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Román Gil - Atom (2023)

Comenzamos la semana con otra gran sorpresa musical, uno de los grandes trabajos del 2023, que además viene de España y alberga grandes sorpresas como para ir descubríéndolas una a una. Y para presentarlo dejo unas palabras escritas por Javier De Diego Romero: "Un álbum que, entre muchas otras cosas, recoge lo mejor del rock progresivo (la ambición, la audacia, la destreza instrumental), al tiempo que deja de lado lo peor (la pretenciosidad, el virtuosismo). Bello, profundo, inquietante, enigmático, minucioso, lírico, popular, clásico, castellano, catalán. Enorme". Mientras que las siguientes palabras son de Jordi Bianciotto: "Ignorando deportivamente el mercado de tendencias opera, Román Gil, barcelonés que nos embarca en una peripecia vivencial a lomos de refinadas dinámicas orquestales (Lisa Bause, Brossa Quartet de Corda) y desvíos bucólicos, ecos del spaghetti western y el rock cósmico, guitarras free y canción burlesca con humor negro. El protagonista del relato perece de enfermedad terminal, pero Atom le sobrevivirá dejando un rastro de fascinante obra rara, más bella que pretenciosa". Atom es el universo particular hecho sonido de un extraordinario músico, y si querés saber más, entrá en el post, y para terminar de conocer la obra aprontate a escucharla... muy recomendada!

Artista: Román Gil
Álbum: ATOM
Año: 2023
Género: Progresivo Crossover
Duración: 40:13
Referencia: Discogs
Nacionalidad: España


Tercer disco de Román Gil, siete años componiendo y grabando su álbum mas ambicioso, que ahora presentamos en el blog cabeza. Siempre huyendo de lo convencional y simple, al menos en cuanto a armonía se refiere. 

"Hay discos y hay discos. Todos suenan y giran a la par que el reloj … pero solo unos pocos (privilegiados o malditos ) pasan de tiempos agujas y muestrarios".

Pedro Que Medices

“ATOM es un disco que me ha dejado tocado, con una profundidad de capas y una maestría compositiva fresquísimas y que se va a mi top de discos del año”.

Antonio Martin


Por suerte esta es una de esas obras que sin llegar a ser masivas ni mucho menos, hay un montón de gente que ha escrito sobre ella, así que vamos a presentar la obra desde la perspectiva de quienes la reseñaron...

Y de pronto, en recovecos a los que apenas tenemos acceso, surge la sorpresa. Incluso la conmoción. Y casi, casi, el milagro. Román Gil es un oscuro creador barcelonés, cosecha de 1972, del que apenas teníamos noticias y que además llevaba cerca de ocho años sin dar señales de vida discográficas (Miau!, tercera entrega tras Vía láctea y Ashes to ashes, se remontaba ya a 2015). Y en esas descubrimos este absorbente y fascinante ejercicio introspectivo, ATOM, que Gil ha estado grabando en su habitación de manera solitaria y artesanal durante todo este tiempo, interpretándolo casi todo por su cuenta aunque con la importante participación externa del Brossa Quartet de Corda para su formulación sonora final. No es un disco instantáneo o evidente, pero tampoco estrafalario. Y sí ciertamente fascinante.
¿Un álbum temático en torno a la enfermedad y la muerte? Sin duda sí, pero la negritud del final inexorable de nuestras existencias se aborda con la belleza, el lirismo y el sentido del humor como aliados. ATOM, la pieza titular, hace las veces de prólogo para crear expectación y enigma, un instrumental en torno al Brossa que amaga y no llega a dar, con la flagrante intención de picar nuestra curiosidad sin que se destapen todavía las cartas. Ese gran estallido se producirá con Hijo de la luz, con evidentes reminiscencias a King Crimson gracias a sus bandazos entre lo pastoral y la gloriosa épica guitarrera. Y la fantástica tripleta inicial, casi una especie de suite tácita, se cierra con Vida, otro instrumental que deja las manos libres al melotrón y el Rhodes, una apoteosis de la música sintetizada analógica y los sonidos del espacio a la manera en que se comprendían en la década de los setenta.
El tono en Mi padre, con guiños a Beethoven y Ravel, se torna tan solemne y trascendental (“La gran cuestión que siempre me he planteado: ¿en qué momento debe uno rendirse?”) que no le resultaría ajeno ni al mismísimo Camilo Sesto ni a su máximo valedor musical en los tiempos de Jesucristo Superstar, Teddy Bautista. Es otro ejemplo del impulso elevado y profundamente alérgico a la era digital que recorre todo el disco; tan ambicioso, con todo el merecimiento, como no recordábamos desde los trabajos más elaborados de Standstill. O, por retornar otra vez casi cinco décadas atrás, desde las digresiones más sinfónicas de La Romántica Banda Local.
Román acaba confesando por cuenta propia otras inspiraciones dispares para estos surcos, desde Wagner a Jimi Hendrix o Bowie, con escalas en Brian Wilson, Lluís Llach, Richard Rodgers, Lucio Battisti y hasta Jacques Brel. Algunas de estas trazas son difíciles de detectar, pero queda claro que Román Gil Romero piensa y apuesta a lo grande, sin restricciones ni apriorismos. Ahí están sorpresas intercaladas como El negoci, un festín mucho más cercano al synth pop en el que incluso parece latir el recuerdo de La estatua del jardín botánico. Y todo ello para desembocar en el llanto final de Cançó de comiat, expresión de la muerte del protagonista que toma fragmentos de los cortes anteriores hasta convertirlo todo en un collage glorioso, desquiciado y excitante. Qué bien que siga habiendo bichos raros dispuestos a no conformarse con las indicaciones básicas de los algoritmos.

Fernando Neira


Una pequeña obra maestra que no debería caer jamás en la categoría de lo oculto y debería saludarse como uno de los trabajos más interesantes aparecidos en los últimos tiempos, y si no me crees, mejor escuchalo...




Un par de comentarios más y lo que quedará para el final es que lo escuches completo, que para eso está esta presentación.

Tras sus primeros trabajos Vía Láctea (LP de 2007) y Miau! (EP de 2015), el vocalista y multiinstrumentista barcelonés Román Gil retorna a la acción musical con el que él mismo considera su álbum más ambicioso, titulado éste Atom (2023); en esta ocasión con el respaldo de la discográfica catalana Belamarh Records.
El rock progresivo, el pop de cámara, la música clásica o la chanson française son los géneros más predominantes en que aquí se mueve un Gil, al que le ha costado nada menos que 7 años preparar   esta tercera maniobra filarmónica suya. En consecuencia, los influjos de este intérprete noresteño van desde Pink Floyd, Yes, King Crimson o Genesis (todos ellos en su periodo entre 1969 y 1971) e incluso los andaluces Triana en su franja setentera, pasando por el decimonónico Richard Wagner, hasta arribar a ecos tan variopintos como Jacques Brel, Lluís Llach, Jimi Hendrix o David Bowie. Sin embargo, dicho amplísimo eclectismo musical no está reñido, ni mucho menos, con la conceptualidad temática sobre el ciclo vital que presenta el propio Atom.
Todo este acertado híbrido comienza, por lo tanto, a desplegarse a través del instrumental tema que titula el álbum, el cual resulta dramático, levemente inquietante, con algunas sostenidas pinceladas de spaguetti western de los 60 y que sirve como efectiva introducción en dirección hacia el segundo acto, es decir, una de las más sobresalientes canciones del LP como es la trovadoresca e invocadora “Hijo de la luz”, mayormente ésta con características de extenso prog-rock de elevada calidad. Continúan las grandilocuentes capas sinfónicas y orquestales por medio de la enigmática “Vida”, pareciendo ésta sacada de alguna película de tintes épicos. Se ha de aclarar que esta primera trilogía de cortes aventureros se acreditan los mismos como separados en el CD físico pero, en realidad, al escucharlos, dicho trío de piezas se entrelazan sin pausa, conformando así una “atómica” “suite” de 13 minutos de duración.
Por otro lado, durante la lírica, pomposa, potente y también algo afligida “Mi padre” aparece una magnífica y sedante guitarra “gilmouresca” por parte de Román Gil; aunque, por contra, los violines, por ejemplo, parece como si se fueran convirtiendo en frenéticos vientos a medida que avanza el tema.
Matizaremos que si la primera parte del disco fue titulada y pronunciada en castellano, para la segunda zona del cancionero será el idioma catalán el que protagonizará el minutaje que hoy nos ocupa.
Tras este trueque lingüistico comentado, tenemos luego el delicado y pulcro vals de “La capsa”  e irrumpe después, un sorpresivo y algo extraño pero, a la vez, muy bien ejecutado, ondulante y efervescente pop-funk bautizado como “El negoci”. El habilidoso camaleonismo del propio Román se halla refractado, también, a través de “La por”, con su caminar emotivo, austero, sosegado y que cuenta historias y moralejas sobre el miedo; donde también despunta la tersa, serena y sensible trompeta de Natsuko Sugao.
A primera vista no nos debe engañar el ritmo circense, alegre e informal de “Amic meu” porque la letra, realmente, habla de temas serios como la proximidad del óbito y se arroja cierto sarcasmo sobre la utilidad de llevar una vida sana. En otras palabras, en este punto concreto, la crudeza existencial es, a la vez, tomada con buen humor por parte de este músico de la Ciudad Condal.
Se remata la propuesta, de modo nuevamente virtuoso, con la fúnebre, tragiromántica y operesca “Cançó de comiat” que aunque supone un compendio estilístico y una síntesis melódica de toda la obra, dicha outro también posee su propio vigor, su profundidad y su personalidad sónica.
Agregaremos también que el extenso y ducho elenco de, nada menos que 18 colaboradoras y colaboradores como son el Brossa Quartet de Corda compuesto por Alex Puig (violín), Pere Bartolomé (violín), Imma Lluch (viola) y Marçal Ayats, (violoncelo); además de Alberto Montero (voz), Maya Fernández (flauta), Steve Munar (voz), Patricia Serrano (voz), Jordi Farreras (batería), Lisa Bause (violín), Gonzalo Fuster (voz) y demás personal de lujo, refuerzan y auxilian, impecablemente, las sofisticadas y perfeccionistas intenciones sonoras de Román Gil.
Un  relativamente sombrío trabajo este Atom que, indudablemente, no es de impacto directo pero que si se cocina a fuego lento en el oído, los melómanos irán degustando un menú realmente detallista, compacto, penetrante, de alta riqueza y encaminado hacia el más puro Arte armónico.

Txus Iglesias

 

Suceden muchas cosas cuando acabas de escuchar un disco con tanto bagaje emocional, que exige cierto esfuerzo al oyente en más de un tramo y lleno de recovecos e influencias difíciles de manejar al mismo tiempo. Sin embargo, sabes que al final, cuando el poso haga su función y mente y sentidos asimilen la información sonora en su justa medida, nada de lo escuchado habrá significado esfuerzo alguno, y en caso de que así hubiera sido, es tal la compensación que posarías de nuevo la aguja en el primer surco del vinilo asumiendo el divino riesgo de perderte para siempre en unas canciones dignas de agradecimiento. Amor y devoción lo llamamos algunos.
La cuidadísima edición que Discos Belamarh ha realizado en formato LP, CD incluido, de “ATOM”, la nueva grabación del enorme Román Gil significa, por un lado, el regreso a la actividad del músico catalán ocho años después de su última incursión sonora; por otro, la imperiosa necesidad de dar vía de expresión a un conjunto de canciones compuestas a fuego lento, tras un largo y no siempre indoloro parto y dotadas de una rotunda entidad propia. Un autor de perfil bajo, habitual en los créditos de discos de otros, amigos y satélites artísticos que ahora le devuelven favores (nombres como Steven Munar, Marc Tena, Jordi Farreras, Patricia Serrano, Gonzalo Fuster y otros del mismo nulo relumbrón están acreditados como parte integrante del equipo creativo) y multiplican el valor de un disco en el que el antiguo integrante de Parkinson DC y músico y productor de Alberto Montero, Rik Van Den Bosch o The Gurus se explaya sin mesura pero controlando la jugada en todo momento. O lo que es lo mismo, sabiendo en cada momento por dónde quiere encaminar sus pasos y cuál debe ser el ritmo a seguir en consecuencia. De ahí que se encomiende al Brossa Quartet de Corda para bordar las labores orquestales, básicas en la concepción y la intro comunal en forma de tríada, en la que el instrumental tema titular se funde con “Vida” e “Hijo de la luz”, una coda alargada y temática para dejar claro que los códigos del rock progresivo o la complejidad de la música de cámara se pueden convertir en maravillosas simplezas con las que expresar la cercanía, o mejor dicho, la conciencia absoluta de la muerte y el continuo desaliento de la finitud. Si en el inicio pensamos en King Crimson como guía, en la continuación olfateamos una importante colección de música clásica detrás de piezas como “Mi padre”, una suerte de suite íntima y minimalista establecida en clave de imperturbable sinfonismo. Claro que luego el espacio deriva a territorios negroides, casi tonteando con el funk, como sucede en “El negoci”, o se detiene a chapotear en charcos más hedonistas en la juguetona “Amic meu”, y existe un riesgo inminente de despiste.
Nada que temer. En un disco así de sobrado no hay casi límites para la creatividad ni líneas muertas de inspiración. El aroma a otro tiempo, a punto de claudicar pero infinitamente más bello que el que nos aguarda, sobrevuela acordes de música mediterránea y spaghetti western, efluvios de world music, militancia lingüística –catalán y castellano cohabitan casi al cincuenta por ciento- y alguna escala glam, todo bien asumido y enjugado en la impresionante “Cançó de comiat”, tal vez la culminación de las muchas virtudes ya evidenciadas en la apocalíptica trompeta de Natsuko Sugao, esqueleto de “La por”, o en ese vals inesperado y sublime de “La capsa”, después de un viaje por carreteras alternativas en las que escuchamos música incidental, pop decolorado y orquestaciones varias sin que el GPS mostrara el menor signo de saturación. Sí, pueden ocurrir muchas cosas tras un recorrido auditivo así de exhaustivo, pero una de las más importantes es precisamente el hecho de que dichas cosas existan, y de que haya mentes brillantes y manos capaces de llevarlas a cabo. Gracias a Román y a un disco de las características de “ATOM” somos conscientes de cuánto las necesitamos.

J.J. Caballero


Como les dije antes, esto está muy recomendado, y por eso comenzamos la semana con este trabajo.

Lo podés escuchar desde su espacio en Bandcamp:
https://roman.bandcamp.com/album/atom




Lista de Temas:
1. ATOM (including "ATOM", "Hijo de la Luz" and "Vida") (13:58)
2. Hijo de la Luz (06:27)
3. Vida (04:26)
4. Mi Padre (04:43)
5. La Capsa (02:03)
6. El Negoci (04:40)
7. La Por (05:19)
8. Amic Meu (02:57)
9. Cançó de Comiat (06:34)

Alineación:
- Román Gil Romero / guitars, synths, percussion, vocals
Guests & session musicians:
Jordi Farreras / drums, vocals
Brossa Quartet de Corda / strings
Lisa Bause / strings, vocals
Maya Fernández / flute
Natsuko Sugao / trumpet
Narcís Passolas / piano, vocals
Juanjo Fernández / piano
Alberto Pérez / piano, vocals
Marc Tena / piano, bass, drums, vocals
Patricia Serrano / vocals
Ricard Guasch / accordion, piano, rhodes
Alberto Montero / vocals
Gonzalo Fuster / vocals
Juanjo Onofre / vocals
Steven Munar / vocals



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