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Honduras - El Cimarrón (2019)

Quiero dejar en claro, antes que nada, el profundo respeto que tengo por estos músicos, tanto como artistas, tanto como su pensamiento y su obra. Siempre los he querido ver y disfrutar de su obra -que no es solo una obra para el disfrute sino que es más profunda, y por eso los admiro- y siempre ha habido algún inconveniente, y me alegré mucho cuando supe que estaban de vuelta, ahora con un cambio de enfoque valiente y renovador, una nueva visión para su música, donde se vuelcan casi al desarrollo de melodías suaves pero desde su particular visión musical, y claro, su visión no es la misma que la de cualquiera, ellos son Honduras (a secas, ahora sin "Libergrupo") hagan el estilo que sea. Volcados más a una música agradable, amigable, suave, pero a su vez compleja, dotada de múltiples texturas, aristas, recovecos, demostrando porqué aunque nunca tuvieron alguna clase de éxito y sus recitales hayan sido más bien pobres, siempre tiñeron con su fuerte personalidad la escena under argenta como ninguna otra banda lo hizo. Señoras, señores, cabezonas, cabezones, aquí está el último disco de Honduras, reinventándose y expandiéndose hacia el infinito.

Artista: Honduras
Álbum: El Cimarrón
Año: 2019
Género: Ambient / Avant Garde / RIO
Duración:
56:55
Referencia: Discogs
Nacionalidad: Argentina

Antes que nada, debo decir que extraño mucho la batería real aquí, no es lo mismo esa batería programada y que eso me condiciona bastante con el resultado, pero más allá de eso aplaudo la osadía de reinventarse casi desde cero:

Rotundo cambio de rumbo musical, su sexto álbum encuentra al trio con una formación de teclados, guitarra y bajo. Ahora realizan Música Sinfónica Melódica, pero a su vez compleja, con cierto vínculo con el Canterbury. Despojada de capas de sonidos, carente de batería y con solo algunas percusiones programadas, muy distinto a todo lo hecho anteriormente.

Y tal es así que casi no sé qué estilo es este que hacen. Entre sinfónico, Canterbury, ambient, RIO, Avant garde, no sé realmente cómo etiquetarlo, pero ese es un problema de los que necesitamos etiquetar las cosas, porque lo que vale es la música y ella está allí y es lo que importa. Casi una hora de sonidos etéreos, colchones, climas, ambient. Todo eso creando un estilo diferente y novedoso, donde seguramente tampoco tendrán éxito de ningún tipo, pero seguirán impromiento su escencia en el under argento, como antes y como siempre.
Ahora los invito a adentrarse en un brutal comentario que en realidad es lo único que interesa en este posteo, ese comentario y la música de la banda, por supuesto.

Entre la música, los rituales perdidos y el convite a volver a la esencia de los sonidos.
El 22 de Agosto fuimos al Café de los Patriotas a musicalizar con palabras el disco instrumental “El Cimarrón” de Honduras Trío, disco que a su vez, no fue presentado en vivo por el grupo. Lo mártires de Trelew y Evita también dijeron presente.
“Cuando no tenga soldados pelearé con perros cimarrones”. José Gervasio Artigas.
Hemos llegado a una etapa histórica donde la velocidad de las cosas habilitó la antinomia entre trackeo y desvelo en el campo de la música. La frase popular que reza “la discos se escuchan enteros” pierde vigencia ante el bombardeo incesante de cortes discográficos que circulan en una amplia gama de plataformas y se amplifica hasta el punto que, a veces, la escucha de una sola canción redunda en una tarea ciclópea.
La nueva realización de Honduras, renombrado como Honduras Trío, el disco “El Cimarrón”, redime parcialmente esta situación para adentrarnos en la escucha completa y sinuosa en el modo del “tiempo de la espera”, allí donde la obra es concebida como una idea dentro de un marco conceptual.
El disco expide una compleja paleta sonora debido a la dinámica de trío, conformado por bajo, guitarra e instrumentos electrónicos (sintetizadores, teclados y baterías electrónicas controladas vía MIDI). Cargado de armonías y melodías complejas y compatibles entre sí, “El Cimarrón” es un disco asequible también a una franja de público no avezado en escuchas previas ni tampoco especializado en estas lides. Esa doble lectura, ya de por sí, es un gran logro.
Contiene 11 temas, sin agregados azarosos a pesar de su extensión (56’50”). Durante el recorrido nos proponen un doble juego donde desarrollan escenarios de quietud y calma, con progresiones lentas que se contraponen con estallidos inesperados en forma apocalíptica.
Un disco extremadamente rico en paisajes y escenarios, en ocasiones de rasgos futuristas, aunque posee el poder de sintetizar y unificar el pasado con el futuro pero al mismo tiempo sin pertenecer a ninguna línea de tiempo definida. Esa atemporalidad le otorga un rasgo distintivo.
No es un trabajo de referencias e influencias inmediatas como sus antecesores, sino que las mismas se encuentran recubiertas y ornamentadas por arreglos que dificultan su rápida deconstrucción.
Un punto de sutura en toda la obra es que subyace un sustrato folklórico y de ritmos populares argentinos que se intercalan en las fronteras y contornos musicales siempre porosos y permeables, allí donde Honduras se mueve con gran sutileza. Me refiero a la elasticidad en la que se manejan con las influencias musicales de las cuales se abastecen.
La separación orgánica de tareas ha contribuido a ensanchar el horizonte así la riqueza del resultado final es mayor que en sus obras previas. La planificación en la distribución de tareas (el papel del compositor, el arreglador e el intérprete) mejoró notablemente la producción, no sólo de la calidad artística en lo compositivo y en la ejecución instrumental, sino también en el resultado de un audio prístino y equilibrado.
Un trabajo construido con formas desligadas de normas ortodoxas. El diseño como se relacionan la melodía y armonía en convivencia-comunión como bloque unificado y el paradigma de una música pensada sin jerarquías pero con asignación de roles junto al complemento visual, agudiza la imaginación de la escucha. 
Párrafo aparte merece la suite en cinco movimientos que da nombre al disco: la canción “El Cimarrón”. La sensación de estar frente al score de un film, esa pieza musical que nunca es percibida por los protagonistas de la historia que se narra, donde la música potencia emociones y la narrativa sonora descansa en escenas y acontecimientos que generan una atmósfera acorde con el aspecto visual.
La variación cimarrona de cinco movimientos que corona el disco, anticipa el avance de un disco futuro y se diferencia sustantivamente del resto: no permite la escucha lateral, esa escucha en segundo plano donde la música acompaña otra actividad cotidiana y donde en ocasiones complementa la escucha directa que el oyente realiza.
Camina en una perspectiva hipnótica de escucha profunda y atenta, siempre en ese primer plano de atención. La complejidad sonora se complementa con el disparo de colores e imágenes que se despliegan durante todo el recorrido de los 20 minutos y algo que dura la canción.
La música instrumental y las palabras
Decodificar mensajes en un disco instrumental, que con seguridad anida cifrado y encriptado, deja librado un sinnúmero de posibilidades de interpretación. Con la incerteza de errar en la categorización o adjetivación, haremos el intento.
A diferencia de “Célula dormida” y “Honduras 5”, “El Cimarrón” es un disco instrumental carente de palabras, pero no carente de voces que se manifiestan en dos direcciones: la primer traza se concentra en la lírica a través de la multiplicidad de melodías que sugieren palabras ausentes allí donde las melodías “nos hablan” y las palabras “resuenan”; y la siguiente, en el armado discursivo a través de los títulos de las canciones.
Anteriormente las letras anclaban en el devenir de la realidad, casi como una cartografía de los conflictos sociopolíticos tanto en la perspectiva histórica de media y larga duración como en coyunturas específicas. Ejemplos como “Familias”, “Al niño Mauricio no le gustan los pobres”, “Canción para Evo Morales”, “No hay fiesta después del recital” o “Brazo Internacional Corporativo” dan prueba cabal de ello. 
En “el cimarrón” la hoja de ruta se clarifica cuando se refiere a un pasado del grupo que aún permanece pero que tiende a diluirse y donde se agrega la tarea de construcción de un período nuevo que asoma. Casi un apotegma gramsciano de la transformación. El ajuste de cuentas con el pasado reciente está sugerido de manera casi explícita en títulos como “Nostalgia a secas”, “las mañas pulidas”, “Bailecito con la sombra” y por otra parte, un nuevo proceso plagado de interrogantes que se manifiesta en la figura errante del cimarrón, aquel que ha escapado de sus propios grilletes y afronta un futuro incierto al que, ineluctablemente, debe corresponder. “Aurora”, “Estampida”, “Rancho aparte”, “el desarraigo” y “motivos encadenados” ejemplifican esta idea.
Los temas “una casa por etapas” y “el cimarrón” abren y cierran el disco. Casi como en un juego de espejos invertidos, donde ambos conceptos se complementan y diferencian para dar sentido al texto final. Las etapas necesarias para construir el habitat donde descansará el cimarrón. 
Agrego las últimas observaciones sobre el tema.
Por un lado, considero que existe una intencionalidad explícita por parte del grupo en prescindir de letras por razones que se nos escapan. Emito una opinión subjetiva sobre la cuestión con la carga que conlleva: hace tiempo que las palabras han metamorfoseado en su intencionalidad, de forma tal, que muchos discursos emitidos desde el rock y sus híbridos linderos esgrimen pobres arengas incapaces de perforar las paredes del discurso dominante. Durante las primeras décadas de existencia en el rock argentino la búsqueda reposaba, en gran medida, en el carácter poético de las palabras y su musicalidad intrínseca lo que condicionó, en muchos casos, su expansión sonora. Más tarde, llegó el turno de la “literalidad” cotidiana por lo cual muchos textos se asimilaban a las bajadas de titulares de diarios. El feed de noticias de la web ha completado el círculo como proveedor de improntas, inmediateces y disputas estériles que grafican, con premura, cierta pereza discursiva .  
Y por otra parte, “El Cimarrón” remite inexorablemente a otro disco instrumental de la música argentina de épocas pasadas, aunque estableciendo las salvedades y diferencias pertinentes para dicha aseveración: procesos históricos y contextos políticos distantes y diferentes (o no tanto). “El Cimarrón” es un testimonio sutil y subterráneo de tiempos oscuros como lo fue “Anabelas” (1978) el disco del grupo Bubu. Ambos discos son instrumentales pero hablan de su tiempo. “Anabelas” nos interpeló sobre una época ominosa de palabras silenciadas y manchadas con sangre en tanto que “El Cimarrón” nos habla de un tiempo de palabras mancilladas y pisoteadas.  
La división del trabajo
La división del trabajo ha potenciado la capacidad del grupo para dar el salto cualitativo necesario para la supervivencia.
Es difícil hablar de madurez, sobre todo por la mala prensa que el concepto acarrea en la cultura rock, como también recurrir a un sustituto que difumine la idea de transformación que proponen. Como Honduras es un grupo de mutaciones abruptas, estableceremos algunos quiebres y continuidades entre las producciones discográficas.
Tomamos en consideración los últimos tres discos: el eje integrado por Célula Dormida (2010), Honduras 5 (2014) y El Cimarrón (2019), que serán objeto de comparación.
1) “Célula Dormida” se nutre de las referencias del rock canterburyano junto a la persistencia del esquema krautrock aunque reducido en el tiempo de ejecución, en la matriz crimsoniana y en el rock in opposition (RIO) en abundantes dosis por citar algunas corrientes, donde los resultados se despliegan de forma inorgánica confeccionando un catálogo de la historia absorbida por cada integrante y llevada al disco en forma de “espontaneísmo anárquico”. Una multibanda indispensable para un multipropósito. “Célula Dormida” fue un disco necesario para devotos seguidores de dichos subgéneros. Subgéneros donde Honduras, canta el presente dentro de una ausencia en el rock local.
2) “Honduras 5” aparece como el álbum de transición a “El Cimarrón”. Reducido el número de integrantes a trío y con la incorporación de baterías y programaciones pero en formato de apoyo rítmico, el álbum funciona como puente entre el fin de una época y el comienzo de la siguiente. El track 6 del disco encierra la prehistoria del tandem “las mañas pulidas” o “motivos encadenados”, canciones de la nueva producción.
3) “El Cimarrón” es un paso abrupto adelante en la comprensión del lenguaje musical y técnico. Los bajos poseen autonomía compositiva y las estructuras rítmicas junto a las programaciones percusivas crean sus propias atmósferas y realzan el trabajo grupal. La sesión rítmica de baterías electrónicas implican un proceso de complejidad mayor respecto a Honduras 5 porque conquistan autonomía compositiva. Las guitarras dosifican el porcentaje Fripp en el sustrato rítmico y se expanden hacia otros horizontes (Manuel Gottshtling, Ash ra), el sinfonismo y sus derivadas (en clave Genesis, Gentle Giant, Mike Olfield), las vanguardias electrónicas sintetizadas (Tuxedomoon, Tangerine Dream) y el jazz-fusión de Casiopea, aparecen como puntos de partida de la estación Cimarrón. La clave score retrotrae a los soundtracks de Brad Fiedel4.
El concepto de libertad creativa en “El Cimarrón” no recala en algún manifiesto naif sobre el individualismo creativo, sino que se sedimenta en principios ideológicos sobre la planificación del trabajo que vertebra la posición política de la banda. Los pasos necesarios para huir del lugar de confort repetitivo que generalmente deviene en hastío conceptual.
De resultados hipnóticos y por lógica repelente al trackeo o a la escucha rápida del mundo digital, vía sus spotify o youtube, “El Cimarrón” consagra una forma perdida en la manera de entender un disco, que no es solo por sus resultados, sino también por sus intenciones y apuestas.
Estación Cimarrón
Alguna vez, durante una entrevista, uno de los tantos rockstars que pululan por el ambiente se explayó sobre el rol del mercado discográfico y la industria de la música y minimizaba las producciones de las bandas y solistas icónicos de la cultura rock apartado en el cual, por supuesto, él mismo se incluía. Afirmaba que los mejores discos de su época habían sido escuchados por muy pocas personas y estaba convencido que, en esos discos realizado por artistas anónimos en sus propios estudios de grabación y con los recursos de producción adaptados a las condiciones materiales acorde a sus posibilidades, descansaban las grandes obras.
El personaje era Jim Morrison y “El Cimarrón” habita en esa batea de grandes discos.
Un disco producido en el silencio y las libertades de la autogestión que corre por la vía paralela al decadente mercado discográfico y a un Estado que, en cuestiones culturales, se ufana de su ausencia.
Como el gaucho cimarrón fue víctima de un “desprendimiento” forzado, donde unos pocos alambraron y concentraron la tierra que resultó en la conformación de los primeros mercados capitalistas, en tiempos de apariencia democrática, también las herramientas digitales para la producción de discos, colisionan con el autoritarismo de la difusión y distribución de las obras monopolizado por pocas manos.
Proclama sonora contra la difusión de la nostalgia ilustrada o los estériles esfuerzos de autoconmemoración del género, “El Cimarrón” ahuyenta la inmediatez de la cultura líquida, aquella de digestiones rápidas y poca valoración en el disfrute del tiempo e inicia el camino hacia la próxima estación mientras no se resigna a ser entretenedor del patrón.
Notas
1. Michael Rother es un importante músico alemán que formó parte de grupos como Kraftwerk, Neu! y Harmonía. Es referencia imprescindible para el género conocido como Krautrock.
2. https://www.youtube.com/watch?v=m68f3bZdEWo
3. https://www.youtube.com/watch?v=JxOJARm8w3k
4. Tecladista de Hall & Oates luego devenido en compositor de bandas sonoras para cine.

Como les dije, después de semejante comentario no me atrevo a decir nada más, solo espero que lo disfruten y al menos que le den una oportunidad.





El disco se puede conseguir por el espacio de Viajero Inmóvil Records, lo pueden escuchar o comprar en digital, pero también tienen la opción de comprar el CD físico escribiendo a info@viajeroinmovil.com. Y los invito a revisar el catálogo completo de dicho sello porque tiene exquisiteces más que interesantes.

Lo pueden escuchar y comprar desde el espacio en Bandcamp de Viajero Inmóvil:
https://viajeroinmovilrecords.bandcamp.com/album/honduras-el-cimarr-n-2019

Y esperamos saber más de Honduras pronto... y que sigan con la misma honestidad de siempre.


Lista de Temas:
1.Una Casa Por Etapas
2. Nostalgia A Secas
3. Bailecito Con la Sombra
4. Estampida
5. Rancho Aparte
6. A Dos Pianos
7. El Desarraigo
8. Las Mañas Pulidas
9. Aurora
10. Motivos Encadenados
11. El Cimarrón

Alineación:
- Pablo Malvino / Bajo, Bajo fretless y Stick
- Nicolás Kodric / Sintetizador, Órgano, Programación y Arreglos
- Alex Kodric / Guitarra eléctrica



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