
Seguimos con algo de lo mejor que nos dejó Perú en materia de rock, y dentro de ello culminamos con el último disco que vamos a publicar de Leusemia, algo de punk con tendencias progresivas para que vean que este espacio es bien ecléctico. Este es un icónico álbum en vivo grabado el 18 de marzo de 2006 en el Vértice del Museo de la Nación (Lima) durante la octava edición del festival Rock en el Parque VIII, este registro histórico fusiona punk, rock & roll y rock progresivo con la participación especial del trío de vientos Color Madera. Así que podrás escuchar a uno de los grupos de rock más influyentes de la historia del Perú, en un registro en vivo a toda garra punk junto con teclados y ensamble de vientos...
Artista: Leusemia
Álbum: Rock en el Parque
Año: 2006
Género: Punk
Duración: 28:58
Nacionalidad: Perú
Año: 2006
Género: Punk
Duración: 28:58
Nacionalidad: Perú
Ya presentamos a los Leusemia en ese disco punk sinfónico que es "Hospicios". Este es un disco donde tocan canciones de su más clásico estilo como las canciones del album "Yasijah" como lo son "La Danza de las Animas Transgresoras" y "Kuando la Dignidad Murió en su Intento Por Amar". También tocan un tema del citado álbum "Hospicios", una canción de antaño ("Diarrea"), un cover de Rafo Raez ("Los Regalos del Viento") y los demás del repertorio clásico del grupo punk más importante de la historia del punk peruano.
Es de destacar que, aunque de neto corte punk, la banda siempre tuvo alguna veta experimental, debido a que su líder, Daniel F, es un declarado "proghead" de los primeros tiempos. Ello quedó en evidencia en el disco "Hospicios" donde se adentran en el género sinfónico de cabeza, pero sin perder su esencia punk, y dando un sacudón a la prensa especializada y a sus propios fans al mezclar ambos estilos de una manera tan pronunciada.
Posteriormente, el inquieto Daniel F también entraría dentro de los terrenos del cantautor (según sus propios esquemas, por supuesto) desestructurando aún más el concepto que todos tenían de lo que podía llegar a hacer (y ser) el líder de una banda punk, y de las bandas punks callejeras, no estamos hablando ni de Green Day ni de The Offspring, sino de una punk salida de los suburbios.
Es de destacar que, aunque de neto corte punk, la banda siempre tuvo alguna veta experimental, debido a que su líder, Daniel F, es un declarado "proghead" de los primeros tiempos. Ello quedó en evidencia en el disco "Hospicios" donde se adentran en el género sinfónico de cabeza, pero sin perder su esencia punk, y dando un sacudón a la prensa especializada y a sus propios fans al mezclar ambos estilos de una manera tan pronunciada.
Sus influencias son tan diversas como The Ramones y Pink Floyd. (...) El grupo ha tenido varias formaciones debido a la constante introducción y mejora de diferentes instrumentos en la senda de su avance hacia la música progresiva.Wikipedia
Posteriormente, el inquieto Daniel F también entraría dentro de los terrenos del cantautor (según sus propios esquemas, por supuesto) desestructurando aún más el concepto que todos tenían de lo que podía llegar a hacer (y ser) el líder de una banda punk, y de las bandas punks callejeras, no estamos hablando ni de Green Day ni de The Offspring, sino de una punk salida de los suburbios.
Leusemia en el Rock en el parque VIII es un disco del grupo musical peruano Leusemia grabado durante su presentación en la octava edición del festival más importante de la escena independiente peruana el "Rock en el parque 8" (REEP 8). Tuvo como invitados al trío de vientos Color Madera integrado por Javier Núñez, Aníbal "Lito Santos". y Omar Garaycochea.Wikipedia
Y por último, para desburrarnos en referencia a la historia de la banda, vamos con una reconstrucción completa de su trayectoria, como para terminar como corresponde nuestra leve visión del camino de esta notable banda...
Por las sendas de Leusemia
Cuando se intenta reconstruir la historia de un grupo que ha marcado profundamente a dos —y hasta tres— generaciones, y que ha significado tanto para miles de personas a lo largo de más de dos décadas (los años 80, 90 y 2000), el primer impulso es volver al origen de todo: entender cómo empezó la historia.
Cuando se intenta reconstruir la historia de un grupo que ha marcado profundamente a dos —y hasta tres— generaciones, y que ha significado tanto para miles de personas a lo largo de más de dos décadas (los años 80, 90 y 2000), el primer impulso es volver al origen de todo: entender cómo empezó la historia.
Para
encontrar el hilo conductor y darle coherencia al nacimiento,
desarrollo y posterior consolidación de una banda como Leusemia, es
necesario remontarse, casi inevitablemente, a los primeros años de la
década de 1970. Allí, en ese contexto formativo, hay que escudriñar
también en la vida de los dos hermanos que han sido la base única e
invariable del grupo a lo largo del tiempo: Kimba Vilis y Daniel F.
En
ellos no solo se encuentra el germen musical de Leusemia, sino también
la sensibilidad, las inquietudes y la actitud que terminarían dando
forma a una de las propuestas más influyentes y persistentes del rock
peruano.
Pues
bien, ambos nacieron y se criaron en Lima. Sus vidas transcurrieron
entre los balcones y edificios de la Unidad Vecinal N.° 3, ubicada en el
Cercado de Lima, muy cerca de otras Unidades Vecinales emblemáticas,
como Mirones o las del Callao.
En
ese entorno urbano comenzaron a forjar su educación musical, devorando
—casi sin filtro— todos los discos que pasaban por su casa: The Hollies,
The Beatles, The Rolling Stones; luego Woodstock, Led Zeppelin, Deep
Purple, Uriah Heep, Black Sabbath, Slade, Alice Cooper; pero, sobre
todo, Pink Floyd, Emerson, Lake & Palmer, Roxy Music y T. Rex.
Más
adelante se zambullirían en Sham 69, Sex Pistols y Elvis Costello,
ampliando aún más su espectro sonoro. Lo asimilaban todo: desde Gary
Glitter hasta la Misa en si menor de Johann Sebastian Bach, sin
prejuicios ni compartimentos estancos.
Clasemedieros
y poco dados a las exigencias del colegio, los hermanos optaron por
resolver la vida a su manera: hacer lo que más les gustaba, rock and
roll.
Sin
preparación académica ni ayuda externa, comenzaron a componer sus
primeras canciones a mediados de la década de 1970. Rock pesado, blues, o
la emulación directa del rock’n roll tal como lo practicaban sus
maestros —los frenéticos Status Quo— marcaban esas primeras incursiones
creativas.
Con
pocas alternativas a la vista, sus días transcurrían en un interminable
ir y venir de ensayos y “huevéos”. Pero las canciones ya se
amontonaban. Necesitaban ser tocadas en vivo, enfrentarse al público y
demostrarse a sí mismos que iban por el camino correcto.
Hacia
finales de los años 70, Daniel F. comenzaría a perderse en aquellas
ruidosas sesiones de rock en vivo que tenían lugar en locales como el
Cecil Club o el Tommy Club Bar. Esa experiencia sería decisiva: allí se
afianzó en él la convicción de que debía formar, cuanto antes, una banda
de rock’n roll.
En
1980 y 1981, el rock volvió a ser tomado por gente que realmente amaba
la música. Fue entonces cuando comenzaron a surgir nombres fundamentales
de la escena local como Kotosh, Abiosis, Soljani, Madrigal, Temporal,
Del Pueblo, entre otros.
Para
1983, Leusemia terminaría de convertirse en una realidad concreta con
la aparición de Leo Escoria (Leopoldo La Rosa, hijo de un reconocido
director de la Orquesta Sinfónica), quien acabaría uniéndose a los
desequilibrados hermanos.
Leo
—por su costumbre de llevar siempre el cabello erizado, las chamarras
con incrustaciones de metal, cadenas y demás parafernalia— terminó de
darle al grupo una imagen claramente punk, con la salvedad de que
Leusemia nunca fue una banda punk.
Comenzaron los ensayos, aparecieron las canciones —todas de autoría propia— y el grupo, finalmente, se lanzó al ruedo.
En
agosto de 1983, Leusemia —con Daniel F. en guitarra y voz, Leo Escoria
en el bajo y Kimba Vilis en la batería— ofreció su primera presentación
pública en un local llamado La Caverna (paradójicamente, como los
Beatles), ubicado en el jirón Moquegua, en pleno centro de Lima, al
costado del Tommy.
El
debut no pasó desapercibido. Tiraron abajo el local. Nadie podía creer
lo que estaba ocurriendo: estaban tocando canciones propias y, además,
en castellano. Algo prácticamente impensable en esos espacios. Y lo más
desconcertante de todo era que gustaban.
En
aquellos años, la norma era repetir “éxitos”: las diez primeras, los
grandes clásicos del ayer, fórmulas probadas y seguras. Nadie se atrevía
a presentar composiciones propias y menos aún a cantarlas en español.
Pero Leusemia lo hizo.
Hizo
lo que siempre ha hecho —y lo que sigue haciendo hasta hoy—: no dejarse
arrastrar por las modas ni componer canciones para buscar la aprobación
de la mayoría, sino tocar con absoluta fidelidad a sí mismos.
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| Leusemia 1983 |
Tras
aquel auspicioso debut, Leusemia volvió a presentarse en el mismo
local. Sin embargo, las “estrellas” del jirón Moquegua, el grupo de
covers Up Lapsus, terminaron por impedir que la banda siguiera tocando
allí. El motivo era claro: el temor a que su reinado quedara en el
pasado.
La
gente ya comenzaba a hablar —con insistencia— de una “nueva gran banda”
llamada Leusemia, y ese murmullo creciente resultaba demasiado incómodo
para quienes dominaban la escena del lugar.
Ante
este boicot —el primero de una serie que se repetiría hasta el
cansancio—, nuestros héroes no se amilanaron. Por el contrario,
decidieron ser más grandes que Up Lapsus (¿alguien se acuerda de ellos?,
¿alguien sabía siquiera que existieron y que solo provocaban risa y
pena al verlos copiar a Led Zeppelin o, en el colmo del ridículo,
disfrazarse como Kiss?).
Su
primera presentación fuera del ghetto la dieron en la Escuela Nacional
de Bellas Artes, en septiembre de 1983, compartiendo escenario con
bandas de peso como Abiosis, Cimiento y Temporal.
A
partir de allí, la historia de Leusemia dejó de ser una anécdota más
del circuito limeño para transformarse en la de esos pocos nombres que
logran traspasar las barreras de lo circunstancial. En la de aquellas
bandas que no solo sobreviven al tiempo, sino que generan movimientos,
abren grietas, descubren nuevos caminos y proponen otras maneras de
entender y vivir el fenómeno musical.
Durante
todo 1984, Leusemia se encargó de triturar oídos y sacudir mentes que
aún permanecían estancadas en las fórmulas gastadas del rock de la
época. Protagonizaron tocadas memorables en lugares como El Agustino,
Comas, el Rímac, entre otros barrios, hasta llegar incluso al corazón
del distrito de Miraflores: la Concha Acústica del Parque Salazar.
Allí
ofrecieron una de las presentaciones más recordadas por quienes, poco
tiempo después, terminarían formando las bandas subterráneas que
definirían una era. Integrantes de Narcosis, Conflicto Social, Eructo
Maldonado, Flema, SdeM, Excomulgados, Eutanasia, Radicales, QEPD
Carreño, Pánico, entre muchos otros, han señalado que ver a Leusemia en
ese escenario fue decisivo y les dio el empujón final para tomar la
decisión de formar una banda de rock.
En
aquella ocasión, a Leusemia les tocó enfrentarse a una sorpresa
ingrata: en los equipos de sonido se encontraba Pico Ego Aguirre, un ex
rockero de los años 60 que había declarado abiertamente la guerra a la
banda, calificándolos de simples “aprendices” que solo querían “joder”.
A
pesar del boicot —otro más en la ya larga lista—, el grupo convocó a
mucha más gente de la esperada y consiguió que aquel concierto,
realizado ante más de tres mil personas, valiera plenamente la pena y
quedara inscrito en la historia del rock peruano.
Para
1984, el panorama musical limeño ya se había transformado en un
verdadero hervidero de nuevas bandas: Silex, Fuga, Feiser, Clímax, entre
muchas otras. Leusemia, mientras tanto, seguía aferrada a su ideal de
echar abajo el sistema anterior, y su política de ataque frontal —verbal
y directo— contra los grupos comerciales terminó por convertirlos en
proscritos de la escena local.
Solo
unos pocos acogieron a Leusemia y a sus tácticas poco ortodoxas.
Fueron, principalmente, los primeros grupos que asumieron como bandera
el cantar en castellano —Abiosis, Soljani, Cimiento, Kotosh, Análisis,
Arteria, entre otros— quienes los respaldaron y los invitaron a
compartir escenario.
Paralelamente,
Leusemia comenzó a atraer a los adeptos de la línea más dura: punk
rockers, hardcores y subtes radicales. Sus conciertos se transformaron
en verdaderas batallas campales, no solo por la rudeza del público, sino
por la aparición del pogo, un baile que recién obtendría carta de
adopción oficial a inicios de 1985, durante el recordado “Festival Rock
en Río… Rímac.
Ante
tanto barullo, la prensa, los productores y los más atentos
observadores del fenómeno —sobre todo desde el ángulo comercial—
comenzaron a acercarse al grupo. Incluso el diario El Comercio hizo una
pausa en su línea habitual y le dedicó un amplio espacio a Leusemia,
bajo el título “Un fenómeno llamado Leusemia”.
La
aparición resultó, por decir lo menos, sorprendente, si se tiene en
cuenta que quienes solían ocupar las páginas del diario más leído del
país eran, por lo general, los artistas complacientes y de perfil
seguro. La nota dejó en claro que Leusemia no era una banda más, y que
poseía la personalidad y el carácter suficientes para hacerle frente a
todo lo adverso que pudiera presentarse en el ambiente del rock.
Pero
no todo quedó reducido a pequeñas notas o menciones aisladas en los
diarios. La revista Ave Rok, a través de Alfredo Rossel y Franklin
Jáuregui, estableció contacto con Leusemia, dando origen a una relación
que, si bien fue vista con recelo por algunos sectores, terminó
beneficiando a toda la naciente escena underground limeña, impulsándola
hacia niveles de exposición y alcance hasta entonces impensados.
La
industria puede destruir un ideal, pero también puede ser capaz de
diseminarlo, permitiendo que el mensaje deje de circular únicamente
entre unos cuantos privilegiados. Prueba de ello es que una revista tan
abiertamente mercantilista como Ave Rok terminó convirtiéndose —como
señaló el propio Daniel F— en un factor clave para que, en 1985, la
movida subterránea estallara de manera inédita en el país, ampliando sus
fronteras y redefiniendo su relación con los medios y el público.
A
mediados de 1984 se produce el ingreso de Raúl Montañez a la banda, un
guitarrista experimentado que, si bien aportó mayor fuerza y solidez
sonora al grupo, terminó limitándolo considerablemente en términos de
repertorio. Hasta entonces, uno de los principales atractivos de
Leusemia era su capacidad para interpretar numerosas canciones y de
estilos muy diversos en cada concierto.
Con
la incorporación de Montañez, la dinámica creativa se vio obligada a
desacelerarse y la banda dejó de producir material con la misma
intensidad. Como consecuencia, el repertorio leusémico quedó reducido a
un puñado de canciones, que se repetían una y otra vez en sus
presentaciones en vivo. Esta situación generó un desgaste interno que
derivó en una crisis profunda, una de las causas que terminaría
provocando la separación del grupo aproximadamente un año y medio
después.
Pero
aún quedaba 1985. Y 1985 fue el año de Leusemia, fue el año del rock
local y fue, sobre todo, el año de la consolidación de un movimiento
juvenil que adoptó el nombre de Rock Subterráneo.
Dentro
de esta movida —¿o habría que decir al frente de ella?— se encontraba
Leusemia, señalados por muchos como los padres de todo aquello, el
estandarte innegable de un movimiento que ya no estaba dispuesto a
aceptar que el rock fuera únicamente un divertimento sometido a los
estatutos convencionales de la música.
Para
1985, ya estaban en plena escena Zcuela Crrada, Narcosis (aparecidos en
1984), Autopsia, Flema, Pánico, Valium, Guerrilla Urbana, Sarita
Colonia y los Desgraciados, S.D.M., Excomulgados, entre muchos otros,
conformando un entramado de bandas que reivindicaban no solo al rock,
sino también a la vida misma.
El
rock subterráneo se encargó de poner en duda todos los preceptos que la
industria pretendía imponer como verdades incuestionables. Demostró que
no era necesario ser un gran instrumentista para tocar una guitarra, un
bajo o cualquier otro instrumento; que no hacía falta pasar por una
academia de música para crear canciones con sentido y urgencia.
Demostró,
además, que cualquiera podía cantar, pintar, escribir poesía, hacer
serigrafía, dedicarse a la fotografía o construir escenografías. En
suma, el “hazlo tú mismo” no era un eslogan vacío: en 1985 era una
realidad concreta.
En
ese contexto, las producciones musicales subterráneas comenzaron a
materializarse. Narcosis fue el primer grupo en editar un demo, titulado
Primera Dosis. Poco después, Leusemia, junto a Guerrilla Urbana,
Autopsia y Zcuela Crrada, lograron concretar un compilado bajo el título
Vol. 1. A estos esfuerzos seguirían nuevas grabaciones de Autopsia,
Flema y otras bandas, consolidando un circuito de producción
independiente que sentó las bases del rock underground peruano.
Toda
la tolvanera desatada en torno a Leusemia y al Rock Subterráneo provocó
que más de una empresa discográfica comenzara a fijar su atención en el
grupo. Sin embargo, fue la casa de discos El Virrey la que, durante la
segunda mitad de 1985, logró establecer un contacto realmente concreto.
El
Virrey fue la única disquera dispuesta a aceptar las condiciones
impuestas por la banda: instrumentos para la grabación —ya que el grupo
no contaba con ellos—, tiempo suficiente y ausencia de presiones para la
realización del disco, almuerzos cubiertos por la compañía e incluso
seguro médico. En suma, condiciones que difícilmente se habrían
concedido a un grupo desconocido, y que reflejan la magnitud del impacto
que Leusemia y el movimiento subterráneo habían alcanzado en ese
momento.
| Leusemia 1985 |
El
único que manifestó su desacuerdo con la realización del disco fue
Daniel F, quien adujo razones técnicas. Y no le faltaba razón: en el
país aún no existían las condiciones necesarias para capturar en estudio
el sonido que la banda deseaba plasmar en un álbum.
Aun
así, Daniel tuvo que aceptar la decisión de la mayoría, y el grupo
terminó grabando un disco cuyo valor más significativo radica, ante
todo, en su condición de documento histórico. Musicalmente, el resultado
no reflejaba en absoluto lo que Leusemia venía mostrando sobre el
escenario ni lo que los hermanos Valdivia desarrollaban en términos
creativos hasta ese momento.
Aquí
tienes el texto editado con criterio histórico, mejorando puntuación y
fluidez sin borrar la voz ni la intención original de Daniel F,
respetando su forma de expresión:
“Yo
sabía ke el disco no iba a salir bien. Y para colmo, el repertorio ke
se escogió no fue el más representativo de la banda, pues se incluyeron
canciones ke nunca habíamos tocado. Es más: había canciones ke ni
siquiera existían antes de entrar al estudio.
De
pronto, todos (Raúl, Leo, Kimba) tenían canciones ‘escondidas’, y todos
kerían un pedazo del vinil para ellos. Fue lo más tonto en materia de
producción.
Lo
poco bueno ke tuvo aquella aventura discográfica fue ke le demostramos a
muchas bandas cojudas —los copiadores, los comerciales, etc.— ke no
tuvimos ke hacer ningún tipo de concesión a nivel empresarial para
lograr ke nos editaran un disco. Fue nuestra pequeña gran venganza.” —
Daniel F
Este
testimonio resume con crudeza la tensión entre el espíritu subterráneo y
la lógica discográfica, y refuerza la idea del disco de Leusemia como
documento histórico antes que obra definitiva, así como un acto de
afirmación ideológica dentro del rock subterráneo peruano.
Aun
así, aquel disco, sin difusión ni propaganda alguna, se convirtió en
uno de los más vendidos de ese año. Sin embargo, todo ya estaba dicho.
Daniel F abandona Leusemia entre diciembre de 1985 y enero de 1986,
precisamente cuando el álbum figuraba entre los más solicitados y se
esperaba cualquier cosa del grupo, menos la separación.
Kimba
Vilis propuso continuar con el nombre y mantener activa la banda, pero
el intento resultó inviable. Leusemia no podía sobrevivir sin su
fundador. Finalmente, durante el verano de 1986, la banda se separó de
manera definitiva, cerrando uno de los capítulos más intensos,
influyentes y contradictorios del rock subterráneo peruano.
CARRERAS EN SOLITARIO
Si
bien nadie hizo de la música una “carrera” —aunque con facilidad
podrían haberlo hecho—, los destinos de los exintegrantes de Leusemia,
ya por caminos separados, fueron disímiles y en muchos casos inconexos.
Algunos lograron mantenerse apenas por una cuota de suerte (como en el
caso de Montañez), mientras que otros lo hicieron por méritos propios,
como Daniel F y Kimba Vilis.
A
continuación, se presenta de manera someramente descriptiva qué fue de
cada uno de ellos tras la primera separación de Leusemia, y cuáles
fueron los rumbos que tomaron luego de cerrarse aquel capítulo
fundacional del rock subterráneo peruano.
LEO ESCORIA
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Tras
su paso por Leusemia, Escoria emprendió un viaje a Europa,
específicamente a Gran Bretaña, motivado por razones sentimentales —ah,
el corazón—. Al no prosperar aquella historia, terminó trasladándose a
Italia, donde se estableció y comenzó a trabajar en el rubro de la
escenografía.
En
el plano musical, su actividad fue escasa. Hubo algunos intentos
esporádicos con una banda de orientación dark, pero no pasaron de
simples amagos. Nunca logró repetir, ni siquiera de manera aproximada,
los logros alcanzados en Lima durante su etapa con Leusemia.
De
su paso por la banda queda, sin embargo, un legado concreto y
perdurable: la autoría de dos canciones memorables, “Rata Sucia” y
“Decapitados”, ambas compuestas en 1984, piezas fundamentales dentro del
repertorio histórico de Leusemia.
RAUL MONTAÑEZ
Vivió
durante muchos años en el Rímac. Tras su paso por Leusemia, fundó la
banda La Resistencia, aunque el proyecto no tuvo mayor repercusión
dentro de la escena. Posteriormente, formó parte de diversas
agrupaciones del rock subterráneo, entre ellas Zcuela Crrada, Voz Propia
y Atake Frontal, consolidando su participación dentro del circuito
underground peruano.
KIMBA VILIS
Su
verdadero nombre es Gustavo Guillermo. Toca la batería porque nunca le
permitieron tocar la guitarra, aunque canta y compone su propio material
desde los 14 años. Sus primeras influencias fueron el rock
norteamericano, el pop inglés y, de manera determinante, su hermano
Daniel, de quien aprendió el arte de hacer canciones. Su grupo favorito
es Roxy Music.
De
los cuatro integrantes de Leusemia, fue el primero en utilizar el
nombre de la banda para alguna actividad, el primero en presentarse en
público —cuando aún estaba en el colegio— interpretando una canción de
Daniel titulada “Los Eventuales”, y, fiel a su carácter, siempre fue el
primero en hacer líos.
Tras
la primera separación de Leusemia, formó y participó en múltiples
proyectos, entre ellos Vilis & Los Yndeseables y La Banda de
Kadalzo, además de colaborar activamente con numerosas bandas del
circuito subterráneo, como Zcuela Crrada, Guerrilla Urbana, Flema,
Eutanasia, Empujón Brutal, Delirios Krónikos, entre muchas otras.
Su
obra más emblemática es el álbum Degollando, grabado con La Banda de
Kadalzo y editado en 1988. En esta producción toca guitarra y bajo,
además de cantar y ser autor de todo el material. El disco tiene,
además, la particularidad de contar con la participación del tecladista
Julio Romani, quien años más tarde se integraría a Leusemia.
En
años recientes, parte de su trabajo ha sido recopilado en el álbum
Kimba Vilis – Antología, editado por el sello GJ Records, reafirmando su
importancia dentro de la historia del rock subterráneo peruano.
Por
otro lado, una de las múltiples actividades del incansable Daniel F fue
la edición de fanzines —a los que él mismo denomina “paskines”—. En
1986 publicó Bloke Subsicótiko y, ya en los años noventa, editó el
notable zine Tarántula, considerado uno de los más lúcidos y radicales
de la escena subterránea.
Como
si ello no fuera suficiente, también publicó el libro Los Sumergidos
Pasos del Amor – El Escenario de las Ocasiones Perdidas, un documento
exhaustivo sobre el movimiento subterráneo limeño y el contexto
histórico y social en el que se gestó, convirtiéndose en una referencia
indispensable para comprender aquella etapa.
Tras
su salida de Leusemia, Daniel formó la banda punk–metal Frente Negro,
junto a Pedro Cornejo Guinassi, exintegrante de Guerrilla Urbana. Con
este proyecto grabaron algunos temas que fueron incluidos en el
compilado Vol. 2 (1986), que reunió a 13 bandas del circuito
subterráneo, entre ellas Radicales, Eructo Maldonado, Flema, Vilis y los
Yndeseables, Eutanasia, entre otras.
Posteriormente,
utilizando una serie de canciones que venía componiendo desde
1984–1985, Daniel editó una maqueta solista titulada Kúrsiles Romanzas,
una cinta centrada en temas de amor y desamor que dejó perplejo al
ambiente underground por su belleza y sensibilidad, sin perder la
intensidad y crudeza asociadas a su trabajo en Leusemia.
Más
adelante, ingresó a la banda Kaos, inicialmente de hardcore punk, que
con su incorporación evolucionó hacia un hardcore–metal más denso. Con
ellos grabó una maqueta y posteriormente editó un CD, ampliando aún más
su ya vasto legado dentro del rock subterráneo peruano.
No
conforme con este alud de producciones, Daniel F decidió apoyar a su
amigo Rafo Ráez —otro talento indiscutible— e integrarse a su banda, con
la que permaneció más de dos años. Durante ese periodo conoció a Lucho
Sanguinetti, quien más adelante se incorporaría a Leusemia.
Paralelamente,
Daniel cofundó la banda de hardcore–metal Dogma SS, con la que grabó
varios temas y ofreció presentaciones intensas y furibundas hasta 1995,
año en que volvió a tocar con Leusemia, marcando un nuevo capítulo en la
historia del grupo.
Leusemia regresa.
Recién
iniciado el año 1995, Kimba Vilis y Daniel F se reencontraron en el
Mamani’s Pub, una chingana ubicada en el jirón Quilca, en el centro de
Lima, espacio habitual de presentaciones y encuentros de quienes
integraban el circuito marginal de la época. Aquella noche coincidieron,
además, con la presencia de Raúl Montañez.
Tras
casi diez años, Daniel F y Raúl entablaron una larga conversación,
mientras los comentarios que circulaban entre la gente reunida apuntaban
a una sola idea: algo estaba por ocurrir. El ambiente, cargado de
expectativa, parecía anunciar un nuevo giro en una historia que muchos
creían definitivamente cerrada.
Esa
noche ya nadie recuerda con certeza quién tocó. Tal vez casi nadie lo
haga. Pero de lo que todos nos vamos a acordar es del momento en que
vimos a los tres ex-leusémicos juntos, en el espacio destinado a los
grupos —porque no había escenario—, colocándose frente a sus respectivos
instrumentos.
El
local, repleto, estalló. La gente se volvió loca. De pronto, César N.,
quien oficiaba de maestro de ceremonias aquella noche inolvidable, tomó
el micrófono y anunció, a voz en cuello y a los gritos, la presentación
de:
¡¡¡LEUSEMIA!!!
Nadie
podía creerlo. Estaban allí. Estaban tocando. Y sonaban como siempre
habían sonado: vitrólicos, sucios, brutalmente honestos.
Todo se vino abajo.
El pogo fue de antología.
Aquella noche memorable tocaron sus clásicas —“Un Lugar”, “Rata Sucia”, “Oirán tu Voz”, entre otras— durante casi media hora.
Fue más que suficiente.
Un poco más, y habría sido un asesinato masivo.
|
Luego
de aquel episodio, los integrantes de la banda propusieron el rearme.
Pero no para hacer revival, ni para complacer a los mitómanos, y mucho
menos para hacer dinero a expensas de la fama obtenida. Leusemia tenía
que volver, sí, pero para volver a ser: una banda que vive en el riesgo
permanente, en la contingencia, en la eterna beligerancia contra los
patrones formales de la música. Leusemia siempre ha sido un grupo que habita al borde —y a veces fuera— de los límites permitidos. Volver a tocar implicaba asumir nuevos retos, nuevos riesgos y nuevos peligros. ¿Podrían sobrevivir a su propio mito? ¿Saldrían airosos a pesar del peso de su leyenda? Ese era el verdadero riesgo: perder la aureola conquistada solo por el hecho de seguir en la brega, de no rendirse, de seguir rompiendo fronteras. LOS PRIMEROS CONCIERTOS... OTRA VEZ La
reaparición oficial se produjo en la Carpa Teatro del Puente Santa
Rosa, ante casi mil personas. A pesar de lo precario del equipo y de la
irregular organización del concierto, Leusemia cumplió largamente las
expectativas de todos los que asistimos a aquella jornada histórica. Y
lo hizo sin un solo aviso, sin un afiche en la calle que anunciara el
retorno de la banda más grande del rock subterráneo de los años ochenta:
todo fue, simplemente, pasarse la voz. El
recibimiento, la ovación de entrada y de salida, los bis de rigor… todo
conspiró para convertir aquella noche en un hecho inolvidable. El
regreso de Leusemia tuvo, además, un efecto inmediato: numerosas bandas
que permanecían inactivas hasta entonces volvieron a la escena,
mientras que otras —menos conocidas— encontraron un nuevo impulso para
intensificar su ataque sónico, reactivando con fuerza el circuito
subterráneo limeño. En
1995, la presencia de Leusemia en la esfera under limeña se materializó
con la edición de “A la Mierda lo Demás – Asesinando al Mito”, un CD de
doble duración (más de 70 minutos) que documentaba el regreso oficial
de la banda y, al mismo tiempo, cuestionaba su propia leyenda. A
mediados del año siguiente, Raúl Montañez abandona el grupo y es
reemplazado por Lucho Sanguinetti, joven pero ya veterano bajista del
circuito subterráneo limeño. Sanguinetti venía de liderar su propia
agrupación, Sor Obscena, y había pasado por diversos proyectos, entre
ellos la banda de Rafo Ráez. Con
esta nueva formación, Leusemia comienza a esculpir un sonido distinto,
el que terminaría por definir su identidad hasta la actualidad: una
suerte de sinfonismo garajero, o “punk sinfónico”, como algunos lo
denominaron. Poco después se suma el tecladista Julio Romaní, quien
terminaría de imprimirle al grupo una clara tónica progre-punk. El
resultado de esta etapa creativa fue “Moxón”, un CD doble —dos discos y
más de 120 minutos de música, ruido y experimentación— que terminó por
consolidar la propuesta sonora de la banda y confirmar que Leusemia no
solo había regresado, sino que estaba dispuesta a volver a tensar los
límites de su propio lenguaje. Los
puristas del punk rock —que ya venían escandalizados por las nuevas
fórmulas sonoras de la banda— terminaron por condenar definitivamente a
Leusemia tras la salida al mercado de “Moxón”. Frente a esas críticas,
Daniel F salió al paso con su habitual sorna y beligerancia: “A
todos esos cojudos ke pretenden manejar la vida de las personas, pues
me los paso por los huevos. Ke sigan comiendo caca y ke se jodan. Porke
la banda va a continuar su camino. Leusemia no ha regresado para
convertirse en un muestreo pétreo de canciones de tres tonos y nada más.
No somos una banda revival ke solo desea complacer a los puristas
tocando únicamente ‘hits’ de épocas pasadas. Nosotros somos una banda de
rock’n roll y, como tales, no nos interesan sus instituciones caducas,
ni sus postulados castrantes, ni sus dogmas dictatoriales. Bastantes
fascistas ya estamos aguantando diariamente —en el trabajo, en el
colegio, en los medios, en el gobierno— como para tener ke soportar,
además, a unos cuantos babosos neo-nazis ke pretenden decirle a la gente
lo ke DEBE y lo ke NO DEBE hacer; lo ke DEBEN y lo ke NO DEBEN oír,
cantar o soñar.”
Así es como Leusemia da inicio a su siguiente paso: “Yasijah”, una sinfonía punkeke que no hizo más que reafirmar su insistencia hacia un enunciado musical anti comercial y lleno de retos. “Yasijah es eso, justamente –dice Daniel F- : una especie de reto, un desafío. Pero también es una jactancia. Un alarde de nuestra libertad para hacer cualkier tipo de trabajo sonoro. Una libertad ke –por ello- no nos priva de hacer cualkier combinación insana y supuestamente peligrosa para la normal consecución del grupo. Si dijeron ke ‘Moxón’ era una locura, y ke nos llevaría a asesinar definitivamente al ‘mito’, Yasijah es, entonces, el deskicio final. Por eso pusimos en los interiores del disco ‘si no te gustó Moxón, pues ni te acerkes a Yasijah, pues te va a gustar menos y aburrir mucho más.... ¿Y saben una cosa? Me importa un pincho. Pues Leusemia jamás se ha guiado por lo ke pida la gente. Eso se lo dejamos a los sub-dotados, ke solo piensan en complacer a su público”. De la simpleza y frescura del “A la Mierda lo Demás” a la complejidad, de “Moxón”, y de ahí a la magnificencia de “Yasijah”. Un crecimiento producto de un innegable talento, una progresión en el orden sonoro que no admite ninguna sombra de sospecha. Pocas bandas, pocos músicos de aquellas horas tempranas de la década de los 80’s, han llegado a los 90’s y al siglo XXI, con tan intacto potencial, con sus fuerzas e ímpetus casi incólumes, como si el tiempo no hubiera pasado para ellos. La deriva progresiva (1998–1999) Hacia
finales de los años noventa, la vena creativa de Daniel F y su
declarada admiración por los clásicos del rock de los años setenta
condujeron a Leusemia hacia un terreno cada vez más cercano al rock
progresivo. En 1998 ya circulaban rumores sobre un nuevo trabajo del
grupo, cuyo título tentativo sería Mojón. El
álbum terminó publicándose como Moxón: el estokástiko viaje de Defekón I
a través de los tiempos, un disco doble que sorprendió —y desconcertó— a
parte de su público. Con canciones extensas, pasajes experimentales y
una exploración sonora poco habitual dentro del punk, el álbum fue
recibido con reservas por algunos seguidores, aunque también reafirmó la
voluntad del grupo de no repetir fórmulas. Lejos
de retroceder ante la posibilidad de perder público, en 1999 la banda
lanzó su cuarto álbum de estudio, Yasijah, un trabajo abiertamente
progresivo. Contra todo pronóstico, la propuesta atrajo a nuevos
oyentes, fascinados por la audacia del sonido y la amplitud musical del
grupo. Para este disco se incorporaron Aldo Toledo en los teclados y
Nilo Borges en el violín, ampliando de manera decisiva el espectro
sonoro de Leusemia. Los veinte años (2003–2004) En
2003, Leusemia celebró dos décadas de trayectoria. Como parte de esta
conmemoración, diversas bandas de la escena local participaron en el
álbum Tributo a Leusemia – 1983–2003, testimonio del impacto y la
influencia del grupo dentro del rock subterráneo peruano. Ese
mismo año se editó el recopilatorio 20 años sobre un sueño, cuya
portada rindió un homenaje explícito al clásico Sgt. Pepper’s Lonely
Hearts Club Band de The Beatles. Paralelamente, se publicó el registro
en vivo Leusemia en Cailloma, grabado en una tocada realizada en el
jirón Cailloma, emblemática zona del Centro de Lima asociada a la
marginalidad urbana, un entorno que reforzaba el espíritu crudo y
contestatario de la banda. Durante
2003, el programa Zona 103 organizó el festival “Nacional sale a la
calle”, en el que Leusemia compartió escenario con bandas como Rafo Ráez
& Los Paranoias, Masacre y Ni Voz Ni Voto, entre otras. Ese
año se incorporó Walter Peche en la primera guitarra, mientras Daniel F
asumía la voz principal y la segunda guitarra, marcando una nueva
configuración instrumental. En
2004, Luis “Lucho” Sanguinetti dejó la banda tras un episodio de alta
exposición mediática que generó una fuerte controversia pública. Su
lugar fue ocupado por Kike Altez, integrante de Histeria Kolectiva,
quien se integró a la formación en adelante. Hospicios y la etapa más progresiva (2004–2007) Sin
la participación de Nilo Borges en el violín —quien fallecería un año
después—, Leusemia lanzó en 2004 Hospicios: los últimos ciudadanos de la
séptima casa de la oscuridad, considerado su disco más progresivo y una
de las obras más ambiciosas de su carrera. Se trata de un álbum
conceptual centrado en la locura, desarrollado a través de atmósferas
densas, pasajes oscuros y una narrativa musical compleja. El
disco fue interpretado íntegramente por primera vez en el Teatro de la
Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y posteriormente presentado en
el Parque de la Exposición, con aforo completo. Además, fue difundido a
través de un canal de televisión por cable especializado en rock y
música alternativa. Posteriormente,
la banda editó el álbum acústico en vivo El ojo de las nebulosas,
seguido en 2006 por Leusemia en el Rock en el Parque VIII, registro que
incluyó también material audiovisual del concierto. En
octubre de 2007, tras el fallecimiento de Edwin Zcuela, exvocalista de
la banda amiga Zcuela Crrada, la formación del disco A la mierda lo
demás se reunió para una serie de presentaciones especiales, cargadas de
memoria y emotividad. Fallecimiento de Nilo Borges (2005) El
fallecimiento de Nilo Borges, a inicios de 2005, marcó profundamente la
historia de Leusemia. El músico cubano se había incorporado desde
Yasijah (1999) como violinista y arreglista de cuerdas, aportando una
dimensión sonora inédita al grupo. Participó
en uno de los primeros conciertos unplugged de la banda, realizado en
el CCPUCP, y en un concierto transmitido en vivo por radio dentro del
programa Zona 103, dirigido por Juan Carlos Guerrero, registro del cual
surgiría el disco Zona 103. Su legado permanece como uno de los aportes
más sofisticados y emotivos en la historia sonora de Leusemia. 25 años sobre un sueño (2008) El
18 de julio de 2008, Leusemia celebró sus 25 años de trayectoria con el
concierto “25 años sobre un sueño”, organizado por Imago Producciones y
Traumfabrik Producciones, en el anfiteatro del Parque de la Exposición. El
evento contó con la participación de Narcosis, La Sarita y Masacre, y
tuvo como momento central la reunión de los integrantes originales:
Daniel F, Kimba Vilis, Raúl Montañez y Leo Escoria, quien regresó desde
Europa tras más de 20 años. En octubre de 2008, Traumfabrik lanzó un
DVD-documental del concierto. Actualidad En
los últimos años, Leusemia ha consolidado un estatus de banda de culto
en el Perú. Sus letras, nacidas desde el ideario punk, dialogan hoy con
problemáticas sociales contemporáneas como el maltrato animal, la
violencia contra la mujer y diversas formas de exclusión. A
pesar de su origen subterráneo, la banda ha logrado convocar
multitudes, presentándose en festivales masivos y escenarios de gran
escala. En abril de 2009, compartió escenario con Kiss en el Estadio
Nacional, y en noviembre de 2010 participó en el Lima Hot Festival junto
a Smashing Pumpkins y Stereophonics. El
15 de enero de 2011, Leusemia interpretó Hospicios íntegramente en una
puesta escénica junto al colectivo Angeldemonio. Al final de la noche,
Daniel F, Raúl Montañez, Kike Altez y Peter Ballivian ejecutaron tres
temas adicionales. Actualmente,
la banda se presenta en formato de trío, apostando por un sonido
directo, crudo y visceral, fiel a su espíritu original. Discografía: |
Discos Oficiales
1985: Leusemia (El Virrey).
1995: A la mierda lo demás (Huasipungo Records).
1998: Moxón (Huasipungo Records).
1999: Yasijah (L-25 Producciones).
2000: Al final de la calle (L-25 Producciones).
2000: Leusemia (reedición, IEMPSA).
2004: Hospicios (L-25 Producciones).
1995: A la mierda lo demás (Huasipungo Records).
1998: Moxón (Huasipungo Records).
1999: Yasijah (L-25 Producciones).
2000: Al final de la calle (L-25 Producciones).
2000: Leusemia (reedición, IEMPSA).
2004: Hospicios (L-25 Producciones).
Recopilatorios
2003: 20 años sobre un sueño.
En vivo
1998: El infierno del némesis.
2000: Zona 103 - En vivo Radio Nacional.
2001: Canto enfermo - En vivo en el Cuzco.
2003: Leusemia en Cailloma.
2004 aprox.: Nacional sale a la calle (varios artistas).
2005: El ojo de las nebulosas.
2006: Leusemia en el Rock en el parque VIII.
Disco tributo
2003: Tributo a Leusemia - 1983-2003.
Filmografía
2008: La noche de los 25 años DVD.
1998: El infierno del némesis.
2000: Zona 103 - En vivo Radio Nacional.
2001: Canto enfermo - En vivo en el Cuzco.
2003: Leusemia en Cailloma.
2004 aprox.: Nacional sale a la calle (varios artistas).
2005: El ojo de las nebulosas.
2006: Leusemia en el Rock en el parque VIII.
Disco tributo
2003: Tributo a Leusemia - 1983-2003.
Filmografía
2008: La noche de los 25 años DVD.
La banda ha tenido diversas formaciones siendo las más importantes la primera, la segunda, la sexta y la octava.
Primera formación no oficial (1983)
Daniel F (voz y guitarra).
Kimba Vilis (batería).
Leo Scoria (bajo).
Primera formación no oficial (1983)
Daniel F (voz y guitarra).
Kimba Vilis (batería).
Leo Scoria (bajo).
Primera formación oficial (1983-1985)
Daniel F (voz y guitarra).
Kimba Vilis (batería).
Raúl Montañez (guitarra).
Leo Scoria (bajo).
Kimba Vilis (batería).
Raúl Montañez (guitarra).
Leo Scoria (bajo).
Segunda formación (1992-1995)
Daniel F (voz y guitarra).
Montaña (bajo).
Kimba Vilis (batería).
Daniel F (voz y guitarra).
Montaña (bajo).
Kimba Vilis (batería).
Tercera formación (1995-1996)
Daniel F (voz y guitarra).
Montaña (bajo).
Kimba Vilis (batería).
Daniel F (voz y guitarra).
Montaña (bajo).
Kimba Vilis (batería).
Cuarta formación (1996-1997)
Daniel F (voz y guitarra).
Luis Lucho Sanguinetti (bajo).
Kimba Vilis (batería).
Daniel F (voz y guitarra).
Luis Lucho Sanguinetti (bajo).
Kimba Vilis (batería).
Quinta formación (1997-1999)
Daniel F (voz y guitarra).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Julio Romani (teclados).
Kimba Vilis (batería).
Daniel F (voz y guitarra).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Julio Romani (teclados).
Kimba Vilis (batería).
Sexta formación (1999-2001)
Daniel F (voz y guitarra).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Aldo Toledo (teclados).
Nilo Borges (violín).
Kimba Vilis (batería).
Daniel F (voz y guitarra).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Aldo Toledo (teclados).
Nilo Borges (violín).
Kimba Vilis (batería).
Séptima formación (2001-2003)
Daniel F (voz y guitarra).
Kimba Vilis (coros y cantante alterno).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Aldo Toledo (teclados).
Nilo Borges (violín).
Adrián Arguedas (batería).
Daniel F (voz y guitarra).
Kimba Vilis (coros y cantante alterno).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Aldo Toledo (teclados).
Nilo Borges (violín).
Adrián Arguedas (batería).
Octava formación (2003-2008)
Daniel F (voz y segunda guitarra).
Kimba Vilis (coros y cantante alterno).
Walter Peche (primera guitarra).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Aldo Toledo (teclados).
Nilo Borges (violín).
Adrián Arguedas (batería).
Daniel F (voz y segunda guitarra).
Kimba Vilis (coros y cantante alterno).
Walter Peche (primera guitarra).
Lucho Sanguinetti (bajo).
Aldo Toledo (teclados).
Nilo Borges (violín).
Adrián Arguedas (batería).
Novena formación
Daniel F (voz y segunda guitarra).
Walter Peche (primera guitarra).
Kike Altez (bajo).
Dennis Carranza (teclados).
Jano Baquetín Anaya (batería).
Walter Peche (primera guitarra).
Kike Altez (bajo).
Dennis Carranza (teclados).
Jano Baquetín Anaya (batería).
Última formación
Daniel F (voz y segunda guitarra).
Raúl Montaña (bajo y guitarra).
Erick Saavedra (batería).
Johann Atencia Paredes (primera guitarra)
Raúl Montaña (bajo y guitarra).
Erick Saavedra (batería).
Johann Atencia Paredes (primera guitarra)
Lista de Temas:
1. Intro
2. La Danza De Las Animas Transgresoras
3. Kuando La Dignidad Murió En Su Intento Por Amar
4. Los Hombres Y Mujeres De La Plaza
5. Diarrea
6. El Asesino De La Ilusión
7. Al Colegio No Voy Más
8. Los Regalos Del Viento
9. Por La Senda Del Pastel
10. Demolición
1. Intro
2. La Danza De Las Animas Transgresoras
3. Kuando La Dignidad Murió En Su Intento Por Amar
4. Los Hombres Y Mujeres De La Plaza
5. Diarrea
6. El Asesino De La Ilusión
7. Al Colegio No Voy Más
8. Los Regalos Del Viento
9. Por La Senda Del Pastel
10. Demolición
Alineación:
- Daniel F / Guitarra y voz
- Kimba Vilis / Voz
- Adrian Arguedas / Batería, coros y accesorios
- Walter Peche / Guitarra y coros
- Kike Altez / Bajo y coros
- Aldo Toledo / Teclado y coros
Invitados:
Trío de vientos Color Madera / Javier Núñez, Aníbal "Lito Santos", Omar Garaycochea.
- Daniel F / Guitarra y voz
- Kimba Vilis / Voz
- Adrian Arguedas / Batería, coros y accesorios
- Walter Peche / Guitarra y coros
- Kike Altez / Bajo y coros
- Aldo Toledo / Teclado y coros
Invitados:
Trío de vientos Color Madera / Javier Núñez, Aníbal "Lito Santos", Omar Garaycochea.






Muchas gracias por este disco, excelente aporte. Una duda ¿no tendrás por ahí algún otro disco de Leusemia en vivo?, no necesariamente en Flac. De antemano gracias.
ResponderEliminarExcelente, gracias por la consideración, un saludo de mi parte.
Eliminar¡GRACIAS!
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