullido de bajo que te rebota por la capa encefálica y parece licuarte el cerebro. Y eso es solo el principio.
Bramido, aullido, los gritos de Mike Patton, estamos describiendo música con descripciones de voz, y eso es lo que hay acá.
Es para destacar la originalidad de sonidos con que estos muchachos trabajaron este álbum, hay que darle una vuelta de tuerca muy grande para lograr que el saxo suene como una mezcla de teclados, vientos y guitarras y que el bajo suene como un sintetizador.
Todo está llevado en dirección a la estratosfera, y allí te llevan los tanos.
Que bueno es escuchar discos donde todo es novedoso, cada base, cada sonido, cada introducción, cada solo, cada final. Que bueno que todo suene a metal, o a rock industrial y que no haya una puta guitarra, que todo suene sincopado, despojado de linealidad, y todo esté llevado al extremo.
ZU, trío italiano con más de 14 discos editados y colaboraciones varias van a hacer de las delicias de algunos cabezones que deambulan por las tranquilas aguas cibernéticas y no se atreven a subirse todavía al trencito de la alegría.
Esto es para sacudirse la modorra, para poner al taco sin importar que tu vecina te golpee la puerta, o tu novia te mire con ojos fijos y ceño fruncido, o al revés, que tu novio piense seriamente en dejarte porque tu locura cada vez es mas crítica, y más si te ve, rebotando en el colchón con los ojos explotados, todo eso genera Carboni ferous.
Estos tres tanitos están juntos desde 1997, y la alquimia que se produce a veces entre los músicos es perfecta, hay bandas que superan la cuestión de los egos, de las minitas posshows y toman en serio sus carreras para el disfrute de nosotros, recomiendo una pasada por su discografía y realmente habrá muchas sorpresas agradables, pero este disco marca un punto altísimo en la carrera de Zu.
Mike Patton colabora muchísimo con ellos en especial en los shows, pero además gozan de la admiración de un señor llamado John Zorn.
Con el correr de los años el oído como los demás sentidos si lo desarrollas adecuadamente, comienza a separar finamente lo que está hecho con sentimiento y calidad de lo burdo y barato, en este caso esto es pura calidad y sentimiento, así que llevelo seguro.
Alberto

Punto. ¿Qué tal? ¿Cómo no llevarse el disco con semejante descripción?. Tras muchos años de su primer álbum, ésta banda que no ha tenido ningún cambio en su alineación renovó completamente su propuesta, y le dieron un giro completo a su música. "Carboniferous" es un disco impactante y lleno de fuertes sonoridades, agresivo, tirado a un rock industrial que puede incluso recordar al Nine Inch Nails de antaño.


Quizás la única contra es que, para los que amamos el sonido del bajo, y nos gusta escucharlo fuerte y limpio, seguramente no disfrutarán mucho de las distorsiones que envuelven ese instrumento e impiden que sea escuchado como se debiera pero que hace al demoledor trabajo en conjunto de todos los instrumentos, y todo se compensa con el trabajo del baterista Jacopo Battaglia, que ahora también se divierte experimentando con mellotrón y otros dispositivos que aportan sonoridades electrónicas y raras.
Si todavía estás en duda de llevarte este disco, lee el comentario que copio a continuación:

La potencia del trío italiano Zu quedó marcada con sangre durante la hora en que se presentaron en el Movistar Arena, en el marco del festival Pepsi Fest. Jacopo Bataglia (batería), Massimo Pupillo (bajo) y Luca T. Mai (saxofón), ciertamente que dieron clases de cómo conquistar a una audiencia que, en su mayoría, quería ver cómo Mike Patton lideraba a este verdadero terceto del infierno.
Lo cierto es que los peninsulares europeos son, en su década y algo más de historia, una de las agrupaciones de avant-garde más reconocidas del viejo continente, sobre todo por su infalible cruce entre un jazz deforme, un metal extremo y arreglos extraídos del krautrock como nunca un grupo los puede haber tenido. Eso fue lo que encontró el viejo Mike cuando, en su gira junto a Melvins por Italia, los descubrió. Luego los contrató y, finalmente, editaron este “Carboniferous” para su sello Ipecac.
Con la presencia de la guitarra del eterno King Buzzo, Zu nos entrega un completísimo elepé en el que su propuesta queda más que clara. Desde el machacante comienzo con ‘Ostia’, los italianos se despachan una performance digna del mismísimo averno, donde el bestial ruido del bajo, obra de Pupillo, y la técnica y poderosa batería de Bataglia, de una forma retorcida permiten que Mai suelte chirridos varios desde su instrumento de viento.
Esa descripción también es aplicable a ‘Chthonian’, corte en el que también se descubren algunas claves del sonido de los europeos: aparte de una base rítmica bestial, existe un manejo envidiable de las atmósferas, sobre todo las que revisten en elementos relacionados con aires oscuros y tétricos. Asimismo, los ritmos y síncopas alienantes, sostenidos en su mayoría por el saxo paranoico de Mai, exponen al oyente a un verdadero tour de force por las sensaciones menos agradables de la psiquis, como en ‘Carbon’.
De esta forma es que transitan los demás cortes del trío italiano que, para esta aventura, se hacen acompañar de Mike Patton en tres cortes y de King Buzzo en casi todo el disco. No obstante, el peso del sonido de Zu se sostiene bastante bien con el trío. En efecto, Buzzo aporta lo justo y necesario para que las secciones en las que Pupillo y Bataglia actúan como una aplanadora rock, tengan mucho más peso o, en otras ocasiones, los chirridos de Mai sean mucho más agudos.
El aporte de Patton, por otro lado, le entrega mucha más oscuridad a los cortes. Por ejemplo, su aparición en ‘Soulympics’, ya sea con sus samplers, teclados varios o su voz siempre al límite, aumenta la tensión propia del desarrollo estilístico del tema, lo que culmina, como suele suceder con estos momentums, con un Patton vomitando sangre desde sus cuerdas vocales. En ‘Axion’, no obstante, su participación es más tenue y Buzzo sube al ring con estos extraños italianos para entregarnos uno de los mejores registros del álbum.
La música de Zu no obedece a reglas. Crece sola, aunque en esta, nuestra primera aproximación a la propuesta del trío italiano, podemos sacar varias cosas en limpio. Quizás la principal sea el gusto intrínseco de aferrarse a los mandamientos del fundacional Naked City, especialmente gracias al sonido del saxofón de Luca T. Mai. Sin embargo, lo que nos muestra el terceto de música “maledetta” en este lanzamiento no es sino un riesgo constante en el enfrentamiento casi ancestral de estructuras que, otros tiempos, jamás hubieses osado en juntarse.
Por lo mismo no extraña que Patton decidiera tomarlos bajo su alero, ya que si en “Carboniferous” la potencia demostrada es arrolladora, tal y como lo vimos en vivo y en directo, ésta se magnifica al infinito. Un trabajo perfecto para iniciarse en el universo de este inclasificable conjunto italiano.
Felipe Kraljevich M.


Y ahora, como siempre, algunos comentarios en inglás...

Catching the attention of Ex-Faith No More honcho Mike Patton and being picked to join the ranks of his highly regarded Ipecac label in company with artists such as Melvins, Hella, and the Locust, would be one hell of a high point for the majority of heavy, avant-rock bands currently making music. Zu, one of the most progressive no-wave metal bands ever to come out of Italy, were recruited by Patton for the release of their 14th album, Carboniferous , and one cannot conceive a more fitting home for the trio.
Drummer Jacopo Battaglia, saxophonist Luca T. Mai, and bass player Massimo Pupillo, formed Zu in Rome 10 years ago. Since then, aside from releasing records at the rate of more than one per year, the band have toured the world relentlessly (their self-described Black Flag-esque work ethic has motivated them to play over 1,000 live shows), and collaborated with an impressive range of sterling artists such as Hamid Drake, the Ex, Han Bennink, Damo Suzuki, Alvin Curran, and the Stooges' saxophonist Steve MacKay. Given their predilection for ingenious improvisation, combined with the ability to absorb and incorporate an exhilarating variety of musical styles into their material, it is not surprising that Zu often sounds like a hundred bands in one, although the way they piece together their wild sonic jigsaw is unique to them alone.
Entirely instrumental except for Patton's guest vocals on "Soulympics", Carboniferous veers alternately from free jazz and punk, to sheer metal, math, and hair-raising noise. By the time the album reaches the finish line, there aren't many stones left unturned. It sounds as though Zu have wrung out every last drop from their musical cloth, yet one doubts whether their imagination can possibly run dry. Arguably the most aggressive album the band has ever recorded, Carboniferous is relentless in its volatile ferocity. Any brief moment of calm is torn from limb to limb by a monstrous tide of free jazz or Behemoth-style mania. On a song such as "Carbon", Mai's saxophone, the perfect melodic replacement for Zu's lack of vocals, sounds like it is fighting a battle as it screams and struggles against the rhythm section in an effort to set itself free. Other tracks take the listener inside the workings of an industrial factory. "Chthonian" and "Axion" are so forcefully precise and metallic sounding that it feels as though you are trapped in a steel foundry, narrowly escaping darts of sparks and rivers of molten metal.
At times the songs can sound cold, as though they want to keep their distance, refusing to shed any armor. Although this could be a handicap on other albums, it only serves to makes Carboniferous more intriguing. Not exactly an easy ride, it will undoubtedly be too dense, tough, and quite frankly deranged for some listeners to take in. For others, particularly fans of fellow Mediterranean math rockers Uzeda, John Zorn's Cobra improvisations, and all Patton-affiliated projects such as Fantômas and Mr. Bungle, Zu's massive accomplishment will be nothing short of breathtaking.
Mia Clarke

You may not have seen this album before, but that’s understandable – the Carboniferous period was a time of low sea levels. But don’t worry; I’m here to help.
Zu have been out on their own limb for their brief 10-year reign, in which they have belted out 14 albums including two live albums and two splits. The Italian trio have conjured up an innovative and dangerous sound best described as a fusion of Math Rock, Noise Rock, Metal and Avant-Garde Jazz. But at the warm, blood-pumping core of the Zu heart, is the sweet, ridiculously primitive sound of “Experimental” at it’s unrivalled and genre defying best. I say, “the best”, because as ‘Ace Ventura: Pet Detective’ taught us: “They’re the best there is! (Actually, they’re the only one there is)”.
It’s not hard to be genre defying. Any band could just hit saucepans together, add incomprehensible vox and whack together some industrial synths to create (…actually…that could work) a new genre, and the ‘heads wankfest would ensue (*cough* Nahvalr self-titled *cough*). But it takes good musicianship and some killer riffs (of which the subliminally mentioned album had none – riffs that is, let alone killer ones) to separate the trendsetters from the posers. Enter Carboniferous.
Whilst the Carboniferous period did not support any form of humanoid life form, the point still stands that Carboniferous (we’re talking about the album this time, pay attention) is what the caveman would have blasted out as they sat huddled in their grottos spilling ill-smelling stew on their bearskins, were it possible. The 15th album pays homage to the archaic period of pre-civilization in savage, substratal, Sarcopterygian-sea-symbiosis style. If you’re looking for grace and subtlety, you’re looking in the wrong place. Carboniferous has balls. The unsystematic sax and boisterous bass, spasmodically convulses and writhes its way across 10 tracks, leaving the listener feeling nauseated and somewhat, violated. For clever song writing, this is not; it is however, the raw energy of 50 million years packed into 50 minutes of dehumanised noise.
The album kicks off with some tortured sax and tight drumming, and then deviates into paths unknown from which Carboniferous is spawned. Once the guitars enter, we know we’re in for a treat. Pandemonium continues until erupting on the third track, Carbon, where the bass and high-pitched guitar act in opposition as if hordes of retarded cavemen were beating the sh*t out of R2-D2. On Beata Viscera we hear some brilliant synths amongst some heavy-ass basswork. The album is getting wild now and we’re only on the third track. It is in this song we here the catchiest riff yet. I like to believe that the synths are crazy flying insects on the amphibians back and suddenly the old lizard lets fly, stomping around trying to free himself of the insects: DUNNNN----DUN-DUN-DUN-DUN. More stomping as the 2 metre long Tetrapod thrashes around the swamp violently shaking blood-sucking invertebrates from his back, the synths return displaying the insects desperate attempt at clinging on, only to be thrown off again as bass drums and guitar combine to discharge a wave of reptilian rage. But we’ve heard nothing yet. Suspense…
Erineys. My favourite track. As the insect-amphibian fiasco draws to a close, the familiar bass propels Erineys into familiar territory heard before on the first four tracks. A blastbeat occurs, the riff is repeated followed by another blastbeat and then comes the sax. Up and down, all around. Gyrating in any way and every way, this song doesn’t stop until it’s taken you around the whole f*cking world and back. Sick guitars and vitriolic basslines, this tune will satiate any hypomanic and it doesn’t sound superfluous, which could be argued for some of the later tracks on the album. The chorus is insane and sounds a bit like the Doctor Who theme song on acid. Soulympics brings us back to the traditional sound shrouded in remarkable synthesizers with guest vocals by Mike Patton. The effect is interesting to say the least. Sreams, growls and whines galore may be a little off-putting for some people, especially since it is the only track with vocals. Unfortunately, the second half of the album is weaker and tracks seem to drag in a tiresome manner, especially on numbers such as Mimosa Hostilis and Obsidian. The album concludes with an ambient track, which doesn’t hurt the listener, although is anti-climatic since there could’ve been a stronger finish to the album.
But after all the cavemen have put down their clubs, all the insects have gone off to eat piles of crap, and R2-D2 helplessly spins around in circles for an hour and a half, we’re left with one unique and very interesting album that looks to be a contender for a spot in a few 2009 best-of lists.
Lobby

Zu have never been an easy listen, and their 14th release, Carboniferous, once again documents the band's exploration of crazed jazz, noise rock, and metal. Connecting with Ipecac Records has played a large role in enhancing their sound with a bigger production and shaping them into a more metal mold -- be it a very avant-garde, Ipecac take on metal. Compared to prior outings, their Zorn-like freewheeling spirit has been toned back and songs feel more like actual "songs" with defined structure and greater emphasis on the individuality of the performers and the negative space surrounding them. In a minimal state, Jurassic bass riffs, the squawking sax trills, and the magnitude of the drum blasts seem more powerful than ever. As usual, collaborations are an important aspect of what makes Zu evolve from one record to the next. They're masters at adapting to their guests' musical backgrounds, whether those guests are from Can, Sonic Youth, or the Stooges. Here, the decade-old lineup (drummer Jacopo Battaglia, bassist Massimo Pupillo, and saxophonist Luca T. Mai) buddies up with two icons of the alt-metal world, King Buzzo and Mike Patton, to make the once heavy affair even heavier. On the album's biggest departure and most interesting track, "Soulympics," Patton delivers swampy growls, presumably through the same circuit-bent microphone apparatus that he used for Tomahawk's first two records. It's the perfect vehicle for the Fantômas/Bungle frontman, giving him full freedom to run amuck and rifle through his Rolodex of voices (and a new one: the maniacal gobbling turkey) over thudding bass and constantly changing time signatures. Buzzo's appearance is just as flavorful as the band throbs powerfully but non-intrusively behind him, giving the big-haired Melvin the opportunity to rage center stage and cut sharp harmonics on a severely overdriven guitar. On songs like "Chthonian," the script is flipped between outlandish brown-note noise intervals and minimalist hushes, leaving the listener to wait and grimace in fear of the next explosion. These parts are simply savage. When Zu in fact let loose and unleash the fury, combining power metal and raging drum'n'bass syncopation, as they do in "Axion," "Erinys," and "Mimosa Hostilis," if you overlook the horn licks, Lightning Bolt is the obvious comparison. But these guys differ in their Italian heritage, which brings influences like Ennio Morricone to the table to add sparse, mood-driven creepy lulls to that enhanced element of danger -- i.e., the darkness before the tornado touches down.
Jason Lymangrover


El resultado es un álbum completamente diferenete y mucho más extremo que otros que han hecho, menos melódico y se torna bastante más modernizado, definitivamente experimental y con pocos o nulos elementos de jazz.
Disco que entra hasta las entrañas, indescriptible e indefinible. Más que recomendable.






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