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miércoles, 13 de junio de 2018

Camel - Mirage (1974)

Y vamos con otro disco ue está dentro del top ten del rock progresivo clásico. Bello título para denominar a la ilusión óptica del espejismo. Promesas y esperanzas que se adivinan en la distancia y que, una vez cerca de ellas, se desvanecen por completo como una cruel broma del azar, una descripción que incluso podría aplicarse a la vida misma, Espejismo... ilusión... fantasmas guardianes de una realidad inalcanzable. Y sin embargo, gracias al divino regalo de la música, el universo a menudo nos permite entrar en contacto con aquello que parecía inimaginable a primera vista. Este es uno de los discos más importantes del grupo progresivo británico Camel, disco que incluía en su portada la imagen de la conocida y homónima marca de cigarrillos. Traído a estas páginas gracias a todo lo que se mueve en la lista de correo cabezona, donde alguien lo había pedido y el bueno del cabezón Benjamín B. lo trajo a la palestra. El disco del camello no podía faltar en el blog cabezón!

Artista: Camel
Álbum: Mirage
Año: 1974
Género: Rock progresivo
Nacionalidad: Inglaterra



Como decía Victor Hugo, la música, más que ningún otro arte, permite llegar allá donde las palabras pierden su sentido, adentrándonos en la dimensión de lo inmanente, de la imaginación, y en definitiva, acercándonos a ésos esquivos espejismos de lo que quizás sea una realidad más benevolente que ésta.
Producido por David Hithcock (colaborador de Caravan, Genesis, Marillion o Renaissance), en su escucha se aprecia la habilidad del grupo para la mixtura entre rock y elementos de jazz desde sus bases metidas en el sonido Canterbury, sumadas a un preciosismo melódico y gran emotividad en algunos pasajes, sobretodo relacionados con los solos del señor Latimer.

Mirage es el segundo álbum de estudio del grupo británico de rock progresivo Camel con nueva discográfica, el sello Deram perteneciente a Decca Records. Con el tiempo sería uno de los álbumes más añorados del grupo que llegó a editarse en una versión doble junto a su siguiente The Snow Goose.
(...) Andy Latimer y Peter Bardens sacaron lo mejor de sus habilidades compositivas. Musicalmente el disco es un gran paso con respecto al primer álbum. La banda grabó cinco canciones con unos cambios de ritmos y melodías que marcaran el sonido del grupo en el futuro; dos de esos temas de más de 9 minutos, canciones de varias partes: "Lady Fantasy" y "Nimrodel / La Procesión / The White Rider", siendo esta última sobre El Señor de los Anillos. Además, aparece por primera vez Latimer a la flauta.
Lanzando en Inglaterra el 1 de marzo de 1974, no hubo single de promoción, ni tampoco entró en las listas inglesas, pero la respuesta de los medios de comunicación en general con el disco acabado era muy prometedora. La prestigiosa revista Sounds fue una de las primeras en alabar el trabajo y Andy Ward y Doug Ferguson fueron descritos como una máquina bien engrasada. Aún más lejos fue la revista musical Beat que declaro a Mirage como Álbum del Mes , y finalmente llegó la sorpresa cuando el disco entró en losTop 200 de Billboard en el puesto 149 y permaneció visible durante nada menos que 13 semanas. Hoy, Mirage es considerado como uno de los discos imprescindibles dentro del Rock Progresivo de todos los tiempos ocupando el puesto 21 de la lista de los 50 Álbumes Imprescindibles del Rock Progresivo por la revista Rolling Stone.
Wikipedia

Un disco donde la sobria y elegante superposición de elementos musicales se va sucediendo pero sin el más leve indicio de discordancia, ya desde el primer tema, este es un espejismo nítido y cristalino, tan frágil y etéreo como su famosa postada (a propósito, en EEUU la tuvieron que cambiar por derechos de autor de la firma tabacalera Camel). Eso es como nota al margen, pero como siempre, lo que vale, es la música. Y aquí hay de la buena!




Sobre los temas que pueblan este disco, tenemos el sonido Canterbury apreciable en "Free Fall" y "Earthrise", "Supertwister" es un bello corte de imaginería medieval dedicado a la banda holandesa Supersister. La pieza está compuesta por el teclista Peter Bardens, uno de los pilares del sonido de Camel en su careo sónico con la guitarra de Andy Latimer. El tema instrumental cuenta con una fascinante flauta de Latimer y diversos cambios de tempo que plasman la capacidad como instrumentistas de los diferentes componentes de la banda.
Andrew Latimer no tendrá el carisma y los atrezos de lunático medieval de Ian Anderson, o la sobria perfección de David Gilmour a la guitarra, pero nadie en su sano juicio debería poner en duda el talento de este hombre. Como Robert Fripp, Latimer es otro erudito, otro profeta silencioso que es capaz de erizarnos el pelo de la nuca sólo con entonar una mísera nota en su instrumento. Y ya sólo con la breve instrumental "Supertwister" debería bastarnos para postrarnos de rodillas ante la magnificencia de este prodigioso cuarteto que se acerca, en muchos momentos, a la vanguardia estilística del jazz-fusión en sinfonías como "Earthrise" y las respectivas suites.
La influencia del mundo de Tolkien se aprecia en la suite "Nimropel / The Procession / The White Rider". Escrita por Latimer, se desarrolla con sublimes pasajes (la evocación de la procesión con una maravillosa interpretación de Latimer es admirable), en especial "The White Rider", pieza que cuenta una historia de bella instrumentación y melodía narrada por la delicada voz de Andy. La otra suite, "Lady Fantasy", es uno de los momentos interesantes de este disco con una interacción musical soberbia, diversidad rítmica, grandes momentos melódicos, intensos riffs.



Quisiera entra en más detalles, y poder describir al lector la grandiosidad de este mundo sonoro, pero es mejor que el lector lo experimente por sí sólo. Y ésto no lo puedo especificarlo suficientemente: que, por favor, se preste a escuchar sin miedo lo que aquí se contiene. Que escuche la voz del universo de la mano de éstos profetas y que nunca jamás desoiga las revelaciones que tienen que ofrecerle...
Pero vamos con algunos comentarios que ofrecen otro punto de vista de esta obra tan ilusoria, etérea y al mismo tiempo tan real.

La música expresa aquello que no puede ser expresado en palabras y aquello que no puede permanecer en silencio (Víctor Hugo)
Como hago siempre que tengo que sentarme a escribir sobre música o un disco en concreto, tengo que acudir a buscar entre mi vieja estantería de discos de la buhardilla. Muchas veces, cuando me encuentro delante de la estantería, mientras contemplo todas ésas fundas de cartón y de plástico, apretadas unas contra otras, vetustas y amarillas, me preguntó: "¿qué dirían todos estos discos si pudieran hablar?". Y que me perdone el lector si ésto suena como un desvarío senil pero, para mí, la pregunta no está carente de sentido. Puedo olvidarme de cumpleaños, de citas importantes, e incluso de pagar la renta, pero jamás me he olvidado de cómo un disco acabó en mis manos. Ése disco que te dejó un conocido al que nunca has vuelto a ver y te agenciaste para tí, ése otro de Otis Redding que utilizabas para intentar conquistar el corazón de una dama; o mejor aún, el primero de todos, el compañero más viejo y fiel, que te abrió un horizonte celestial en medio de este mundo terrenal de incertidumbre y miserias. Por ello, ¿qué historias podían contar si éstos inefables compañeros se decidieran a hablar?
Mirage. Bella palabra inglesa para denominar a la ilusión óptica del espejismo. Promesas y esperanzas que se adivinan en la distancia y que, una vez cerca de ellas, se desvanecen por completo como una cruel broma del azar. Una descripción que incluso podría aplicarse a la vida misma, ¿no creen? Espejismo. Ilusión. Fantasmas guardianes de una realidad inalcanzable. Y sin embargo, gracias al divino regalo de la música, el universo a menudo nos permite entrar en contacto con aquello que parecía inimaginable a primera vista. Como decía Victor Hugo en la cita de arriba, la música, más que ningún otro arte, permite llegar allá donde las palabras pierden su sentido. Adentrándonos en la dimensión de lo inmanente, de la imaginación, y en definitiva, acercándonos a ésos esquivos espejismos de lo que quizás sea una realidad más benevolente que ésta.
Y pocas agrupaciones musicales representan mejor la transición hacia esta dimensión armoniosa que la de los británicos Camel. Formados en 1971 en el seno londinense de la vieja Britania, el caso de Camel puede que sea una de las injusticias más graves de toda la historia de la música. Compañeros y contemporáneos de auténticos reyes del prog, alcanzaron el cielo en los tempranos setenta de la mano de auténticas obras maestras como la adaptación del conmovedor relato del cisne blanco de Paul Gallico o el autobiográfico Moonmadness. Dos discos que, a día de hoy, son los dos ejemplos más bellos - junto a The Court of the Crimson King - de lo que los expertos señalan como rock sinfónico. Término que apuntaba la fusión de dos mundos por entonces separados: el clasicismo elitista y la música popular, en perfecta armonía, para la posteridad.
Tras un debut que pasó bastante desapercibido, Mirage asentó a los caballeros del flautista Latimer como una de las bandas más prometedoras del nuevo horizonte del prog británico. Plenamente asentados en el estilo Canterbury popularizado por Caravan, Mirage nos muestra a una banda en plena efervescencia y furor creativo. Como un espejismo, el disco está plagado de una atmósfera misteriosa y cálida. Voces apagadas y calmadas, extensos y melódicos pasajes dialogantes de mellotrón y teclados, y en definitiva, una niebla sensual y mágica que te eleva hasta dimensiones prohibidas. De la misma forma que sucede con discos como Tales from Topographic Oceans, Mirage es un disco esencial, no para cualquier melómano, sino para cualquier ser humano que quiera tener en sus manos un pedazo de un universo prohibido e indescriptible en su propio hogar. Desde el inicio con las seductivas sirenas de 'Freefall' hasta el magnum opus de la suite 'Lady Fantasy' el disco es un derroche de imaginería musical. Cautivadora, mesmerizante, y para qué nos vamos engañar, sumamente perfecta. No cabe vuelta de hoja. Abusamos mucho de éste adjetivo, pero es que es totalmente cierto en este caso. Mirage es un álbum que define en sí mismo la perfección absoluta. Es la quinta esencia del género más noble y estilizado del mundo del rock. Incluso unos absolutos genios como Pink Floyd, válgame el atrevimiento, palidecen ante la inmensidad de éstos cruzados en camello.
Andrew Latimer no tendrá el carisma y los atrezos de lunático medieval de Ian Anderson, o la sobria perfección de David Gilmour a la guitarra, pero nadie en su sano juicio debería poner en duda el talento de este hombre. Como Robert Fripp, Latimer es otro erudito, otro profeta silencioso que es capaz de erizarnos el pelo de la nuca sólo con entonar una mísera nota en su instrumento. Y ya sólo con la breve instrumental 'Supertwister' debería bastarnos para postrarnos de rodillas ante la magnificencia de este prodigioso cuarteto que se acerca, en muchos momentos, a la vanguardia estilística del jazz-fusión en sinfonías como 'Earthrise' y las respectivas suites.
Quisiera entra en más detalles, y poder describir al lector la grandiosidad de este mundo sonoro, pero es mejor que el lector lo experimente por sí sólo. Y ésto no lo puedo especificarlo suficientemente: que, por favor, se preste a escuchar sin miedo lo que aquí se contiene. Que escuche la voz del universo de la mano de éstos profetas y que nunca jamás desoiga las revelaciones que tienen que ofrecerle...
... Al fin y al cabo, ésto no es más que un texto inerte lleno de palabras insulsas y vacías. Pero la música, ¡ah! Éso es algo completamente distinto, estimado lector. La música nos lleva mucho más allá...
Garfunkel


Y hace tiempo que no traemos un comentario de nuestro infaltable eterno columnista involuntario de siempre... para que vea que no nos olvidamos de él.

Tras un más que prometedor álbum debut en el que las performances resultaban usualmente más sólidas que las ideas musicales mismas, CAMEL logró crear con "Mirage" la primera de obras maestras del género progresivo que habrán de formar parte del currículum por el cual son tan admirados como uno de los grupos clave del progresivo sinfónico. Este álbum contiene todas las cualidades que un fan rigurosos debe esperar y exigir de una obra maestra: composiciones que derrochan ingenio y sensibilidad, ejecuciones diestras y bien armonizadas entre sí, una sección rítmica que sostiene sólidamente los compases de las composiciones, y como extras que ayudan a realzar el esplendor del disco, excelentes solos de guitarra y teclado, y capas etéreas de mellotron y sintetizador, amén de un par de temas de largo aliento y frontales ambiciones artísticas. Estas composiciones a las que me acabo de referir son ‘The White Rider’ y ‘Lady Fantasy’, siendo así que la última es una pieza clave dentro de la historia de CAMEL y del rock progresivo en general.
Estas dos piezas multi-partitas ya formaban parte del repertorio en vivo de CAMEL desde sus primeros años de andanzas, pero fue recién en éste, su segundo LP, que la banda las incorporó de forma oficial en su historial. ‘The White Rider’ es un viaje sónico denso, lleno de una magia rara, ubicada entre lo lírico y lo sombrío. La sección ‘Nimrodel’ comienza con unos distantes arpegios de guitarra acompañados por un ensoñador solo de Moog, dando paso a la procesión de la segunda sección. En realidad, estas dos secciones conforman sendos sucesivos preámbulos para el mayestático tema principal, el cual incluye unas mínimas partes cantadas, solos de guitarra y órgano, breves pasajes de flauta y oboe, todo ello en una bien armada amalgama de motivos varios – los delirios psicodélicos del final conforman un epílogo particularmente intenso. La otra opus es ‘Lady Fantasy’, la cual considero como uno de los temas progresivos más fascinantes que he conocido jamás. Su introducción marcada por el órgano y el sintetizador y el primer motivo de guitarra (a ser reiterado al final) son anticipos de la peculiar belleza del tema en su conjunto. La confluencia entre las secciones más enérgicas y las más lánguidas está manejada con una visión musical repleta de ingenio, siendo así que el grupo se siente igualmente cómodo en ambas facetas. Aquí encontramos algunos de los solos más emotivos de LATIMER, así como algunas de las más legendarias intervenciones de órgano de parte de BARDENS, especialmente la que precede al reprise de cierre. La precisión e ingenio de WARD como baterista encuentra en ‘Lady Fantasy’ una de sus manifestaciones más logradas. Cada vez que el oyente deja pasar los ecos de los últimos punteos de guitarra y cortinas de mellotron, se da cuenta de que ha sido transportado hacia un paraje de emociones y sensaciones sublimes.
Pero bueno, vayamos a los demás temas de este soberbio disco. ‘Free fall’ ofrece una entusiasta apertura, con un CAMEL que da rienda suelta a sus inquietudes más roqueras sobre un ambiente general en el cual hallamos cosas muy afines a la onda de CARAVAN, con un estándar mayor de complejidad, sin duda. ‘Supertwister’ es una composición original de BARDENS dedicada a los músicos de SUPERSISTER, amigos personales de la banda: aquí, LATIMER cambia la guitarra por la flauta, ayudando así a realzar las alusiones patentemente evocativas de las líneas de piano eléctrico y órgano. Si en ‘Supertwister’ lo jazzero hace un acto de presencia fuerte, más fuerte se hace en ‘Earthrise’, el cual me parece uno de los instrumentales más alucinantes de todo el repertorio de CAMEL. El atractivo inherente a los motivos contenidos en él son transmitidos con mucho nervio y sensibilidad por los cuatro músicos, siendo así que sus pasajes más excitantes rivalizan de igual a igual con los momentos más atractivos de las dos opus en cuanto a gancho e intensidad.
En conclusión, solo me queda reiterar que este milagro de CAMEL es toda una obra maestra: "Mirage" puede recomendarse como el punto de partida ideal para el neófito en asuntos progresivo y/o “camelianos”, y definitivamente, es un ítem obligado en cualquier colección progresiva mínimamente decente.
César Inca


Este segundo disco de Camel confirma con creces las expectativas generadas en su álbum debut. Compuesto por cinco temas de un nivel óptimo en la que puede considerarse una de las obras más clásicas de la historia del rock sinfónico. La compenetración es perfecta en un disco al que no le sobra ni un segundo. Los rasgos característicos de Camel se hacen patentes de manera afianzada: preciosismo melódico, texturas cuidadísimas, solos alternos de guitarra y teclados (principalmente hammond y moog) de herencia bluesera. En este disco se aprecian algunas influencias psicodélicas que, con el tiempo, el grupo iría dejando atrás.
Freefall
El disco abre con uno de los temas más enérgicos de Camel, y un clásico de su discografía. La pieza navega entre el rock más puro, que se respira en el riff principal y en la forma de cantar de Latimer, y el jazz presente en sus desarrollos instrumentales (ojo al bajo). No podía faltar el interludio melódico que va evolucionando entre guitarra y teclados; precioso cómo se integra en el tema y rompe para volver al “estribillo”. Muy destacable ese solo de guitarra, con un Latimer más agresivo y rockero que de costumbre punteando. El final del tema es, simplemente, apoteósico.
Supertwister
La calma llega con este precioso instrumental compuesto en homenaje a los holandeses Supersister. Aquí Latimer suelta la guitarra para coger la flauta. La melodía, como siempre, sublime. Muy a tener en cuenta las bases creadas por los teclados de Bardens, que con su piano eléctrico crea una atmósfera jazzy muy recurrente en la que se desenvuelve el tema.
The white rider
Este es uno de esos grandes temas que demuestran por qué Camel es una de las mejores bandas de la historia. Una pieza plagada de cambios de ritmo que ya desde su inicio, en el que guitarra y teclado crean un ambiente cálido y sosegado, todo es sensibilidad. Las melodiás van variando desde el sonido de marcha militar del comienzo hasta los desarrollos de guitarra-teclado alternos tan típicos. Impresionante el solo de moog de Bardens que introduce la parte principal del tema y que es seguido por la guitarra de Latimer para volver a pausar el ritmo con un precioso intermedio lírico. Al final, una hipnótica base de bajo sirve de colchón para un psicodélico y original solo de guitarra en el que Latimer exprime todos sus recursos en este alucinado colofón.
Earthrise
Impresionante instrumental de corte jazzero en el que, una vez más, una melodía central acertadísima sirve como núcleo de un gran tema. Las atmósferas en algunos momentos pueden recordar a las de Genesis, pero sin dejar de tener el personalísimo toque de Camel; con un Bardens que está apoteósico. Muy destacable la base rítmica en este tema que, si bien es cierto que en todo el disco están sublimes, destaca sobre todo por las baquetas de Ward.
Lady Fantasy
Este paradigmático tema de rock sinfónico es uno de los ejemplos más claros y mejor logrados del estilo, tanto que es una auténtica obra maestra. Los cambios de ritmo son perfectos, los solos de una inspiración increible, y la sensibilidad melódica... bueno, lo de siempre. La primera parte ya de inicio es trepidante, con ese órgano de fondo ambientando al ritmo marcado por los riffs de Latimer. Las bellas melodías vocales se intercalan entre bellos pasajes acústicos que rompen en uno de esos ritmos frenéticos creados por la guitarra de manera tan característica. Pero aquí todos los músicos están sobresalientes (más que en el resto del disco, si cabe): Ward toca la batería más elegante que nunca hasta entonces haciendo cambios de ritmo brutales mientras el bajo de Ferguson hiperactivo forma una base solidísima; Latimer crea esas melodías llenas de sentimiento sobre las cuales se forja el tema entero... y luego está Bardens, que en este tema es caso a parte. Las bases armónicas son buenísimas, tanto con el melotrón como con el hammond. El teclista destroza el último con un solo blues-jazzy impresionante al final del tema, que sirve como culmen para volver al precioso leit-motiv que cierra una pieza maestra de Camel.
Conclusión
Mirage es, sin lugar a dudas, un álbum brillante, una joya imperecedera del rock sinfónico inglés de los 70 y, por tanto, de la historia del rock progresivo. Si bien el primer álbum del grupo era bueno, pero no pasaba de ser un prometedor debut, ésta es una obra maestra atemporal, con una riqueza melódica abrumadora y unas cuidadas texturas que confirmaban las expectativas de un grupo que, con el tiempo, se afianzaría como uno de los grandes grupos de la historia con obras de un calado tan importante (o más) como ésta. Como curiosidad, destacar el cambio de portada en Estados Unidos por problemas de derechos con la compañía tabacalera Camel.
Mr. Green Genes

Schopenhauer decía que el mundo no es sino música hecha realidad. ¿Un espejismo, quizá? Habremos de darle la razón, porque Camel consiguen crear un mundo de su música, consiguen sustantivar lo vacuo, rehacer lo deshecho, alcanzar lo abstracto. Porque toda la vida es sueño, pero esto, no lo es.
Otro infaltable en nuestra colección, así que le agradecemos al Benja por permitirnos recordar este clásico.


Lista de Temas:
1. Freefall
2. Supertwister
3. Nimrodel / The Procession / The White Rider
4. Earthrise
5. Lady Fantasy: Encounter / Smiles for You / Lady Fantasy

Alineación:
- Andy Latimer / guitarras, flauta y voz
- Pete Bardens / teclados y voz
- Doug Ferguson / bajo y voz
- Andy Ward / bateria y percusion





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