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martes, 17 de mayo de 2016

Fernando Samalea - El Jardín Suspendido (1998)


En 1998 lanzó su primer álbum solista, "El jardín suspendido". Se trata de un cd-cuento, donde integra sus relatos con música de acompañamiento especialmente compuesta. Eso dice Wikipedia. Otro disco de Samalea con Fernando Kabusacki (inseparables), Tony Levin (que es prácticamente el bajista oficial de Samalea en sus registros de estudio) y también Daniel Melingo y Nirankar Singh Khalsa en tabla hindú y flauta, en un disco que rompe con las barreras espaciales, temporales y culturales que existen entre el mundo islámico y el nuestro: "Las mil y una noches" pero escrito en argentino. Otro cuento hecho música, otro disco de Samalea. Vengan y sorpéndanse. Ortodoxos abstenerse.

Artista: Fernando Samalea
Álbum: El Jardín Suspendido
Año: 1998
Género: Avant rock / Tango experimental / Jazz Fusión
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
01. Un Rai cae desde el puente de Solimán
02. Mercader hieratico
03. Malika
04. Ensueño I
05. Prodigios bajo el álgebra
06. Nácar
07. Ensueño II
08. La fatalidad de las leyes
09. Ensueño III
10. Transmutaciones
11. Más allá del entendimiento humano

Alineación:
- Samalea / bandoneón, glockenspiel, sintetizador, batería & percusión.
- Fernando Kabusacki / guitarra eléctrica sintetizada.
- Daniel Melingo / clarinete & saxo tenor.
- Tony Levin / contrabajo eléctrico.
Nirankar Singh Khalsa / tabla hindú y flauta.
Natalia Méndez / recitado.
Abdelmajid Domnati / gembri & canto gnawa.
Mustafá Sbai Tanji / canto gnawa.
Abdellah Harrouch / karkabas & canto gnawa.
Meloud El Hrizi / karkabas & canto gnawa.


Ahora sí, el primer disco de Samalea compartido por Pedro Rock, que se merece una estatua a esta altura, y no se imaginan con todo lo que vendrá a compartir!...


De Bagdad a Buenos Aires: Se podría decir que la historia de El Jardín Suspendido empezó cuando Fernando Samalea encontró las viejas versiones infantiles de “Las Mil y Una Noches” que le habían regalado sus padres cuando niño. “Me habían escrito una dedicatoria, muy especial para mí, que decía Para que no pierdas nunca el sentir de la fantasía y el ensueño”, recuerda hoy. El Jardín ... narra la historia de Dadihmed Bnider, un príncipe de la Bagdad del 1900 que debe ocupar prematuramente el cargo de rai. Después de conquistar y perder fatalmente el amor de una joven persa de sangre azul, el muchacho deja de lado sus obligaciones de gobernante hasta ser destronado. A partir de ahí, el bagdalí enfrenta una aventura en la que pasará noches de mendigo en su ciudad, viajará a El Cairo en busca de una promesa y sobrevivirá a un naufragio que lo arrastrará hasta las lejanas costas de Buenos Aires. Allí va a purgar una condena de más de veinte años por el crimen de una prostituta polaca (que no cometió) y, ya en libertad, conocerá el tango, la ciudad de la belle epoque y el sonido del bandoneón. Los músicos que participaron de la obra, además de Samalea (batería, bandoneón, teclados, steel drum, etc.), fueron Daniel Melingo (bronces), Kabusacki (guitarras), Nirankar Singh Khalsa (instrumentos hindúes y del mundo musulmán) y, nada más y nada menos, Tony Levin en contrabajo.


Un disco para el asombro...

Imagínese un músico argentino, con una reconocida trayectoria dentro del rock y una sólida formación tanguera, deambulando con su bandoneón por un puerto de Marruecos y compartiendo experiencias (musicales y espirituales) con los transeúntes del lugar. Si la escena resulta en principio extraña, no menos extraordinario es “El jardín suspendido”, disco con el que Fernando Samalea (baterista y percusionista de Charly García e Illya Kuriaky & The Valderramas, por nombrar sólo algunas de sus incursiones en el rock) deslumbra como un versátil y talentosos compositor e instrumentista.
Grabado y concebido en Tánger (Marruecos), Madrid (España), Buenos Aires (Argentina) y Woodstock (Estados Unidos), este disco rompe con barreras espaciales, temporales y culturales que existen entre el mundo islámico y el nuestro. Con una sutil conjunción de música árabe y tango, Samalea hace que los lejanos y fascinantes ambientes norafricanos se acerquen a la porteña Buenos Aires, que lo ciudadano y lo étnico se unan a través de una experiencia musical de carácter inusual y majestuoso.
Pero Samalea no está solo en su aventura magrebí. Lo acompañan nada menos que Daniel Melingo (otro genio menospreciado que atravesó la barrera del under para darle al tango nuevos aires reos) y el talentoso Fernando Kabusacki, ideal para las ambientaciones oníricas que dominan el álbum. El toque hindú está a cargo de Nirankar Singh Khalsa, y la sorpresa en la alineación corre por cuenta de nada menos que Tony Levin, ex bajista de King Crimson, que hace un aporte de lujo con su contrabajo en “Mercader hierático”.
Además, este es un “disco-libro” que contiene más de 50 páginas escritas por el músico, donde la mixtura musical se extiende y complementa con lo literario. Un disco demasiado bueno como para que aún siga siendo desconocido por la mayoría de los coleccionistas y amantes de la experimentación.
Frontera Musical


Hay algunos casos en los cuales es absolutamente imposible separar la música de las palabras. Bien, éste es uno de ellos. Es absolutamente imprescindible para la comprensión integral de la obra conceptual “El Jardín Suspendido” de Fernando Samalea (Bandoneón, batería, percusiones e instrumentos orientales), leer previa o simultáneamente con la escucha, el cuento homónimo, compuesto por ocho relatos, inscriptos en el género “realismo mágico”, de enorme originalidad, fantasía, magia y belleza; adjunto en un libro incluido en la lujosa edición del CD, que además posee alegóricas ilustraciones de Nahuel Vecino en todas las tapas y contra tapas del pack.
Y El jardín suspendido, es la fantástica historia de un Rai de Bagdad de principios de siglo, el príncipe Dadhimed, y su increíble derrotero en la búsqueda de “otro plano de evolución” para así reunirse nuevamente con su amada Malika; pasando por insólitos acontecimientos y aventuras, pletóricas de ingenio (es genial la alegoría sobre la introducción del bandoneón en Bs. As. y su tratamiento en el relato), lo cual está perfectamente plasmado en la música.
La música, para nada fácil (es bueno advertirlo), no accesible tal vez en un comienzo, sino que es necesario degustar y macerar; es el feliz resultado de la fusión de aires urbanos, música árabe – oriental, de tango, de rock experimental, es una muy lograda propuesta, oscura, melancólica y de grave belleza; que consigue ser el fiel relato de las peripecias de Dadhimed
El reflejo de esa insólita fusión está claro desde el primer tema “Un Rai cae desde el puente de Soliman”, donde aires de tango quiebran en pasajes orientales que a su vez se entrelazan en partes experimentales, conformando un todo de gran belleza.
Sobresalen también, el rock experimental “Mercader hierático”, que cuenta con la participación del señor Tony Levin en contrabajo; o la oscura belleza de “Malika” (compuesta en colaboración con Kabusacki); o el intenso “La fatalidad de las leyes” con fondos de Kabusacki con sonidos soundscapes sobre los que se desplaza un climático bandoneón. Todo en el marco de una obra pareja y enigmática, donde todo tiene su porqué y su justo lugar, como el tango sampleado “Todo corazón” (Julio de Caro – 1924) incluido en “Transmutaciones”; hasta el melancólico y bello final, casi solo bandoneón de “Más allá del entendimiento humano”. (Insisto con la lectura del libro).
Participan junto a Samalea, además del mencionado Levin, nuestros conocidos Fernando Kabusacki en guitarras y procesos, Daniel Melingo en vientos; además del músico oriental Nirankar Singh Khansa en percusiones orientales, cerrandoasí esta obra concebida en Tanger(Marruecos), Madrid, Bs.As, y Woodstock (casi como un circulo musical y de influencias); que forma una perfecta parábola, difícil si, pero no menos bella, luego que uno logra penetrar la magia que se nos propone, en un ejercicio poco usual, de resultados encantadores para quienes están dispuestos a buscar un poco más allá.
Ortodoxos abstenerse.
Gustavo Bolasini


Buenos Aires, Woodstock, Madrid y Tánger. Las cuatro ciudades que Fernando Samalea incluyó en la hoja de ruta de la grabación de El Jardín Suspendido, el disco-cuento que el ex baterista de Clap, Fricción, Charly García e Illya Kuryaki acaba de editar en forma independiente como primera parte de un plan personal de fin de milenio, que rematará el año próximo cuando publique un segundo cd, ya bautizado Padre-Ritual. La obra sorprende primero por el formato (un relato al que cada capítulo le corresponde un tema), y después por el sonido: una combinación de tango y ritmos árabes en donde se superponen imágenes de los arrabales porteños con paisajes misteriosos del mundo islámico. “Después de tantos años en otros lugares de la música, necesitaba encontrar un lenguaje propio que venía postergando desde la adolescencia”, explica Samalea, 34 años. “Siempre fui muy viajero y me interesaron las culturas planetarias, pero a su vez tengo un instinto muy porteño y me identifico plenamente con el sonido de mi ciudad, las calles, los bares. Entonces pensé que podía plasmar en un solo disco todo lo que yo sentía por la música: el tango y ese clima de ensueño y fantasía del mundo islámico.”
Pero Samalea ya está embarcado en la grabación de un nuevo disco-cuento para el que eligió como compañeros de viaje al guitarrista Fernando Kabusacki (Los Gauchos Alemanes) y a Miguel García Moreno en los teclados. “Este es el mejor proyecto argento que hay, loco”, dice Miguel (21), con el timbre de voz y los gestos inequívocos de Papá Charly. “El más grosso a nivel musical, conceptual y a nivel calidad de gente. Yo no quiero saber nada de vicios, reviente ni violencia. Y aliarme con Samalea, que es un pan de dios, un tipo con unos conceptos re-pristinos, re-idealistas y renobles, es una oportunidad que yo no pensé que podía encontrar acá en la Argentina. Yo pensaba que lo que había acá eran drogas, rock y porquerías. Pero con este pibe estamos haciendo ... optimismo crítico. Totalmente año 2000, sano y positivista. Y eso es genial.” Cuando Miguel García ve venir la pregunta obligada y odiosa, resopla y se apura en contestar: “Mi familia no tiene nada que ver en esto. La familia es un living y un té, lo musical es otro espectro. Tampoco mi viejo inventó la música ¿no?”. Samalea dice: “Las ganas que tenía de que Miguel laburara conmigo son absolutamente independientes de todos los años que viví en la música con su papá. Lo conozco desde pequeño y sé que tiene un caudal artístico alucinante, no sólo en lo musical, sino también en el mundo de la computación. Me parece que en el 2000 los artistas van a ser mucho más integrales que en este siglo. Y yo creo que Miguel en los próximos años va a ser un artista múltiple”.
En un estudio de grabación de la calle Montevideo, las tres cabezas de Padre-Ritual se dedican a buscarle el sonido exacto a la criatura. Kabusacki y García están dosificando arreglos de guitarra y teclados sobre la base instrumental que registró Samalea con la colaboración de Dante Spinetta, Emmanuel Horvilleur, María Gabriela Epumer y el percusionista carioca Ramiro Musotto. Es como si de pronto media docena de ritmos hubiese tomado por asalto el lugar y estuviera celebrando una orgía fantástica. “Es que en esencia, toda la música está conectada: el rock, el tango, el blues o la música folklórica africana”, apunta a propósito de la promiscuidad rítmica Kabusacki, que está por viajar a Europa para tocar con los Gauchos Alemanes y asistir en un curso a Robert Fripp.
Sobre el nuevo proyecto, Samalea apunta que “narra, a grandes rasgos, la historia de un adolescente que decide tomar el camino inverso a todas las imposiciones sociales. Transcurre en la Buenos Aires de los años treinta, donde el pibe participa en grupos anarquistas, es encarcelado, y finalmente decide emprender un viaje en moto por Latinoamérica para encontrar a un tío que no conoce y que le va a revelar un montón de cosas con respecto al nacimiento de su padre”. La historia continúa. En Perú, el muchacho da con el hombre, un descendiente del escritor unitario Florencio Varela que se pasa la vida en fumaderos de opio. El viaje sigue su curso yel climax encuentra al protagonista en el corazón del Mato Grosso uniéndose a los Xavantes, una tribu guerrera que habita en medio de la selva. Guau. “Es como el camino inverso a lo que socialmente se supone”, dice el autor. “Es como ir hacia las fuentes más primitivas de la expresión humana y, a la manera de Joseph Conrad, entrar en las junglas de la mente.”
-Y musicalmente ¿de qué se trata?
-Yo siento este disco un poco como mi despedida del siglo veinte. Tengo una inquietud muy grande por lo que van a ser los sonidos y las disciplinas artísticas en los años cero. En este disco me doy el gusto de incorporar todas las músicas: desde las más tecnológicas, como el trance o el ambiente, el drum’n’bass, el tecno europeo, hasta los sonidos de los años veinte: un violín, un piano acústico, un bandoneón. Es una forma de despedida y por eso será editado en 1999.
Pablo Plotkin


"Este disco es como recuperar los sueños de la adolescencia. Es el inicio de un camino artístico que quiero llevar hasta las ultimas consecuencias", sostiene Fernando Samalea. Llevar hasta las ultimas consecuencias para el músico, que pasa de baterista a bandoneonista según el proyecto en el que esté embarcado, es editar un disco de forma independiente. Hacer sus primeros ensayos en la escritura. Trasladar la esencia de las propias ficciones que escribe a una banda sonora con imágenes, como un corto incidental.Y, a la vez, seguir el consejo que sus padres le escribieron cuando le regalaron el libro de "Las mil y una noches": " Para que no pierdas la fantasía ".
Samalea habla de su último trabajo "El jardín suspendido", que salió en una lujosa edición de 60 páginas. Un disco-cuento, como le gusta llamarlo, donde exhibe su capacidad para correrse de los estereotipos musicales. Samalea se hace cargo del bandoneón, la única referencia porteña, glockenspiel, darbouka egipcia, balafón, tam tam marroquí. Mientras que en contrabajo aparece Tony Levin (King Crimson), Nirankar Singh Khalsa toca tabla hindú y flautas, Daniel Melingo, clarinete, y Fernando Kabusacki, las guitarras.
"El disco son 8 historias y 8 temas, que giran alrededor de una versión ficcionada de cómo llegó el bandoneón a nuestro país. Es una hipótesis, dentro del género fantástico, pero que me obligó a hacer una investigación sobre nuestra ciudad en los 30, donde sitúo la historia. A la vez influyeron esos viajes que hice a una ciudad tan misteriosa como Marruecos, que me llenó de información y otras creencias, que después terminé incluyendo en esta mezcla de culturas que están en el disco. Enfrentar dos mundos tan distintos como Marruecos y Buenos Aires."
Pero tampoco puede evitar dejar de pensar en el nuevo proyecto que está concluyendo junto a Miguel García, en teclados y arreglos, y Fernando Kabusacki, discípulo de Robert Fripp, de King Crimson. "Va a ser como una despedida musical simbólica del siglo. Muy tecnológico, pero a la vez tendrá una cosa muy tribal y primitiva", cuenta, desde su oficio de narrador musical.
"El próximo proyecto es "Padre-ritual" un cuento, disco, CD-ROM que girará alrededor de la historia de un joven porteño de los 30, que es anarquista y tiene la idea de un mundo mejor y que decide buscar sus orígenes familiares. Y encuentra a un tío que tiene un fumadero de opio en el Mato Grosso, se queda allí por un tiempo y se mimetiza con las costumbres de una tribu aborigen", adelanta en una breve sinopsis del futuro trabajo. Samalea dejó en las manos del joven heredero los comandos musicales del grupo. "No se trata de que sea hijo de Charly. Quiero que no le tiren ese peso encima. El es un gran músico con muchas ideas. Es un tipo que va a dar mucho que hablar", argumenta ante la nueva inclusión.
Cada vez está más empeñado en sacarle el jugo al sonido del fueye sin la necesidad de hacer tango, más allá de su pasión casi de coleccionista por la música de Buenos Aires. "Asumo que podía componer tangos al usar un instrumento como el bandoneón, pero prefiero aplicar su sonido desde un lugar musical que se abra a la diversidad planetaria."
Gabriel Plaza


Y ya saben, otro disco descatalogado que está en Biblioteca Sonora Cabezona... Imagino que no se lo van a perder...



2 comentarios:

  1. Que ganas de escuchar este disco, pero no se donde esta la descarga

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