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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Opeth - Ghost Reveries (2005)


Es curioso como Opeth logra de alguna forma combinar siempre los mismos elementos, y obtener por medio de su alquimia, discos impredecibles, de marca única. Otro disquito de Opeth en su etapa Steven Wilson, muchas atmósferas, muy buenas estructuras de las canciones, una joya progresiva no apta para todo público y de digestión lenta, quizás uno de sus discos más pesados pero también uno de los discos más progresivo y elaborado de la banda, donde la crudeza del metal extremo progresivo se combina perfectamente con el rock progresivo clásíco. Y seguiremos presentando más discos de esta banda para aquellos que no los conocen como se debe.

Artista: Opeth
Álbum: Ghost Reveries
Año: 2005
Género: Metal extremo progresivo / Rock progresivo
Nacionalidad: Suecia


Lista de Temas:
1. Ghost Of Perdition
2. The Baying Of The Hounds
3. Beneath The Mire
4. Atonement
5. Reverie / Harlequin Forest
6. Hours Of Wealth
7. The Grand Conjuration
8. Isolation Years

Alineación:
- Mikael Åkerfeldt / guitarra y voces
- Martín López / batería
- Peter Lindgren / guitarra
- Martín Méndez / bajo
- Per Wiberg / teclado y voces





En "Ghost Reveries" se muestra en todo su esplendor el resultado de años de progreso, crecimiento y aprendizaje de la banda, plasmado en canciones ricas en matices y texturas, complejas en estructura, en las que la variedad, sin que ello suponga en absoluto dispersión, es la nota dominante. Y ojo que para mí, al contrario de la opinión de muchos, no está entre los mejores de la banda, pero no deja de ser una interesante obra donde se consolida su costado progresivo y de fusión de estilos a su lado primogéneo de Death metal. A lo largo de sus ocho canciones, el disco guarda un equilibrio perfecto entre la vertiente extrema de la banda y una vertiente progresiva que ha ido ganando peso disco a disco hasta hacerse casi dominante, lo que se aprecia claramente en la incorporación de teclados y mellotrón como instrumentos protagonistas, así como en el tratamiento de las guitarras y, especialmente, en la rica gama de voces limpias que maneja Mikael Åkerfeldt.


Ghost Reveries es el octavo álbum del grupo sueco Opeth. Fue su primer álbum bajo el sello discográfico Roadrunner Records. Tuvo gran éxito alrededor del mundo llegando ser número 9 en Suecia. Este el primer álbum con el tecladista Per Wiberg y el último con el baterista Martin Lopez y el Guitarrista Peter Lindgren.
Es un album conceptual, que narra la historia de como una persona asesina a su madre, y después de este suceso como lentamente se va hundiendo en la culpa, locura, y agonía.
Este album es el tercer album conceptual creado por la banda, donde los primeros albums conceptuales de la banda fueron "My Arms, Your Hearse" y "Still Life".
Es considerado por los fans uno de los mejores 3 discos de la banda junto a "Blackwater Park" y "Still Life".
Wikipedia

El resultado es un disco equilibrado y diverso en el que a la furia de canciones como "Ghost Of Perdition", de la sección inicial de "The Baying Of The Hounds" o de la intermedia de "The Grand Conjuration", se unen a canciones y pasajes de exquisita belleza y delicadeza, con claros toques de jazz y blues y esa nostalgia nórdica, atmósferas varias, con estructuras complejas y cambiantes, ritmos y ambientes que parecen traídos del medio oriente y otros claramente progresivos y experimentales, el disco en conjunto es un buen trabajo, si bien tiene algunas secciones que no se encuentran al nivel de los mejores temas de de estos innovadores, hay otras que están entre lo mejor del repertorio de Opeth, y las diferentes y variadas atmósferas creadas por teclados, órgano, mellotrón, guitarras acústicas, percusiones varias y toda la gama de voces dan un clima que si te enganchás con la onda del disco, superás la barrera de las voces guturales y le hacés un lugar a la estridencia del Death metal, lo podrías llegar a amar.



Vamos con algunos comentarios de terceros porque hay mucho escrito sobre este disco como para que yo esté tratando de comentarles de qué va, así que mejor ahorramos energía para reseñarles todos los discos raros sin comentario alguno que tenemos pendientes de traer...

Hacia la mitad de la década del 2000, los suecos Opeth ya eran reconocidos mundialmente. Podría decirse que ya no entraban en el catálogo de “banda underground”. El éxito comercial que se venía engendrando desde los tiempos de “Blackwater Park” (2001), los situaba en una posición en la que comenzaban a tener cada vez más difusión. Vista la situación, los peces gordos de la industria discográfica no dudaron en tomar cartas del asunto. De este modo, Opeth es fichado por Roadrunner Records, abriendo a su paso muchas puertas y por supuesto, la oportunidad de expandir su música a un público más masivo. Obviamente, este movimiento trajo consigo la eterna diatriba de si se vendieron o no, por lo tanto los suecos se vieron sometidos a una prueba en la que debían demostrar al público (y a sí mismos) que a pesar de tener el apoyo de una gran discográfica, todavía serían capaces de emocionar a sus seguidores y mantenerse fieles a su barroca y detallista naturaleza. Ahora surge la pregunta del millón: ¿Lo consiguieron? Mi repuesta: sí. Pero, ¿pudieron mantenerse de esta manera en obras futuras? Ahí la cosa cambia un poco, pero vamos a lo que nos ocupa.
“Ghost Reveries” lanzado en 2005 supuso el primer trabajo de la banda bajo el amparo de Roadrunner, y con él dieron una declaración de principios y demostraron que aún eran capaces de engendrar obras maestras. No lo pondré más difícil, “Ghost Reveries” es un disco maravilloso que por mérito propio se hace un lugar entre las mejores obras de la banda. Un disco que fiel a la naturaleza de Opeth, supone a la hora de escucharlo todo un viaje estelar entre texturas, melodías y matices que no tienen desperdicio. Como todo engendro parido por ese visionario que toma el nombre de Mikael Akerfeldt, lo presentado aquí requiere no una, sino muchas escuchas (cada una con mucha atención) para poder descubrir todas sus maravillas.
Quizá la mejor manera de definir “Ghost Reveries” a nivel musical es como una combinación entre “Deliverance” (2002) y “Damnation” (2003). Aquí se toma lo mejor de ambos títulos y se los fusiona dejando un resultado excelente. Cada tema tiene una personalidad muy bien definida, lo que produce que el LP esté lejos de caer en la monotonía. Vamos, Opeth en estado puro. Mención aparte merece la llegada del tecladista Per Wiberg al grupo. Con él, los teclados comienzan a tener una mayor participación en el sonido de la banda, enriqueciéndolo notablemente.
“Ghost Reveries” es un álbum conceptual en el que las letras de las canciones (a excepción de la última) narran el agónico y tortuoso descenso hacia la locura por parte de un hombre que tras haber asesinado a su propia madre se ve invadido por un enorme sentimiento de culpa y arrepentimiento que poco a poco lo llevan a su perdición. No es lo más original del mundo, pero lo cierto es que Akerfeldt hace un trabajo bastante interesante al narrar cómo el personaje está tratando con sus demonios interiores, llegando a introducir vinculaciones con el ocultismo y similares. El concepto en este álbum, a diferencia de otros discos conceptuales como “My Arms, Your Hearse” o “Still Life”, está tratado de una manera más abstracta y no tan directa como en trabajos citados. De más está decir que escuchar “Ghost Reveries” mientras se siguen las letras es una gran experiencia.
La portada, como no podía ser de otra manera, sigue la tónica lúgubre y misteriosa que prácticamente se ha convertido en marca registrada de todas las caratulas de Opeth. Ese ambiente oscuro, con esa tenue iluminación y esa intimidante silueta provocan un mal rollo enorme. Si en algo destacan las portadas de Opeth, es que consiguen representar en su bella aunque escalofriante naturaleza la oscura propuesta musical de la banda, y la de “Ghost Reveries” no es la excepción, para el que aquí escribe uno de los mejores “art works” que ha tenido la banda, cortesía del artista gráfico Travis Smith.
El disco nace con “Ghost of Perdition”, tema que nos muestra a los Opeth más esquizofrénicos y camaleónicos a lo largo de sus diez minutos y medio de duración, en los que sucede de todo en un desarrollo intrincadísimo e imprevisible. La banda suena muy compenetrada, la base rítmica del bajista Martin Mendez y el prodigio baterista Martín López es de ensueño, las guitarras de Peter Lindgren y Akerfeldt funcionan de maravillas cumpliendo magníficamente su cometido según sea la ocasión (o bien nos crujen el cráneo en dos o nos regalan una dulce y delicada melodía), y los teclados de Wiberg le otorgan ese plus épico que le ayuda a ganar intensidad al conjunto. El trabajo vocal a cargo de Akerfeldt como de costumbre es soberbio y demuestra una gran versatilidad tanto con su versión gutural (partiendo de tonos extremadamente graves y llegando a alcanzar otros más agudos) como en su versión limpia (un ejemplo de su excelente dominio como cantante “limpio” se encuentra en 02:48, atención a ese pasaje). Volviendo al desarrollo en sí, lo mostrado aquí es esquizofrenia en su más pura representación. Los cambios de ritmo son absolutamente demenciales (mucha atención a 02:34), es una composición en la que en todo momento sucede algo distinto, pero de todos modos, está estructurada de una manera que evita que el desarrollo pierda sentido. Con todo su complejo y barroco desarrollo, este “Fantasma de la perdición”, pese a sus más de diez minutos de vida, da la impresión de durar menos, ya que en ningún momento llega a repetirse y por lo tanto, resulta muy ameno.
Finalizado el viaje en montaña rusa que nos abrió las puertas del disco, “The Baying of the Hounds” asoma con influencias que beben bastante del Hard Rock (por supuesto, sin alejarse de los horizontes de la banda), las cuales se hacen evidentes en el riff que nos da la bienvenida y en el trepidante ritmo que lo motoriza. El tema se muestra optimista y enérgico durante sus primeros momentos, hasta que en 03:15 la marcha aminora considerablemente y se adentra en una atmósfera parsimoniosa y llena de misterio que poco a poco va sumergiendo al desarrollo en un aura mucho más oscura y lúgubre para finalmente retornar a la fuerza pero con un mayor hincapié en la faceta más deather del grupo. Mención especial para esa belleza que surge en 07:28, lo que podría considerarse el “segundo parón” del tema. Aquí los suecos nos obsequian un delicado y sentido pasaje que nos rememora a unos Opeth más en onda “Damnation”, con una percusión sutil pero envidiable a cargo de López y unos emotivos punteos en las guitarras acústicas que son sazonados por los mágicos teclados de Wiberg engendrando así una serie de melodías bellísimas que a la vez emanan una melancolía que hiere. La calma se interrumpe en 09:10 con un violento arrebato de doble bombo y un Akerfeldt marcando presencia con sus imponentes guturales los cuales se encargan de llevar al tema a un pirotécnico y aplastante final.
Una arabesca melodía en los teclados a cargo de Wiberg nos da la bienvenida a “Beneath the Mire”, que tras una prolongada y melancólica introducción instrumental se torna rápidamente hacia una dirección más malvada y amenazadora con predominancia de riffs gruesos y cortantes, una base rítmica pulverizante y un Akerfeldt en plan “monstruo de las galletas”. Los suecos muestran algún que otro retazo bluesero en ese intimista pasaje que surge en 03:24, otra prueba de que las influencias son inabarcables. La sección final de “Beneath the Mire” (07:10) es un delirio total aunque muy oportuno ya que prepara una ambientación psicodélica que resulta ideal teniendo en cuenta lo que nos espera en el siguiente número.
“Atonement” es una pieza que podría hacer sido editada en la década de los ’60, emana psicodelia y un espíritu sesentero a borbotones. Al ser tan atípica es probable que eche hacia atrás a muchos seguidores. Con esto ya se puede notar que Akerfeldt por aquellos tiempos ya comenzaba a masticar lo que sería el concepto de “Heritage”. Musicalmente es un tema oscuro e hipnotizante, Wiberg gana mayor protagonismo y dota al corte de unas melodías que se mantienen en una línea muy similar a la de la intro de “Beneath the Mire”, López realiza un buen trabajo tras los parches marcando unos curiosos ritmos tribales y Akerfeldt se mantiene en las vocales muy calmo, casi susurrante. Lo cierto es que como tema no está mal, pero desentona un toque con la tónica general del disco. Finalizada “Atonement” tras sus más de cinco minutos de duración, surge en 05:28 “Reverie”, una melódica y extravagante intro para “Harlequin Forest”.
(Nota: pese a que en el tracklist “Reverie” aparece como parte de “Harlequin Forest” (Reverie/Harlequin Forest) lo cierto es que la primera nombrada es en realidad parte de “Atonement”, por lo tanto lo correcto sería “Atonement/Reverie” y no como aparece en el disco)
“Harlequin Forest” nos vuelve a traer a los Opeth más contundentes por unos minutos antes de sumergirse en aguas más calmadas en 03:35, punto de partida para uno de los más brillantes pasajes del redondo (curiosas esas connotaciones a Rock Sureño que se pueden percibir en las guitarras de 05:12). “Harlequin Forest” supone una de las mejores performances del disco a nivel vocal, Akerfeldt lo borda en cada una de sus facetas, ya sea agresiva o calmada (no pocas veces se dijo: el sueco es un crack absoluto). Sencillamente, uno de los puntos más álgidos de “Ghost Reveries”, casi doce minutos para uno de los mejores temas del disco, y del repertorio de Opeth a grandes rasgos.
Pocas cosas a nivel musical me han llegado al alma de la manera que lo hace “Hours of Wealth”. Una sentidísima composición ejecutada sólo con teclados y guitarras acústicas que posee una carga emocional enorme. Akerfeldt realiza una interpretación vocal que queda para el recuerdo en una oda a la desolación capaz de tumbar al más fuerte. El tema se despide con una delicadísima ejecución en las seis cuerdas con un espíritu muy bluesero que le viene como anillo al dedo a la melancólica ambientación que lo protagoniza.
“The Grand Conjuration” nos devuelve al sonido más aplastante de los suecos, con un desarrollo que recuerda bastante a los tiempos de “Deliverance”. Un número malvado y bestial en el que las guitarras y teclados no paran de despedir escalofriantes melodías mientras la base rítmica dirige el corte de manera machacante y avasalladora sin dejar títere con cabeza. Un contraste total con el aura calmado y pacífico que moraba en el corte antecesor, mientras que en el anterior la delicadeza y la melancolía eran los principales protagonistas, en “The Grand Conjuration” la distorsión, la furia, la guturalidad, la mala leche y las percusiones aplastantes son los que mandan. De más está decir que con esta pista, nos encontramos con los diez minutos más bestias de todo el trabajo.
El disco finaliza con una breve balada que podría haber formado parte de “Damnation” sin ningún problema, ya que es deudora de la propuesta más orientada al Rock Progresivo que se presentó en dicho álbum. “Isolation Years” es el tema más corto y si se quiere, simple del disco. Iniciado por unos deprimentes punteos que recuerdan bastante a “Windowpane” (el tema de apertura del trabajo de 2003), este calmado y oscuro medio tiempo se encarga de tranquilizar las aguas y cerrar “Ghost Reveries” con calma y delicadeza. Un tema que si bien no presenta la locura compositiva de los temas anteriores, resulta muy bello. El estribillo es simplemente maravilloso y nos sumerge en un estado de hipnosis del cual es difícil salir.
Conforme a que pasa el tiempo, una cruda verdad se hace cada vez más certera, y es que “Ghost Reveries” vino a cerrar una era: esa era en la que Opeth eran capaces de crear obras maestras. Lo que vendría después se estancaría en lo notable y en un caso muy particular, en la mediocridad y la falta de personalidad. Algunos vinculan la llegada de más dinero con este bajón en la inspiración y es que siendo realistas tras “Ghost Reveries” (y el éxito en ventas que éste supuso) las cosas no volvieron a ser las mismas.
Opeth entregaron en 2005 una obra maestra, probablemente la última de su majestuoso catálogo. Como se mencionaba al principio de la reseña, “Ghost Reveries” demostró que Opeth podía seguir siendo Opeth pese a ser parte de una discográfica más masiva, entregando un trabajo sobresaliente que rebosa inspiración, complicidad y calidad como pocos. “Ghost Reveries” señores, el disco que hasta la fecha se eleva como el último gran álbum de los suecos, el último gran pelotazo, el último “five horns”.
Junkhead






Un disco para disfrutar de principio a fin y al que, venciendo algunas reticencias, se puede acercar cualquier amante del rock progresivo sin ser necesariamente aficionado al metal extremo. Al final de la entrada les dejo el video del disco entero para que vean si pueden pasar todas sus barreras para poder adentrarse a su oscura y atronadora belleza. Ahora quería dejarles, a modo de síntesis de todo lo dicho, el video de "Isolation Years", la canción más corta, melódica y cristalina del disco (además de una joya de triste e infinita melancolía).



Y vamos con algún otro comentario de gente que escribe mejor que yo, que vuelvo a repetir hay varios y muy variados reviews dando vueltas.

Con Blackwater Park parecía que Mikael Åkerfeldt había encontrado la fórmula del millón de dólares, consiguiendo la perfecta simbiosis entre el Death Metal y el Rock Progresivo con algún toque Folk, pero eso no parecía suficiente para el sueco, por lo que intentó explorar intensamente todos los extremos de la música de Opeth haciendo un álbum doble que en realidad no lo era, primero con su álbum más agresivo y extremo (Deliverance) y luego con el álbum más cercano al Rock Progresivo y acústico que había hecho hasta la fecha (Damnation).
Tras dicha experiencia, que no podemos sino calificarla como acertada y sobresaliente dados los resultados, iba siendo hora de volver a poner todos esos elementos en perfecta armonía y convivencia. Retomando así el camino ya marcado por Blackwater Park y reuniendo todo el espectro que recoge la música de Opeth, sumando un plus de experiencia que le dio un toque especial a su octavo disco de estudio, titulado Ghost Reveries.
Ghost Reveries, mostrándonos unos Opeth más maduros y eclécticos
Opeth era una banda que estaba creciendo exponencialmente, no sólo en la calidad de su trabajo, sino también su popularidad. Tras acabar su vinculación con Music For The Nations, que había publicado sus últimos tres discos, Opeth buscaron discográfica como si de un codiciado agente libre en la NBA se trataran. Finalmente se dejaron llevar por los cantos de sirena de uno de los clubs sellos más grandes del Metal a nivel mundial, Roadrunner Records, con la esperanza de que la difusión de su material subiera de nivel. No son pocos los que acusaron a la banda de vendidos por el mero hecho de fichar por el sello (abrir tu primer disco en un sello grande con dos canciones seguidas de diez minutos es muy comercial, ya).
No obstante, no todos estaban preparados para lo que ese salto suponía y la banda sufrió dos nuevas bajas tras publicar Ghost Reveries. La primera fue Martin Lopez, uno de los mejores batería que tuvo nunca Opeth, sino el mejor, cuyos ataques de ansiedad durante las últimas giras le terminaron pasando factura y provocó su marcha de la banda sueca. La otra baja sería Peter Lindgren, guitarrista de larga duración en la banda que justificó su marcha en su incompatibilidad para la vida en la carretera y en su desconexión y falta de entusiasmo en tocar para su banda de toda la vida.
Sin embargo, en este álbum se produciría el debut de Per Wiberg como teclista tras ser incorporado oficialmente como tal en la banda tras haber estado girando con ellos. Teniendo un teclista definitivo, la banda pudo darle más presencia a este instrumento en el estilo de Opeth, que aquí vuelve a aparecer en su máximo esplendor y fluidez, además con un plus de madurez compositiva que termina de confirmar a Mikael Åkerfeldt como una de las mejores mentes del Metal en los últimos veinte años. Hasta se dió más presencia a otros elementos de Jazz o de folklore oriental, como se puede apreciar en ‘Atonement’.
Y si aún había dudas de si Opeth iban a comercializar o ablandar su sonido, el disco ya se encarga de disiparlas abriendo con ‘Ghost Of Perdition’ con sus diez minutazos y medio lleno de riffs de vértigo, progresiones extraordinarias y despedazadoras y cambios de ritmo asombrosos. Además, al igual que en el resto del álbum, Åkerfeldt se luce a nivel vocal tanto con su voz melódica como con la gutural.
Sin embargo, la grandeza del disco no se detiene ahí y en Ghost Reveries encontramos piezas brillantísimas como una ‘The Baying Of The Hounds’ inspirada en el ‘Diana’ de los míticos Comus (banda reivindicada por el propio Åkerfeldt y que homenajeó en Storm Corrosion junto a Steven Wilson) y que cubre casi todo lo abarcable por la música de Opeth. Pero también son más que dignas de mencionar ‘Beneath The Mire’, ‘Harlequin Forest’ o ‘The Grand Conjuration’ (a quien no se le ponga la piel de gallina con este último que se lo haga mirar pero ya), aunque la auténtica grandeza del álbum reside en su conjunto, no sólo en sus (notables) canciones de manera individual. Podríamos admirar la labor de Lopez con las baquetas o asombrarnos con algunos rasqueos de guitarra, pero es la conjunción de todos estos elementos lo que forma el resistente y poderoso armazón que es la música de Opeth.
Black Gallego


 
Seguimos con más comentarios, y solamente traigo algunos pocos, el que queira puede buscar más... o que mejor escuche el disco y listo!

Bueno, a esta altura no me pasa lo mismo que cuando recién me aventuraba a escuchar Opeth. Nunca voy a olvidar aquella vez, siendo mas pendejo, que leía siempre buenas criticas de Opeth y se me ocurrió bajar "The Roundhouse Tapes" (disco en vivo de la banda), y una vez escuchándolo me pareció espantoso... tanto que como lo baje, lo elimine después de haber escuchado solamente con un poco de cariño "Blackwater Park" (la canción) y ni bien se escuchaban las voces guturales de Akerfeldt todo me parecía demasiado pesado. En fin, con éste comentario lo que quiero hacer es ir dando una idea lo difícil que es escuchar y encontrarle el gusto a esta banda, la cual, hoy día... sin ninguna duda la considero una de las que más me gustan y la que cada día me parece mejor.
El tema central a la hora de escuchar Opeth, es adaptarse a las voces guturales... cuestión mas que complicada para aquellos que no están muy familiarizados con este tipo de voces. De todas formas vale aclarar desde temprano que la voz de Akerfeldt no solo es gutural, el tipo viene acompañado de la mejor voz limpia que escuche... sin exagerar... aquellos que lo conocen me van a bancar de una.
En fin, si nunca lo escuchaste, lo que mas te recomiendo es que empieces bajando el disco ''Damnation'', curioso por ser el único disco en toda su discografia en la cual no se utilizan voces guturales y en donde toda su música muy rara vez viene acompañada de distorsión.
''Ghost Reveries'' es todo lo contrario... es uno de los discos mas pesados de la banda, pero lo selecciono y lo posiciono encima del resto por ser el disco mas progresivo y elaborado de la banda. Apenas uno se sitúa en el track uno, y Mikael empieza a cantar uno se da cuenta a que se enfrenta.
Para aquellos que ya tuvieron la oportunidad de partirse la cabeza con este disco saben bien que es un disco que te atrapa de forma inmediata, y que se vuelve una escucha obligatoria de todos los días. Todos los temas están perfectamente elaborados, con una capacidad técnica y compositiva asombrosa.
La característica mas saliente de Opeth a lo largo de su trayectoria, siempre fue ser capaces de llevarte al cielo y al infierno muchas veces en una misma cancion, pasandolo en limpio... temas lentos que se vuelven muy violentos, pero con toda la sutileza de una banda con un gusto de la puta madre. Uno debe escuchar Opeth resaltando primeramente el buen gusto, los arreglos y lo innovador que es su estilo; después... al tiempo, uno cae atrapado en sus canciones y no puede dejar de escucharlas.
Los temas que mas me gustan de este disco son "Ghost Of Perdition", "The Baying Of The Hounds", "Reverie/ Harlequin Forest" y obviamente "Beneath The Mire"... o al menos son aquellos que escucho cada vez que pongo este disco excelente.
En fin, para ir redondeando... una joya progresiva... no apta para todo publico, pero si ya venís del palo del metal pesado te va a volar la cabeza... de digestión lenta!
Puntaje: 9,50

Bueno, ya me cansé, no les voy a copiar muchos comentarios en inglés porque es al pedo. Marche otro Opeth a la Biblioteca Sonora!


tockholm's most unpredictable metallic sons Opeth have offered another step on their dark journey into the Maelstrom that combines progressive sonics, and acoustic and electric instrumentation, all the while extrapolating on their now-trademark brand of death metal. Stepping aside from the malevolent acoustic elegance of 2003's Damnation without abandoning the textural advances, Ghost Reveries is a tour de force of creativity, power, and innovation. Alternately melodic and brutal, the album takes the band's progressive acumen to a new level while never abandoning the crunch. Vocalist, guitarist, and lyricist Mikael Åkerfeldt has become a complete poet of the dark side. With bandmates Per Wiberg on keyboards, drummer Martin Lopez, guitarist Peter Lindgren, and bassist Martin Mendez, Åkerfeldt has forged ahead into a vein of this music that moves it further forward while embracing not only elements of the band's foundational past, but also elements from the annals of heavy metal. The sheer, harsh, tragic beauty of Ghost Reveries reveals it as more a hunted album than a haunted one. The opener "Ghost of Perdition" is layered with heartbreakingly lyrical beauty -- amidst its crack and burn -- with vocals either sung poetically or growled from the depths of the ravages of the human throat: "In time the hissing of her sanity/Faded out her voice and soiled her name/And like marked pages in a diary/Everything seemed that is unstained/The incoherent talk of ordinary days/Why would we really need to live/Decide what is clear and what's within a haze/What you should take and what to give...." The guitars, electric and acoustic, intertwining and winding around one another with quick figures, move the melody into the labyrinthine "Reverie/Harlequin Forest," that goes on for over 11 minutes while its tales of sickness and tenderness rub against one another and become one tortured being. Justification and easy moral judgments become futile, reflections of painful memory and dislocation are taut, walking a rusty razor wire as propulsive drums and crackling guitars carry the singer into his desolation. Ultimately, Ghost Reveries comes together like a suite, characters have various faces and traits, but they are all reflections in a mirror that retains no permanent image. This album is a culmination of everything Opeth have worked toward throughout their career. It's fully realized, stunningly beautiful, and emotionally fragmented; it's a terrain where power, tenderness, and sheer grief hold forth under heavy manners. Awesome.
Thom Jurek

Espero que lo disfruten!




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