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lunes, 6 de junio de 2016

Gustavo Santaolalla - Camino (2014)


La continuación del disco instrumental "Ronroco" que hemos presentado oportunamente, con el charango y las aptitudes musicales de Santaolalla como protagonistas de un disco que no puede faltar en el blog cabezón. Aquí, presentamos el CD y la historia que vive detrás del arte.

Artista: Gustavo Santaolalla
Álbum: Camino
Año: 2014
Género: Rock folk
Nacionalidad: Argentina


Lista de Temas:
01. Alma
02. Vamos
03. Requiem
04. Cordon de Plata
05. Ella
06. The Maze
07. Parana
08. Wait and Then
09. Through the Rainwall
10. Joaillerie
11. The Journey
12. Seguir
13. Returning

Alineación:
- Gustavo Santaolalla / guitars, keyboards, all instruments




El álbum se publicó en Julio de 2014 y es reconocido como una continuación de su anterior producción "Ronroco" editado en 1998. "Camino" contiene 12 temas originales, junto a una de las canciones incluidas en la banda sonora del videojuego "The Last Of US".
"Camino" es un viaje a través de sonidos instrumentales folklóricos de América Latina con Santaolalla componiendo en base a un estilo musical donde se siente como pez en el agua. Aquí, el multi-instrumentista toca principalmente su instrumento preferido y le da al álbum de modo que un sonido distintivo. Gustavo Santaolalla admite tener desde muy pequeño, y artísticamente, una historia personal que se relaciona con la identidad.


Camino is his first collection of solo music since 1998's acclaimed Ronroco, which combined traditional Argentinian music with a gentle influence of the complexity of progressive rock. His new album retains the cinematic grandeur of his film work while maintaining a sense of intimacy, and showcases instruments such as the guitarron, oud, cuatro, toba violin, and bouzouki, as well as the ronroco, the 10-stringed instrument with which he's the most often affiliated.

Su espíritu viajero sintió la necesidad de emprender una travesía que le hizo retornar a lo ancestral y a lo precolombino, casi como un deseo de volver a los orígenes y “desandar el camino”. Como un chasqui, los mensajeros del incario, recorrió y documentó, junto al cineasta Andrés Cuervo, su experiencia en una de las vías milenarias y más antiguas del antiguo territorio del Tahuantinsuyo. Un recorrido que se vio plasmado en el documental Qhapaq Ñan, desandando el camino, dividido en cuatro episodios.

Este viaje es una parte del Qhapaq Ñan (Camino del Inca en quechua), la ruta utilizada por el imperio incaico y una red de caminos que une Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador, y que fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2014 por la Unesco.
El viaje nació de una necesidad de darle continuidad a la búsqueda de sus orígenes, de tratar de encontrar las raíces de donde proviene y reflejarlo en todo lo que ha logrado y ha ido buscando a lo largo de su exitosa carrera.

Los caminos viven cada vez que alguien los transita. El más antiguo de nuestro continente es la red vial que nació bajo los pies de los pueblos originarios y creció a través de seis países de Sudamérica (Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú). Gustavo Santaolalla recorre este patrimonio cultural y arqueológico en Argentina, una expresión tangible del gran proyecto político y económico incaico, y del impacto social que aquel sistema propuso para el territorio andino.

Uno de los hilos conductores del documental fue un obsequio de los aborígenes Huarpe de la comunidad guantamari, porque le regalaron a Santaolalla una pluma de cóndor, un ave sagrada para todos esos pueblos. Este símbolo llevaba un hilo rojo, y le pidieron que la llevara durante su andadura por el Qhapaq Ñan y que a las personas con las que conectase durante el camino les invitase a hacer un nudo. Para cuando llegaron a la frontera con Bolivia, la pluma estaba llena de nudos. El viaje terminó con un encuentro inesperado, ya que Santaolalla y Cuervo viajaron hasta La Paz para conocer y reunirse con el presidente boliviano, Evo Morales. El compositor argentino afirma sentir admiración hacia el mandatario boliviano, ya que lo considera un “gran referente de los pueblos originarios”. Por esa razón, le regaló la pluma de cóndor y sintió como si el círculo del viaje se cerrara. "Fue un momento emotivo y muy lindo",


“La creación de este álbum es el resultado de un proceso de recopilación de música a lo largo de varios años, de piezas que yo consideraba que estaban unidas de alguna manera,” dice Santaolalla sobre el periodo de 16 años que separa a Ronroco y Camino. “Se trata de cosas personales que he hecho, y que nunca había usado: una especie de álbum íntimo que escribí y grabé para mí mismo.”

Lo tenía desde hacía rato para publicar, y por una cosa u otra quedaba postergado, así que ahora no perdemos tiempo y lo comportimos apenas empieza la semana, que les aviso será una semana con grandes sorpresas, enormes sorpresas, así que vayan haciendo lugarcito. Mucho lugarcito!. Pero no me adelanto y seguimos con el disco de Gustavo.



Lo bueno que tienen éstos discos es que uno no tiene que comentar demasiado porque ya todos conocen al artista y se imaginan cómo puede ser la obra aún sin haberla escuchado, lo que me permite escribir poco porque no tiene mucho sentido, y en todo caso baso mi posteo en comentarios de los demás.

Aunque ya tiene en su haber 15 Latin Grammy, dos Grammy, un Globo de Oro y dos Oscar (por las bandas sonoras de las películas “Secreto en la montaña” y “Babel”), Gustavo Santaolalla no oculta su felicidad por esta nueva doble candidatura a los Grammy Latinos donde compite como productor de su propio disco, “Camino”, y también en el rubro Mejor álbum instrumental.
“Siempre es un honor estar nominado para estos premios a la excelencia de nuestra música. Y mucho más con un disco tan mío, tan personal e íntimo. Me gratifica muchísimo porque significa que le sigo llegando a la gente y que voy por el buen camino”, dijo el músico de 64 años sobre el álbum que, de algún modo, continúa la línea de aquel “Ronroco” editado en 1998 y que además forma parte de un documental sobre las rutas incaicas creado y conducido por el propio Santaolalla en la TV Pública.
En el disco, de 13 cortes, Santaolalla se hace cargo de todos los instrumentos (guitarras, guitarrones, cuatro, tres, laúd árabe, bajo, tubos, ronroco, zampoña y percusión) y hay teclados adicionales agregados por el coproductor Aníbal Kerpel.
Viaje folclórico combinado con sonidos étnicos y andinos, los temas de “Camino” evocan paisajes tan concretos como las montañas mendocinas (“Cordón de Plata”), las riberas litoraleñas (“Paraná”) y otros más abstractos como “Through the Rainfall”, “Alma” o “Requiem”, que refieren a estados anímicos, a juegos de la imaginación o a viajes espirituales más allá de lo físico.
En el rubro Mejor álbum instrumental, “Camino” compite con discos del Chick Corea Trio, Kenny G, Ed Calle & Mamblue y Antonio Adolfo.
En lo que respecta a Productor del año, no es la primera vez que Santaolalla compite en este rubro, pero sí la primera que figura con material solo suyo. En 2005 ganó este galardón por su trabajo en la banda sonora de la película “Diarios de motocicleta” y también ha recibido gramófonos dorados como productor de discos de Juanes y Café Tacvba, además de su banda Bajofondo.
Santaolalla, junto a Aníbal Kerpel, se medirá por el premio con sus colegas Mario Adnet y Dori Caymmi, por “Dorival Caymmi: Centenario Caymmi”; Sebastian Krys, por discos de Alejandro Sanz y otros artistas; George Noriega por álbumes de Maná, Ha-Ash y otros; Kenny O'Brien y Manuel Quijano por “Orígenes: El Bolero Volumen 3” y Andrés Saavedra por grabaciones de Raquel Sofía y otros.
Camino del Inca
Las nominaciones también son especiales para Santaolalla porque la música de “Camino” fue incluida en el documental “Qhapaq Ñan: desandando el camino”, sobre las rutas argentinas que son parte de la red de senderos del imperio incaico y que, a través de cuatro capítulos de media hora, estrenó en octubre el Canal Encuentro y luego la TV Pública.
“Qhapaq Ñan” es el nombre quechua de la red de rutas que conectaba el imperio incaico, que se extendió desde Colombia hasta la Argentina, pasando por Ecuador, Perú, Bolivia y Chile.
El músico de 64 años fue el creador de este documental de dos horas, en el que trabajó como productor y coescritor. El film fue dirigido por Andrés Cuervo y el propio Santaolalla también hizo la introducción en cada capítulo, resaltando a los pobladores y el estilo de vida de las comunidades situadas en las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza.
Dice que el proyecto le hizo reflexionar sobre su identidad, desafíos y logros. “Un viaje de este tipo, y a mi edad, con todos los logros que he tenido... te hace repensar eso de desandar el camino”, comentó el músico.
“Me sirvió mucho caminar y recorrer esos lugares tan increíbles de la naturaleza, desandar un poco mi camino y ver cómo llegué hasta donde llegué y por qué llegué hasta aquí y, en fin, analizar todo eso que no hago a menudo porque soy una persona que mira hacia adelante. No estoy mirando hacia atrás mucho”, añadió.
Los Andes

Y ahora, el comentario de un blog amigo:

Una de las responsabilidades primeras del productor musical es cubrir con una atmósfera un tema para que adquiera o reluzca caracter. El productor debe ser riguroso e intuitivo, combinación que pocos logran con gracia -la mayor de las veces es o lo uno o lo otro. Poner atrás una guitarra, dar un apenas perceptible eco, introducir aquí un viento, allá una percusión cristalina. En breve, el productor hace un montaje, enmascara para reafirmar un gesto convincente del que depende lo suave del sendero hacia la emoción musical.
Camino, el nuevo trabajo del equilibrado productor Gustavo Santaolalla, son fragmentos de estados introspectivos que se fueron acumulando durante quince años bajo diferentes lugares, momentos y experiencias (al respecto recuerda World Diary de Tony Levin). Tienen en común ser contornos gestuales, índices emocionales carentes de un tema preciso, incluso carentes de fuerza como un susurro pero con gran fondo policromo donde el también compositor pone en claro por qué su trabajo se funde tan bien con el cine e incluso con los videojuegos (de Camino varios cortes se incluyen en The Last Of Us, juego de realidad virtual de la prestigiada casa programadora Naughty Dog). Las piezas respiran vida por la solitaria melancolía andina del ronroco de Gustavo, ejecutado sin caer en el virtuosismo, lo que le gana belleza lírica y autenticidad.
Jojo Lamouche

Camino es una extensión indisimulable de Ronroco, disco instrumental que le abrió las puertas para su estancia en Hollywood como el arquitecto de melodías que adornaron conocidas producciones cinematográficas. Inquieto como pocos, en este nuevo trabajo, podemos encontrar a un Gustavo Santaolalla que ha conseguido madurar su sello musical para hacerlo indeleble a través del mismo recurso utilizado en Ronroco: la combinación de nuestra música tradicional autóctona con elementos del world music y hasta incluso variaciones de rock progresivo. Y todo en base al instrumento que ha popularizado, ese charango de afinación grave que imprime no solo los aires andinos innatos de la esencia del instrumento sino también la fusión con otros géneros.
Camino trasciende gracias a los climas inmersos en secuencias apacibles, un tono que contempla la meditación y el fluir de los oídos sin pretensiones de complejidad y con el gusto marcado por las notas justas y los fragmentos instrumentales que quedan imantados en el registro auditivo sin el menor esfuerzo. Trece composiciones rascadas de la propia tierra, un soundtrack de paisajes dóciles que nada tienen de incidental. Se destacan Ella, Cordón de Plata, Paraná, The Maze y Through The Rainwall. Los títulos de las canciones alternan el español con el inglés: sin perder el toque tradicional también ejercita la constante publicitaria que le ha abierto las puertas internacionales. Ante todo Gustavo Santaolalla es un sabueso que predice los hábitos de consumo como nadie (no es raro que hace unos años, gracias al auge de la empresa vitivinícola, haya sacado su propio vino de su autoría). El arte de tapa imita el tono intimista de la instrumentación, nada queda librado al azar sin estar sujeto al concepto que el músico argentino intenta imponer, una marca registrada de un producto que todos quieren tener en sus filas.
Es así como ha participado en la banda de sonido de la película Relatos Salvajes de Damián Szifrón, otorgando la personalidad sonora a la característica coral del film. También ha trabajado para Alejandro González Iñarritu, en Amores Perros, 21 Gramos , Babel y Biutiful, además de sus aportes a My Blueberry Nights, The Insider, Diarios de Motocicleta, On the Road y Brokeback Mountain. Ha sido galardonado con dos premios de la academia gracias a sus contribuciones en bandas de sonido.
Largo trayecto ha transitado Santaolalla no solo como valuarte de una generación del rock nacional muy encaminada a encontrarse con las raíces musicales del país, sino también como portador de una personalidad que intenta exponer nuestra cultura al mundo. Durante los años noventa fue el productor que condujo el boom de rock latinoamericano. Además es integrante de Bajofondo, banda que se dedica a imprimirle electricidad al tango.
Camino es un disco para escuchar con pies descalzos, como música de fondo de una naturaleza cada vez más escondida. Una muestra más de esa cualidad que convierte en oro todo lo que sus oídos tocan.
Pablo Mendez

En 1998, en plena eclosión de su éxito como productor de rock latinoamericano, Gustavo Santaolalla publicó Ronroco, un delicado álbum instrumental que tenía como protagonista al instrumento que le da título, un charango con una afinación más grave. En forma impensada, ese trabajo dio origen a la carrera de Santaolalla como compositor de bandas de sonido, cuando uno de sus temas, "Iguazú", fue incluido en el film The Insider (El Informante) de Michael Mann. Dieciséis años después, y con dos premios Oscar bajo el brazo por sus trabajos para soundtracks, Santaolalla edita la secuela de aquel álbum, Camino. En este caso, se hace cargo de todos los instrumentos (con algunos teclados adicionales del co-productor Aníbal Kerpel), ampliando la paleta tímbrica con la inclusión de guitarras, guitarrón, cuatro, tres, bajo, percusión y tubos, además del ronroco. Cada uno de los temas es una perla minimalista, con toques folclóricos complementados con aires de músicas étnicas de diversos rincones del planeta, creando una atmósfera cinemática y sugerente, cuyas imágenes, en este caso, corresponden a la imaginación del oyente. Los títulos son elocuentes: "Cordón de plata" evoca las montañas mendocinas, "Paraná" tiene cierta impronta litoraleña, "Through the Rainwall" sugiere la lluvia que muestra la foto de tapa (del propio Santaolalla), y en "The Maze" el intérprete se sumerge en un territorio más abstracto. La claridad y el espacio con que están captados los instrumentos (una de las características de sus bandas de sonido) contribuyen para hacer de este Camino un verdadero viaje encantado.
4 estrellas.
Claudio Kleiman

Argentina's Gustavo Santaolalla is not terribly well known to the English-speaking world, though he's won Academy Awards for his film scores for Brokeback Mountain and Babel, two Grammys as a record producer (Juanes and Café Tacuba), and 14 Latin Grammys. Camino is his first recording under his own name in 16 years. It is tangentially related to its immediate predecessor, 1998's Ronroco -- named for the ten-string Andean folk instrument that descends from the lute family. That record featured original compositions rooted in Santaolalla's native folk traditions. The music on Camino is more intimate and personal, but still reflects Latin influences. These elegant, mysterious tunes were written over 15 years; all but three were held back from other projects with a future album in mind. Santaolalla plays not only the ronroco, but a bevy of other stringed instruments, keyboards, pipes, percussion, and bass harmonica. "Alma" recalls the haunting spirit of Ronroco. Perhaps that's because it was written a year after its release. Played on the instrument, its lilting, melancholic melody is highlighted by muted keyboards, pipes, and guitarron. The ouroboros-like "Vamos" features layered string instruments and a spooky guest fiddle spot from Punch Brother Gabe Witcher. "Requiem" features the artist on bass harmonica. Initially, its skeletal instrumentation feels as if it were being composed on the spot, but as seconds pass, a clearly identifiable melody asserts itself. With a pump organ adding chords to the harmonic line, they create a bittersweet lyric worthy of the title. This highlights one of Santaolalla's core strengths: an ability to create something nearly magical from very little. It gives way to the lush, lonely string interplay and keys on "Cordon de Plata," which, despite its sparseness, feels cinematic. The gradually developing "Parana" is among the loveliest moments here; it's a 6/8 waltz played on the cuatro with percussion underscoring its dancelike quality. "The Maze" employs counterpoint in creating an edgeless dissonance from treated guitars, ronroco, and bass. "Wait and Then" is a simply constructed meditation on guitarron tuned like an oud. "Seguir" is almost pastoral as it weaves ronroco, bass, tres, and other percussion through its tender lyric line. It stands in stark contrast to the closer, "Returning," an outtake version of the one used on the stellar, BAFTA Games Award-nominated score for the video game The Last of Us. The ronroco makes full use of an organic reverb technique, with the impressionistic melody caressed by airy keyboards that coax more strident -- yet no less economical -- lines from the instrument. For all of its understatement and artful use of space, Camino is as powerful as it is personal. It communicates like a traveling storyteller, gently weaving tales that, though brief, offer larger implications: their origins secret, their destinations determined by the listener.
Thom Jurek

I am not at all sure this is a “classical” CD but nor is it “popular music.” Like most of Argentina native Gustavo Santaolalla’s music, this solo set falls in a lovely but hard to describe middle ground. In fact, I am not sure too many American listeners are familiar with him at all except, perhaps, for his film scores.
In fact, that is the portion of Santaolalla’s output I am most familiar with and I really like it. His scores for such films as Brokeback Mountain, 21 Grams and Babel are, like the films, themselves, introspective, beautiful and sad. In fact, Santaolalla even collaborated with Argentine composer Osvaldo Golijov on sections of his opera, Ainadamar.
This collection of short works by Santaolalla is a bit like a coffeehouse set where each work is played by the composer and multi-tracked to allow him to do it all – guitar, keyboards, pipes, small percussion, etc. He is, indeed, a talented man whose guitar playing has always struck me as very fine and so “Spanish”; a sound I love.
All of the cuts here are quite nice, though I personally enjoyed Through the Rainwall and Cordon de Plata the best. If I have a small complaint it is that many of these little pieces seem to need development and end a bit soon, somewhat disappointedly. In fact, the album itself is under forty minutes. It might not be a bad idea for Gustavo to issue a double CD with some of these and some cuts off his Ronroco disc just to give new listeners a better feel.
For those already familiar with and appreciative of his atmospheric film scores, this is a nice addition. I like Santaolalla’s playing and style and I do recommend this, while wishing there were a bit more.
Daniel Coombs

Espero que lo sepan disfrutar, ya saben donde encontrarlo...


3 comentarios:

  1. Esta página era la mejor, pero se pudrió desde que empezaron con el fanatismo político atacando a unos delincuentes y defendiendo otros delincuentes peores... Qué lástima!

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  2. Respuestas
    1. Pitter; desde que nos denunciaron no publicamos más links de descarga. Si quieres algo más de lo que hay aquí, tenés que suscribirte a la lista de correo, allí está todo.

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