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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Los Medios y la Censura en Democracia


La siguiente nota la publicamos no porque diga nada nuevo que no se haya dicho anteriormente incluso en este mismo espacio, sino porque originalmente era destinada a publicarse en el diario Clarín "El gran diario argentino", que como pulpo mediático controla emisoras de cable, radios, Internet y un sinfín de vías para hacerse con buena parte del pensamiento y sentido común de la población. Toda su programación e información responde a continuas operaciones mediáticas y es conocido su política de levantar programas que no están alineados a su actividad de lavado de cerebros.

El reciente "golpe institucional" en Brasil no podría comprenderse sin el protagonismo que en ese escenario tuvieron las grandes corporaciones mediáticas, y no solamente en Brasil.
Eleonora Lucena fue durante diez años directora ejecutiva de Folha de S. Pablo, uno de los diarios más importantes de Brasil, donde sigue siendo una destacada columnista. A punto de cumplir los 60 años, acredita una extensa trayectoria en medios de su país.
A propósito del reciente golpe institucional en Brasil y de la participación de los medios de comunicación en él, es interesante replantear el debate sobre el papel de los medios y el rol de los periodistas en la vapuleada democracia en latinoamérica.
La censura es un concepto que uno asocia inmediatamente a regímenes autoritarios ; uno piensa en policías políticas con uniformes ominosos, cárceles húmedas y oscuras, y dictadores octogenarios. Pero... ¿Cuál es el funcionamiento de un sistema de medios de comunicación en democracia?. ¿Cómo funciona el sistema de CENSURA en los medios de un sistema democrático?.

"El diario argentino me encargó un artículo sobre el juicio político en Brasil. Lo escribí y envié. Pidieron para que yo lo ablandara y suavizara en partes. Específicamente, no querían que yo hablara de sumisión a los EE.UU. Rechacé hacer cualquier cambio en el texto. Hace dos semanas que el texto sigue en una carpeta virtual en Buenos Aires", declaró Eleonora de Lucena, 58 años, periodista brasilera, reportera especial en Folha de S. Paulo, ex editora-ejecutiva del diario de 2000 a 2010.
A continuación, sigue el texto que "El gran diario argentino" no quiso publicar:


Un golpe a la democracia y a la soberanía en Latinoamérica.

El juicio de Dilma Rousseff atropella a la democracia y expone de una forma muy cruda el embate de intereses antagónicos en Latinoamérica. Por un lado, un proyecto de integración regional sin sumisión a los Estados Unidos; del otro, la vuelta de las conocidas “relaciones carnales” con el imperio del Norte.

El gobierno de Michel Temer demuestra querer vaciar el Mercosur. Repitiendo engaños usados internamente en el país, maniobra para golpear esa construcción de la Unión Sudamericana que va más allá de los acuerdos comerciales.

Abruptamente da inicio a una ola de privatizaciones, vendiendo parte del pre-sal brasileño, donde hay valiosas reservas de petróleo. Tienen la intención de vaciarlas y de descuartizar a Petrobras, ícono de una propuesta independiente de desarrollo y objeto de deseo de las compañías extranjeras.

Temer ha anunciado cortes en gastos en salud, educación y jubilación. Planea desmantelar las conquistas de los trabajadores obtenidas desde la mitad del siglo 20. Apunta transferir los ingresos de los más pobres hacia los más ricos: los proyectos sociales serán recortados para garantizar el pago de los intereses estratosféricos a la elite.

Es la reedición de un entramado ya dibujado en Paraguay y en Honduras: un golpe sin tanques que corroe y desgasta las instituciones para minar la independencia. En un ritual kafkiano, políticos acusados de corrupción votan la casación de una presidenta que todos reconocen ser honesta. En los años 1990, con gobiernos neoliberales, Latinoamérica experimentó una combinación de concentración de riqueza, desindustrialización, privatizaciones salvajes y pérdida de la soberanía. La Argentina vivió con radicalidad ese proceso. En las calles, lo derrocó. Ahora, las mismas trampas de aquellos tiempos intentan resucitar en el continente. Aprovechan la situación adversa de la economía y diseminan un discurso de odio, perjuicio e intolerancia.

Conquistan, así, parte de las clases medias, muchas veces refractarias a la ascensión que los más pobres obtuvieron en los últimos años. El movimiento necesita ser entendido adentro de la actual crisis capitalista y de las mudanzas en la geopolítica mundial. El capital financiero busca garantizar las ganancias en Latinoamérica. Necesita derribar barreras de protección en la región – que lo es más viable con los gobiernos dóciles, también dispuestos a vender activos a precios muy bajos.

Mientras se entretenían en las guerras de Irak y alrededores, los EE.UU. vieron la influencia de China crecer de forma exponencial en el continente Sudamericano. El petróleo, los minerales, el agua, los mercados internos, las empresas innovadoras – todo es sujeto del interés externo.

En este contexto de disputa es que se debe analizar las intenciones norteamericanas de instalar bases militares en Argentina – en la triple frontera y en la Patagonia. El Imperio vuelve a preocuparse con lo que considera su eterno patio trasero.

El juicio político de Dilma es pieza clave en el ajedrez de poder de la región. Expulsar a quién no se somete a los intereses de los EE.UU. es una advertencia a los países. El proceso, que deja las instituciones en añicos, demuestra, una vez más, como tanto la voracidad de los mercados como la fuerza imperial son incapaces de convivir con la democracia.
Eleonora Lucena




Ya tenemos, en los comentarios de nuestros lectores, planteos que se acercan peligrosamente al relato de los medios, vemos cómo muchos asimilan el "sentido común" dictado por los medios aún cuando no tenga lógica alguna y vaya en contra de todo sentido común. Sería interesante que nos pongamos a recopilar y analizar todos los comentarios y réplicas a nuestros comentarios políticos para verlos a la luz de la ideología dominante y de la continua bajada de línea de los medios. Lástima que llevaría demasiado tiempo y sería inútil porque los mismos planteos los podemos escuchar en la cola del supermercado o viajando en el subte, pero no dejaría de resultarme interesante...

Sucede que los medios más fuertes y monopólicos, más concentrados, les interesa invisibilizar, censurar e influir en la opinión pública.
Cualquiera que en Argentina haya participado en las marchas a favor de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual el 9 o el 15 de abril de 2010 sabe de primera mano de qué manera un acontecimiento masivo, que involucra a varios miles de personas (se calculó 10.000 en el primer caso y 60.000 en el segundo), y genera un considerable caos de tránsito, puede ser simplemente ignorado por los medios monopólicos, o condenado a la página cuarenta y pico de un diario, a un recuadrito invisible con un título hostil. Esta noticia queda reservada a medios pequeños, no monopólicos, que le dan la tapa... pero que poca gente lee, ve o escucha. Al día siguiente la noticia está muerta, es reemplazada por otras más acordes al interés del monopolio, y la mayoría de la gente no se enteró del hecho o recibió una breve información distorsionada.
Como dicen los periodistas, si la noticia no "rebota", no es reflejada por otros medios, muere...


"Seguimos pensando, por hábito o por pereza intelectual, que la censura sólo la ejercen los gobiernos autoritarios, porque es una censura ostensible, muy visible. No queremos plantearnos el problema de saber cómo funciona la censura en la democracia. Partimos del principio de que la censura es lo propio de la dictadura, cuando en realidad hay que partir del principio de que LA CENSURA ES LO PROPIO DEL PODER, DE TODO PODER (1). Hoy, la censura ya no funciona por restricción o por supresión, como se hace en los países donde se mata o se encarcela a los periodistas o se cierra un periódico, etcétera. En las grandes democracias desarrolladas eso prácticamente ya no ocurre, pero lo que sí ocurre es que hay mucha información que no circula, por que hay sobreinformación, es decir que en las democracias, la censura funciona por asfixia. Nos ofrecen tanta información y consumimos tanta información, que ya no nos damos cuenta de alguna que no está. La ocultación y la disimulación en esa masa de información que se consume, es la censura de hoy. Estamos pues en una situación en la que creemos que, por el hecho de tener más información, tenemos más libertad, cuando en realidad, si analizamos bien, tenemos mucha menos que en otros momentos."
Ignacio Ramonet. Director de Le Monde Diplomatique

El reciente “golpe institucional” en Brasil no podría comprenderse sin el protagonismo que en ese escenario tuvieron las grandes corporaciones mediáticas. De tanto afirmarlo, lo antes dicho se ha convertido en un lugar casi común y, por este mismo motivo, se corre el riesgo de desestimar la importancia que ello tiene para el ejercicio de la ciudadanía, para la libertad y para la democracia misma como sistema que busca hacer de la representación ciudadana la garantía de la igualdad de derechos. Lo cierto, lo real, lo concreto es que en Brasil los parlamentarios destituyeron, sin motivos fundados, a la Presidenta que había sido elegida por 54 millones de brasileños. Y para hacerlo contaron con la complicidad de los medios más poderosos que trabajaron el tema, construyeron sentidos, en algunos casos falsearon información y, por supuesto, jugaron sus propios intereses.

Lo ocurrido en Brasil ahora no hace sino poner en situación una realidad que atraviesa toda la región y que se ha repetido en varios países, apenas con diferencias menores y que vuelve a poner sobre la mesa del debate el papel de los medios y de los periodistas en democracia. Y abre nuevamente la posibilidad de pensar el asunto en Argentina.

El colombiano Omar Rincón, uno de los estudiosos latinoamericanos de la comunicación que más se ha dedicado al tema, en varios de sus escritos sostiene que “la democracia ha devenido una batalla mediática” y que “los medios de comunicación son la cancha donde se está jugando la democracia en América Latina”, para agregar en otro momento que “medios de comunicación y gobiernos luchan por el amor del pueblo” porque “los medios se retiraron de su rol de contrapoder y se asumieron como actores políticos; creyeron tanto en sí mismos que decidieron que con base en su poder moral y su tradición liberal y su libertad de expresión tenían derecho a juzgar, condenar, absolver, ordenar o gobernar”.

Son frases de distintos textos del pensador colombiano que todas juntas sirven para describir un proceso al que asistimos en todo el continente.

Manuel Chaparro, periodista español y doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, completa el panorama anterior advirtiendo “que la ciudadanía tenga que estar en silencio en una democracia es no sólo perjudicial sino peligroso” y “que los medios definan e interpreten el sentir, la inquietud y el deseo de los ciudadanos en función de intereses propios ocultos es desestabilizador”.

Y agrega el propio Chaparro que “la comunicación debe promover como objetivo el empoderamiento de la sociedad civil, su capacidad de respuesta crítica, su participación desde el manejo de una información comprometida con la verdad. La información en los medios de masas debe responder a la necesidad de facilitar claves para comprender la realidad. Responder a los desafíos y los problemas no es posible sin un sistema de información y comunicación verdaderamente democráticos”.

Entonces ¿cuál es el papel que los medios de comunicación y los periodistas pueden y deben jugar en el sistema democrático?

Las respuestas están en las afirmaciones de Chaparro señaladas líneas más arriba.

- Empoderamiento, participación y respuesta crítica de los actores de la sociedad civil a partir del manejo de información veraz, plural y diversa, en fuentes, en argumentos, en vocerías.

- Colaboración en ofrecer claves de lectura para la interpretación de lo real, para comprender las situaciones de la vida cotidiana. Claves de lectura que deben entenderse como herramientas para interpretar y no como anteojos o recetas fijas y predeterminadas.

En definitiva: un ejercicio pleno del derecho a la comunicación, en el que los periodistas, los comunicadores en general, profundicen su tarea de facilitar el diálogo público en el espacio público, como profesionales pero también como actores comprometidos de una sociedad democrática que necesita del aporte de cada uno y de cada una para seguir construyéndose y consolidándose.

Y tal como lo viene sosteniendo en sus diversos pronunciamientos en la Argentina la Coalición por una Comunicación Democrática (CCD), garantizar lo anterior no puede ser apenas una decisión individual de los dueños de los medios o de los periodistas, sino que por tratarse de una cuestión que atañe a los derechos del conjunto de la ciudadanía, corresponde al Estado tener una participación activa y positiva para garantizar tales derechos. El debate sobre la nueva ley de comunicación que el gobierno dice impulsar genera una nueva oportunidad para que así sea, siempre y cuando los representantes abran sus oídos a la escucha de los diferentes actores involucrados.
Washington Uranga

Uno podría preguntarse qué podemos hacer como simples ciudadanos frente a este fenómeno que involucra a los poderes institucionales y a los grandes poderes económicos.
Y la respuesta es clara: como mínimo no creerse todo loque los medios informan, sea en el gobierno que sea, y cultivar el espíritu crítico. Y eso, aunque no parezca, ya es mucho si lo hace cada uno individualmente, pero cuando ese individuo forma parte de muchos miles, millones será parte de un fenómeno social, y será el mejor aporte a la libertad y al librepensamiento, y de paso, a la democracia.



3 comentarios:

  1. Muy interesante, creo también que además de no creernos todo lo que los medios informan sea del gobierno que sea, ese filtro siempre tiene una ideología, que es la que motiva nuestra búsqueda y lectura de la realidad.
    Lo que me parece grave, es que una mayoría del pueblo Argentino tiene ese filtro influenciado por el Ratón Mickey y el payaso de Mac Donald.

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    1. Muy interesante Ernesto lo que decís: aunque nos creamos o no lo que dicen los medios, vamos a filtrar por nuestra ideología y momento histórico, entre otras cosas. Aunque prefiero no hacer un largo desarrollo para no hacer una ensalada, eso es cierto y tampoco le veo nada de malo porque eso lo hacemos indefectiblemente, es parte de nuestro paisaje interno conque tamizamos a la realidad.
      En todo caso, me parece, lo que tenemos que tener en claro cual es nuestra ideología (aunque creamos que no la tenemos siempre está, aunque seas un descreído y nihilista y pragmático, eso también es una ideología y está en alza). Fijate lo que sucede, no solo la gente desconoce su propia ideología sino que además las nuevas generaciones desconocen de la IDEOLOGIA en sí misma; aqu{i mismo en los comentarios del blog han llegado a decir que na sabían que era la derecha y la izquierda.
      Claro, entonces... ¿cual es el problema de un candidato de derecha como Marioneta Macri si se desconocen los efectos que tiene la política de derecha?.
      Muy interesante lo que decís, y si te fijás en los mismos comentarios que circulan en este mismo blog podés sacar tremendos análisis. El desconocimiento de lo que implica las ideologías es uno, pero no el único.

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  2. Y pensar que yo creía que canciones como,"Las increíbles aventuras del señor tijeras" ya estaban pasadas de moda...

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