Nunca me imaginé, cuando leía a Huxley de chica, que pasaría algo peor de lo que entonces me colocó de una vez y hasta hoy en una perspectiva general. Es imposible estar en el mundo sin una perspectiva, aunque no se piense en eso o ni se lo sepa. A grandes rasgos, a los más grandes que se me ocurren, hay dos puntos de vista en pugna, cada uno con cientos de terminales. El del fuerte y el débil, el del rico y el pobre, con sus tantas variantes (capital y trabajo, poder y sumisión, vencedores y vencidos, colonizadores y colonizados, David y Goliat, etc.). Al menos en esta parte del mundo que hoy da pena y miedo, dolor y muerte, en este Occidente turbio, agónico y sádico, ya nos hemos preguntado mil veces por qué los pobres votan a favor de los ricos. Se diría, en esos términos amplios, que han perdido su perspectiva de pobres (su conciencia de clase en términos más estrechos). Más que perderla, se la han arrancado, se la han expropiado. Lo que era la conciencia obrera en un mundo sin...