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martes, 10 de mayo de 2016

La Cooltura no es Cultura


A pesar del discurso de eficiencia, modernización y voluntad de crear nuevos puestos de trabajo, gran parte del campo cultural está paralizado. El cierre del Centro Cultural Kirchner y el desmantelamiento de Tecnópolis y del CEpia son los íconos más visibles de un plan de destrucción que comenzó ya cuando Macri ocupó el cargo de jefe de gobierno de la ciudad. Desde que Marioneta Macri se hizo cargo de la Ciudad de Buenos Aires que viene cerrando Centros Culturales, ejemplos hay a montones. Basta repasar los ocho años de gobierno de Macri en la ciudad de Buenos Aires para advertir que las diversas expresiones de la vida cultural se vieron amenazadas y reducidas a una lógica mercantil. En su avance contra la cultura, Macri vetó proyectos para un Centro Cultural en Devoto y para la creación de un régimen de subsidios a músicos, vació el Centro Cultural San Martín, cerró programas de Orquestas Infantiles y más de 500 talleres gratuitos, despidiendo a trabajadores y docentes. A eso debe sumarse la persecución sistemática y la censura de toda forma de cultura alternativa, popular, "desde abajo", autogestionada, ajena a los circuitos comerciales y a la búsqueda del mero lucro. El cierre de teatros, milongas, peñas y centros culturales ponen en peligro no sólo la vida cultural sino también el trabajo de los miles de artistas que viven de su vocación.

Esta lógica mercantil de la cultura, centrada únicamente en el rédito económico de una expresión artística o en la producción de "grandes eventos" debe contrastarse con una visión de la cultura como un factor de inclusión social, material y simbólico, el proceso de democratización de la cultura que debe ser mantenido y acrecentado. Pero con Marioneta Macri en el poder y ante el avance del neoliberalismo en todos los ámbitos hay riesgo de perderlo todo. Y como muestra, ya hablamos del cierre del Centro Cultural Expreso Imaginario, proyecto del recordado Jorge Pistocchi...


"Los gobiernos le temen a la unión de los pueblos, le temen a los vecinos que se reúnen, por eso la prohibición de estas actividades es la nueva piedra filosofal de los incoherentes argumentos legalistas

Ya habíamos expresado nuestra opinión en defensa de los Centros Culturales amenazados. Y me parece que con casi cuatro años de gobierno por delante, la batalla cultural no es que continúa sino que recién empieza.
Si los integrantes del macrismo no se autodenominaran con la sigla PRO, bien podría identificárselos con el nombre de Atila: por donde pasan, no crece más el pasto. El campo de la cultura no es una excepción, ejercen una destrucción sistemática, pero no rompen pianos en una mudanza ni destrozan objetos, sencillamente cierran instituciones.

La modalidad no es nueva. Mauricio Macri comenzó a implementarla desde el momento mismo en que asumió como jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Así como subejecutó presupuestos, desactivó centros culturales o "subejecutó" la capacidad operativa de determinadas instituciones como, por ejemplo, el Teatro 25 de Mayo, que luego de ser recuperado por los vecinos y salvado de su destino de bingo o de boliche, con el macrismo mantuvo una actividad mínima y totalmente ajena a las necesidades y expectativas de los vecinos de Villa Urquiza. Para citar otro ejemplo tomado al azar, en 2009, según lo consigna el periodista Gustavo Veiga en una nota, "varios espacios comunitarios de la ciudad que producen actividades culturales fueron cerrados, desalojados o desestabilizados al quitárseles asistencia. El Centro Cultural y Social Almagro, Centro Cultural del Sur, Centro Cultural 20 de la Asamblea de Flores, Casa Zitarrosa, El Sexto Kultural, la fábrica IMPA Ciudad Cultural, Casa de la Cultura Compadres del Horizonte, La Huerta Orgazmika y el Centro Cultural La Sala, el Grupo de Cine Libre de Parque Rivadavia y hasta el mismísimo Teatro Colón, por la paralización de sus obras".
En el campo de la cultura también hay que contabilizar el cierre del Centro Cultural Kirchner, el desmantelamiento de Tecnópolis y del CePIA.

Ya sea en los grandes centros culturales o en el centro cultural del barrio, es allí donde los vecinos y muchos ciudadanos de a pie adquieren herramientas de conocimiento, despliegan su vocación artística y ejercitan conductas conscientes que redundan en respuestas más ciudadanas. Allí se alientan comportamientos sociales maduros y comprometidos basados en la libertad, el respeto, la responsabilidad y la tolerancia; principios fundamentales que permiten una mejor convivencia ciudadana. La cultura desarrollada concientemente es un factor imprescindible en el proceso de transformación social que necesitan los pueblos. Pero claro que ésta Cultura nada tiene que ver con la Cooltura Pro.

Otro de los ejes que necesariamente plantea el desarrollo de una política cultural es el rol que debe cumplir el Estado en la protección y desarrollo de las industrias y los diferentes emprendimientos culturales. Si se tienen en cuenta las políticas implementadas desde que el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que en 2009 puso en vigencia el Régimen de Promoción Cultural que propicia la intervención privada en el desarrollo de proyectos culturales con la mediación del Estado, no es descabellado esperar una actitud similar a nivel nacional.

Cierren todo que aquí gobernará Carín y la Turner. ¿Quién necesita más?



De éstas y otras acciones Pro lo único que puede sacarse en limpio es que la Cooltura de Costa Salguero, del los templos neoliberales del Mercado Global, de la finanzas internacionales y de la vanalidad del espectáculo masivo... todo lo demás deja poco rédito y hace sentir y pensar a la gente.
Mucho se ha hablado en el pasado reciente de la "batalla cultural". Dicha batalla no se libra sólo desde el Ministerio de Cultura de la Nación, si no queremos que el neoliberalismo avance como única opción cultural, además de económica y política, será hora de que empecemos a pensar qué podemos hacer entre todos, cada uno, y unidos.
el dilema es cooltura o cultura, CEOcracia o Estado, neoliberalismo o desarrollo para todos. No hay más alternativas...


4 comentarios:

  1. Y... Faltaría que cierren el museo de la memoria de al ESMA para volverlo a poner en funcionamiento, así recupera el esplendor de los tiempos aquellos.
    Claro que pasaría a llamarse "El Ministerio De La Paz".
    Estamos en la revolución de la alegría, ¿como pretenden que haya alegría, si existe la memoria, la cultura y la libertad de pensamiento??? Estamos locos o paso una hormiga Cacho!!

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    Respuestas
    1. Huy Cuchi, si, es verdad, no lo había relacionado! La ESMA como El Ministerio De La Paz!
      Había escuchado sobre la dudosa continuidad del museo de la memoria... ¿como pretenden que haya alegría, si existe la memoria, la cultura y la libertad de pensamiento??? excelente!

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    2. Próximamente se viene... ALEGRIALANDIA!!! con la presentación en vivo del Negro Garrote y sus Picanas. No te lo pierdas, en tu ex-centro cultural amigo!!! invitado especial el payaso Gas-Pimienta!!!

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    3. Jeje... dicen que el payado Gas-Pimienta es re picante!
      Y el Negro Garrote y sus Picanas no son muy graciosas aunque no te vas a aburrir ni a bostezar ni un poquito...

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